En un rincón apartado de Paraguay, una escritora busca la magia en las palabras. Lo que no espera es que la magia la encuentre a ella. Kael llega para cambiarlo todo, pero ¿podrá Elara elegir entre el mundo que conoce y el amor prohibido de un hechicero?
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EL HOJA EN BLANCO Y LA LUZ DORADA
El teclado cruje bajo mis dedos con un sonido que ya me parece odioso: clic, clic, clic —sin sentido, sin alma, como si estuviera golpeando piedras frías. Soy Elara, y he pasado tres meses encerrada en esta casita de campo al borde del río Paraná, tratando de terminar "El Hechizo del Silencio" —la novela de magia que prometí a mi editor hace un año, y que ahora se me ha convertido en un peso en el pecho.
Miro la pantalla: una única frase parpadea en el centro, como un reto: "Lira miró a Dorian con los ojos llenos de lágrimas, sabiendo que el hechizo se acercaba." Eso es todo. Tres semanas escribiendo y borrando, y solo eso me queda. La inspiración se me ha esfumado como humo de varita mágica —todo lo que intento crear son personajes fríos, escenas sin emoción, amor que suena a tarea, no a pasión.
La lluvia cae con fuerza sobre el techo, y el viento susurra entre los árboles de la ribera. He cerrado todas las cortinas para concentrarme, pero el único que se concentra es mi desesperación. Me levanto, me preparo un café negro (el cuarto de hoy) y me acerco a la ventana, apartando un trozo de tela para mirar el río: es un torbellino de agua marrón, que parece llevarse con él todo lo que toca —incluso mis ideas.
¿Por qué no puedo escribir el amor? me pregunto, mientras sipo el café que quema mi lengua. He vivido romances, sí —pero ninguno de esos ha tenido la intensidad que necesito para mis personajes. Nada que sea más fuerte que un hechizo, más voraz que un incendio, más real que la propia magia.
Regreso a la mesa, me siento frente al portátil y vuelvo a mirar la hoja en blanco. Intento escribir una continuación: "El hechizo era ancestral, creado por sus abuelos para separar a sus clanes..." No. Se siente falso. Borro todo. Vuelvo a empezar: "Dorian extendió su mano, pero la magia lo repelió..." Tampoco. Borro de nuevo. Ahora solo queda el cursor, parpadeando, parpadeando —como si se riera de mí.
De repente, una luz dorada se encendió en la esquina de la habitación, entre los libros apilados hasta el techo. No es la luz del fogón, ni de la lámpara —es más brillante, más cálida, como la luz del sol al amanecer. Me quedo helada, con el dedo suspendido sobre la tecla de borrar. La luz se expande, formando una especie de portal, y de él emerge un hombre.
Tiene cabello oscuro como la tinta fresca, que cae hasta los hombros, y ojos de color azul profundo que brillan como estrellas fugaces en un cielo de tormenta. Llevaba una túnica de seda negra con bordados de plata que brillan cuando se mueve, y un anillo en el dedo índice con una piedra roja que latía con un ritmo que parecía coincidir con el de mi corazón. Su presencia llena la habitación —es como si el aire se hiciera más denso, más cargado de algo que no puedo explicar.
—Te he estado observando —dice, con una voz que sonaba como música antigua mezclada con el susurro de la lluvia. No parece amenazante —al contrario, su mirada es tierna, pero intensa.
Yo no puedo hablar. Solo miro, con la boca abierta, mientras él camina hacia mí sin hacer ruido, como si caminara sobre el aire.
—No te asustes, Elara —añade, y el hecho de que me conozca el nombre me hace temblar—. Soy Kael. Soy el guardián de los "Hechizos de la Narrativa" —los poderes que conectan la imaginación humana con el mundo de la magia. He venido porque tu novela necesita algo más que conjuros y encantamientos. Necesita amor. El tipo de amor que quema.
Se detiene a un paso de mí. Siento su calor, que no venía del fogón ni de la luz dorada —es un calor que emerge de él mismo, que me envuelve y me hace sonrojar. Mis ojos se encuentran con los suyos, y en ese instante, siento una chispa que se enciende en mi pecho —una chispa que no he sentido en mucho tiempo, y que me hace preguntarme si la magia que estaba intentando escribir no está a punto de llegar a mi vida de verdad.
ha cerca, de aventuras relacionadas, a pasado de nosotros, dos enamorados empedernidos, Eduardo y Maylu...
con algo de ciencia ficción...
/Scare/ y rescindir nuestra, vida hace muchos siglos, atrás.../Scare/