Amor Clandestino [TERMINADA]
Erick
Mancho la orilla de la hoja con mi bolígrafo, distraído, dibujo círculos a su al rededor, soy caso omiso a las palabras de mi cliente. Por suerte, está Gaten. Pensé. Esperaba que está fuera la última reunión de la semana, el cansancio es demasiado y siento un peso en mis hombros como lingotes de hierro. Muevo el pie distraídamente bajo de la mesa, me percato que, a través del gran ventanal que da vista a la hermosa y hogareña ciudad de Berlín, un pequeño bicho que quiere adentrarse a la sala de reuniones, me le quedo viendo fijo. ¿Es que no se da cuenta de que hay cristal transparente que le impide el paso? Sigue insistiendo. Pero supongo que su instinto lo incita a seguir. ¿Cuándo te das cuenta de que es suficiente? El bicho se resigna y simplemente desaparece. Suspiro.
-¿Y qué te parece, Erick?
Pongo los pies en la tierra y me giro. Veo a Gaten y al señor de ojos grisáceo que me miran atentamente.
-Mmh...
Le doy una mirada a Gaten, él la entiende y me recalca que el señor esta deacuerdo con nuestra propuesta y que acepta invertir su dinero en nosotros.
-Confío plenamente en ustedes que harán un trabajo increíble. -Dice el hombre con acento ruso.
Nos despedimos y él desaparece por la puerta. Tomo mis cosas y regreso a mi oficina con Gaten pisándome los talones.
-Has estado muy distraído, ¿es por esta noche? -Me pregunta mi mejor amigo.
-Supongo que sí -contesto es voz baja.
-Sabes que aún estas a tiempo de cancelarlo y acabar con todo aquello.
Me lo quedo viendo como si lo que acaba de decir fuese inaudito. Me asiento en mi silla y organizo una carpeta con archivos adjuntos.
-No voy a romper mi compromiso con Mackenzie, Gaten. Amo a esa mujer y es con ella con quien voy a casarme, le guste a quien no le guste, así será. -Digo con determinación.
-Es que no te das cuenta de que esa mujer solo busca tu dinero. Erick, tú te mereces a otra mujer que te valore, que te represente, que te respete y que no te use como cuenta bancaria o una billetera.
-No voy a terminar mi relación de más de diez años por lo que dicen los demás, Gaten.
-¿De verdad la amas?
Eso es lo que yo quiero pensar y creer. Mackenzie es la mujer con la que me comprometí hace un mes. Lo recuerdo pero ahora, parece como si aquello fuese sido hace años. En una playa, con una cena, ella caminaba sobre la arena con las sandalias en mano. su vestido turquesa se movía por la intensidad de la brisa y su cabello rubio y suave como el lino se movía como bandera. Sus ojos verdes brillantes me miraban con felicidad. Ella aceptó mi propuesta y hoy se celebrará nuestro grato compromiso no muy aceptado por mis padres, pero sin embargo, muy bien visto por la sociedad. A mi mejor amigo y colega no le agrada mucho la idea y se niega a ser el padrino de nuestra boda.
-Piénsalo bien, Erick. Quizá, aun haya alguna mujer esperando por ti allá fuera.
Pero yo no quería otra mujer. Estoy seguro de que yo amo Kenzie, ¿por qué otra razón le pedí matrimonio? Todo eso era un asunto algo complejo, yo no tenía una relación tan buena con mis suegros, pero tampoco era la peor. Malcolm Morgan -padre de Mackenzie- siempre se mostró ante mí con cortesía y me usaba como ejemplo para la juventud, y yo sigo pensando que es porque no suelo ser un sujeto que sale a fiesta y llega tarde, no me gusta el alcohol, pero me encanta el vino, detesto el cigarrillo y no me gustan los ambientes ruidosos. Soy un tipo ideal como esposo para su única hija. Sin embargo, siempre noté cierta diferencia entre él y mis padres, parecían no llevárselas del todo bien, casi que no podían estar en el mismo espacio porque se mataban con la mirada.
-A estás alturas no quiero a nadie más en mi vida. Solo quiero casarme y tener mi familia con Kenzie.
Gaten me mira con desaprobación. Después de diez años, le cuesta tanto aceptar a Kenzie.
-Tu hermano si fue más inteligente.
-¿Por qué lo dices?
-Porque él sí consiguió a una mujer echa y derecha.
-Lucía Bernard no es mujer para mí, Gaten. Ya te lo había dicho. Es como una amiga a quien aprecio mucho.
