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Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Aventura / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

En un mundo devastado por una pandemia que acabó con la civilización, Jimena, una enfermera que aún carga con el duelo por la pérdida de su pareja, sobrevive en soledad en la periferia de una ciudad en ruinas. Su existencia se limita a cuidar de un pequeño grupo de marginados: un anciano con una herida incurable, una mujer que ha perdido la razón por el dolor, y una niña salvaje que vive escondida.

Su monótona y silenciosa rutina se rompe cuando Iván, un joven mensajero, llega para pedir su ayuda. En ese momento conoce a Mateo, la persona que hará que todo en su mundo cambie.

NovelToon tiene autorización de May_Her para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

El camino hacia la clínica veterinaria era complicado, pero Jimena lo recorría con los ojos cerrados. Había que rodear una zona de naves industriales donde los Cazadores solían apostarse, cruzar un descampado que se convertía en barrizal con la lluvia, y luego adentrarse en un pequeño bosque urbano, de esos que crecen cuando nadie los poda. La clínica estaba al final, en un edificio de una sola planta con el cartel casi borrado por el óxido.

Hoy, sin embargo, algo era diferente. Antes de llegar al bosque, Jimena divisó movimiento entre las naves. Se agachó instintivamente detrás de un contenedor oxidado y esperó, conteniendo la respiración.

Dos figuras emergieron de entre los edificios. Llevaban ropas oscuras y algo atado a la cintura que Jimena no alcanzaba a distinguir. No parecían Cazadores —estos eran más desaliñados, con aspecto de hambrientos— pero en este mundo las apariencias engañaban. Permaneció inmóvil hasta que las figuras se perdieron en dirección contraria. Solo entonces reanudó la marcha, con el cuchillo de Carlos ya desenvainado, oculto bajo la manga.

La clínica seguía en pie, aunque cada vez más devorada por la maleza. Jimena empujó la puerta con cuidado; las bisagras chirriaron, pero no había señales de que nadie hubiera entrado desde su última visita. El interior estaba a oscuras, pero ella conocía el camino de memoria. Había pasado días enteros allí, clasificando, seleccionando, llevándose lo útil. Lo mejor ya lo había recogido, pero de vez en cuando encontraba algo que había pasado por alto: un lote de jeringuillas en un armario cerrado, un frasco de antibióticos olvidado tras una estantería, un manual de cirugía veterinaria que contenía información valiosa sobre anatomía.

Esa mañana, mientras rebuscaba en el almacén trasero, sus dedos tropezaron con algo metálico. Era una caja fuerte pequeña, de esas que se atornillan al suelo, pero los tornillos estaban oxidados y cedieron con un par de golpes. Dentro, envueltos en plástico para protegerlos de la humedad, encontró un tesoro: varios frascos de morfina, un estuche de bisturís nuevos, y un cuaderno manuscrito con la caligrafía apretada de un veterinario desesperado.

Jimena se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la pared, y abrió el cuaderno. Las primeras páginas eran anotaciones rutinarias: “perro con herida, tratamiento con antibióticos”, “gato con infección respiratoria, pronóstico reservado”. Pero a medida que avanzaba, la caligrafía se volvía más nerviosa, los días se espaciaban.

“Día 47. Ya no vienen por sus mascotas. Vienen por ellos mismos. Atendí a una mujer con fiebre. Le di paracetamol y le dije que volviera si empeoraba. No ha vuelto.”

“Día 52. Tres personas hoy. Una con tos, otra con diarrea, la tercera con una herida infectada. No tengo suficientes antibióticos. Tuve que elegir. Elegí a la herida. Las otras… Dios, elegí a la herida.”

Jimena sintió un escalofrío. Ella también había elegido.

“Día 60. Mi mujer me ha dejado. Dice que soy un imbécil por quedarme. Quizás lo sea. Pero aquí hay gente que me necesita. Si yo me voy, ¿quién les pone una inyección? ¿Quién les dice que no están solos?”

“Día 74. Me duele el pecho, creo que es mi turno. Espero que alguien encuentre esto y sepa que lo intenté.”

Jimena cerró el cuaderno y lo sostuvo contra el pecho. Durante un largo rato no se movió, solo escuchó la lluvia golpear el tejado de chapa, el goteo constante de una gotera en algún rincón. Las palabras del veterinario resonaban en su cabeza: “Que alguien encuentre esto y sepa que lo intenté”.

—Lo intentaste, Ricardo —dijo en voz alta, como si él pudiera oírla—. Yo lo encontré, lo sé.

Guardó el cuaderno en la mochila, junto con los frascos de morfina y los bisturís. Al salir, la lluvia había arreciado, pero no le importó. Caminó de vuelta empapada, sintiendo el peso del cuaderno contra su espalda como un testamento, una promesa.

1
Lauu Maii
Fue diferente, sí, pero valió la pena leerla.
Laura
Gracias por el capítulo
Holw_23
gracias por las imágenes /Tongue/
Holw_23
Puedes agregar imágenes de los personajes autora /Shy/
💠May_Her💠: Ya se están publicando unos capítulos, mañana si puedo agregarlas por allí del capítulo 12
total 1 replies
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
Holw_23
Gracias por el capítulo
Angeline
Más capítulos por favor
Angeline
Hasta ahora siento que está bien
Angeline
espero atenta lad próximas actualizaciones 🤭
Angeline
Bueno, empecemos, espero terminen de actualizar rápido
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