Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Historia
El apagón había caído sobre el barrio como una manta pesada, silenciosa y extraña. Las casas, que normalmente brillaban con luces cálidas al atardecer, ahora eran apenas sombras recortadas contra un cielo grisáceo. Todo había empezado por un accidente.. un auto que había perdido el control y se había estrellado contra un poste del alumbrado público. Desde entonces, cables colgaban como serpientes oscuras, y algunos vecinos murmuraban con inquietud desde sus puertas.
Rachel suspiró mientras se ajustaba la chaqueta. Trabajar repartiendo comida en esas condiciones no era lo ideal, pero tampoco podía darse el lujo de perder el turno. Había aprendido a seguir adelante incluso cuando el entorno no acompañaba.
Antes de subirse a su moto, sacó el celular. La pantalla iluminó suavemente su rostro en medio de la penumbra. Con movimientos rápidos, buscó algo para escuchar. No quería oír los comentarios nerviosos de la gente ni el eco distante de autos pasando con cautela.
Fue entonces cuando lo encontró.
Un audiolibro.
Frunció el ceño apenas. No recordaba haber descargado ninguna historia recientemente. Dudó un segundo… pero luego se encogió de hombros.
—Mejor esto que el ruido —murmuró para sí misma.
Se colocó los audífonos, ajustándolos bien, y presionó reproducir.
La voz que comenzó a sonar era clara, envolvente… casi hipnótica.
Rachel encendió la moto y comenzó a avanzar por las calles oscuras. El sonido del motor quedaba relegado a un segundo plano, opacado por la historia que empezaba a desarrollarse en sus oídos. Su atención se fue cerrando poco a poco, como si el mundo exterior dejara de tener importancia.
Las sombras, el viento frío, el murmullo lejano de la gente… todo se desdibujaba.
Solo quedaba la voz.
Giró en una esquina con cuidado. El pavimento estaba húmedo por una llovizna reciente. Apenas lo notó.
Seguía escuchando.
Avanzó unos metros más.
Y entonces..
La rueda de la moto pasó sobre un charco.
Pero no era un charco cualquiera.
El agua estaba en contacto con un cable suelto del alumbrado dañado.
El instante siguiente se rompió en mil fragmentos.
Un chispazo.
Un destello blanco que cortó la oscuridad.
Un sonido seco, eléctrico.
Rachel apenas alcanzó a abrir los ojos con sorpresa.
Luego, los relámpagos parecieron nacer desde el suelo mismo, recorriendo el agua, saltando hacia ella.. Algun problema con el arreglo de la luz del alumbrado.. A lo lejos, alguien gritó. Otra voz se unió. Pasos apresurados.
Pero para Rachel… todo fue extrañamente silencioso.
No hubo dolor.
No hubo tiempo.
Solo una sensación breve, como si el mundo se apagara al mismo ritmo que el barrio.
Su cuerpo cayó al suelo, inmóvil, mientras la moto se deslizaba unos centímetros más allá.
Y sin embargo.. la voz del audiolibro seguía sonando en sus oídos.
Clara.
Constante.
Inmutable.
Incluso cuando todo lo demás desaparecía.
Incluso cuando la oscuridad lo cubría todo.
Rachel ya no sentía el frío del pavimento, ni el peso de su cuerpo, ni los gritos desesperados que comenzaban a rodearla.
Pero seguía escuchando.
Como si esa historia… fuera lo único que se negaba a dejarla ir.
La oscuridad no era dolorosa.
Era… suave.
Rachel no sentía su cuerpo. No sentía el frío del pavimento, ni el peso de la ropa mojada, ni el pulso acelerado que había tenido segundos antes. Todo eso parecía lejano, como si perteneciera a otra persona.
Pero la voz… la voz seguía ahí.
Clara. Cercana. Persistente.
Rachel mantuvo los ojos cerrados, con una leve confusión cruzándole el pensamiento.
[¿Estoy… en un hospital?]
