Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPITULO 1 HEREDEROS DE LAS SOMBRAS
La oscuridad del almacén daba poca visión, en medio de estanterías gigantes que contenían cajas, se abrían pasillos interminables, pero no tenían fin, no importaba qué dirección tomara, se sentía como un ratón en una ratonera. Apoyado en una de las estanterías miraba en todas direcciones con la respiración exageradamente agitada y el corazón a punto de estallar en su pecho. Había corrido más de lo que podía imaginar desde que lograra deshacerse de su atacante. Habían tenido una pelea justa e igualada hasta que a traición sacó el cuchillo de la manga para que con un movimiento rápido lograra hacerle una herida.
Todo estaba en un tenebroso silencio acompañando por una oscuridad tan opaca como si llevara los ojos vendados. Se deslizó por los suelos como una serpiente, tratando de buscar un nuevo refugio cuando escuchó un sonido estridente como si abrieran una vieja puerta con las bisagras oxidadas. Quedó quieto aguzando el oído, al principio no percibía ningún sonido, sin embargo, conforme se concentraba fue percibiendo unas sigilosas pisadas, propias de alguien experto.
Siguió avanzando, hasta encontrar otro pasillo entre las estanterías. Aunque no era visible, iba dejando una señal en el suelo de sangre. Una sangre que le empapaba la camiseta creando una capa pegajosa entre la piel y la tela. El sudor le caía por la frente y el cuello.
Los pasos cada vez los percibía más cercanos, a pesar de ser sigilosos y metódicamente dados. Cada pisada era una sensación placentera de estar por encima de su enemigo, un canto a una victoria esperada desde hacía tiempo, un tiempo que se remontaba a más de un siglo.
Se detuvo, para sentarse y apoyarse en una de las estanterías de nuevo. Colocó su mano derecha sobre su herida, a unos centímetros a la izquierda del ombligo. Tragó saliva con gran dificultad. Un súbito mareo hizo que cerrara los ojos sintiendo que vertiginosamente todo le daba vueltas, hasta caer inconsciente.
Los pasos seguían el rastro de sangre, su sonrisa se volvía maliciosa percibiendo a su presa tan cerca que prefería darse su tiempo para capturarla, no tenía prisa, el cuchillo de cazador que llevaba en su mano goteaba sangre por la punta. Llegó al pasillo donde seguía con su vista anaranjada el rastro de sangre como una línea marcando un camino.
El olor a sangre le llegaba cada vez más fuerte, se paró en la entrada del pasillo. Sabía que estaba allí, pero no percibía su bulto solo su olor a sangre. Entreabrió los ojos lentamente, no oía nada, todavía estaba desorientado y aturdido por el mareo. Miro a todos lados, pero la opaca oscuridad no le permitía ver nada. Todo estaba silencioso, cerró los ojos para intentar concentrarse en sus oídos. Un olor le vino repentino como si estuviese en medio de un volcán.
Se volvió a su derecha y entonces su instinto lo alertó de algo, se puso en pie, cerró los ojos logrando sentir más cerca el olor, dejado dominar por su intuición bloqueó el ataque del cuchillo, con la mano libre le cogió del cuello y empezó a barrer con su pie izquierdo los del atacante. Buscando y acertando en sus puntos débiles, como le había enseñado su padre cuando era más pequeño.
El atacante se vio sorprendido por un seco puntapié en su tobillo que le segó el equilibrio. Cayó de espaldas asfixiado por el peso muerto del joven ejercía sobre él. Un chillido estridente dejó sorprendido al joven, que entreabrió los ojos incorporándose un poco. Lo que vio le dejó sin aliento. Era un wytches humanoide, uno de los aliados a los voltors traidores de los que escuchaba en las historias de su padre y su tío.
El wytches se le abalanzó. Ambos rodaron hasta volver a quedar el joven encima de él.
