En un mundo donde la jerarquía Alfa y Omega dictamina el destino, Kael Monzón, un magnate implacable con un pasado oscuro, vive atormentado por una culpa que lo consume. Desesperado por expiar sus pecados, busca a Sami, un joven Omega cuya inocencia fue destrozada por la codicia y la traición de su propio padre.
Kael le ofrece a Sami un pacto: seguridad y un futuro. Pero lo que comienza como un acuerdo frívolo, pronto se transforma en una danza peligrosa entre el deber y un amor inesperado que desafía todas las reglas.
En medio de tormentas emocionales y la fragancia persistente del jazmín, ambos deberán decidir si se atreven a sanar juntos y construir un futuro donde el perdón sea el cimiento de la familia Monzón.
Esta es mi version basada en mi novela ChatStory de CASADO CON EL MOSTRUO. pero esta versión cambio bastante.
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El Despertar de Sami/El Contrato de Sangre
Sami se miró al espejo por décima vez en la última hora, ajustando el cuello de su camisa. Hoy no era un día cualquiera; era el día en que el calendario finalmente marcaba sus dieciocho años. Por primera vez, el peso de la protección constante de su padre parecía haberse aligerado, transformándose en un permiso dorado: una noche fuera, libertad real.
—¡Sami, muévete! ¡El taxi llega en cinco minutos! —el grito de uno de sus amigos desde la planta baja lo hizo sobresaltar, seguido de una carcajada grupal.
Sami sonrió, sintiendo un cosquilleo de pura felicidad en el estómago. Sus amigos lo esperaban con esa energía vibrante y ruidosa que tanto amaba; con ellos siempre se sentía seguro, en un ambiente relajado, casi como una reunión de chicas donde los secretos y las risas fluían sin juicios. Eran su refugio.
Bajó las escaleras casi saltando, despidiéndose de su padre con un beso rápido en la mejilla antes de que este pudiera arrepentirse o darle otra lista de advertencias sobre Alfas desconocidos y supresores de emergencia. Al cruzar la puerta, el aire de la noche lo recibió como una promesa. Se sentía ligero, feliz y, por primera vez, dueño de su propio destino. Lo que Sami no sabía, mientras subía al auto entre los vítores de sus amigos, era que su cuerpo estaba empezando a cambiar, y que el aroma dulce que empezaba a desprender su piel no pasaría desapercibido para nadie esa noche.
Sami se miró al espejo por décima vez. La habitación estaba llena de la energía caótica de sus amigos. —¡Sami! Si te sigues peinando ese mechón, vamos a llegar cuando el club esté cerrando —gritó Leo, su mejor amigo, mientras saltaba en la cama.
Sami se rió, sintiendo un cosquilleo de pura felicidad. —Es que... hoy es diferente, Leo. Dieciocho años. Siento que por fin puedo respirar. Mi padre siempre ha sido tan estricto, tan... controlador. Pero hoy me dio permiso sin pelear. ¿No es genial?
—Es un milagro —respondió Leo, aunque por un segundo una sombra de duda cruzó su rostro—. Solo ten cuidado, ¿sí? Tu aroma está cambiando, Sami. Hueles a jazmín dulce, muy dulce. Los Alfas van a volverse locos.
—Tengo mis supresores en el bolso, no te preocupes —respondió Sami con ligereza, sin saber que esos supresores habían sido cambiados por su padre por simples pastillas de azúcar.
Bajó las escaleras casi volando. En el vestíbulo, su padre lo esperaba. —Te ves... aceptable —dijo Filomeno, recorriéndolo con una mirada que Sami confundió con orgullo, pero que era pura evaluación de inventario—. No llegues tarde. Mañana tienes una cita importante.
—Gracias, papá. ¡Te quiero! —Sami le dio un beso rápido y salió corriendo hacia el taxi.
Filomeno se limpió la mejilla con un pañuelo de seda en cuanto la puerta se cerró. —Disfruta tu última noche de libertad, hijo —susurró con una sonrisa torva—. Mañana dejas de ser un gasto para convertirte en mi mayor fortuna.
