Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
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capitulo 20 desajustes
El.desayuno esa mañana, se torno más incómodo de lo normal, Adrián me evitaba y Antonio me escrutaba con la mirada, senti tanta iincomodidad que perdí el apetito, me levante en silencio y salí a sentarme en el jardín.
La tormenta silenciosa explotó al cabo de un rato.
—¿Qué demonios te pasa?
La voz de Antonio cortó el aire detrás de mí.
Me giré lentamente.
—No sé de qué hablas.- dije distraída aún en mis pensamientos.
—Claro que lo sabes.
Avanzó hacia mí, con esa postura dominante que tanto detestaba.
—Desde ayer estás… rara.
—Tal vez estoy cansada.
—Tal vez estás olvidando tu lugar.
Mis ojos se endurecieron.
—¿Mi lugar?
Antonio se inclinó ligeramente hacia mí.
—No confundas la comodidad que tienes aquí con poder.
Sentí la rabia arder bajo la piel.
—Jamás he tenido poder en esta casa, no siquiera en la mía.
—Y jamás lo tendrás si sigues actuando como una niña caprichosa.
El silencio se volvió afilado.
—Ten cuidado, Renata.
Su voz descendió peligrosamente baja.
—Puedo cortarte cada privilegio que disfrutas.
—Hazlo.
Sus ojos se incendiaron.
—No me provoques.
—No es provocación, pero si vas a amenazarme hazlo.
Antonio me tomó del brazo, Fuerte.
Demasiado fuerte, el dolor subió inmediato por mi hombro.
—Antonio… suéltame.
Apreté los dientes.
—Me estás lastimando.
Sus dedos se hundieron más Como si quisiera marcar territorio.
—Aprende a comportarte como mi esposa.
—Entonces compórtate tú como mi esposo.
El golpe fue nuclear, Antonio me soltó bruscamente, sus ojos ardían de furia.
—No olvides quién te mantiene- dijo se marchó.
Dejándome con el hombro latiendo.
—¿Te hizo daño?
La voz grave detrás de mí fue inmediata,Adrián.
Me giré Y ahí estaba Con los ojos oscuros Cargados de furia.
Su mirada descendió a mi brazo, luego a mi hombro la tensión en su mandíbula lo decía todo.
—Estoy bien.- susurré.
Mentira, Otra más, Adrián dio un paso hacia mí.
demasiado cerca demasiado intenso.
—No vuelvas a decir eso cuando no sea cierto.
- esto ya no es de tu incumbencia Adrian- dije llena de rabia y frustración, salí casi que corriendo y me encerré en mi habitación.
*en las empresas Valderrama*
Antonio Valderrama odiaba las distracciones
Pero esa mañana…no lograba concentrarse.
Los informes frente a él eran impecables.
Las cifras perfectas Las decisiones claras.
Y aun así…su mente no estaba allí.
Maldita sea Renata.
El golpe suave en la puerta fue familiar, Rítmico.
y Seguro.
—Pasa.
Mónica Sánchez entró con su sonrisa ensayada.
La misma de siempre La que Antonio solía recibir con algo cercano al entusiasmo.
Hoy no.- pensó al verla- no estaba de humor
—Buenos días, amor.
Antonio levantó la vista apenas.
—Buenos días.
Mónica notó el cambio al instante.
Porque las mujeres como ella... siempre lo notan.
Caminó hacia él, Con elegancia, Con posesión.
Con esa seguridad que solo da saberse deseada.
—¿Mucho trabajo?
—Demasiado.
Respuesta seca.
Los ojos de Mónica brillaron con una sombra incómoda.
—Te traje café.
Antonio hizo un gesto vago.
—Gracias.
Nada más.
Nada de aquella calidez que antes existía.
Nada del hombre que la devoraba con la mirada.
Nada del amante que la hacía sentirse imprescindible.
Y eso…la irritó.
—Sigues extraño desde… esa noche.
Antonio alzó la vista lentamente.
—No estoy extraño.
—Claro que lo estás.
Se acercó más, apoyando las manos en el escritorio.
—Antes no podías quitarme los ojos de encima.
Antonio sostuvo su mirada, Frío, impenetrable.
—No exageres.
El golpe fue silencioso, Pero brutal.