Eso era un tema polémico entre la sociedad. Porque mi hermano se había fijado en una mujer con un rango profesional mucho mayor que él. Lucía Bernard es una mujer con mucha influencia, bien vista, con un apellido en alto y escrito en oro, con una fortuna y patrimonio inmenso que heredó de su padre después de su muerte, inteligente y que resaltaba por su gran y recelosa belleza inigualable a las demás. De pelo azabache, sedoso y brillante con pequeños mechones púrpuras desde la raíz, le caí recto hasta la cintura, su piel era de color canela como la arena tostada de la playa. Su cuerpo es alto y esbelto como la de una escultura griega, de largas piernas y cintura con definibles curvas pero lo que más llamaba la atención, eran sus ojos azules grisáceos. Era una especie de mezcla con colores fríos, hacían sus ojos hermosos y únicos. Ambos somos buenos amigos, desde la secundaria, pero, ¿por qué yo nunca pude verla con otros ojos? Y esa es la pregunta que más me hacía Gaten en cuanto a este tema.
Gaten suspira. Mi amigo es una persona obstinada pero con buen sentido del humor, extrovertido y llamativo. Resaltaba y se caracterizaba por su físico africano -no es africano-, pero sus padres son de nacionalidades distintas y nació en Alemania. Tiene ojos ámbares y pelo crespo. Era muy COOL.
-Espero de todo corazón que no te arrepientas de tus decisiones, Erick.
Yo también espero lo mismo.
...♡♡♡...
Llego a casa sin apuros. Aún faltaban unas cuantas horas para la fiesta.
Al entrar, veo la silueta de mi madre entre los jardines de la mansión, está rodeada de mesas y sillas forradas de seda y lazos grandes de color crema y turquesa. Se veía obstinada y estresada. Mi madre es una mujer joven de cuarenta y cinco años, de pelo negro y corto que le llegaba hasta por encima de los hombros, tenía ojos marrón claro. Muy bella.
No me acerco y sigo mi camino hasta las escaleras y en eso, me topo con mi pequeña hermana de diez años saltando como rana. Al verme, palidece y guarda su mano atrás en su espalda. Entorno los párpados.
-¿Qué tienes allí guardado, pequeño saltamontes? -Le digo en tono jocoso.
-Nada. -Responde y mira a través de la puerta de jardín.
Noto como tiene la boca llena de crema pastelera. Cuando estaba a punto de decir algo mi madre se adelanta y le arrebata el pastelillo. Evelyn se encoge como un cachorro siendo acorralado por su madre.
-¿Qué te he dicho sobre esto, Evelyn? Sabes que tiene prohibido comer azúcar a menos que se te autorice. -Eleva la voz en la sala y me siento con el deber de intervenir.
-Mamá, es solo un pastelillo, hay mucho más. Evelyn está pequeña y tiene el derecho de...
-Llegas justo a tiempo, Alexander. -Me mira, molesta. - Aún no sabes que te pondrás. Tomé el atrevimiento de escoger tu traje y lucirás uno de color azul marino con corbata negra estampada. -Regresa a Evelyn-. En cuanto a ti, niña desobediente, es hora de que te demos un baño.
La coge de la mano y se la lleva casi arrastras hasta la segunda planta. Suspiro y me topo con mi hermano que baja las escaleras casi saltando.
-Hola, hermano. ¿Listo para esta noche?
-Eso creo. -Respondo. - ¿Vas a salir?
-Sí, quedé en verme con Lucía esta tarde, llegaré con ella para la fiesta.
-¿Mamá lo sabe?
-Sí, la verdad prefiero ahorrarle el estrés. Vi que casi se lleva a Eve por los pelos.
-Sí, intenté intervenir pero ya sabes como es mamá.
-Bueno, nos vemos luego, bro.
Y se va. Lo miro andar con sus vaqueros viejos y tenis desgastados que Mamá odia tanto. Yo creo que su estilo era muy suyo. Hugo es así. Por una razón siempre se comporta de esa forma, no viste muy formal a menos que sea ocasiones especiales, siempre toma el coche prestado del abuelo porque es el único que se lo presta, y casi siempre desaparece por donde sabe quien. No era un sujeto muy convencional. Hugo no se animó a entrar en la universidad después de que se graduase por tanto tormento y notas desfavorables.
