Lucía
La felicidad se fue, mi oportunidad de volver hacer feliz se había ido para siempre.
Es tan injusto.
Vi mi vida al lado de ese bebé, de ese angelito que se había ido para siempre. Todo se ha ido a la basura, mis ilusiones se desvanecieron como vapor. La tristeza y la desilusión inundaron mi pecho de dolor.
Las lágrimas caían de mis ojos, y recorrían por mi mejilla hasta llegar a mi mentón. Me vista centrada en un punto fijo en la pared.
Lizy entra en la habitación, ni siquiera la miro, mi vista solo se centraban en una sola cosa, mi cabeza andaba en otra dimensión.
-Se ha ido. Siento como sí... el tiempo hubiera retrocedido, me siento igual como murió papá.
Sentí el colchón hundirse y los brazos morenos de Lizy me envolvieron, mi mejilla choco contra su pecho, la apreté fuerte para que no me soltara nunca.
-Vamos a salir de esta Lucy, ya lo veras.
...♡♡♡...
Hace algunas horas había llegado a casa junto con Lizy y George, eran las únicas personas que quería cerca en estos momentos. Eleonor y Dominik insistieron mucho para hablar conmigo, pero yo no estaba en condiciones. No quería hablar con nadie. Hugo tampoco se ha pronunciado pero por lo que sé; está igual que destruido que yo.
Me encerré en mi habitación durante toda la tarde
Me acosté en mi cama, mire el techo fijamente, tenía la mente en blanco. Me siento incompleta, un vacío dentro de mi tan inmenso que va a hacer imposible llenarlo.
Escuché murmullos del otro lado de la puerta, Lizy y George estaban charlando. Me levanté de la cama y fui a hacia el baño. Me miré en el espejo y parecía un cadáver vivo.
Lizy tocó la puerta levemente.
No contesté.
-Lucía...
-¡Ya déjame quiero estar sola!
Escuché sus pasos alejarse. Llorar era lo único que podía hacer ahora, necesitaba estar sola, no quiero que nadie me vea. No quiero darle lástima a nadie.
Al día siguiente desperté, y pasé todo el día en mi habitación sin siquiera salir. Lizy se quedó y cada cinco minutos me tocaba la puerta para, tal vez, asegurarse de que aún sigo viva.
...♡♡♡...
Erick
-¿Estás seguro de lo que vas a hacer? -me pregunta por tercera vez Gaten mirándome mientras conduzco.
Otra vez con lo mismo.
-Que sí, y ya deja de fastidiar.
-Es que es raro. -hizo una mueca.
-No es raro. -lo miro de reojo.
Gaten me mira incrédulo.
-¿No te parece raro que le estés llevando un ramo de rosas a tu cuñada?
Miro las rosas blancas que tenía Gaten sobre su regazo, estas le tapaban toda la cara, él me ayudó a escogerlas.
Y desde que las compré anda estornudando como un estúpido.
Entonces estornuda otra vez.
-¡Oye!, ten más cuidado no quiero que llenes las rosas de moco -fruncí el ceño-. Y no, no es raro. Raro sería que le enviara rosas rojas y yo le estoy enviando rosas blancas; símbolo de inocencia y pureza, amor... como es ella. -sonreí.
Gaten me mira con el ceño fruncido y luego hizo una mueca.
-¿Por qué me miras así? -le pregunto divertido.
-¿Te diste cuenta de lo que acabas de decir? -ladea la cabeza.
-¿Dije al malo?
Gaten suspira y volvió a estornudar.
-¡Oye! Tapate la nariz cuando vayas a estornudar. -lo regaño.
-¡No es mi culpa ser alérgico a las flores! -grita. Pero volviendo a lo de antes; lo que dijiste me confundió.
-¿Pero qué dije?
-Dijiste -alza la voz-, símbolo de inocencia y pureza y amor, como es ella, ¿qué significa eso, Erick? -me mira serio.
-Gaten, ya deja el drama. Y lo que dije fue solo..., un..., una..., este una referencia a ella. Es todo. -dije nervioso.
-Cada día estás peor -niega con la cabeza-. No entiendo nada.