Filomeno se mantuvo al pie de la escalera, con las manos entrelazadas a la espalda, observando a Sami descender. Para cualquier otro padre, aquel joven de dieciocho años habría sido un motivo de orgullo: su risa cristalina, la luz de la inocencia en sus ojos y esa vitalidad que solo se tiene al borde de la edad adulta. Pero Filomeno no veía a un hijo; sus ojos, nublados por la codicia, solo veían números, activos y la cancelación de sus cuantiosas deudas.
—¡Ya me voy, papá! —exclamó Sami, dándole un beso rápido en la mejilla que olía a juventud y esperanza.
—Diviértete, Sami —respondió Filomeno con un gesto mecánico, casi ensayado.
Mientras la puerta se cerraba tras su hijo, Filomeno pensó con una satisfacción escalofriante: «Míralo, tan feliz, creyendo que el mundo le pertenece, sin saber que cada año de su crianza ha sido una inversión que hoy empiezo a cobrar con intereses». Para él, Sami no era un ser humano con sueños, era el puente de oro hacia una vida de lujos que estaba a punto de recuperar. Casi dos décadas de espera estaban por cristalizarse en una transacción final.
Esa misma mañana, el escenario de la traición había sido un despacho en el piso más alto de un rascacielos de cristal, donde el aire acondicionado soplaba con una frialdad quirúrgica. Filomeno se había sentado frente a Kael Monzón. A sus 27 años, Kael no solo era un Alfa dominante; era una fuerza de la naturaleza cuya presencia imponía un silencio sepulcral en la sala. Había sido forjado bajo la mirada de acero de su madre, una mujer que entendía el poder no como un privilegio, sino como una propiedad que se expande.
Kael no se andaba con rodeos. Mientras revisaba el historial clínico y genealógico de Sami, sus dedos de pianista pasaban las hojas con la misma indiferencia con la que analizaría una fusión de empresas textiles.
—Sabes perfectamente que mi madre no acepta errores, Filomeno —dijo Kael. Su voz era un barítono profundo, una vibración que parecía hacer temblar los cristales del ventanal—. Ella espera que este vínculo sea sólido, genéticamente impecable y, sobre todo, útil para la imagen del holding. Si tu hijo es tan... excepcional como aseguras, el dinero no será un obstáculo.
Filomeno se inclinó hacia adelante, con una sonrisa servil que delataba su desesperación. —Lo es, Kael, te doy mi palabra de honor. Hoy cumple dieciocho. A esta misma hora, su biología está despertando. Su aroma será único, una mezcla de pureza que no encontrarás en ningún otro Omega de la ciudad. Es la pieza que tu estirpe necesita para consolidar el imperio y acallar a los críticos de la junta.
Kael levantó la vista del documento. Sus ojos oscuros escanearon a Filomeno con un desprecio silencioso. Detestaba a los hombres que vendían su propia sangre, pero su ambición y el mandato de su madre eran leyes superiores a su moral.
—Si mañana en la gala detecto que me has mentido, o si el aroma del chico no es el de un pura raza, el trato se cancela y te encargarás de devolver cada centavo del adelanto —sentenció Kael, cerrando la carpeta con un golpe seco.
Mientras Sami reía en el auto con sus amigos, imaginando un futuro lleno de posibilidades, el martillo de la subasta ya había caído. El acuerdo estaba sellado con firmas en tinta negra y sangre invisible. Filomeno ya podía sentir el peso del dinero en sus bolsillos vacíos, y Kael... Kael simplemente esperaba a que le entregaran su nueva propiedad, sin sospechar que ese "negocio" terminaría por incendiar su mundo entero.
Tuvieron otra bebé!!! Y Sami siguió estudiando, fue extremadamente tierno!!! 🥰🥰🥰
sólo espero que Samy no se oponga cuando le toque su castigo al desgraciado viejo!!!
Sami ya lo sabe todo!!! Cerramos la semana de la mejor manera!!!
Espero que Filomeno no le den ni medio centavo!!
Maldito viejo!!!!😡😤
Siempre defenderé a Kael, no fue por hacerlo a propósito lastimarlo, sé que podrá ganarse a Sami y podrá perdonarlo por ese error tan grande
Es una narrativa que envuelve desde el capítulo uno. La historia ni que decir. Espero poder leer hasta el capítulo final y si tienen la oportunidad de leerla de verdad háganlo!!
Gracias por actualizar Autor@