El forcejeo se trasladó al suelo convirtiéndose en una amalgama de extremidades y jadeos. Con un movimiento felino el joven hundió el antebrazo en la garganta de su oponente aprovechando la palanca de su propio cuerpo para inmovilizarlo. Mientras la presión aumentaba, martilleó con el puño de la mano que se aferraba al cuchillo, hasta que los dedos del agresor se abrieron por dolor.
Una vez libre el arma, el joven la reclamó con un movimiento fulminante. Sin dudarlo hundió el acero en la carne blanda de la yugular. La resistencia inicial dio paso a un tajo profundo, y la presión continuó implacable, hasta que el eco de un crujido seco en la nuez confirmó que la lucha había terminado.
Se levantó con dificultad, con lentitud fue deshaciendo el camino trazado desde que entrara en ese almacén oscuro. Tras unos minutos, salió por la puerta que daba al exterior. A una enorme nave industrial abandonada, pero que el grupo sanguinario Dracon la usaba de tapadera para sus maquiavélicas reuniones secretas. Salió y tras montar en el coche donde había ido hasta esa nave, desapareció en la tranquila y oscura noche.
Llevaba cinco años en tierras irlandesas, en ese tiempo quiso buscar las respuestas que le atormentaban desde los doce años, conocer a su abuelo materno con el que nunca tuvo el más mínimo encuentro familiar. Nunca escuchó hablar mal de él por parte de su padre a pesar de que se llevó sin permiso y sin contemplaciones a su madre a la que no volvió a ver, con el tiempo le llegó la desoladora noticia que había muerto. Sola y encerrada en un convento.
Por otro lado, fue indagar el motivo por el que su padre se mantuvo lejos de él especialmente desde la desaparición de su madre. Había algo que no le encajaba bien, desde niño por la forma en que su padre le entrenaba con disciplina y una responsable educación cívica, chocaban con la idea de que su padre fuese representante de algún tipo de comercio como decía. Su instinto decía a su corazón que tanto su abuelo, su madre y su padre tenían relación en algo que se le escapaba.
En tierras irlandesas solo encontró el consuelo de conocer a Alfred Stalin, un hombre parapléjico. Estuvo trabajando para él un tiempo y conforme se iba ganando su confianza le hablaba de algo que le llamó la atención los servidores del AMO y los Dracon. Alfred no le contaba mucho, pero si lo suficiente para él empezar a investigar.
Llegó a una casa en ruinas, dejó el coche para seguir andando hacia un bosque. Siguió unos metros hasta llegar a una vieja granja abandonada. Allí se metió en un granero viejo y solitario. Llamó a la puerta y una joven de unos treinta años pelirroja, le abrió la puerta con una pistola en la mano.
- Baja el arma no es necesaria. – reprochó el joven entrando al interior.
- Me dan seguridad después de los últimos acontecimientos. ¿qué tal te ha ido en la vieja fábrica?
Se colocó frente a él, viendo cómo se quitaba la camiseta para observar su herida. Todo su torso estaba empapado de sangre, aun así, su herida no parecía muy grave.
- Me he encontrado a traición a un Dracon que me ha herido. – Su tono era serio grave como su mirada puesta en ella.
- ¿Qué pasa si piensas que te he traicionado?
- No, pero tengo claro que ese Dracon sabía mis pasos. - le contestó volviéndose a su herida.
- Los Dracon hace tiempo que te siguen los pasos, Joan, déjame verla – ella se le acercó.
- Mejor vigila la entrada, no quiero más sorpresas. - rechazó su ayuda, se dirigió a su bolsa de equipaje donde cogió un botiquín, luego dio pasos hacia un bebedero que tenía agua limpia para lavarse mientras ella a desgana se volvió a la puerta. Se cosió la herida, cuando finalizó se colocó otra camiseta.
Estaba mirando por la puerta entreabierta notó una mano en su hombro y se volvió a él. Su rostro se notaba más relajado, pero seguía serio. Ella al verle la bolsa de equipaje en mano se receló su marcha.
- ¿Te vas?
- Este lugar no es seguro para mí.
- Déjame irme contigo Joan. – le suplicó.