Quiso moverse, pero no pudo. Quiso abrir los ojos, pero algo la mantenía en esa penumbra tranquila. Aun así, no había miedo. Solo una extraña sensación de espera.
Y entonces, volvió a concentrarse en el audiolibro.
La historia continuaba.
Hablaba de la familia Field.
Un matrimonio respetado, amable en apariencia, que años atrás había tomado una decisión que cambiaría el destino de todos.. adoptar a una niña.
Valery Johnson.
Rachel, en medio de ese estado suspendido, comenzó a imaginarla sin esfuerzo. Una niña de seis años, pequeña, con los ojos hinchados de tanto llorar, sosteniendo la mano de extraños tras perder a sus padres en un accidente. Los Johnson y los Field habían sido amigos cercanos… y tras la tragedia, los Field la acogieron como si fuera su propia hija.
La voz del audiolibro se volvió más profunda, más emocional.
Valery creció en esa casa amplia, elegante… pero nunca completamente suya.
Y allí estaba él.
Eric Field.
El hijo mayor.
Cinco años mayor que ella. Inteligente, responsable, admirado por todos. Para la pequeña Valery, él se convirtió en algo más que un hermano adoptivo.
Se convirtió en su mundo.
Rachel sintió algo extraño en el pecho… como un eco de emoción que no sabía si era suyo o de la historia.
El audiolibro continuaba, desnudando poco a poco los sentimientos de la joven.
Valery lo amaba.
Desde niña.
En silencio.
Con esa devoción torpe y sincera que nace sin permiso.
Pero Eric… Eric nunca la vio de esa manera.
Para él, Valery era alguien a quien debía proteger. Alguien que dependía de su familia. Alguien… que no debía irse.
La voz hizo una pausa leve, como si preparara el siguiente golpe.
Y entonces apareció otro nombre.
Rachel Mason.
Rachel, la oyente, sintió un leve escalofrío, aunque no entendía por qué.
En la historia, Rachel Mason era todo lo que Valery no era.. segura, elegante, decidida. La mujer perfecta para un matrimonio conveniente con Eric Field. Un acuerdo entre familias, beneficioso, lógico… y completamente devastador para Valery.
La escena se dibujó con una claridad dolorosa.
Valery llorando en silencio en su habitación.
Apretando las sábanas.
Mordiéndose los labios para no hacer ruido.
Mientras, en otra parte de la casa, se celebraba el compromiso.
Rachel tragó saliva… o al menos, sintió que lo hacía.
El audiolibro no se detenía.
Rachel Mason.. la prometida.. no era amable. Sabía. Sabía perfectamente lo que Valery sentía. Y eso la volvía cruel.
Pequeños comentarios. Miradas frías. Sonrisas que escondían desprecio.
Nada demasiado evidente… pero lo suficiente para herir.
Y Eric… Eric lo veía.
Pero no hacía nada.
Porque, en el fondo, creía que todo estaba bien así.
Que Valery debía quedarse.
Que su lugar era junto a los Field.
Que no necesitaba otra vida.
Que no debía amar a nadie más.
Que no debía… irse.
La voz del audiolibro se volvió casi susurrante.
Cada palabra caía como una cadena invisible.
Valery estaba atrapada.
No por falta de oportunidades… sino por los lazos que otros habían decidido por ella.
Rachel, en la oscuridad, sintió una opresión en el pecho.
Una tristeza que no era completamente suya… pero tampoco ajena.
Eso no está bien… pensó, con una claridad repentina.
Porque no era solo una historia de amor no correspondido.
Era una historia de encierro.
De alguien que decía proteger… mientras retenía.
De alguien que decía cuidar… mientras impedía crecer.
La voz siguió narrando el sufrimiento de Valery, su soledad silenciosa en medio de una familia que decía amarla, pero que nunca la dejaba ser libre.
Y Rachel… sin abrir los ojos, sin saber dónde estaba realmente… continuó escuchando.
Sin darse cuenta de que, poco a poco, esa historia comenzaba a sentirse demasiado… cercana.