Subo a mi habitación y cierro la puerta detrás de mí. Me quito el gabán, el saco y me aflojo la corbata. Pienso en llamar a Mackenzie pero estoy casi seguro de que se encuentra en el salón de belleza arreglandose y cuando son ese tipo de ocasiones, ella prefiere que nadie la llame o la moleste.
Tomo asiento en el sillón y por una extraña razón. Siento un raro apretón en mi pecho que me corta la respiración como cinco segundos. Me relajo y echo la cabeza para atrás. No me doy cuenta del momento que me quedo dormido y siento que mamá me sacude y hace que me levante.
-Erick, mira la hora que es y ni siquiera te has dado el baño.
Corro al baño y me doy una ducha, me lavo el cabello, me afeito la barba que casi no me sale porque soy un delfín -o al menos eso dice Gaten-, me lavo los dientes, uso hilo dental y me enjuago la boca. Me visto con el traje que mamá puso encima de la cama, me peino el cabello para atrás y por último, me doy pequeños toques de perfume.
Salgo de la habitación y voy hasta el salón, mamá ya está arreglada y papá también, Evelyn sufre con su vestido, y el abuelo tiene un expresión extraña en su rostro.
-Ya estoy listo.
-Ya era hora. Mackenzie no tarda en venir. Prepárate para que recibas a tu prometida, Erick.
Mamá al notar la incomodidad de Evelyn y se la lleva un instante a su habitación, papá se va hasta su despacho y quedo solo con el abuelo.
-¿Está todo en orden, abuelo? -Le digo empujando su silla de ruedas hasta el lado del sofá. Tomo asiento y lo miro.
-¿Estás seguro de todo esto, Erick? ¿Estás seguro que ella es la indicada?
-¿Por qué me preguntas eso, abuelo?
-Porque no te veo feliz.
-¡Sí lo estoy!
-Tus ojos no dicen lo mismo.
-No es nada, abuelo, es solo que me gustaría que algunas cosas mejoracen, mi relación con mi padre no es la mejor, apenas nos dirijimos la palabra, mamá siempre decide por nosotros y la exclusión de Hugo no me tiene nada feliz.
Él asiente con la cabeza.
-Entiendo. A veces creo que todo eso es mi culpa.
-No es tu culpa, abuelo. No digas eso, no eres el culpable de que nuestra familia no sea la más unida.
-Esta casa se siente vacía; como si no hubiese nada que le diese vida. ¿Piensas vivir aquí con tu mujer después de que te cases?
-Es una decisión que quiero tomar junto a Kenzie. Mamá quiere que sigamos aquí, dice que es mi deber como el hijo mayor convertirme en el señor de la casa que ha sido nuestra por más de tres generaciones.
-Es increíble que se siga manteniendo en pie.
-A Mackenzie tampoco le desagrada la idea de venir a vivir aquí. Se siente cómoda y es lo importante.
El sonido de los coches a fuera hizo que mi madre bajase corriendo con Evelyn y papá saliese de su despacho. Me acerco al recibidor y sonrío feliz al ver a la mujer con la que me voy a casar. Llevaba un vestido hermoso de rosa pastel largo, su pelo recogido me dejaba ver su radiante y hermoso rostro y la belleza de sus ojos. Me acerco a ella y rodea sus brazos en mi cuello, me sonríe tierna y yo me sonrojo.
-¿No piensas en decir nada? -Me dice cerca del oído y yo suspiro como un tonto enamorado.
-Te ves radiante, amor mio -Acaricio su mejilla muy suave-. Me encanta ver tu rostro, y tus ojos encantadores. Espero que te hayan gustado las rosas que te envié por la mañana junto con el regalo. -Miro su collar de diamantes.
-Me encantó el obsequio, querido -Me besa los labios y mamá carraspea.
-Hay una menor presente.
Me giro y veo que mamá le tapa los ojos a Evelyn. Me percato de que mis suegros están presentes y los saludo con cortesía. Mamá lleva a Mackenzie y a su madre para mostrarles la gran decoración en el jardín. En eso me quedo junto a los hombres. Siento que Malcolm me da unas palmadas encima del hombro.
-Ella está muy feliz, Erick. Espero no la defraudes a ella ni a mí tampoco. -Dice jocoso mirándome y luego posa su atención en mi padre, éste, le da una mirada para nada buena, lo mira como si fuese un moribundo que tenía que ser degollado.
Entonces me veo obligado a intervenir.
-Créeme que eso no sucederá, señor Morgan. Amo a su hija con todo mi corazón y no pienso en defraudarla. Le doy mi palabra de hombre.
