Lucía
Me reí una vez más de la graciosa anécdota de un chico desconocido, me reía como una loca, quien sea que me mire, pensará que soy una marginal y no tengo clase.
Rstaba borracha.
Tomo mi vaso lleno de licor y tomo un gran sorbo. Aprieto los ojos al sentir mi garganta arder, limpio mi boca y miro al chico al frente de mí, era rubio, con piel pálida, estatura promedio, ojos verdes claros y con pecas es sus mejillas, se llamaba Charlie.
¿O era Charles?
¿Chase?
¡Rayos! No me acuerdo, pero una de esas tenía que ser.
Le doy unas palmadas en un hombro para llamar su atención e hice que mirara.
-¡Oye, Charles, voy al baño, no te muevas de aquí que quiero seguir escuchando tu historia!
-¡Aquí te espero, preciosa, y no es Charles es Charlie! -me respondió y yo sonreí.
Asiento con la cabeza y levanto mi pulgar. Me levanto del sillón, tomo mi bolso y cuando dispongo a dar el primer paso siento como todo mi campo de vista se cae a un lado, me balanceo de un lado a otro tropezando con la gente.
Me reí de mi misma, de mi estupidez, de lo que estaba haciendo, de lo que soy, de como me siento. Mis pensamientos eran como imágenes borrosas en mi cerebro, creo que el alcohol me lo va a dañar y eso que apenas fueron unos cuantos tragos, bueno no, más bien, fueron dos botellas y media. Si no llego al baño en unos minutos; estoy segura de que me vomitaré encima y dañaría mi ropa que uso para ir al trabajo.
Hace no más de dos horas llegué, y estoy más revuelta que una ensalada, el alcohol hizo efecto en mi más rápido de lo que yo pensé, agradecía mucho eso, quería olvidarme unos momentos de todos mis problemas y tal vez aproveche para lanzarme por una ventana y acabar con mi vida.
Nadie sabe que estoy aquí, ni siquiera Lizy, nadie, a excepciones de una persona que llamé unos minutos atrás.
Espero que mañana no me acuerde de nada.
Me balanceo al caminar hacia el baño. Todo está jodidamente borroso, los tacones no ayudan, balbuceo cosas sin sentido y me río histéricamente sobre todo.
Me detengo en el pasillo del baño, me recargo del muro cuando un hombre se para delante de mí.
-¿A dónde tan sola, preciosa? -me pregunta con una sonrisa.
Retrocedí.
-No te asustes, se quien eres... Te he visto mucho veces en la televisión y tengo que admitir que eres más bella de lo que creía. ¿No te gustaría hacerme compañía está noche? -sonríe descaradamente y empieza a dar pasos hacia adelante.
Hice una mueca de asco mirándolo de arriba a bajo. Estaba borracho, el cabello despeinado y lleno de canas, su ropa desareglada y llena de manchas con mugre, aparentaba unos cuarenta años, era mayor y tenia una gran panza que sobresalía de sus pantalones.
-No se acerque. -Le dije.
-No tengas miedo, preciosa, no voy hacerte daño, solo quiero mi acompañes esta noche, la pasaremos muy bien.
Me di vuelta para salir de ahí, su mano me toma bruscamente del brazo tirándome hacia él y me estampa contra la pared. De inmediato siento el olor a alcohol proveniente de su aliento que choca contra mí mejilla. Presiona mis hombros con sus manos, me tiene atrapada.
-¡Suéltame! -Grito.
Le empecé a gritar y pegarle golpes en el pecho, pero fue en vano. Mi cuerpo era un trozo de gelatina, el hombre ni se movió, solo se empezó a reír y a decirme frases morbosas en el odio.
La nauseas invadieron mi organimos. Mire sus ojos con pupilas dilatas, estaban rojos me miraban con morbosidad.
-Nadie te va a escuchar así que no te esfuerces tanto... -se ríe de mí.
-¡Sueltame! ¡Imbécil!
Empecé a lloriquear cuando pego su sucia boca sobre mi cuello. Aprieto los ojos y los borrosos recuerdos de hacer siete años pasan por mi mente.
La misma sensación.
El mismo miedo.
Le clavé las uñas en sus antebrazos, mientras le decía una y mil veces la misma palabra.
-¡Suéltame!
Me sentí asqueada a sentir su saliva en cuello, mis náuseas aumentaban, mis lágrimas salían sin parar, grité con la esperanza de que alguien me escuchara.
-Más te vale que pongas de tu parte porque o si no... te va a ir peor. -me dijo entre susurros,. Me toma fuerte del mentón y pego su boca en mis labios, le golpeaba desesperada, la repugnancia y el asco que sentí cuando trato de meter su asquerosa lengua en mi boca.
