Tras ser brutalmente traicionada por su compañera y su objetivo en una misión de alto riesgo, la letal agente Jannet Cayswell muere en un accidente orquestado. Despierta en el cuerpo de Zafiro Lawrence, la heredera de una Casa Noble en un imperio de corte de época antigua, con toques mágicos. Atrapada en una vida de etiqueta y política palaciega, Zafiro debe fingir la amnesia para sobrevivir mientras domina sus nuevas habilidades y el funcionamiento de este mundo.
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Capítulo 24
Ethan se colocó detrás de Zafiro, sintiendo un orgullo inmenso. Se inclinó hacia su oído, su aliento cálido rozando su mejilla en medio de la tensión.
—Eres increíble, mi pequeña fiera —le susurró—. Si hubieras sido así en mis sueños, me habría enamorado de ti mucho antes.
Zafiro no respondió, pero su corazón dio un vuelco. Se sentía poderosa. En su vida anterior, habría llorado y suplicado. Ahora, veía a Carlos Crane como lo que realmente era: un insecto patético que intentaba jugar a ser Dios.
El tiempo pasó en un silencio sepulcral mientras los hombres de los Lawrence realizaban el registro. Malory se acercó a su hija y le tomó la mano, transmitiéndole su apoyo silencioso. Liam se mantenía entre Carlos y Zafiro, su espada desenvainada a medias, listo para decapitar al Conde al menor movimiento en falso.
Finalmente, Marcus regresó al salón. En sus manos llevaba una pequeña caja de madera de ébano. La abrió frente a todos, revelando tres frascos de cristal oscuro con el emblema del halcón de los Lawrence grabado en la plata de los tapones.
—Lo encontramos en el doble fondo del asiento del Conde —informó Marcus con voz grave—. Es belladona concentrada, milady.
Un murmullo de indignación recorrió a los presentes. La trampa era evidente, pero Zafiro sabía que Carlos aún tenía un as bajo la manga.
—¡Eso es una siembra! —chilló Carlos—. ¡Ustedes lo pusieron allí para incriminarme!
—Es tu palabra contra la de los caballeros de la casa Lawrence —dijo Zafiro con una frialdad absoluta—. Y dado que tú eres quien ha invadido nuestra casa con acusaciones infundadas, el Consejo Supremo tendrá mucho que explicar cuando el Rey despierte mañana por la mañana.
—¿Mañana? —preguntó Carlos, el terror filtrándose en sus poros.
—Así es —intervino Elías de la casa Tarth, que acababa de entrar al salón con una sonrisa triunfal—. El tratamiento de la Archiduquesa ha funcionado. El Rey ha recuperado el color y sus pulmones están fuertes. Despertará al amanecer. Y lo primero que verá será a su hijo y a la mujer que le salvó la vida.
Carlos Crane se desplomó de rodillas. Su plan de dos años, su ascenso al poder, todo se estaba desmoronando en una sola noche. Miró a Zafiro, buscando un rastro de la compasión que solía manipular, pero solo encontró un muro de hielo y fuego.
—Llévenlo a las mazmorras del ala norte —ordenó Ethan, su voz resonando como una sentencia de muerte—. Y a sus hombres, desármenlos y encadénenlos. Mañana, el Rey decidirá su destino. Pero antes...
Ethan caminó hacia el arrodillado Carlos y lo levantó por el cuello de la túnica con una sola mano, demostrando su fuerza bruta.
—Si vuelves a mirar a Zafiro, o si vuelves a pronunciar su nombre con esa boca inmunda, yo mismo me encargaré de que tu muerte sea tan lenta que desearás no haber nacido jamás —le susurró con una promesa de pura violencia.
...
Cuando el salón finalmente se vació y Carlos fue arrastrado entre gritos de protesta, la familia Lawrence se quedó sola con el Príncipe. Dante se acercó a su hija y la abrazó con fuerza, un gesto que Zafiro devolvió con lágrimas en los ojos.
—Hija mía... nos has salvado a todos —dijo Dante, su voz quebrada—. ¿Cómo supiste dónde buscar?
Zafiro miró a Ethan, que la observaba con una intensidad que le recordaba el calor de sus caricias horas antes.
—Intuición, padre —mintió con suavidad—. Intuición y el deseo de no perder a los que amo otra vez.
Liam se acercó a ellos, aún receloso pero claramente agradecido.
—Zafiro, has demostrado ser una verdadera Lawrence. Pero esto no ha terminado. Los Bolton no se quedarán de brazos cruzados. Han enviado a su mejor perro y lo hemos enjaulado. Vendrán por él.
—Que vengan —dijo Zafiro, separándose del abrazo de su padre y caminando hacia Ethan. Ella tomó la mano del Príncipe frente a su familia, un gesto de compromiso público—. No estamos solos. Los Lawrence y los Lancaster estamos unidos. Y a partir de hoy, el tablero de juego ha cambiado.
Ethan entrelazó sus dedos con los de ella, apretándolos con firmeza.
—Mañana presentaremos las pruebas ante mi padre —dijo Ethan—. Pero esta noche... esta noche la Archiduquesa necesita descansar.
Liam hizo una mueca, pero al ver la determinación en el rostro de su hermana, simplemente asintió.
—Te escoltaré a tus aposentos, Zafiro. Y esta vez, me quedaré vigilando la puerta —sentenció Liam, mirando significativamente a Ethan.
Ethan soltó una carcajada ligera, sintiéndose más vivo de lo que jamás se había sentido en su vida anterior o en esta.
—No esperaba menos de ti, Liam. Pero recuerda, ella ya no es una princesa que necesite ser rescatada. Ella es la reina que este imperio ha estado esperando.
Zafiro caminó hacia sus aposentos, escoltada por su posesivo hermano, pero su mente seguía en el salón, en la imagen de un Carlos Crane derrotado. La venganza acababa de empezar, y el sabor era mucho más dulce de lo que jamás imaginó. Sin embargo, sabía que el verdadero peligro apenas comenzaba a mostrar sus garras en las sombras de la corte. Los Tyrell y los Bolton no se detendrían, y ella tendría que usar cada onza de su conocimiento futuro para mantener a Ethan y a su familia a salvo.
Mientras cerraba los ojos esa noche, con el eco del beso de Ethan aún en sus labios, Zafiro susurró para sí misma:
—Te maté en mis recuerdos, Carlos. Ahora, te veré arder en la realidad.