-Eso es bueno, Erick, casa vez me convensco más de que escogí el marido perfecto para mi bella hija. -Dice en un tono que no supe interpretar.
-Mi hijo es el mejor partido para cualquier jovencita. Una jovencita inteligente, profesional y bella -Dice padre apartando las manos de Morgan encima de mis hombro.
-¿Cómo la hija del difunto Bernard, Dominik?
Escucho el abuelo suspirar.
-Sí, ella a comparación de otras, es ella la mujer indicada para mi hijo. Esa joven no tiene comparación con ninguna otra, es única y ¡como me hubiese encantando que mi único hijo se comprometiera con ella!
-Papá, por favor.
-¿Único hijo, Fürts? -Pregunta con gracias Malcolm-. Creí que tenías dos.
-¡Bueno, ya basta los dos! -Elevo la voz.
Mamá aparece con las demás mujeres.
-¿Qué está sucediendo? -Pregunta.
-Nada, discusiones de hombres -digo-, nada importante.
-Cielo -me llama Kenzie cuando nos alejamos de los demás-, a tu padre sigue sin gustarle la idea de que nos casemos.
-No le hagas caso, cariño. Solamente ignoralo.
Ella asiente.
-¿Dónde está tu hermano? No le he visto desde que llegamos.
-Se fue con su novia. -Respondo con simpleza.
-Te juro que si no fuese novia de tu hermano, no la hubiese agregado en la lista de invitados.
-Aún sigo sin entender por qué ella te cae tan mal. Lucía es muy agradable.
-Es una ingrata.
Detengo mi caminata y la miro.
-Hey, no le digas así.
-No la defiendas, Erick. Sabes que ella siempre me ha caído mal, desde la secundaria. No la tolero.
-Pues tienes que hacerlo porque es la mujer que mi hermano ama, si supieras como habla de ella. Hacen una linda pareja a su manera.
Mackenzie carcajea llevando su mano hasta su boca.
-¿Qué es tan gracioso? -La miro extrañado.
-Nada, cielo, continuemos caminando. Tu madre hizo un excelente trabajo. -Me toma por el brazo y me obliga a seguir.
Continuamos caminando por el inmenso jardín de la mansión hasta que los invitados comenzaron a llegar por montones. Los recibimos amablemente al igual que ellos a nosotros. Mackenzie hace su mejor sonrisa; usa esos gestos que a mí, personalmente me tienen encantado, cuando habla, sonríe y mueve las manos.
Papá se encuentra reunido en su bola de colegas y socios del país. En esta fiesta, no hay nadie que no sea alguien.
Saludo a unos cuantos amigos de la escuela y de la universidad que asistieron. Gaten llega luciendo su traje rojo vino y se une a nuestra mesa de jóvenes empresarios.
-Ricky, ¿cómo te va la vida de casado? Te dije que no te casaras, el matrimonio es maldito y Erick no me hace caso.
Ruedo los ojos y Mackenzie lo mira de mala forma, ésta, se tambalea levemente en su silla y le pregunto si se encuentra bien.
-Estoy bien, amor, más que bien. -Me dice sonriente y deja un beso en el mentón.
-¡Pero si llego el diamantes en bruto de Alemania! -Grita un chico en nuestra mesa mirando a la entrada.
<<¡Lucía, estas hermosa! ¡Ese color te queda espectacular! ¡Esa es la hija del difunto Bernard, su hija es sin duda una belleza digna de admirar, lástima que se hay juntado con inservible como el menor de los Fürts>>. Oígo que la gente dice a nuestro al rededor. Me giro hasta la entrada y observo la bella figura de Lucía entre las personas. Contengo el aliento y me dedico a observarla sin caer en cuenta que la otra mujer a mi lado me jala de la manga de mi saco. Lucía se veía preciosa, el color azul marino brillante le quedaba espectacular, resaltaba el brillo de su piel canela y sus ojos azules como dos gemas grandes. Su cabello se mueve por cada movimiento o gesto que hace, saluda a todos con respeto y muestra su deslumbrante sonrisa que es la sensación de ella. Atrás de ella viene Hugo muy guapo, deja que ella dé su entrada triunfal con intensiones de que la gente la mirase y la admirase tanto, porque eso era típico de Lucía llamar la atención con su presencia sin tener intensiones de hacerlo.
Después, ella se acerca a nuestra mesa, a su lado la acompañaba Lizy, su mejor amiga desde siempre y casi algo de Gaten. Mi atención regresa en Lucía y tardo en responde cuando me mira y me felicita por mi compromiso.
