Sufrí un accidente y fingí perder la memoria para poner a prueba el amor de mi esposo y de mi hija. Me llevé una sorpresa desagradable cuando me dijeron que yo era la esposa del guardaespaldas y que no teníamos ningún lazo familiar.
Decidí seguir con el juego y, cuando se arrepintieran, ya sería demasiado tarde. Su amor, para mí, ya no valía nada.
Cuando mi esposo llevó a su primera novia a casa para que fuera la niñera de mi hija, no imaginaba que ella planearía quedarse con todo lo que era mío.
Después de que mi esposo y mi hija me abandonaron sola en la calle por culpa de la niñera, aun sabiendo que yo padecía síndrome de pánico, terminé sufriendo un accidente tras entrar en crisis.
Fue entonces cuando decidí darles una última oportunidad, una última prueba… la cual no lograron superar.
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Capítulo 24
POV Narrador
Lucía intentó ganarse la lástima de los padres, diciendo que Millie era abandonada por su madre, que estaba pasando por problemas psicológicos, todo porque no quería involucrar a Jeremy y que él terminara pensando que Clara debía volver a casa.
Al final, los padres terminaron acordando dejar de lado esa pelea, con la promesa de que Millie no volvería a golpear a nadie.
La dulzura que Millie sentía por Lucía parece que se disolvió inmediatamente, junto con su petulancia.
Millie pensaba que Lucía era su amiga muy, muy genial y que haría todo lo que ella pidiera, pero la voz de Lucía vino dura, diciéndole a todo el mundo la verdad tal cual era, ella no era su madre.
Fue como si Lucía hubiera empujado a Millie fuera del círculo de amigos. Peor aún, cuando Lucía habló sobre la madre, aquello dolió en un lugar que ella ni siquiera sabía que existía.
Millie no sabía el nombre de aquel sentimiento feo, pero sintió las orejas arder y el rostro calentarse. Era la sensación de ser pequeña y estar equivocada frente a todos los compañeritos.
Tras ese acontecimiento, Millie comenzó a quedarse más callada. Ya no parecía aquella niña que tomaba la iniciativa, que era la líder de los compañeritos.
El bullying continuó y ahora peor, además de llamarla fea, se reían de ella diciendo que no tenía madre.
Lo peor es que no conseguía contar lo que estaba sucediendo.
Su padre estaba siempre ocupado, siempre que ella quería contarle algo, él le pedía que se lo dijera a Lucía.
Lucía ahora ni siquiera disimulaba que no se importaba por ella, cuando ella quería quejarse del bullying, Lucía fingía que estaba escuchando, diciendo.
— ¡Ajam! ¡Ajam!
Pero Millie era lo suficientemente lista para darse cuenta de que Lucía ni siquiera estaba mirándola, Lucía ni siquiera la estaba escuchando de verdad.
Millie fue a su cuarto y se sentó en un rincón, abrazando las rodillas.
— Mamá no era así.
Sintió las lágrimas calientes descender por sus mejillas, al recordar a su madre.
Recordar cuando ella volvía de la escuela y corría a contarle todo a Clara.
Clara la colocaba en su regazo y escuchaba todo e incluso le daba consejos.
— Mamá, te echo de menos… — Millie no consiguió contener las lágrimas que rodaron sin parar.
Pero en vez de pedirle a su padre que fuera a buscar a mamá de vuelta, Millie fue hasta su armario y tomó un paquete gigante de snacks que Lucía había comprado para ella.
Comenzó a comer y enseguida lo terminó.
Entonces fue hasta su cajón y comenzó a comer todos los dulces que estaban allí.
Al día siguiente, cuando la empleada fue a despertar a Millie, ella se rehusó a levantarse.
— ¡No quiero! ¡No voy a ir a la escuela!
— ¡Pero señorita Millie, usted no puede faltar!
— ¡No quiero! ¡No me gusta la escuela! ¡Nunca más voy a ir a la escuela!
Millie comenzó a hacer berrinche.
Jeremy ya estaba en el trabajo cuando recibió una llamada de la empleada.
— Sr. Ford, es sobre la señorita Millie.
Jeremy masajeó las sienes, irritado.
Una vez más Millie. Él no sabía contar cuántas veces en una semana había tenido su trabajo interrumpido por alguien hablando de Millie.
"Con Clara esto nunca sucedió", pensó nuevamente.
— Mira, no puedo hablar sobre Millie ahora. ¿Dónde está Lucía? ¿Ella no es la niñera? ¡Habla con ella!
Jeremy colgó inmediatamente, antes de que la empleada hablara.
La empleada miró a Millie con un peso en la mirada.
"¡Pero Lucía no hace nada! Ella no se importa por ningún cuidado de la niña. Si la señora Clara no vuelve, no sé qué va a ser de esta niña".
La empleada pensó lo que todos en la casa estaban observando.
Desde que Clara se fue, Millie estaba incorregible y Lucía solo se quedaba acostada en el sofá o en la tumbona al lado de la piscina, moviendo el celular. Ella no miraba a Millie.
Pero como Jeremy dijo que recurriera a Lucía, la empleada tuvo que hacer eso.
Y acabó recibiendo la respuesta:
— ¡Ah, vaya! ¡Qué niña tan pesada! ¡Peor que la madre! ¡Déjala! Yo no voy a estresarme. Si no quiere ir a la escuela, ¡que no vaya! Pídele que compren unos snacks y unos dulces para que se quede tranquilita comiendo y no dé la lata.