El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
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Víctima inocente
Ren descendió por una cuerda con la agilidad de un gato. Sus pies no hicieron ni un solo ruido al tocar el suelo de madera. Se movió entre las sombras.
Cuando estuvo a tres metros de Vane, lanzó una piedra a ka dirección opuesta. El ruido hizo que el inspector se levantara. Ese fue el momento.
Ren utilizó velocidad y técnica. El inspector luchó unos segundos, pero el agarre del policía era firme. El hombre se desplomó inconsciente en la silla.
No perdió el tiempo. Tomó el maletín y verificó el contenido. Luego sacó sus herramientas para ocasionar un incendio.
Rocío un líquido por la madera seca y fardos de algodón. El resto del combustible lo vertió cerca de la lámpara de aceite que Vane estaba usando.
-Esto no es personal, inspector.- Susurró Ren.
Arrastró el cuerpo inconsciente del inspector cerca de la salida para asegurar que los bomberos lo encontraran. Su ética de policía le impedía matar a un hombre honesto si podía evitarlo.
Con movimiento seco, Ren volteó el resto de queroseno sobre la lámpara.
Instanteánamente las llamas cobraron vida. El humo negro empezó a llenar el lugar. Ren quemó primero los documentos más importantes en sus propias manos antes de soltarlos en el centro de la hoguera.
Cuando el calor se volvió insoportable, el omega salió por la puerta trasera, desapareció antes de que sonara la primera alarma.
Ren sentía que el olor a humo seguía impregnado en su piel a pesar de haberse bañando tres veces con agua hirviendo. El Capitán se sentía extraño, había cumplido una misión de sabotaje perfecta, pero su ética le daba punzadas en el estómago. Había salvado al inspector, sí, pero también destruyó evidencias.
-Todo por Leo, mi bebé.- se repetía una y otra vez mientras bajaba las escaleras.
El mafioso lo esperaba con un periódico en mano. El titular: " Trágico incendio en el muelle: corto circuito y lámpara de aceite provoca gran incendio."
-En resumen, fue un trabajo impecable pequeño fantasma. Se confirmó el accidente y el inspector Vane se recupera en el hospital. Sin testigos.-
-Hice lo que pediste, cumple tu parte. Seguridad absoluta para mi hijo.- Ren se mantuvo firme en su lugar.
Valerius se acercó y le entregó una pequeña caja forrada con terciopelo azul.
-Ya lo hago. Pero quería darte algo personal. O mejor dicho, dárselo a él.-
El alfa abrió la caja. Dentro, un sonajero de oro macizo. Era una pieza de arte, algo que solo un rey podría permitirse para su heredero.
-Es oro de veinticuatro quilates- dijo Valerius - las campanillas de plata tienen un tono que calma a los bebés. He mandado a grabar su nombre en la base.-
Ren tomó el objeto. Pesaba en su mano. El hermoso objeto, era un recordatorio de que cada lujo que Leo recibía del alfa, estaba manchado de sangre y secretos.
-Es demasiado. Un bebé de meses, no necesita oro. Necesita un padre vivo y libertad.-
-En este mundo el oro compra la libertad, Ren.- retrucó el mafioso rodeando con sus feromonas al omega -Mientras estés bajo el techo de los Volkov, tu hijo será tratado como un príncipe.-
Ren no respondió. Tratar de discutir con el alfa era en vano. Se dio la vuelta y fue a la habitación del bebé. Al escucharlo balbucear y estirar sus manitos para tomar el sonajero, al policía se le derritió el corazón.
Mientras tanto, en el hospital de la ciudad, el inspector Vane se encontraba en la cama, rodeado de notas y bocetos.
-No fue un accidente.- Susurró -Alguien sabía exactamente donde presionar para apagarme. Alguien profesional.-
El inspector cerró los ojos y trató de visualizar al atacante. Silueta pequeña, ágil, vestido de negro. Y su aroma... era dulce, como las flores silvestres y algo más intenso.
-Un omega.- concluyó sorprendido -Un omega me derribó.-
Vane no era como otros alfas. Él no despreciaba a los omegas, los veía como víctimas del sistema cruel. Su intención inicial fue capturar al asesino y meterlo a prisión. Pero algo no cuadraba. ¿Por qué un omega trabajaría para un monstruo como Valerius Volkov?
Luego del alta en el hospital, Vane comenzó a investigar por su cuenta. Fue a los barrios bajos y encontró la pensión donde vivía Ren. Allí sobornó a unos niños por información.
-Vivía aquí- dijo una niña pequeña -Tenía un bebé muy bonito. Limpiaba los pisos de la taberna, pero un día se lo llevaron en un coche negro.-
Vane anotaba todo.
-Ren Masson. Un omega solo, con un cachorro de cinco meses, sin dinero y huyendo de un pasado violento.-
Su perspectiva cambió. Ya no veía a un criminal peligroso, veía a un omega siendo utilizado.
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Sentía que su verdadera misión era rescatar a Ren Masson.
-Tengo que llegar a él.- Murmuró -Debo convencerlo para que testifique contra Volkov. No sólo lo salvaría a él y a su bebé, sino que finalmente derribaré el imperio de ese mafioso.-
Esa noche en la mansión, Ren estaba acostado en la alfombra junto a la cuna de Leo. Vigilando.
Escuchó pasos. Era Valerius abriendo la puerta. Entró y se sentó en el suelo, a cierta distancia del omega, pero lo suficientemente cerca para compartir el calor.
-Mis hombres dicen que el inspector hizo preguntas sobre ti en la pensión.- Dijo Valerius en voz baja.
Ren se puso tenso de inmediato.
-Deberías haber dejado que se quemara, Volkov. Ahora es un problema vivo.-
La expresión del alfa era indescriptible.
-Tú decidiste salvarlo. Tu compasión es tu única debilidad... o tu mayor fortaleza. Nadie le hará caso a un inspector retirado. Estás a salvo aquí.-
Ren cerró los ojos.
-Nadie está a salvo para siempre, Valerius.-
El mafioso observó a Ren hasta que se quedó dormido. Luego, miró a pequeño Leo. Su obsesión estaba mutando. Ya no quería al asesino perfecto a su lado. Quería que esa habitación, con olor a bebé y el aroma de Ren, fuera su verdadero hogar.
El lobo, vigilaba el sueño del fantasma y el cachorro. Mientras Vane, preparaba su primera jugada para rescatar a la víctima inocente, Ren.