-Lo único que estoy haciendo es llevarle un ramo de rosas a Lucía, debe de estar muy mal por la pérdida de su bebé. Yo mejor que nadie puedo entenderla. -dije con nostalgia.
-¿Qué? -alzó las cejas.
-Nada, solo digo que es muy duro para ella toda esta situación.
-Sí pero lo que dijiste al final.
-¿Qué dije al final?
-Dijiste algo como... -Cierra los ojos y empezando a recordar- ¡Ya! Dijiste: Yo mejor que nadie puedo entenderla. ¿Qué quisistes decir con eso?
Me mira fijamente y yo lo miro de reojo. Maldita sea.
-¿Te acuerdas de Pocoyó?
-¿Tu hámster que se murió? -frunce el ceño.
-¡Sí, ese! Bueno, él era mi mascota y para mí era como un hijo y cuando murió sentí que había perdido aún hijo.
Gaten entrecierra los ojos y al instante me puse nervioso.
-Está bien. -sonríe alegremente mirando al frente y vuelve a estornudar- ¡Coño!
Aparcamos en el estacionamiento del gran edificio. Y bajamos del auto.
-Me tienes como tu esclavo, estás abusando de mí, físicamente y psicológicamente. -refunfuña llevando el gran ramo de rosas.
-¡Ya para de quejarte para eso te pago!
-¡Prometimos que seriamos amigos ante todo y no lo estás cumpliendo, hijo de ramera!
-Llora pues.
Saludo a los de seguridad con un movimiento de mano que nos miraban como un cocos.
Apreto el botón del ascensor y me adentro a él esperando por Gaten. Me cruzo de brazos mirando como lucha por subir las escaleras de la entrada.
-¡Erick, ayúdame!
Pongo los ojos en blanco y voy hacia la entrada, y tomo una parte del ramo.
-Vamos rápido antes que se cierren las puertas.
Corrimos con prisa al ascensor antes de que este cerrará. Gaten me miraba con mala cara y yo le di una sonrisa de oreja a oreja. Escucho como me insulta en voz baja.
Las puertas se abrieron y caminamos por el gran pasillo hasta llegar a la puerta de Lucía. Le entrego todo el ramo a Gaten otra vez y maldijo otra vez cuando lo escucho estornudar. Toqué el timbre.
-Eres un maldito, me vas a pagar todas las que me debes, animal.
-Shh.
Entonces la puerta se abre y vimos a Lizy, bueno, yo la vi porque Gaten no podía.
-Hola, chicos. Supongo que vinieron para saber como está Lucía.
-Sí, así es.
Asiento con la cabeza, Lizy tenía un semblante bastante triste.
-¿Quieren pasar?
-Sí. -asentí.
Gaten y yo nos adentramos al Penthouse.
-Tú deja eso ahí. -Lizy señaló la mesa.
Gaten hizo caso y solo jadeó de dolor y soltó un estornudo después de soltar el gran ramo.
-Me duele la espalda y los brazos.
-Ya deja de quejarte -le hice mala cara y luego miro a Lizy-. Ya sabes por qué estamos aquí, vinimos a ver a Lucía, le traje este ramo de rosas para no sé..., tal vez animarla y que se sienta mejor.
-Muchas gracias, Erick, de verdad está siendo muy difícil todo esto. Lucía no quiero comer y apenas bebe agua y solo se la pasa encerrada en su cuarto.
-Me gustaría hablar con ella, ¿puedo?
-Ahora está dormida, pero si quieres puede dejarle un recado tuyo. -sonríe leve.
-Bueno, me hubiera gustado hablar con ella, pero entiendo..., por favor dile de mi parte que... no se deje caer y que no está sola.
-Bien, yo le digo cuando se despierte.
-Y oblígala a comer.
-Es lo que pienso hacer.
Gaten se detiene a mi lado.
-También dile de mi parte que sé mejore y siempre sonría. Y que la vamos a apoyar siempre y que no está sola.
-Muy bien, ¿algo más quieres que le diga?
-No, más nada.
-Yo quiero que le entreguen esto. -Gaten saca unas golosinas de su bolsillo y se las tiende a Lizy.