-¡Suéltala, imbécil!
De un segundo a otro, vi al hombre tirado al suelo bocabajo, escupió sangre por su boca. La figura de Erick estaba al frente de él, lo miraba como si fuera una basura.
Su mirada se posa en mí, mi inspecciona de pies a cabeza con sus cejas levemente fruncidas.
-¿Está bien? ¿No te hizo daño? -me toma por los codos y agradezco que lo haya hecho, porque cualquier momento iba a caer al suelo.
Lo miro a los ojos, su rostro se ve doble, me pregunta repetidas veces si estoy bien. No le respondo. Su voz es como eco en mi mente, y por un instante mi cerebro se traba y solo tuvo impulso para apartarlo de mi vista y correr hacia el baño, entré en unos de los cubículos, me agacho al frente del inodoro y expulso lo muy poco que había comido en el día, una manzana, una rosquilla y un café.
Mientras mi estómago se retorcía gracias a las arcadas. Sus manos me sujetaron por ambos lados de mi cabello. Me retira del inodoro y lo tome fuerte de su muñeca al mismo tiempo que me deje caer sobre la pared.
-¿Lo sacaste todo?
Me preguntó. Asentí lentamente con la cabeza casi que inconsistente.
-Eso creo.
Erick baja la llave del inodoro. Pase unos de mis brazos por su nuca y me obliga a levantarme del suelo del baño.
-Vámonos a casa, Lu.
...♡♡♡...
Erick
La miré por el espejo del retrovisor mientras iba conduciendo por las solitarias calles de Alemania a altas horas de la noche.
Estaba tumbada en los asientos de atrás con su cabeza recostada en la ventana, profundamente dormida, balbucea cosas, incluso hasta se reía sola lo que me causó un poco de gracia. Parecía que estaba soñando porque mencionaba palabras que apenas podía entender.
El alcohol le afectó de una manera brutal, no puede ni ponerse de pie. La cargué entre mis brazos hasta traerla a mi auto.
Aparqué el auto en el estacionamiento subterráneo. Apago el coche y volteo a mirarla, suelto un suspiró para después bajar del auto.
Abro la puerta de atrás, le tomo por el brazo y la atraigo hasta la puerta.
-Lucía, vamos -le toqué la cara y ella quejó-, despierta, tenemos que subir.
-No, ya déjame. -balbucea y se gira al lado contrario.
-Vamos arriba para que puedas descansar mejor... A menos que quieras dormir en mi auto. -me cruzo de brazos y niego con la cabeza al no tener repuesta.
Pongo uno sus brazos por encima de hombro y la tomo por su cintura, la saco del auto y cierro la puerta.
Escucho una risa fuerte de su parte, la miro y parece que va a caerse. Si no fuese porque la tengo en mis brazos, se va para abajo.
-Vamos.
Como pude, caminamos hasta el edificio, y digo caminamos porque mantenía sus pies en el suelo, Lucía camina en pasos arrastrados. Llamamos la atención de los vigilantes que nos miraban con ojos de platos.
Supongo que nunca había visto a su jefa de esta forma.
-Joven, Erick, ¿necesita ayuda con la señorita Lucía?
-me preguntan.
-No, no hace falta yo la llevo, está todo muy de bajo control -sonreí y volteo hacia Lucía que se remueve y aprieta su agarre en mis brazos-. Pero si necesito que mañana por la mañana busque su auto, está ubicado en el club The City.
-Bien... pero, ¿seguro que no necesita ayuda?
-No, para nada. Buenas noches.
Le pasamos por al lado bajo las miradas de aquellos vigilantes. Entramos al ascensor, le di una sonrisa como -Todo está bien, no pasa nada sigan en lo suyo- hacia lo vigilantes que no miraban en silencio.
Las puertas del ascensor cerraron. Escucho la respiración de Lucía que chocaba con mi mentón. Su boca estaba solo a centímetros de la mía, me relamí el labio. Tenerla así, tan cerca se me hace un poco, no incómodo, es una sensación que no puedo explicar.
Tenía marcas rojas bajo del mentón y el cuello. Me acordé del hombre que la retenía. Sentí tanta furia e impotencia cuando lo vi poniendo sus sucias manos sobre ella. Le metí un golpe tan fuerte que lo deje tirado al piso. Los nudillos de mi mano estaba rojos y adoloridos, miró mi mano y parpadeo lentamente.
Estaba cansado.
Mira el reloj en mi muñeca, son casi las cuatro de la mañana. Las puertas del ascensor se abren, caminamos hasta la puerta.
-Lucía, ¿dónde están las llaves?
Ella abre los ojos y trata de pararse, pero parece que va a caerse y la tomó por el brazo.
