Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.
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Capitulo 10
Después de aquella primera conversación en la cafetería, Marlon comprendió que unas pocas palabras no serían suficientes. Andrea estaba tan aferrada a su creencia, tan convencida de la bondad y sinceridad de Sebastián, que cualquier advertencia sonaba para ella como un ataque injusto o una mentira malintencionada. Así que decidió que no se iría, que no la dejaría sola a su suerte, y que seguiría acercándose, ganándose su confianza poco a poco, para que cuando por fin estuviera dispuesta a escuchar, pudiera mostrarle la realidad tal como era, sin máscaras ni engaños.
Empezó a buscarla con frecuencia, siempre con educación y respeto, apareciendo en los mismos lugares que ella frecuentaba, o enviándole mensajes discretos preguntando si estaba bien, si había pensado en lo que habían hablado o simplemente para saber de ella. Al principio, Andrea lo recibía con frialdad, con reservas y con una barrera alta de desconfianza; lo veía como alguien que se entrometía en su vida, alguien que venía a traer problemas y dudas donde antes solo había paz y felicidad. Pero con el paso de los días, y al ver que Marlon nunca presionaba, nunca se enfadaba y siempre se mostraba amable, sincero y dispuesto a escucharla sin juzgarla, esa muralla fue cayendo poco a poco. Empezó a aceptar sus saludos, a responder sus preguntas y, finalmente, a sentarse y conversar con él.
Una tarde se encontraron nuevamente en aquel mismo lugar donde todo había empezado. El ambiente era tranquilo, lleno de olor a café y luz suave que entraba por los grandes ventanales. Andrea le hablaba con franqueza, contándole lo que sentía, lo que vivía, sus miedos y sus ilusiones, tratando de explicarle que lo que tenía con Sebastián era algo especial y verdadero, aunque tuviera sus complicaciones. Marlon la escuchaba atentamente, sin interrumpirla, mirándola con una atención y una ternura que él mismo no lograba comprender del todo.
—Usted no sabe cuánto me ha cambiado la vida —le decía ella con voz suave, con los ojos brillantes de emoción al recordar los momentos compartidos—. Antes lo veía todo gris, sin sentido… y él llegó y le dio color a todo. Me hace sentir capaz de cualquier cosa, me hace sentir importante. Sé que tiene cosas que resolver, sé que hay partes de su vida que todavía no me ha contado, pero confío en que cuando llegue el momento, todo tendrá explicación. Lo amo, Marlon, y estoy segura de que él también me ama a mí.
Marlon la miraba y sentía cómo algo se removía profundamente en su interior. Veía su inocencia, su nobleza, la forma tan pura y generosa con la que entregaba su corazón, y eso lo conmovía hasta el alma. Había acudido a ella con la única intención de protegerla, de salvarla de un daño seguro, pero en medio de ese proceso, sin darse cuenta ni buscarlo, algo había cambiado dentro de él. Lo que empezó como un deber, como una preocupación ajena, se estaba transformando en algo mucho más grande y complejo.
—Andrea… —respondió él con voz baja, cargada de sentimientos que apenas lograba controlar—. Yo no dudo de lo que usted siente, ni de la bondad que hay en su corazón. Es precisamente esa forma de ser, esa sinceridad y esa entrega, lo que la hace tan valiosa… y lo que hace que me preocupe tanto por usted. Créame que daría lo que fuera por verla feliz, pero sobre todo, daría lo que fuera por verla a salvo y con la verdad.
Mientras hablaba, comprendió con claridad lo que le estaba pasando. No solo sentía la necesidad de cuidarla como se cuida a una persona indefensa o a una amiga querida; lo que sentía era admiración profunda, cariño verdadero, y un deseo inmenso de estar a su lado, de ser él quien le diera seguridad, quien le diera la verdad, quien le ofreciera un amor limpio, sin secretos ni dobles caras. Se dio cuenta de que se había enamorado. Fue una revelación que lo golpeó con fuerza, que lo llenó de confusión y también de angustia, porque sabía muy bien dónde estaba ella y cuál era su situación.