- Mi compromiso contigo está cumplido, te rescaté y he matado a varios Dracon en tu defensa, sin contar el de hoy. A mi lado te arriesgas a que te atrapen y te maten como es su intención.
- ¿Volveremos a vernos? – dijo acercándose para abrazarle y besarle. Él la apartó respetuosamente.
- No te equivoques, Jasleen, nuestra relación es puramente profesional. Sigue con tus obligaciones con el AMO.
Se dirigió al coche, lo que ella aprovechó para ir a por su bolsa de viaje. Lo tenía decidido, iba a irse con él, aunque no le gustara. Pero cuando se acercaba a la puerta para salir escuchó un sonido, se volteó y vio a dos matones irlandeses apuntándola con sus pistolas martillo.
- ¿Cuánto tiempo Jasleen? – dijo el más corpulento con sonrisa sarcástica.
Ella dejó caer la bolsa de equipaje y levantó las manos. El otro matón se dirigió a ella para registrar que no llevara armas. Le confiscó su móvil que apagó de inmediato y una pistola martillo la cual le quitó el cartucho.
..........…..…........
En la salita estaba la televisión encendida, con un juego de té encima de la mesa preparada para tomar. Las puertas corredizas se abrieron. Dos hombres uno de mediana edad y otro más anciano se sentaron en torno a la mesa, mirándose frente a frente. Al poco entró una mujer también de mediana edad con kimono y les sirvió el té. A ellos se les unió una joven de unos veinte años, llevaba también un kimono floral. Se sentó junto a sus padres y su abuelo en torno a la mesa.
- Takeshi Ralph debe tomar una decisión importante, los Ninja Dracon no se van a amedrentar después de lo sucedido. – dijo tajante el anciano.
- Lo mejor sería que regresase a su país.
- ¡Padre! – exclamó a disgusto su hija – no es necesario que regrese a su país. Si logramos reunir un buen grupo de shinobis podemos hacer frente, junto a él, a esos ninjas Dracon.
- Tu padre tiene razón Miyu, lo mejor es que regrese a mi casa. Quedarme solo supondría poneros en peligro y arriesgar vuestras vidas sin motivo. – fue la respuesta de un joven tras las espaldas de Miyu que entraba en ese momento en la salita. Ella volvió a él.
- Claro que hay un motivo, debemos servir al AMO eliminando a los Dracon y al traidor que traicionó a tus ancestros. – insistió Miyu.
- Lo tengo decidido, partiré esta noche. – se sentó al lado de Miyu. – Sé que más pronto que tarde mi obligación de encontrar al traidor de mis ancestros hará que regrese para poner fin a su traición no solo a mis ancestros sino también al AMO. Pero mi corazón me dice que antes debo solucionar otro asunto relacionado con el AMO.
- Takeshi, al menos quédate hasta después de la cena. – fue la dulce insistencia de la mujer.
- Será un honor compartir una cena más con vosotros. – hizo una reverencia honrosa hacia ellos.
En la habitación, ya ultimando las cosas en su bolsa de equipaje, entró Miyu. Ella le miraba nostálgica. Tenía ganas de llorar y de pensar que se iba lejos de su vera. Había vivido tanto al lado de Takeshi Ralph entrenamientos, momentos de meditación, luchas conjuntas contra Ninjas Dracon y momentos de tranquilidad en los que a veces le costaba romper en esa barrera en la que se encerraba herméticamente tras alguna meditación en la que había hablado con su padre.
- No tienes por qué irte, podrías esconderte en algún sitio. Me encargaré personalmente de encontrar shinobis dispuestos a luchar contra esos Dracon y ayudarte a descubrir al traidor. – su voz parecía más una súplica que una opinión objetiva.
- Te lo agradezco Miyu, pero todavía hay cosas que no me cuadran mucho y necesito más información. Aquí no voy a encontrar esas respuestas.
- Takeshi yo…. – le abrazó angustiada.
- No lo digas Miyu, es hacernos daño. – ella se le acercó y besó en los labios, sin recibir correspondencia alguna.