-No sé. -se encogió de hombros y frunció los labios.
-A ver, dame tu bolso.
Me lo extendió y se recostó de la pared. Empecé a buscar dentro de bolso de negro de Christian Dior. Su billetera, una chequera, un bolígrafo, las llaves de su auto, un lápiz labial, una libreta, un perfume y todo lo que las chicas tienen en sus bolsos que para mí son muy innecesarias. ¿Acaso solo puede tener las llaves de la casa, del auto y el hogar?
En fin. Chicas.
Suspiré al no encontrar las llaves de la casa.
-Lucía aquí no están. -la miré. Tenía los ojos cerrados mientras balbuceaba cosas.
-Sí esta, búscala bien. No sea flojo. -me recriminó.
-Pero aquí que no está.
-Vale, vale, vale. Déjame ver a mí.
Tomó su bolso y lo abrió exageradamente e inclinó la cabeza que casi se le queda dentro del bolso. Miró por unos segundos, ni siquiera metió la mano para revisar.
-Creo que no está. -me miró y sonrió angelical.
-¿Entonces como vamos a entrar?
-Entrando. -dijo y se echó a reír.
Tal vez, solo tal vez, si estuviera en otras circunstancias, también me echaría a reír. Me crucé de brazos y la miré recriminándola por lo que dijo.
-¿Los vigilantes tiene llaves? -le pregunté, y para mi desgracia, negó- ¿Y qué haremos ahora?
-¡Seguir bebiendo! -hizo una paso de baile ridículo que me parecía tierno.
-No, no vamos a seguir bebiendo, el alcohol es malo, es venenoso, es malo para la salud.
-No, no es malo. Mira como estoy -se señaló ella misma-. Estoy perfecta y me siento perfecta.
-Wow. Si estás muy perfecta, espléndida, maravillosa y sobre todo hermosa -dijo irónicamente-. Después que te haya salvado de un volador.
Sonrió como un cumplido.
Me recosté del otro lado de la puerta y me crucé de brazos como si estuviera esperando algo, todo estaba subido en una gran silencio, estábamos completamente solos, Lucía balbuceando cosas sin sentido y luego se echaba a reír.
Me pregunto que la hizo ir a tomar. Ella no es así, Lucía es una mujer muy entregada a su trabajo, es responsable, correcta, inteligente y sobre todo eficaz. Por eso me sorprende tanto cuando me llamo. Claramente, esto se puede interpretar de cualquier forma, por algo los vigilantes nos miraban raro. Porque, ósea -¿Quién de su sano juicio busca a su cuñada ebria para llevarla a su casa a las tres de la mañana?- Creo que solo yo.
Casual.
Muy casual.
La observó detalladamente. Estaba muy ebria, a penas puede mantener en pie, tiene los ojos cerrados y su balanceaba hacia delante y hacia atrás. Pensaría que estaba drogada, pero... ¡Vamos es Lucía! No creo que ella haría eso.
-¿Por qué fuiste a ese lugar? -le pregunté.
-A beber, para olvidar. Hoy me di cuenta de que mi vida es mierda, y creo que terminaré sola y estaré sola el resto de mi vida. Soy ingenua y patética.
-No, no lo eres.
-Si, si lo soy.
-¿Por qué lo piensas?
-Porque... es así. Así me tocó. Eso es lo que soy.
-Para mí no lo eres. De hecho tú eres unas de las pocas personas más... más ágiles que he conocido.
-Sabes Erick... No todo es lo que parece. La gente piensa que porque tiene dinero eres feliz, lo que en parte tienen razón porque, ósea; ¿Quién no es feliz con una camioneta último modelo? -asentí con la cabeza apoyando totalmente su punto- Pero... ni aunque tengas todos los millones... eso puede no llenarme el vacío de adentro.
Se tocó el corazón y me miro como si quisiera llorar.
-El dinero no me va a regresar a mi papá, a mi mamá, ni a bebé...
Unas pequeñas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, sus ojos reflejaban tanta tristeza, dolor, sufrimiento, su alma desesperada por amor, desesperada por el dolor y la decepción, su alma pedía ayuda a gritos. Parecía un alma en pena.
Una gran parte de mí se sintió tan identificada. Podía sentir la misma desesperación por dentro, el mismo dolor.
Lucía me recuerda tanto a mí.
-La persona que yo más quería, la que consideraba la más importante de mi vida me traicionó. Me apuñaló por la espalda... junto con mi propio hermano.
No tuvo reacción alguna. Se quedó parada inmóvil en silencio con la cabeza recostada de la pared. Supongo que está muy ebria para entenderlo, su mente debe de encontrarse en otra dimensión.