«¿Cómo pudo pasar esto?», se preguntaba a sí mismo mientras intentaba mantener la compostura y no dejar ver en sus palabras o en sus ojos todo lo que ahora llevaba dentro. «Yo solo quería ayudar, solo quería evitar que sufriera… y ahora soy yo el que está cayendo en su propia trampa, el que está sintiendo algo que nunca debió nacer».
Esta nueva realidad lo puso frente a una encrucijada dolorosa y difícil. Por un lado estaba Sebastián, su amigo de toda la vida, el compañero de su infancia, alguien con quien había compartido todo, a quien debía lealtad y afecto, aunque supiera que estaba actuando mal y de forma egoísta. Por otro lado estaba Andrea, esa mujer que conocía la verdad, la bondad y la pureza, que estaba siendo engañada y utilizada, y por la cual ahora sentía un amor que crecía con cada día que pasaba.
Esa misma noche, tuvo que encontrarse nuevamente con Sebastián. Su amigo lo llamó, como solía hacerlo, para charlar, creyendo que todo seguía igual, que la amistad seguía intacta y que las advertencias de Marlon no habían pasado de ser simples consejos que él había decidido ignorar. Se vieron en la oficina, y al verse cara a cara, la distancia entre ellos se hizo inmensa, mucho más grande que nunca antes. Marlon lo miraba y ya no veía solo a su amigo, sino al hombre que estaba lastimando a la mujer que él amaba, al hombre que jugaba con sentimientos verdaderos para mantener su propia comodidad y secretos.
—Te noto raro, distinto —le dijo Sebastián, sentándose frente a él con una bebida en la mano, mirándolo con curiosidad—. Desde que regresaste te has puesto muy extraño conmigo. ¿Todavía sigues con lo mismo? ¿Sigues pensando que lo que hago está mal? Ya te he dicho que esto es algo serio, que Andrea es diferente y que lo que tenemos es especial. Tú no entiendes lo que siento.
Marlon lo miró fijamente, con una mezcla de dolor y firmeza, luchando entre lo que debía por amistad y lo que dictaba su corazón.
—Sí, Sebastián, sigo pensando lo mismo y aún más fuerte —le respondió con seriedad, con palabras que pesaban como piedras—. Lo que haces no es justo, ni noble, ni correcto. Te aprovechas de su bondad, de su confianza y de su corazón grande para construirte una vida paralela donde tú eres feliz mientras ella vive en una mentira. Dices que la amas, pero amar significa respetar, ser sincero y no poner a la persona que dices querer en medio de problemas, escándalos y dolor. Y yo… yo ya no sé cómo ver todo esto. Me pones en una posición en la que tengo que elegir entre ser fiel a ti, o ser fiel a la verdad y a quien de verdad se lo merece.
Sebastián frunció el ceño, notando algo diferente en la forma de hablar de su amigo, algo que iba más allá de simples consejos o diferencias de opinión.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué está pasando contigo?
Marlon se levantó, evitando responder directamente, porque sabía que si hablaba más, si confesaba lo que sentía, la ruptura sería definitiva e irremediable.
—Lo que quiero decir es que esto se está volviendo demasiado grande y complicado —terminó diciendo con voz apagada—. Y me temo que llegará el momento, y muy pronto, en que tendré que decidir de qué lado estoy. Y créeme, amigo… me duele en el alma decirlo, pero hoy por hoy, no sé si estás tú del lado correcto.
Se marchó de allí con el corazón hecho un nudo, sabiendo que ya nada volvería a ser igual. Sus sentimientos por Andrea habían cambiado todo el panorama, y ahora no solo luchaba por abrirle los ojos, sino que también luchaba contra sí mismo, contra su propia lealtad y contra ese amor inesperado que había llegado para complicarlo todo aún más. Sabía que el camino que venía sería difícil, que tendría que elegir, y que fuera cual fuera la elección, alguien terminaría saliendo herido. Pero también comprendió, con una certeza que le dolía y lo llenaba al mismo tiempo, que por primera vez en su vida, sus prioridades habían cambiado, y que ahora, lo que más le importaba, por encima de cualquier lazo antiguo o promesa pasada, era ella.