Esta historia habla de una chica que se embarazó muy joven y tuvo que aprender a sobrevivir en un mundo lleno de dificultades. Sin apoyo suficiente y con pocas oportunidades, se vio obligada a “buscarse la vida” como pudo, enfrentando la realidad desde muy temprano. Por amor a su hija, dejó los estudios y sacrificó sus sueños personales para dedicarse por completo a su crianza, creciendo de golpe y convirtiéndose en madre antes de tiempo.
Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando conoce a un chico millonario, alguien que no la juzga por su pasado ni por ser madre soltera. A diferencia de muchas personas, él la trata con respeto, la escucha y ve en ella algo más allá de sus dificultades: una mujer fuerte, valiente y luchadora.
A partir de ese encuentro, ambos comienzan a construir una relación marcada por la confianza, el apoyo y la superación de prejuicios. Ella empieza a recuperar la esperanza en su futuro, mientras aprende que aún puede soñar y volver a levantarse,
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Capítulo 1: El inicio de todo
Hola, soy Violeta Álvarez, tengo 18 años y soy de Colombia, de la ciudad de Pereira. Nací el 12 de marzo del 2008, en una madrugada fría y lluviosa, según me cuenta mi mamá, Sandra Milena Álvarez, que siempre dice que ese día el cielo estaba gris como si supiera que la vida no sería fácil, pero también con un toque bonito, como bendiciendo mi llegada.
Mi mamá es una mujer berraca, luchadora, de esas que no se rinden nunca, aunque todo esté difícil. Trabaja todos los días, a veces en casas de familia, a veces en cocina, y cuando no hay trabajo fijo, busca lo que sea para que no falte nada en la casa. Ella es el pilar de todo.
Tengo dos hermanos menores. Juan Diego, que tiene 12 años, es muy inquieto, le encanta el fútbol, siempre anda con la pelota en la calle soñando con ser jugador profesional. Es un niño alegre, pero a veces muy desordenado. Y mi hermana menor, Valentina, tiene 6 años, es pegada a mí, no me deja tranquila ni un segundo, dice que yo soy su ejemplo y su mamá grande. Aunque a veces me estresa, la amo demasiado.
Mi papá, Carlos Álvarez, no vive con nosotros. A veces aparece, a veces no. Promete cosas, pero luego se va otra vez. Yo ya aprendí a vivir sin esperar mucho de eso, aunque en el fondo siempre queda una pequeña herida.
Yo soy Violeta, la mayor de la casa. La que ayuda, la que cuida, la que tiene que ser fuerte aunque a veces por dentro esté cansada. La vida en Pereira no es fácil, pero uno aprende a aguantar.
Y en medio de todo eso… está él.
Brandon Caicedo.
Brandon tiene 20 años. Es alto, de piel morena, mirada fuerte, y una presencia que impone respeto en cualquier lugar donde llega. En el barrio lo conocen como un chico problemático, de esos que la gente respeta pero también evita. No porque sea malo completamente, sino porque su vida ha estado llena de problemas, decisiones difíciles y un ambiente pesado.
Yo lo conocí en una tienda del barrio. Él estaba ahí, apoyado contra la pared, con una cara seria, como si nada le importara. Pero cuando me vio entrar, su mirada cambió. Desde ese momento empezó todo.
Brandon conmigo es diferente.
Conmigo es atento, protector, y cuando quiere, muy cariñoso. Me escribe para saber si ya comí, si llegué bien a la casa, si estoy cansada. A veces aparece sin avisar solo para verme un rato. Me dice cosas que me hacen sentir importante, como si yo fuera su paz en medio de todo lo que vive.
Pero también tiene su otro lado.
Es celoso, demasiado celoso. No le gusta que yo hable con otros hombres, ni siquiera por cosas normales del día a día. A veces se enoja rápido, se queda callado, y ese silencio suyo pesa más que cualquier grito. Yo no siempre sé cómo manejar eso, pero igual sigo ahí.
Yo lo amo demasiado… demasiado de verdad.
Es un amor intenso, de esos que te aceleran el corazón y te hacen sentir viva, pero también confundida. A veces me hace feliz, otras veces me deja pensando toda la noche sin poder dormir.
Brandon me dice que yo soy “su mujer”, que conmigo quiere algo serio, que soy diferente a todas las demás. Cuando lo dice, me mira fijo, como si estuviera seguro de todo lo que siente.
Pero no todo es tan bonito como parece.
Mi mamá, Sandra Milena, no confía en él.
—Mija —me dice siempre—, ese muchacho no me gusta. Tiene cosas encima.
Yo le respondo que él conmigo es diferente, que ella no lo conoce como yo. Pero mi mamá insiste.
—Yo solo quiero que no sufras —me dice bajito, como con miedo.
A veces la escucho y me quedo pensando, pero luego lo veo a él y se me olvida todo.
En Pereira la gente habla mucho. Un día dicen una cosa, al otro día dicen otra. Algunos dicen que Brandon es peligroso, otros dicen que solo tiene mala fama. Yo ya no sé qué creer.
Yo solo sé lo que vivo.
Y lo que vivo con él tiene dos lados.
Está el Brandon bueno, el que me acompaña, el que me abraza cuando estoy triste, el que me dice que todo va a estar bien. Ese Brandon me hace sentir segura, como si yo fuera importante en su vida.
Pero también está el otro Brandon, el que cambia de humor, el que se enoja sin razón, el que me hace sentir que tengo que pensar bien cada palabra que digo.
Una vez discutimos porque un compañero del colegio me escribió para una tarea. No era nada malo, pero a él no le gustó. Se enojó demasiado, me habló serio, y luego se fue sin decir nada. Después volvió como si nada hubiera pasado.
Y yo lo perdoné.
No sé por qué lo hago, pero lo hago.
Tal vez porque lo amo, o tal vez porque tengo miedo de perderlo.
En mi casa todo sigue igual. Mi mamá trabajando, mis hermanos creciendo, yo tratando de entender mi vida. A veces siento que soy muy joven para todo lo que estoy viviendo, pero ya estoy metida en esta historia.
En las noches me acuesto pensando en él. En su voz, en su forma de mirarme, en todo lo que me hace sentir.
Pero también pienso en mí.
En si esto es amor de verdad o solo costumbre. En si estoy tomando buenas decisiones o solo me estoy dejando llevar.
Pero cuando Brandon me escribe, todo se me olvida.
“¿Dónde estás, mami?”
“Contéstame.”
Y yo respondo rápido, como si su mensaje fuera lo más importante del mundo.
Mi vida en Pereira es así… entre familia, responsabilidades, sueños pequeños y un amor que me tiene el corazón dividido entre la felicidad y la duda.
Y lo más fuerte de todo es que siento que esto apenas está comenzando.