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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Daniela llegó a mi vida para cambiarlo todo

Hola, soy Rafael Araujo, tengo 23 años y nací en Cúcuta el 9 de marzo del 2002. Soy cucuteño de verdad, criado entre el calor fuerte de la ciudad, las idas al centro con mi mamá, las tardes jugando fútbol en la calle y los vallenatos sonando duro en cualquier esquina.

Desde pequeño fui un pelao tranquilo. Nunca me gustaron los problemas ni andar metido en vainas malas. Mi mamá siempre decía que yo tenía alma de profesor porque me gustaba explicarle tareas a los demás y ayudar a cualquiera que no entendiera algo. Las sociales siempre fueron mi materia favorita. Me gustaba hablar de historia, política, culturas y entender cómo el mundo cambiaba con los años.

Por eso decidí estudiar licenciatura en sociales. No fue fácil, parce. Hubo momentos donde no tenía ni pa’l pasaje y me tocaba caminar hasta la universidad. También trabajaba en lo que saliera porque en mi casa nunca sobró la plata. Muchas veces llegaba cansado, pero aun así seguía estudiando hasta tarde porque tenía claro que quería graduarme y sacar adelante a mi mamá.

Me gradué como profesor de sociales el 26 de julio del 2025. Ese día fue uno de los más importantes de mi vida. Mi mamá lloró apenas me vio con toga y birrete. Me abrazó fuerte y me dijo:

—Mijo, yo sabía que usted sí iba a lograrlo.

Y sinceramente yo también me sentía orgulloso porque detrás de ese diploma había demasiado sacrificio. Yo pensé que después de graduarme mi vida iba a empezar a acomodarse… pero la vida tenía otros planes pa’ mí.

Todo empezó mucho antes.

Cuando yo tenía 21 años estaba de novio con María José Ruiz. Duramos casi dos años juntos. Yo la quería muchísimo. Ella era bonita, inteligente y tenía una sonrisa que me dejaba bobo. Pero también peleábamos bastante por celos y por inmadurez de ambos.

A finales de octubre del 2024 nuestra relación ya venía mal. Discutíamos casi todos los días. Yo estaba concentrado en terminar la universidad y ella trabajaba demasiado. Aun así seguíamos juntos intentando arreglar las cosas.

Más o menos en noviembre del 2024 fue cuando quedó embarazada de Daniela, aunque ninguno de los dos lo sabía en ese momento. Semanas después las peleas empeoraron y terminamos definitivamente. Yo pensé que esa había sido la última vez que la iba a ver.

Después de eso dejamos de hablar completamente.

Mientras yo seguía estudiando y pensando solo en graduarme, María José descubrió que estaba embarazada. Pero nunca me dijo nada. Según ella, le dio miedo contarme porque pensó que yo no iba a responder o que iba a creer que quería arruinarme la vida justo cuando estaba terminando mi carrera.

Y así pasaron los meses sin que yo supiera absolutamente nada.

Hace nueve meses ocurrió lo que me cambió la vida para siempre.

Ese día yo estaba en la casa relajado viendo videos en el celular cuando tocaron la puerta. Mi mamá salió primero y luego gritó desde la sala:

—¡Rafa! Lo buscan.

Yo salí tranquilo pensando que sería algún vecino o un amigo. Pero apenas vi quién estaba afuera sentí que el corazón se me aceleró.

Era María José.

Pero no estaba sola.

Tenía una bebé recién nacida en brazos.

Parce… esa imagen jamás se me va a olvidar. Ella tenía la cara cansada, los ojos aguados y se veía agotada. La bebé venía envuelta en una cobijita rosada, dormidita y tan pequeñita que parecía una muñeca.

—Necesito hablar con usted —me dijo bajito.

Desde que me habló de “usted” sentí raro el ambiente porque antes siempre me decía “Rafa” o “amor”.

La hice pasar y nos sentamos en la sala. Mi mamá estaba pendiente de todo sin decir nada. Entonces María José respiró profundo y soltó la noticia que me dejó completamente en shock.

—Rafael… ella es su hija.

Uy no, parce… yo quedé frío.

Sentí que el mundo se me vino encima de una. Me quedé mirando a la bebé sin saber qué decir. Literalmente estaba paralizado.

—¿Cómo así que mi hija? —le pregunté todo confundido.

Ella empezó a llorar y me contó todo. Me explicó que descubrió el embarazo poco después de terminar conmigo, pero decidió quedarse callada por miedo. Dijo que pasó el embarazo prácticamente sola y que ya no podía más.

