Lucía
...Nueve años antes...
El cielo nublado, sin una pisca de sol, la brisa del otoño mueven los árboles que ahora están convertidos en ramas frágiles, las hojas color naranja, otras rojizas brotan de los árboles y se desplazan en el aire, hasta caer al suelo con delicadeza como si de una bailarina de ballet se tratase, los hermosos caminos cubridos de hojas del otoño era como estar en otro mundo, en otra dimensión.
Me abrazé a mi misma; el frío se estaba haciendo presente, aún no faltaba nada para que llegara el invierno.
Observé detenidamente a mis al rededores, lápidas encastradas en la tierra, con nombres de personas que desconocía me hacían tener un poco de escalofríos; me encontraba sola en el cementerio, hace tan solo unas horas mi padre había sido sepultado, sin duda el peor escenario que pude presenciar a mis dieciocho años.
Se había ido la única persona que tenia en el mundo, mi padre, mi héroe, mi mejor amigo, mi cómplice y mi compañero de toda la vida me había dejado sola.
-No tienes idea de lo mucho que me duele esto, te extraño tanto, ¿Porque tenías que dejarme sola y más ahora que te necesito tanto?
Lloraba, lloraba como nunca antes lo había hecho en mi vida, como si mi vida dependiera de ello, mis lágrimas se deslizaban por mi rostro oculto por el velo negro, no reprimí ningún sonido y cerré los ojos cuando de pronto, sentí unas gruesas manos encima de mi hombro, George dejó que recostase mi cabeza en su pecho y me abrazó como también lo haría mi padre. Nos retiramos en silencio y con silencio cargado de tristeza y de ansiedad.
Esa noche volví a la casa que compartía con papá, entre en su habitación y tome su ropa colgada en el closet, me senté un sillón y comencé a oler, deslizaba la tela por mi rostro e imaginaba que me abrazaba.
-Me has dejado tan sola, papá.
Pero tenía que aceptarlo. Con el paso del tiempo, la soledad me estaba pasando factura, había dejado se asistir a mis clases de ballet, naturalmente recibía mensajes de mis compañeras, Lizy siempre estuvo conmigo e insistía que no dejase el ballet, hasta que finalmente, lo dejé por voluntad propia.
Entre en la universidad y estudié todo aquello que tenia que ver con economía, me refugié en ello huyendo de mi depresión que me estas consumiendo en ese momento.
Cuando entré a trabajar en la empresa, acompañada de George quien fue como mi maestro y mi guía, era como un reto para mí, George siempre me decía que nunca me mostrará indefensa ante los empresarios de lo contrario no te tomarán enserió.
Hacer un negoció, nos beneficiaria mucho en la empresa, para este entonces era completamente fundamental cualquier contrato, nuestra empresa estaba entrando en quiebra, los ingresos bajaron de una manera descomunal lo que ocasionó una gran pérdida de empleados.
Entonces un empresario estadounidense de unos cuarenta años, se interesa en nosotros, Benjamin Davis. Ambos nos pusimos en contacto, viajó hasta Alemania. Un día saliendo de una reunión de trabaja con Davis, George tuvo que irse a recoger a sus hijos a la escuela por lo que me quedé sola con Benjamín.
El hombre no despegaba su vista de mi mientras iba guardando todos mis cosas en mi bolso, la manos me temblaban tanto que hasta se me caen las cosas al suelo.
-¿Ya te vas? -Me preguntó.
-Sí, ya tengo que regresar a casa -mi voz se escuchó temblorosa.
-Pero aun es temprano, quedémonos un rato hablando. -se levantó de su asiento y sirvió dos vasos de whisky con hielo y me lo ofreció- Toma.
-Yo no bebo, no me gusta el whisky -negué.
-¡Oh, vamos! Nisiquiera lo has probado.-volví a negar con la cabeza- El alcohol alivia la depresión.
Mi semblante cambió, empecé a sentir miedo.
-Tal vez te estés preguntando como lo sé, sé todo sobre ti, hasta de tu tipo de sangre -tomó el vaso de whisky y lo dejó sobre la mesa y empezo a acercarse a mí con intensiones de tocarme-. Eres tan hermosa, que no me explico como tal belleza puedes estar tan sola. Una nena tal lins como tu no debería de estar sola, pues para eso he llegado yo, yo seré tu compañero y conmigo no estarás sola. ¡Dios mío, te pareces tanto a ella que es como si hubiese revivido!
El hombre empezó acercarse más a mi, puso sus manos sobre mi mejilla, sentí su aliento de whisky y sus ojos azules me desnudaba con la mirada.
-Déjeme en paz, no me toques. -intenté zafarme de su alcance.
-¿O si no qué?
-Empezaré a gritar.