Lizy y yo lo miramos sorprendidos. Él solo tenía una gran sonrisa en la cara.
-¿En serio? ¿Golosinas? -le pregunto.
-Es para los ánimos, me las tomo cuando estoy triste. ¡Y es más barato que tus rosas!
-Bueno, damelas, estoy segurísima que no se las va a comer, pero gracias de todas forma Gaten. La acción es lo que cuenta.
Nos despedimos de Lizy y luego salimos del edificio.
Puse los ojos en blanco cuando Gaten empirza a discutir por el mismo problema de las rosas.
-¡Ya cállate!
...♡♡♡...
Después de dejar a Gaten en su departamento. Regreso a la mansión
Cuando entro al salón me encuentro a mi madre tomando el té con mis suegros.
-Ya llego el rey de Roma. Justamente estábamos hablando de ti. Le estaba contando Jennifer y a Robert sobre el aborto de Lucía.
-Sí, pobrecita, primero sus padres y ahora su hijo. -dijo Jennifer, desgraciadamente mi suegra, con un tono que casi lo podía interpretar como si se estuviera burlando.
-Creo que eso es un tema delicado e íntimo. No hablen más sobre eso.
-Pero es lo que único de lo que se habla. -asegura Jennifer.
-Aun así, esos temas incomodan a la gente, en vez de andar chismorreando a cada rato; porque mejor no se van a hacer algo más productivo para su edad. -les dije y subo las escaleras, dejando a Jennifer con la boca abierta.
Cuando llego a mi habitación, no encontré a Mackenzie por ninguna parte. Que extraño.
Fruncí el ceño a no verla. Y no es que me importe, sino que sus padres están abajo y lo más lógico es que esté aquí. Entonces escucho unos ruidos provenientes de la habitación del al frente, que es la habitación de Hugo.
Silenciosamente, pego el oído en la puerta.
Aprieto los puños y tenso mi mandíbula al escuchar gemidos, claramente eran ellos. Cierro los ojos y me contengo para no entrar y hacerlos trizas.
Si no fuera porque ella está embarazada, yo...
Me agarro de los pelos y tiro de ellos. Que bonita forma de pasar su dolor, no tiene ni una semana que perdió a su hijo ya se está acostando con otra. Es un cínico y descarado.
Y yo pensé que le dolía. Mientras Lucía sufre, él está aquí revolcándose con la mujer que va a hacer mi esposa, con sus padres abajo.
Respiro profundo y me devolví hacia mi habitación. Cerré la puerta detrás de mí, y efectivamente Mackenzie estaba aquí, vi su bolso sobre el sofá.
Camino por la habitación como león enjaulado.
Tal vez después de esto quede con los nudillos rotos, pero es la única forma de desquitar mi ira.
Y efectivamente así fue. Mis nudillos quedaron rojos por todos los golpes. Las manos me temblaban, me senté en mi cama y tomó la portátil, cuando abro las redes solo el aborto de Lucía es lo único que se habla del momento.
¿Acaso la gente no tiene nada mejor hacer?
Le di clic a un video.
-Hace tan solo unos días se dio a conocer la triste noticia de la empresaria, Lucía Bernard, acaba de perder a su primer hijo después de tan solo dos semanas haber anunciado su embarazo.
Quito el video al instante y lanzo la portátil. Giro la cabeza y Mackenzie se queda helada al verme.
-A-amor, ¿qué haces aquí?, dijiste que llegarías más tarde. -sonríe nerviosa.
-No recuerdo haber dicho eso -fruncí el ceño- ¿en dónde estabas?, te estuve buscando.
-Estaba abajo con mis padres.
-Que raro, no te vi con ellos pensé que estabas aquí. -alzo las cejas.
-Bueno, eso no importa, ¿a dónde saliste? -se sienta a mi lado, hice un esfuerzo para no hacer una mueca de asco, ella apestaba a sexo y a sudor.
-Hueles raro. -arrugo la nariz.
-No, cariño, si me eche el perfume que tanto te gusta, si quieres puedes olerme. -hizo acción para acercarse a mí.
-¡No!, no te acerques -pude mi mano en forma de que se detuviera-. Está bien, tal vez solo sea el perfume.