Mi mamá se acercó despacito y cogió a la bebé. Apenas le vio la carita dijo:

—Ay no, pero mírenla… tiene los mismos ojos cafés de Rafael.

Y sí… la niña tenía mis ojos cafés oscuros y la misma expresión seria que yo hacía cuando estaba pensando. Ahí sentí algo raro en el pecho. Una mezcla de miedo, nervios y amor que jamás había sentido antes.

La bebé se llamaba Daniela Araujo Ruiz. Apenas escuché ese nombre sentí algo bonito porque sonaba fuerte y elegante al mismo tiempo.

Pero lo peor vino después.

María José me pidió que cargara a la niña un momento. Yo todavía nervioso la recibí con miedo porque nunca había sostenido un bebé tan pequeño. Daniela abrió sus ojitos cafés despacito y me miró fijamente.

Parce… yo sentí algo inexplicable en ese instante.

Y mientras yo estaba ahí embobado viendo a mi hija, María José soltó unas palabras que me dejaron peor.

—Yo no puedo seguir con esto sola, Rafael… ya no puedo más.

Yo pensé que solamente estaba cansada o necesitaba ayuda unos días. Pero no.

Ella agarró un bolso pequeño que había dejado al lado del sofá y me dijo casi llorando:

—Perdóneme… pero necesito irme.

—¿Cómo así irse? —le pregunté asustado.

—No puedo cuidar de ella ahora… usted es el papá.

Uy no, parce… yo sentí que el corazón se me bajó hasta los pies.

Antes de que pudiera reaccionar bien, María José me dio un beso en la mejilla, acarició la cabecita de Daniela y salió de la casa llorando.

Y así… me dejó solo con una bebé recién nacida.

Yo me quedé parado en media sala con Daniela en brazos sin entender qué estaba pasando. Mi mamá fue la que reaccionó primero.

—Bueno mijo, ya le tocó ser papá de verdad.

Esa noche fue la más larga de mi vida. Daniela lloraba mucho y yo no sabía ni qué hacer. Mi mamá me enseñó cómo prepararle el tetero y cómo cargarla bien. Yo estaba muerto del susto porque sentía que era demasiado pequeñita.

Los primeros días fueron una locura total. Casi no dormía. Daniela se despertaba mucho en las madrugadas y tocaba caminar con ella por toda la casa pa’ que se calmara. Más de una vez terminé dormido sentado con ella en el pecho.

El primer mes fue durísimo porque además del cansancio también tenía miedo. Miedo de no saber criarla bien. Miedo de no tener suficiente plata. Miedo de no poder darle lo que necesitaba.

Pero poco a poco fui aprendiendo.

A los dos meses Daniela ya reconocía mi voz. Apenas yo le hablaba, abría esos ojitos cafés grandotes y se calmaba. Eso me derretía completo.

A los tres meses empezó a sonreír más seguido y mi mamá estaba completamente enamorada de ella. Decía que la casa volvió a tener alegría desde que llegó la niña.

A los cuatro meses ya yo estaba completamente pegado a mi hija. Salía a hacer vueltas y quería regresar rápido pa’ verla. Empecé a trabajar en cualquier cosa mientras buscaba ejercer mi carrera porque entendí que ahora tenía una responsabilidad enorme.

A los cinco meses Daniela ya agarraba mis dedos fuerte y soltaba risitas cuando le hacía caras graciosas.

A los seis meses dijo “papá” por primera vez y casi lloro como un niño pequeño.

A los siete meses empezó a gatear por toda la casa. No se quedaba quieta ni un segundo.

Y a los ocho meses ya intentaba ponerse de pie agarrándose del sofá mientras mi mamá la cuidaba y yo salía a dejar hojas de vida en colegios.

Hubo momentos difíciles también. Fiebres, noches sin dormir, preocupaciones por dinero y el dolor de sentirme abandonado por María José. Porque aunque trataba de entenderla, me dolía que hubiera desaparecido así.

Pero cada vez que veía a Daniela dormida agarrándome un dedo con su manito pequeña… entendía que tenía que seguir luchando.

Hoy ya pasaron nueve meses desde que María José dejó a Daniela recién nacida en mis brazos y desapareció de mi vida.

Ahora me toca ejercer mi carrera de profesor de sociales pa’ darle a mi hija el futuro que merece. Ya no puedo pensar solamente en mí. Tengo una niña que depende de mí y voy a trabajar duro todos los días pa’ que nunca le falte nada.

Porque desde el momento en que Daniela llegó a mi vida, entendí que ella se convirtió en mi razón más grande para salir adelante

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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