- No me importa esperar. – le dijo parada en el umbral de la puerta. – sé que ahora lo más importante para ti es descubrir al traidor, pero cuando lo hayas cumplido estaré ahí con los brazos abiertos.
Se marchó sin esperar contestación, Takeshi tomó su bolsa de viaje y regresó a la salita, el anciano se levantó y lo quiso acompañar hasta la puerta de salida. Ambos se pararon en el umbral de la puerta.
- Takeshi, siento que tengas que huir de este modo como hicieron tus ancestros. Tu destino te hará volver y …
- Lo sé señor Takemura, cuando regrese será para poner fin a los Dracon y al traidor.
- No me refería a eso, muchacho. Me preocupa mi nieta. Es joven y valerosa, pero no lo suficiente para cargar sola con la sabiduría de nuestro linaje y servir al AMO.
- Miyu, está altamente cualificada y llevará muy alto vuestro linaje.
- Que buda te proteja, Takeshi.
El anciano entendió que Takeshi era honesto, consigo mismo y deferente con los sentimientos de su nieta. Se dieron un respetuoso abrazo. El joven inició el camino, perdiéndose en la oscuridad de la noche bajo la lacrimosa mirada de Miyu. Ella sabía que, aunque quisiera no encontraría a un hombre como Takeshi Ralph.
- Abuelo has logrado que acepte nuestro compromiso. – le preguntó, su abuelo se volvió a ella y con cara de pena le contestó.
- Mi pequeña Miyu, forzar algo no compartido, puede crear un camino de espinas cuya finalidad es causar dolor y amargura. Takeshi Ralph debe también elegir lo que quiere ¿no crees? - le dio unas palmaditas en su hombro y entró en la casa.
- Sé que al final me elegirá a mí – dijo mirando con tristeza la infinita oscuridad. Donde se había perdido Takeshi Ralph.
En el jardín se paseaba mirando con entretenimiento los bonsáis y algunos cerezos que aún les quedaban por florecer. Cuando un soldado samurái se le acercó y golpeándose en el pecho se acuclilló para trasmitirle la nueva noticia.
- Mi señor, nuestro enviado para espiar a Takeshi nos comunica que se ha ido de la casa de los Takemura. Espera órdenes para ejecutarlas.
- Eso significa que se va a ir del país. – meditó – evitad que salga quiero que me lo traigáis y también quiero un castigo ejemplar para los Takemura por su traición.
- Enviaremos a dos escuadrones uno para la casa de los Takemura y otro para seguir a Takeshi.
- Mejor envía un escuadrón para los Takemura, cuando regrese que vea lo que significa traicionarnos. – una voz gélida se escuchó desde las sombras tenebrosas de los cerezos, ambos se volvieron haciendo una reverencia de honor. – en cuanto deis castigo a esos traidores quiero que sigáis a Takeshi y me enviéis información quiero saber cuáles son sus pasos. A Takeshi Ralph me interesa capturarlo vivo es un Nakashaki y por tanto nos vendría bien que formara parte de nuestro grupo.
- Ya has oído, reúne a un grupo de ninjas y salid cuanto antes hacia la casa de los Takemura, para luego seguir los pasos de Takesh Ralph.
Se inclinó de nuevo el samurái, se levantó y se marchó dejando a los otros dos en el jardín. Se encaminó hacia el patio principal donde un grupo de Ninjas esperaban órdenes y ejecutarlas. Se colocó ante ellos que se acuclillaron con reverencia y les dictó la orden.
- Tenemos la orden de castigar a los traidores Takemura, no debe haber piedad.
Un escuadrón de ninjas salieron en la oscuridad de la noche para reunirse con el enviado y establecer un plan de ataque. En cuanto a ti Ichiro, quiero que vayas a América y actives a nuestro grupo allí establecido para seguir a Takeshi, quiero que lo traigas vivo.
- Sí, señor.
Las puertas se abrieron saliendo en caballos varios ninjas siguiendo a su capitán. Mientras que otro camuflado de paisano se dirigió a Tokio para tomar un avión y reunirse con su grupo de Dracon en E.E.U.U.