-A ti te gustaba mucho el tiempo que pasábamos juntos, ¿no recuerdas?
-No sé de que hablas.
Me besaba a la fuerza mientras me tomaba fuerte del cuello, su oyrs msno se deslizaba por mi cuerpo y sentí mucho asco por mí misma y lo rogué a Dios que no permitiera esto, que si lo hacía, todo estaría perdido para mí. Forcejeo con él, le muerdo el labio y el me empuja y caí al suelo, lo miré llena de temor y me levanto y justo cuando mis dedos rozaron la perilla de la puerta, me tomó fuerte del pelo y echó en el sillón.
-Poe favor, no me obligues, haré lo que sea, pero no me has esto. Te lo ruego.
Poco a poco iba perdiendo la fuerza en mis brazos, Benjamín me pegaba t por una extraña razón que hasta ahora no entiendo, era el por qué lloraba y me decía palabras como si ya me hubiese conocido. Pero yo solo quería escapar de las garras de ese hombre. Perdí el conocimiento y lo último que escuché fueros ls gritos de George
Al día siguiente desperté en la cama de un hospital con una aguja con suero en mi mano y una venda en la cabeza, al despertar veo a George hablando con una enfermera, este al darse cuenta se aproxima a mi me lo primero que me pregunta es como me siento.
George y su esposa se ofrecieron a que me quedara en su casa todo el tiempo que yo necesitaba y acepté sin pensarlo, estando sola en mi casa no me sentía segura.
Benjamin Davis fue a juicio y sí, le dieron cárcel, pero solo le dieron siete años de prisión, el tipo no tenía ningún atencedente penal que lo podría perjudicar. Hablé con George en privado, le dije que este tema solo quedaría entre él y yo, y nadie más y que además quedaría enterrado, y así fue.
Durante un tiempo me quedé más tranquila, estando con George, su esposa y sus hijos, por lo menos mi mente se mantenía en otro rumbo, pero la tranquilidad no perduró mucho tiempo. Un día me empezaron a llegar cartas, cartas que me ponían la piel de gallina, eran todos los días.
Te observó
Solo pienso en ti.
Soy, y siempre eres parte de tu frutaciones y preocupaciones. No trates de huir.
Son algunos de los mensajes que recibia diario. Durante los primeros meses, después del suceso, intente suicidarme en repetidas ocasiones pero George siempre me tenía bajo vigilancia, empecé a tomar terapia psicológica, me diagnosticaron con depresión crónica.
Mientras mis ojos solo se centraban en los pequeños movimientos de mis pies y los movimientos involuntarios de mis dedos escuchaba a Lizy leer un libro, hace casi una hora habíamos llegado al consultorio, hoy era jueves y me tocaba ir a terapia, volteo la mirada hacia George que se encuentra parado en recepción haciendo una llamada.
-¿Sabes? Algún día seré una gran escritora, tendré mi propia editorial y publicaré muchos libros.
-Me gustaría ver eso, cuando lo haga yo seré la primera en leer tus libros. -le dije con una pequeña sonrisa.
-Por supuesto que sí, cuando termine mi carrera pienso abrir mi propia editorial, ¿Te imaginas? imprimir cientos de libros de autores famosos, y que la gente disfrute de tu obra y que le deje un mensaje muy lindo a su vida, es algo que no puedes describir con palabras. -Hablaba derrochando felicidad.
-Sé que un día lo lograrás, eres capaz de hacer todo lo que te propongas.
La voz de una enfermera anuncia mi nombre, me levanto de mi puesto y le doy una última mirada a George y a Lizy.
...♡♡♡...
-Estoy aburrida, ya me cansé de estudiar. -dijo Lizy con cansancio, e hizo un lado el cuaderno en el suelo y se recostó en él como una estrella de mar.
Cerré mi cuaderno y mi libro de contabilidad, guardé todos mis lápices y reglas en su estuche y lo puse uno bajo encima del otro, en orden, luego estiré mis piernas que antes estaban en forma de mariposa y recosté mi espalda en los pies de la cama.
-¿Qué quieres hacer ahora? -la miré.
-No lo sé.
Ambas nos quedamos en un silencio profundo, Lizy miraba el techo sin parpadear.
-¿Y si vamos de compras?
Fruncí mis labios y le respondí.
-No lo sé -desvíe la mirada y empecé a mover mis pies de un lado al otro.
-Vamos, Lucía, no puedes decir que no, además ya se acerca tu cumpleaños y tienes que estar preciosa para ese día -oprimi los labios en una raya y lentamente negué con la cabeza, enserió no quería salir a ninguna parte- ¡No me mires así! Lucía, es tu cumpleaños número veinte.
