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Enamorada De Mi Jefe

Enamorada De Mi Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 — Un almuerzo para arreglar las cosas

Después de la pelea con Aby me quedé pensando bastante en lo que había pasado. Yo sabía que había cometido un error. No solamente porque le había hablado fuerte, sino porque lo hice delante de otros empleados.

Ella tenía razón. Una cosa era que fuera mi novia y otra muy diferente que trabajara para mí.

No quería que lo que había pasado quedara entre nosotros.

Pasó un rato y decidí ir hasta su puesto de trabajo. La vi concentrada frente al computador, revisando unos documentos. Me acerqué despacio.

—Aby.

Ella levantó la mirada.

—¿Sí, Hugo?

Todavía estaba un poquito seria conmigo.

—Nena, ¿querés ir a almorzar conmigo?

Ella me miró sorprendida.

—¿A almorzar?

—Sí, amor. Quiero invitarte.

—¿Y eso?

Sonreí.

—Pues porque quiero pasar un rato con vos y también quiero que dejemos atrás lo que pasó esta mañana.

Aby suspiró y cerró el documento que estaba revisando.

—Bueno, amor. Vamos.

—¿Sí?

—Sí.

—Entonces vámonos antes de que cambiés de opinión —dije entre risas.

Ella soltó una pequeña carcajada.

—Ay, Hugo, vos sí sos intenso.

Salimos de la oficina juntos. Traté de mantener una actitud tranquila porque no quería que Aby siguiera sintiéndose incómoda.

Llegamos al parqueadero y nos subimos a mi auto.

—¿A dónde vamos? —preguntó ella mientras se acomodaba el cinturón.

—Es sorpresa.

—¿Sorpresa?

—Sí, nena.

—Bueno, pero espero que sea un lugar rico, porque tengo hambre.

—Ve, exigente sí sos.

—Pues claro. Vos fuiste el que me invitó.

Me reí mientras encendía el auto.

—Tranquila, amor. No te voy a llevar a comer cualquier cosa.

Salimos de la empresa y comenzamos a recorrer las calles de Cali. El sol estaba fuerte y había bastante movimiento.

Mientras manejaba, puse música suave.

Por unos minutos ninguno de los dos dijo nada.

Yo miraba de vez en cuando a Aby y podía notar que estaba más tranquila.

—Amor.

—¿Sí?

—¿Todavía estás brava conmigo?

Ella se quedó pensativa.

—Un poquito.

—Te entiendo.

—Pero ya no tanto.

Sonreí.

—Eso me tranquiliza.

—Es que también sé que no lo hiciste con intención de hacerme sentir mal.

—No, jamás.

Hice una pausa antes de continuar.

—Pero eso no significa que esté bien lo que hice.

Aby me miró.

—Me gustó que reconocieras tu error.

—Yo no quiero que por trabajar conmigo sintás que tenés que aguantarme todo.

—Eso espero.

—Y tampoco quiero que nuestra relación cambie la forma en que te trato en la empresa.

Ella sonrió.

—Entonces estamos de acuerdo.

—Completamente.

Seguimos manejando hasta llegar al restaurante que había escogido. Era un lugar bonito, tranquilo y con mesas al aire libre.

Estacioné el auto y bajé primero para abrirle la puerta.

—Señorita.

Aby sonrió.

—Gracias, señor.

—Después de usted.

Entramos al restaurante y nos sentamos en una mesa junto a una ventana.

Nos entregaron los menús y comenzamos a mirar las opciones.

—Yo no sé qué pedir —dijo Aby.

—Pedí lo que querás.

—¿Y vos?

—Todavía no sé.

—Entonces pensamos los dos.

—Listo.

Después de unos minutos hicimos nuestro pedido.

Mientras esperábamos, seguimos hablando.

—¿Sabés qué? —dijo Aby—. Me gustó que me invitaras a almorzar.

—¿Sí?

—Sí. Porque no quería que después de la pelea estuviéramos todo el día incómodos.

—Yo tampoco.

La miré a los ojos.

—Amor, perdóname otra vez.

Ella sonrió.

—Ya te perdoné.

—Entonces puedo respirar tranquilo.

—Sí, pero no te acostumbrés.

—No, señora.

Los dos nos reímos.

Cuando llegó la comida, comenzamos a almorzar mientras hablábamos de cosas diferentes, dejando por un rato el trabajo de lado.

Y mientras la veía sonreír nuevamente, pensé que eso era exactamente lo que necesitábamos.

No solamente ser novios.

También aprender a escucharnos, respetarnos y solucionar juntos nuestros problemas.

Porque si queríamos que nuestra relación funcionara, teníamos que entender que el amor no significaba que nunca íbamos a discutir.

Significaba aprender a arreglar las cosas después de hacerlo.

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