Todos comenzamos una conversación muy grata. Nuestra mesa era la que más estaba llena de jóvenes como nosotros, graduados, emprendedores y empresarios hijos de políticos.
-Erick -Kenzie me susurra en el oído-, ¿Podemos hablar?
La miro confundido y ambos nos levantamos de la mesa. Fuimos a un lugar alejado del jardín, el lago de los patos y cisnes. Aquí nadie podrá escucharnos.
-¿Por qué miras a Lucía de esa forma? -Me reprocha.
-¿De que forma la estaba viendo?
-La mirabas de las misma forma cuando me pongo tu vestido favorito. Como si fuese lo más hermoso y radiantes de la fiesta y se supone que el centro de atención tengo que ser yo. Por esa razón no quería que viniera. ¡Lo está arruinando todo!
-Mackenzie, no tienes que ponerte así, cariño. Te ves espléndida.
-Es el colmo, Erick. Nunca antes la habías mirado así, ni siquiera habías puesto los ojos en otra mujer desde que me conociste. ¿Por qué ahora que estamos por casarnos?
-Hablas como si Lucía y yo fuésemos amantes.
-¿Lo son?
Su pregunta me hizo reír.
-Mi reina está celosa. -Me acerco a ella la tomo por la cintura-. ¿Cómo puedes tan si quiera pensarlo, Kenzie? Lucía es mi amiga, novia de mi hermano y le tengo una gran aprecio porque la conozco desde hace más de quince años, incluso más que a ti.
-A mi conociste antes de los quince años, Erick, para ese entonces ella ya estaba enamorada de ti.
-¡Y dale con lo mismo!
Yo pensaba que todas esas cosas que ella me decía a cerca de Lucía, eran ideas erróneas creadas en su cabeza, producto de su sexto sentido intuitivo de mujer. Por supuesto que Mackenzie no era tonta y se daba cuenta cuando algo no andaba en orden. Pero cuando es referente la novia de mi hermano, me limito a pensar en cosas más allá de una relación íntima, puesto que Lucía es mi amiga y colega y siempre nos hemos llevado bien. Lastima que eso era algo que Mackenzie no lo entende.
-Regresemos a la fiesta, los invitados deben de comenzar a murmurar y decir cosas.
Tomo su mano entrelazando nuestros dedos, ella me detiene.
-Erick, por favor, no pongas tus ojos y dejes que en tu corazón entre otra mujer que no sea yo.
Sonrío con ternura y le beso los labios.
-Eso no pasará nunca, mi amor. Soy tuyo. Desde el primer momento. Te amo y me casaré contigo y te prometo que intentaré ser el mejor de los maridos con tal de hacerte feliz.
...♡♡♡...
Mi prometida se había soltado de mi brazo hace ya una media hora. No la encontraba por ningún lado, pero sabía que no estaba tan lejos.
Las personas comenzaron a adentrarse en la pista de baile con sus parejas. A lo lejos visualizo a Gaten bailando con Lizy. Suspiro sin encontrar a mi novia, caminaba entre la gente y en eso me topo con Lucía con dos copa de champán en sus manos.
-Ve más despacio, no querrás tropezar con la gente. -Sonríe y yo no pude evitar hacerlo también.
-Lo siento, estoy buscando a mi prometida.
-Y yo busco a mi novio pero no sé en donde se metió. Quise buscar unas copas para nosotros y cuando regresé ya no estaba.
Miro alrededor sintiendo la mirada en nosotros.
-Te veo un poco agitado, Erick. Ten -me estrecha la copa de champán-, relaja los nervios.
Tomo la copa y bebo un sorbo.
-Tu fiesta está agradable, Erick. La gente de verdad se divierte. -Dice tranquila.
-¡Ya deja de mentir! Tú odias este tipo de reuniones tanto como yo..., aunque esta no la odio porque se trata de mi compromiso.
-¿De quien fue la idea? -Pregunta jocosa.
-¿De tú quien crees? -Le devuelvo la pregunta, gracioso.
-Sí, tú madre es toda una anfitriona organizando fiestas. ¿Crees que si me comprometo con Hugo hará lo mismo? -Dice pensativa.
-Claro que lo hará, pero no por Hugo sino por ti. Mis padres te adoran.
-Sí, ya lo sé.