-No me importa, prefiero quedarme aquí a seguir estudiando para mi examen de contabilidad, necesitó pasarlo para poder subir mi promedio, mis notas están bajando. -tomé el libro de contabilidad otra vez.
Escuché a Lizy resoplar y me miro con cara de >>¿Es enserió?<<. Necesitaba que me entendiera, no tenía ganas de salir de casa, es sábado y se supone que hoy debería de estar haciendo cosas que no tienen nada que ver con la universidad.
-Lizy, no sigas insistiendo, no vamos a salir a ninguna parte, además yo no sé si voy a celebrar mi cumpleaños. -desvíe la mirada.
-No tienes que estar hablando en serio, tu cumpleaños se va a celebrar quieras o no. -se levantó del suelo y caminó hacia la salida de mi cuarto.
La amo, más que mi amiga es mi hermana, la hermana que nunca tuve. Admiro la paciencia y tranquilidad que me tiene, ella aún sigue conmigo en todo, a pesar de todas las salidas negadas por mí, y berrinches que le hecho pasar solo por mi estado de animo, Lizy se convirtió en alguien tan fundamental en mi vida, que no se que haría sin ella.
...♡♡♡...
Cuando me imaginaba celebrar mi fiesta de cumpleaños me imaginé que solo no más de cinco personas llegarían, la verdad es que no tengo muchos amigos, dejé de tener contacto con ellos después de la muerte de papá.
Pero para mi sorpresa, todos, y cuando digo todos estaban aquí.
-Lucy, te ves genial cariño. -me dijo Sophia y luego me abrazó.
Media escuela estaba aquí, todos mis amigos de mi clase estaban. Siendo honesta, me encantó verlos otra vez después de mucho tiempo.
Recibí alagos por parte de todos y no me arrepiento de a verme puesto este vestido. Visualise a Lizy a lo lejos y observe que estaba en una mini discusión con un grupo de chicos, mi amiga sin duda era una busca pleitos, sonreí negando la cabeza, todos eran hombres y en esa discusión estaba Gaten.
Como pude pase entre la multitud y llegue a la mesa de bocadillos, tome un poco de ponche y salí de la mansión como pude, necesitaba tomar un poco de aire.
-Feliz cumpleaños, Lucía. -dijo con una sonrisa.
-Muchas gracias, Hugo, de verdad agradezco que estés aquí, significa mucho.
-Dale gracias a tu amiga, ella fue la que me invito. -entonces se acercó y se sentó sentó mi lado.
-Hace mucho tiempo que no te veía, pensé que era por la universidad.
-Bueno, en realidad no es por la universidad, nisiquiera me e graduado -disimule mi cara de asombro-, reprobe mi último año en la escuela.
-Suerte con eso entonces. -sonreí forzadamente.
-Gracias.
Entonces tuve la fachates de preguntarle.
-¿Tu hermano?
-Erick, no se, pensé que iba a venir pero decidió quedarse con su noviecita esa, ya sabes, la modelo.
Asentí con la cabeza un poco decepcionada.
-¿Y a ti como te ha ido? -me pregunto.
Si supieras.
-Bien, me ha ido muy bien.
-Eso es bueno, me alegró porque como la última vez no celebraste tu cumpleaños y por lo de tu padre pues, es bueno que estes bien.
Quien sea que lo escuche hablar, diría que solo dice estupideces.
Desvíe la mirada por su comentario, acción que el notó.
-Lo siento yo no quise... -se disculpo.
-Esta bien, se que no fue tu intención. Pero si tienes razón, yo también estoy feliz de haber celebrado mi cumpleaños, es como un paso más a mi meta. -dije tan ilusionada.
-¿Y cuál es tu meta? -me preguntó mirándome a los ojos.
-La lista es muy larga. -sonreí.
-Puedo escuchar. -dijo con simpleza.
-Tal vez en otro momento te lo cuente. -solo respondí eso.
Y así fue como inició mi relación con Hugo, en su momento jamás me imaginé estar con él, por obvias razones, el era un año menor que yo, y la segunda pues no era él quien me gustaba precisamente, sino su hermano.
Pero con el paso del tiempo, Hugo se ganó mi cariño, después de la fiesta empezó a escribirme por mensajes y llamarme constantemente, y empezamos a salir por unos meses, cuando le tuve la confianza suficiente le conté sobre todos mis problemas lo que reforzó mucho más nuestra relación, empezó a acompañarme a mis terapias, nos metimos a un gimnasio y yo lo ayudaba con asunto de la escuela. Hasta que un día nos fuimos de camping y me pidió ser su novia, Hugo fue el primer hombre en mi vida, no me arrepiento, se comportó como un caballero conmigo.
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Monica Sierra Soto
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2025-03-01
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