Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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Capitulo 6
—Es ella… —pensó—. Está en mi mismo hotel.
Las puertas del ascensor se cerraron con un sonido suave, casi elegante.
Demasiado elegante para el nudo que se le formó en el pecho.
Jonny se quedó quieto, mirando su propio reflejo en el espejo del ascensor mientras descendía. No sabía quién era esa mujer. No sabía su nombre. No sabía nada.
Y aun así, algo se había movido dentro de él.
—Disculpe, señor —dijo un empleado al verlo insistir con el botón—. Ese ascensor es solo para el penthouse. Funciona con llave.
Jonny parpadeó, como si recién volviera a la realidad.
—Ah… sí, perdón —respondió, incómodo—. ¿Cuál puedo usar?
—Acompáñeme, por favor.
Mientras se alejaba, Jonny miró una última vez hacia el ascensor cerrado.
No sabía por qué, pero tuvo la certeza de que ese instante no era casual.
Por otro lado, Eleonor llegaba a su penthouse.
El espacio era amplio, silencioso, impecable. Un empleado del hotel acomodaba las valijas con cuidado, como si cada objeto tuviera un valor incalculable. Ella observaba la escena desde la puerta, sintiéndose extrañamente ajena a todo.
—Reservaste la habitación para ti —dijo, sin mirarlo—. Quédate en la de abajo.
—Este lugar es muy grande para mí.
Aron dudó un segundo.
—Como usted quiera, señora.
Antes de retirarse, carraspeó.
—Señora… el señor King la llamó unas veinte veces hoy.
Eleonor cerró los ojos. Solo un instante. Lo suficiente para que el cansancio la atravesara entera.
—Ya sabes qué hacer —respondió—. Mándale un mensaje y dile que estoy bien.
Hizo una pausa.
—Que luego acomoden mi ropa. Subiré a acostarme.
Caminó hasta la habitación principal. Se quitó la ropa con movimientos lentos, automáticos, y se metió en la ducha. El agua caliente recorrió su cuerpo, pero no logró aliviar la presión en su pecho.
Apoyó la frente contra el vidrio.
Y los recuerdos volvieron.
Hace tres semanas atrás
Llegaban a un gran salón, lleno de gente importante. Trajes caros, vestidos elegantes, risas medidas. Alex la llevaba tomada de la mano con firmeza, como si quisiera dejar claro que ella era parte de su mundo.
—Estás muy atractivo —dijo Eleonor, acomodándole el cuello de la camisa.
—Tú también… estás bellísima —respondió él—. Gracias por acompañarme.
—Esto no es una cita, sabes… —bromeó ella, aunque con cierto reproche.
Alex sonrió y la tomó de la cintura para besarla, pero alguien se acercó antes.
—¡Eyyy, King! —exclamó el hombre—. ¡Qué bueno verte!
Se estrecharon la mano.
—Señora King, qué gusto verla.
—Doctor West —respondió Alex.
—¿Qué se siente que la revista más importante del mundo escriba sobre la operación de reconstrucción del arco aórtico que realizaste?
—Muy bien, claramente —contestó Alex, seguro.
—Ven, quiero que se lo cuentes a algunos pasantes.
Luego miró a Eleonor.
—Perdón, señora King, se lo devolveré en unos minutos.
—Claro.
—Ya regreso, hermosa —dijo Alex, dejando un beso en su mejilla.
Una hora después, Eleonor estaba sentada sola en una mesa, con una copa de champagne en la mano. A unos metros, Alex seguía rodeado de personas. Reía, hablaba, brillaba.
Ella lo miraba en silencio.
Siempre era así.
Él en el centro.
Ella esperando.
El sonido del teléfono la sacó del recuerdo.
Miró la pantalla y sonrió con cansancio.
—Hola, Aby.
—Eyyy, amiga, ¿cómo estás?
—Un poco mejor.
—Mentira. No me mientas… nos conocemos desde el jardín —respondió Aby—. Sé que te costó tomar la decisión.
Eleonor suspiró.
—Sí… no quiero volver.
—¿Pudiste sacar mi ropa?
—Sí. Y lo vi.
Hizo una pausa.
—Me pidió por favor hablar contigo. Estaba nervioso.
—Obvio que no le dije nada —respondió Aby.
—Gracias.
—No puedo creer que le pidieras el divorcio.
—Sebastián me dijo que tiró los papeles. Que no piensa firmar nada —dijo Eleonor—. Aby… la semana que viene voy a ir a la clínica. Ya tomé la decisión.
Su voz tembló apenas.
—¿Podés acompañarme?
—Claro que sí. Sabes que siempre estoy con vos.
—¿Hablaste con tus padres?
—No… no sé cómo lo van a tomar. Sabes cómo se quieren nuestras familias…
—Lo van a entender, amiga. Tus padres te aman.
—No va a ser tan fácil…
Se quedaron hablando un rato más, hasta que el cansancio ganó. Eleonor colgó y se acostó, mirando el techo del penthouse.
Por primera vez en mucho tiempo, estaba sola.
Y, aun así, se sentía más libre que nunca.
A la mañana siguiente se preparó con cuidado. Eligió un conjunto elegante, sobrio, que la hiciera sentir fuerte. Cuando salió, Aron ya la esperaba.
—Señora King, el auto está listo.
Eleonor respiró hondo.
—Vamos.
Y mientras las puertas se cerraban detrás de ella, supo que algo había quedado atrás…
aunque el futuro todavía doliera.
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Al salir del ascensor, caminaba junto a Aron cuando chocó con alguien.
—Eyy… eres tú, hola —dijo Jonny.
Ella lo miró, extrañada. Aron puso la mano, alejándola de él de forma sutil.
—Soy yo. Viajamos en el mismo avión.
—Hola, sí, lo recuerdo —respondió Eleonor, mirando su reloj—. ¿Necesita algo? Tengo que trabajar.
Jonny la observó de arriba abajo. Elegante. Atractiva. Ropa de marca, bolso exclusivo.
—Lo siento, no quiero molestarla si va a trabajar —dijo—. Me imagino que debe ser modelo.
—Señora, el coche nos espera —intervino Aron.
Jonny se corrió para dejarlos pasar.
—Disculpe, señor, pero la señora debe irse.
—Adiós, señor —dijo Eleonor, caminando hacia la puerta junto a Aron.
Jonny se quedó mirándola.
Su elegancia era imposible de pasar desapercibida.
—Wow… es preciosa —murmuró—. ¿Me dará su teléfono…?
Se apuró para alcanzarla, pero una voz lo detuvo.
—¡Eyy, Jonny! Ven.
Era Mark.
—Necesito hablar contigo.
—¿Qué pasa?
—Es por el contrato.
Fueron hasta la habitación. Mark se sentó junto a él.
—Mirá, la agencia me acaba de mandar el contrato para la campaña Montagne.
Jonny abrió la carpeta y comenzó a examinarlo.
—¿Vas a mirar tanto? Hace tres años que trabajás con nuestra agencia.
—Hace tiempo escuché que hay que leer todo lo que se firma.
Se detuvo en un punto.
—¿Treinta por ciento…?
—Sí. Es una campaña que la agencia te consiguió de forma exclusiva. Movió muchas influencias. Algo así no podrías conseguirlo solo.
—Firmá. Necesitás el dinero —dijo Mark, con una sonrisa cargada de cinismo.
En ese momento, la imagen de su hermano y de su madre cruzó la mente de Jonny.
Y firmó.
—Hiciste bien, muchacho.
Un rato después, Jonny estaba solo en su habitación cuando el teléfono sonó.
Al ver el nombre de su madre en la pantalla, dudó si atender o no.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?