Lucía
Pincho la ensalada de lechuga con el tenedor y me llevo un tomate a la boca, alzo la mirada hacia Hugo quien tiene las narices metidas en el celular. Miro a mi al rededor, el ambiente es cómodo y no hay mucha gente a pesar de que ya pasan de la seis. Hugo y yo estamos cenando en el Restaurant Buschbeck's, afuera, con la leve y deliciosa brisa que nos acaricia la piel.
Por fin deja el móvil y toma los cubiertos.
-Erick ha ido ayer al ginecólogo, vio a su hijo por primera y esta que brinca de la felicidad.
Asiento moviendo ligeramente la cabeza.
-Te confieso que ha estado actuando raro en las últimas semanas.
-¿Raro cómo? -Pregunto y bebo agua.
-Cada vez que me mira es como si estuviera reprochandome algo.
-¿Acaso hiciste algo que le hizo enojar?
Cuando me arrepiento en ese instante de haber hecho esa pregunta. Pues me comienzo a sentirme vilmente descarada y cínica, casi descubierta.
Hugo carraspea y parece pasmado y con extrañeza, ya no me mira a los ojos.
-¡Por supuesto que no! -Dice él-. Ha estado un poco estresado, Mackenzie le está presionando con que se casen ahora y él no quiere.
-He de suponer que lo que busca es que su hijo nazca dentro del matrimonio. Entiendo su punto.
-Cambiando de tema. Hay un asunto de lo que tú y yo no hemos hablado.
-Pues tú dirás -ladeo la cabeza mientras corto el bistec.
-Tenemos seis años juntos, casi siete, ¿no te parece que ya es momento de hablar sobre matrimonio?
Me quedo corta con el bistec a punto de entrar a mi boca. Perpleja lo miro y él me sonríe con una sonrisa de un niño feliz, a punto de darle un paleta de arcoiris. Los ojos de Hugo brillan, pero estoy seguro que los mío no y es eso lo que hace que aquel brillo tan radiente se fuera apagando. Bajo el tenedor y estiro la servilleta encima de mi regazo.
-Matrimonio -pronuncio en seco-. ¿Quieres que nos casemos?
Él se encoje de hombros como si de un momento a otro, lo que me acaba de decir ya no tuviese importancia.
-Solo lo decía. Pienso que sería lindo que algún día nos casemos y tengamos familia, así como están haciendo ahora Erick y Mackenzie.
-Bueno, a mi también me gustaría casarme y tener hijos, pero es muy pronto para ello.
-Bien, entiendo.
Terminamos de cenar con aires engorros y lisio. Hugo me deja en la puerta de mi casa y cuando veo sus intensiones de quedarse, le detengo con la mano en el pecho.
-Me gustaría descansar, Hugo. Mañana nos vemos.
Él asiente con estupefacción y me deja un pequeño beso en los labios y se va.
Me saco el vestido que llevo desde la mañana y lanzó los tacones en algún rincón de mi habitación y echo en la cama como saco de papás, a punto de llorar por la cena y la mención del matrimonio con Hugo en nuestra relación. Me siento tan desorientada y extraviada, pues desde aquella noche con Erick en esta cama, ya no siento lo mismo por Hugo, ya ni siquiera sé si me gusta y si quiero seguir a adelante con nuestra relación. Y después de repasar cada punto de mi habitación, miro mis retratos de ballet colgando en mi pared, las grandes ventanas con cortinas pesadas moradas, los muebles de color blanco y tulipanes rosas con bellas margaritas. Me encanta tener flores en mi habitación. Recuesto el cráneo en la cabecera púrpura de terciopelo y miro el candelabro de cristal en el techo; pienso que lo mejor es ponerle fin a esta relación que no tiene futuro. Voy a terminar con Hugo.
...♡♡♡...
Cito a Hugo en mi casa el día siguiente, viene con su actitud vivas que siempre tiene cuando está conmigo. Lo invito a sentarse en el sillón de la sala y yo le sigo.
-Tengo que hablar contigo. Anoche estuve pensando en nosotros.
Su rostro se alumbra de una manera que me deja pasmada: se está ilusionando. No quiero que lo haga, por eso le llamé.
-¿Pensaste en el matrimonio?
-No exactamente. Yo creo que deberíamos de terminar, darnos un tiempo, distanciarnos. Te seré honesta, no me he sentido cómoda con la relación y...
-¿Es por lo que dije anoche?
-No, es que ya...
-Ya no me amas.
Desvío la mirada con los ojos bañados en lágrimas.
-Es lo mejor.
Él comienza llorar, el rostro se le torna rojo por los sollozos y parece que la respiración se le corta. Infla el pecho y se limpia los ojos poniéndose de pie y caminando en grandes zancadas hasta la puerta, yo le sigo trotando con mis zapatillas y me detengo en el pasillo. Se ha detenido.
-Adiós, Lucía.
Abre la puerta y la cierra con un estruendo tan fuerte que hizo vibrar las ventanas y cada elemento de cristal en mi hogar. Me tapo el rostro y me siento en el mueble donde estaba anteriormente sentada, lloro de tristeza, pero tengo un sentimiento de libertad en mi pecho que hacía de mucha falta
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Comments
Maura Pericana
que falta de respeto está novela está incompleta
2023-02-13
4