Ella sonríe tímida y persibo un brillo hermoso en sus ojos que por breves segundo me deja sin aliento y quedo hipnotizado. Sin darme cuenta, yo también estaba sonriendo. Ella desvía la mirada hasta la pista de baile. Aprovecho que no me mira para recorres su cuerpo con la mirada. Mirarla con su vestido azul que se ajusta en sus caderas y cintura, su escote recto se ve perfecto al tamaño de sus pechos pronunciados, su pierna izquierda sobresalía por una apertura del vestido y me doy cuenta de que se ha pintado las uñas de los pies de color blanco, parecen perlas brillantes y ni hablar de sus labios que se veían tan apetitosos, voluminosas con ese brillo, esponjosos y tan...
-¿Quieres bailar? -Me pregunta.
Y caigo en la realidad. Lucía me mira nerviosa y ruborizada.
-La gente nos mira mucho, Erick, tenemos que hacer algo.
-¿Y crees que bailar sea lo correcto?
-No lo sé pero quiero salir de esta tensión que me esta torturando. ¿Dónde diablos se ha metido Hugo? -Exclama molesta.
Le quito su copa y dejo ambas encima de la mesa y la cojo de la mano, la llevo hasta la pista de baile. Pongo sus manos en mis hombros y las mías en su cintura, la acerco a mí de modo que su rostro ha quedado muy cerca del mío y siento su aliento y respiración.
-Bailemos. Es divertido darle comidilla a los peces. Lo están disfrutando, Lucía.
-Dios mío, Erick, estoy muy nerviosa. -Ríe nerviosa.
Ambos reímos. Bailamos durante un buen tiempo, olvidándonos que nuestras parejas había desaparecido sin razón alguna. Estar y tener contacto con Lucía no era para mí algo que me incomodase. Somo buenos amigos de toda la vida y ella es genial, incómodo era cuando me relacionaban con ella de una manera más íntima, de modo que nos hemos vuelto más reservado e cuanto nuestra amistad, por eso, somos el centro de atención en este momento.
-Vale, ya estoy cansada, paremos.
Le hago caso nos dirigimos a nuestra mesa. Aparto la silla para que ella se siente y suelta un jadeo con mueca de dolor.
-Los pies me están matando.
-Bailamos como no lo hicimos antes. Hace mucho que no lo hacemos, ¿desde cuándo?
-No lo sé, ¿desde que cumplí quince años?
La miro sorprendido.
-Tienes veintiséis años, Lucía. ¡Hace once años!
-Sí, mucho tiempo. Fuiste el primero hombre con el bailé el vals. -Dice y me mira de manera extraña.
Una tensión se crea entre nosotros. Lucía ya no tenía la misma mirada brillantes de antes, ¿por qué tan drástico su cambio de humor? No me lo explico del todo. Pero después caigo en cuenta y que hace mucho que no hacíamos este tipo de cosas que después nos traería problemas. Decido levantarme y buscar a mi prometida, al no verla entre la gente, entro en la mansión y la busco por los amplios pasillos. No hay nadie dentro de la casa más que empleados encargándose de los servicios. Cuando estoy cerca del despacho de la casa oígo ruidos, como dos personas estuvieran teniendo intimidad dentro de despacho. Dudo en entrar pero lo hago, abro la puerta despacio sin hacer ruido y asomo la cabeza y lo que veo me deja sin aliento.
El corazón se me detiene y mi respiración se corta. Palidesco y por un momento siento que caeré desplomado al suelo.
Mi hermano, jadeante entre las piernas de mi novia, mi prometida, la mujer con la que me casaría. Ambos, están teniendo relaciones encima del escritorio y jadeando como animales.
Salgo de allí con una mano en mi pecho y me recargo de la pared de mármol y lucho por no llorar y armar un escándalo. No sé de donde saco fuerzas para salir al jardín como si nada. Mamá me mira y percibe al instante que algo anda mal. Miro a Lucía sentada con la cabeza gacha, hombres jóvenes aprovechan de la ausencia de Hugo para dirigirle la palabra en muestra de cortejo. Siento tanta tristeza por ella y por mí, su mirada se topa con la mía, sonríe leve y yo soy incapaz de devolverle la sonrisa.
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Comments
Ruth Piedra
algo no cuadra ahí
2024-02-11
3
sara garcia pamplona
cómo te puedo contactar
2023-02-25
2
sara garcia pamplona
me gusta así no me lo allá empezado a leer desde el principio me atrapó de inmediato necesito tu ayuda para un texto que quiero publicar pero no tiene sentido eso creo
2023-02-25
0