Liz tiene veintidós años, un hijo de siete y un infierno del que no puede escapar.
Atrapada en una casa de la que no puede salir, sometida a la violencia de un hombre que dice ser su dueño, su única razón para seguir respirando es Dedé, su pequeño, que cada noche la mira con esos ojos tristes que lo saben todo.
Pero una madrugada, Dedé hace lo que ella nunca pudo: huir.
Y su camino lo lleva hasta Cobra, el dueño del cerro, el hombre más temido de la comunidad. Un narcotraficante despiadado con sus enemigos... y con un corazón que ni él mismo sabía que tenía.
Lo que empieza como un rescate se convierte en algo que ninguno de los dos esperaba. Gael —porque así se llama cuando baja la guardia— descubre que la mujer rota que cargó en brazos aquella noche le despertó algo que no tiene nombre. Y Liz descubre que el amor no siempre llega vestido de príncipe: a veces llega con un fusil en la espalda, tatuajes en los brazos y un imperio de pólvora y lealtad.
Pero la felicidad en el cerro tiene precio. Enemigos del pasado vienen a cobrar deudas con sangre. Secretos familiares enterrados durante décadas salen a la luz. Y Liz tendrá que decidir si la mujer que fue puede convertirse en la mujer que merece ser.
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PRESENTACIÓN

LIZ, 22 AÑOS. MADRE DE ANDRÉ (DEDÉ)

COBRA, 30 AÑOS. DUEÑO DEL MORRO DA CHAPA.

ANDRÉ (DEDÉ) HIJO DE LIZ Y DE ANTÔNIO (MARIDO ABUSADOR DE LIZ)
AVISO IMPORTANTE ⚠️
Este libro contiene:
• SEXO
• DROGAS ILÍCITAS
• VIOLENCIA
PRESENTACIÓN:
— Soy Liz, tengo 22 años. Quedé embarazada muy joven, a los 15 años. El padre del bebé, Antônio, que en esa época era mi novio, ya tenía 20. Mi familia no aceptaba el noviazgo, primero porque él era mayor y segundo porque vivía en una favela.
Tuve mi primera vez con él y terminé embarazada.
Cuando les conté a mis padres tuvieron la peor reacción posible. Mi mamá me dio una golpiza y me corrieron de la casa solo con la ropa que traía puesta.
No tuve alternativa, me vi obligada a pedirle refugio a mi novio, el padre de mi hijo.
Él ya vivía solo en un cuarto con baño en la favela. Me acogió.
Durante todo mi embarazo hasta me trató bien, rentó una casa un poco más grande en la comunidad.
Un año después de que nació nuestro hijo empezó mi infierno: agresiones verbales y psicológicas, humillaciones, y no tardó mucho en pasar a la agresión física. Hoy mi hijo tiene 7 años y me golpea y me viola prácticamente todos los días. Me golpea todavía más cuando defiendo a mi hijo y no dejo que le ponga un dedo encima a mi niño. Mi hijo no sufre las agresiones directamente, pero sufre por el ambiente en que vive. Ya intenté huir y me golpeó tanto, pero tanto, que quedé toda destrozada, y encima me dejó cuatro días amarrada.
Ya me rendí con la vida, solo no acabo con todo por mi hijo. No tengo ninguna esperanza de cambio ni de mejoría. ¿A dónde voy? Estoy sola en el mundo. Una vez que intenté pedirle ayuda a mis padres fui despreciada una vez más. Así que sobrevivo así, presa. Él no me deja salir y mucho menos trabajar.
Soy Cobra, tengo 30 años y soy el jefe del morro do Chapa. Heredé este morro de mi padre, que se llama João, conocido como João de Ferro. El viejo vive aquí en el morro con mi madre Helena, pero quiso retirarse y me pasó la jefatura. A pesar de vivir y crecer en la vida del crimen, tuve una infancia tranquila. Mis padres siempre fueron y son muy cariñosos conmigo. En la adolescencia fue cuando empecé a involucrarme más y a enterarme de los negocios. Mi padre siempre fue un excelente administrador y se hizo muy rico, y yo mantengo todo de la misma forma que él. Construí una casa para vivir solo, cerca de la casa de mis padres. Mi mamá no quería que me fuera de casa, pero necesitaba privacidad. Nunca me amarré con nadie ni quiero hacerlo. Conmigo es sexo y adiós. Las nenas de aquí solo quieren dinero y estatus, y no va a ser conmigo que lo consigan. Aquí la comunidad es organizada, no se acepta desmadre y si lo hay me lo llevo directo al ajuste de cuentas. Mandé construir una escuela de primera para los niños de la comunidad, con alberca y todo. Muchos me tienen miedo, pero no pueden negar que soy un buen jefe.