Mackenzie sonríe incómoda y empieza a cambiar el tema. Estaba más concentrado mirando videos de la Nasa que escucharla hablar de su desfile de moda.
-Erick, ¿me estás escuchando? -puso sus brazos en jarra.
-Sí, te estoy escuchando. -sin despegar la vista de la pantalla.
-No puedo creer que te importe más los videos de la Nasa que tu propia prometida.
-Bueno, dime que es lo que quieres, ¿quieres ropa?, aquí tienes, toma. -le tieneo la tarjeta de crédito sin despegar la mirada de la portátil.
-Eres irritante. ¡Contigo nunca se puede hablar!
-No me dejas escuchar.
-¡No! ¡Escúchame tú a mí!
Pongo los ojos en blanco, le doy pausa al video y busco entre mis cajones mis auriculares y me los pongo. Siento alivio cuando dejo de escucharla gritar como una loca.
-Muchachos, ¿qué es ese escándalo? -mi madre entra a mi habitación- Los gritos de Mackenzie se escuchan a bajo.
-Pregúnteselo a su hijo. -Mackenzie se cruza de brazos.
-Erick Alexander, quítate esos aparatos ahora mismo o no respondo.
Mire a mi madre por el rabillo del ojo.
-¡Alexander! -se cruza de brazos.
Como te gusta meterte en problemas, Alexander. Muy mal.
-1...
Ya para, no te está hablando cualquier persona Alexander ¡es tu madre coño!
-2...
Como odio esto. ¿Cuándo coño piensas madurar Alexander? Concéntrate en el video, tú no eres juguete de nadie. Eres libre y no tienes por qué hacerle casi a nadie.
-3.
Antes de que mi madre se abalanzara sobre mí reaccione rápido.
-Está bien, ya, pararemos con esto.
-Compórtate Alexander. Sabes que no me gusta que me hagan enojar. -se cruzó de brazos.
-Lo siento madre.
-Conmigo no es con quien te tienes que disculpar. -señaló a Mackenzie que estaba de brazos cruzados.
La miré de reojo y pongo los ojos en blanco.
Primero muerto antes de que decirle lo siento. Entonces pensé en hacer siempre lo que hacía cada vez que estaba metido en un lío.
-¡Tengo hambre! ¿Y hicieron la cena? -me levante de la cama y mire a mi madre.
-¡Alexander!
-¡Tengo hambre! -salí del mi habitación y me encontré a mi hermanita Evelyn- ¡Nena!, ¿tienes hambre? -me agaché hasta quedar a su altura.
-¡Sí!
-Pues vamos a comer. Súbete. -Evelyn salta sobre mi espalda en forma de caballito.
Bajamos al comedor y deje a Evely en su sitio y yo fui al mío.
Pongo mis ojos en blanco disimuladamente cuando me doy cuenta de qué mis suegros, -que me molesta llamarlos así- se sientan con nosotros a cenar.
-¿Hugo no va a bajar? -pregunta la chismosa de mi suegra.
-No, aún no está en condiciones. No quiere ver a nadie y tampoco tiene ganas de hacer nada. -dijo mi madre tristemente.
-Yo quiero decirles algo, tal vez no les importe y sé que nadie me lo preguntó, pero tengo pensado regresar al boxeo.
-Eso es una buena noticia, ya te estaba viendo más rellenito hijo. -hablo mi padre.
-Papá... que chistoso eres.
Él se río y yo también.
-Pues yo también tengo algo importante que decir y es sobre la boda. -hablo Mackenzie.
Mierda. Otra vez no.
-Después de tanto pensarlo, he llegado a la conclusión de qué será mejor hacer algo más íntimo para nuestra boda, algo familiar solo nosotros.
La miro con el ceño fruncido.
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Comments
Anonymous
es hora q se empiecen a saber las traiciones y q la bruja le daba abortivos a Lucia para q perdiera el bb
2024-01-02
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m1410
Autora porfavor que la protagonista se entere del engaño de su novio y no me gusta que el protagonista se quede callado, osea ese hijo talvez no sea de él. No es justo como todo eso
2023-02-24
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