Porque Mónica Sánchez no estaba acostumbrada a competir
Mucho menos a perder terreno.
Antonio abrió un cajón.
Sacó una pequeña caja de terciopelo, y la deslizó hacia ella.
—Toma.
Mónica parpadeó, sorprendida.
—¿Qué es esto?
—Un regalo.
Lo abrió.
era un collar, delicado, costoso, brillantes tal como a ella le gustaba
La sonrisa regresó… pero no completa, Porque incluso en medio del brillo…
había algo que no encajaba.
—No tenías que hacerlo.
—Quise hacerlo.
Mentira parcial. Antonio lo hizo por costumbre, por compensación, por culpa.
Y Mónica lo supo.
—Gracias…
susurró.
Pero sus ojos lo estudiaban, analizando, midiendo.
—Aunque preferiría tenerte como antes.
Antonio se recostó en la silla.
—No empieces monica.
—No estoy empezando nada...Estoy observando.
Silencio.
—Algo cambió.
Antonio apretó la mandíbula.
—Nada cambió.
—Renata cambió.
el nombre cayó como un disparo, Antonio se quedó inmóvil.
Error, grave error, porque aquella reacción… fue más reveladora que cualquier confesión.
Los labios de Mónica se tensaron.
—Es por ella.
—No digas tonterías.
—No son tonterías cuando un hombre deja de mirar a su mujer como antes.
Antonio se puso de pie bruscamente.
—Basta, Mónica.
Pero su irritación no era defensa, Era nervio expuesto.
Y eso…
ella lo olió como sangre.
El teléfono interrumpió la tensión, Antonio respondió con brusquedad.
—¿Sí?
La voz del ama de llaves sonó neutra, Respetuosa.
—Señor Valderrama…la señora Renata permanece en su habitación.
Antonio frunció el ceño.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace varias horas, señor..
—¿Y Adrián? ¿está con ella?
—El joven Adrián salió esta mañana.
Algo en Antonio se relajó.
Una sombra oscura de satisfacción cruzó su rostro.
—Bien, cualquier novedad me vuelves a llamar.
Colgó.
Y su humor…cambió por completo.
Mónica lo observó.
Demasiado atenta.
Demasiado inteligente.
—¿Ves?
Antonio la miró.
—¿Qué?
—Solo te relajas cuando Renata no te da dolores de cabeza.
humo un Silencio, tenso, Cargado e incómodo pero esta vez Antonio no respondió.
Porque no podía, Porque odiaba admitir incluso para sí mismo…que aquello era cierto.
La tomó sin advertencia.
Sus manos firmes, Urgentes, Dominantes.
Mónica soltó una respiración entrecortada.
—Antonio…
Pero él ya no escuchaba.
La rabia, los celos, la frustración todo se mezclaba en algo más primitivo.
Más oscuro, Más peligroso.
La besó con hambre.
Con necesidad.
Con una intensidad casi violenta.
Como si intentara borrar pensamientos..
La tensión explotó.
Papeles deslizándose
Respiraciones agitadas.
El aire incendiándose.
Y Mónica…respondió, Porque incluso confundida…
seguía deseándolo, seguía necesitando sentirse elegida.
Seguía odiando que otra mujer viviera en su cabeza.
La oficina se llenó de sonidos imposibles de disimular suspiros, respiraciones rotas.
Gemidos ahogados que no lograron ser tan ahogados.
Afuera…las secretarias guardaron silencio, nadie se movió,nadie habló.
porque en esa empresa todos sabían una cosa:
Antonio Valderrama hacía lo que quería, cando quería, con quien quería.
Cuando todo terminó…el silencio inundó toda la habitación, Antonio se apartó primero.
Siempre lo hacía. Se acomodó la camisa, Frío.
Impecable otra vez, Como si nada hubiera ocurrido.
Mónica permaneció inmóvil, el pecho agitado.
la mente hecha un torbellino.
Porque incluso después de aquella pasión…
algo seguía sin encajar.
Antonio ya no la miraba igual.
Y ambas cosas podían coexistir.
Deseo Y distancia, Pero había una verdad que ya no podía ignorar:
Renata Soler se estaba convirtiendo en un problema.
Y los problemas…ella sabía perfectamente cómo eliminarlos.