Por un momento quise contarle todo mis problemas, pero mañana, cuando este consiente no lo recordará. ¿Eso es bueno? No lo sé. Pero podía sentirme tan identificada con ella que con tan solo verla me recuerda mucho a mí.
¿*Será buena idea contarle toda a verdad?
La verdad de que su novio la engaña*.
Tal vez no. No creo sea el momento, y siendo honesto tampoco quiero que se entere, porque ya bastante ha tenido que sufrir... y no quiero que lo siga haciendo. Lucía se merece algo más que Hugo. Se merece a alguien de verdad que la ame. Ella tiene que terminar con el de alguna u otra manera, pero que no sea por eso.
La traicionó por parte de una persona que amas se siente tan... decepcionante, tan desilusionado.
Su voz me saca de mis pensamientos y giró acerca la rápidamente.
-¡Ya me acordé! ¡La maceta!
-¿Qué maceta? -fruncí el ceño.
-¡La de la planta!
-¿Esa planta? -apunte la planta que estaba a un costado de mí.
Miro la planta.
-¿Qué tiene la planta?
-¡La llave!
-¿La llave de la casa?
-¡Si! Búscala por debajo, ahí entre las piedras.
Me señaló, me agaché al frente de la planta y empecé a buscar entre las piedras hasta que encontré la llave de acero plateado.
-No puedo creerlo. ¿¡Porque no lo mencionaste antes?!
-¡Estoy borracha, hice un gran esfuerzo para recordar!
Negué e inserté la llave en el orificio de la perilla hasta que abrió. Entre yo primero y luego Lucía, pero ella lo hizo diferente.
Escuché un gran estruendo, giro rápidamente y veo a Lucía en el suelo muerta de risa. Parecía que se estaba atragantando.
-Santo Dios. Ve en las condiciones que estas. Vamos levántate. -le extendí las manos y ellas las tomó.
La ayudé a que se pusiera de pie, volvió a tambalearse y se sujetó rápidamente de mi cuello. Hecho su cabeza hacia atrás para soltar un gran carcajada.
Apreté los labios.
-Vamos, te llevaré a tu cama.
-Oye Erick, ¿Quieres ver una pose sexy?
-No. Es hora de descansar, mañana tenemos un viaje a las nueve y tenemos que estar allá a primera hora, pero dudo que en tu estado puedas entenderlo.
-Eres un aguafiestas. -bufó.
-Créeme, esto me lo agradecerás.
Entre reproches caminamos hacia la habitación. Entre berrinches y tropiezos logre que Lucía se lavará los dientes, al principio deje que lo hiciera ella sola, pero solo fueron pequeños segundos para que se embarrara toda de pasta dental. Parecía un muñeco de nieve. Al final tuve que ir yo, le lave los diente bien lavados, pero esa no fue la peor parte. La peor parte fue que; cuando se estaba enjaguándose la boca se tragó el agua sucia. Negué con total desaprobación y ella se estaba riendo de la situación.
Hice un lado las sabanas y luego dejo caer el cuerpo de Lucía en la cama, ella aún sigue con sus brazos al rededor de mi cuello.
-Lucía... por favor, es hora de dormir. -trate de alejarla, pero su fuerza era como la de una boa.
-No, no te vayas. -balbuceo.
-Vale, no me voy, pero por favor suéltame.
-No, no te voy a soltar nunca, Erick. -susurró.
-Vamos, Lu.
Lucía aflojó su agarre y me miró fijamente a los ojos. Pasó la yema de sus dedos por mi mejilla, me tocó la nariz, la frente y me acarició el pelo con delicadeza y suavidad.
-Eres tan..., hermoso.
Dejo de forcejear con ella. La miró directamente a los ojos, Lucía me mira con pequeños destellos en sus pupilas, sus pestañas largas y rizadas, sus mejillas rojizas y sus labios de fresa. La observé con detenimiento, su respiración era lenta y lo que antes parecía estar muerta de risa, ahora solo veo un rostro sereno.
-Te quiero. Erick, yo te... , te amo. Me traes loca, ni tienes idea de lo mucho que te deseo.
Pasó su dedo pulgar por mis labios.
-Siempre lo he hecho.
Sus manos se apretaron en mi gabardina, baje la mirada a sus labios cuándo ella, con su fuerza me atrae hacia sus labios y me besa. Me besa con fuerza, sus húmedos labios unidos con los míos, tarde segundos en corresponderle, pero al final lo hice.
Cerré los ojos y seguí. Disfrutaba del cálido, húmedo y sensual beso. Una oleada de excitación me recorrió las venas al sentir su lengua acariciaba la mía. Mordió suavemente mi labio. Besé su mentón, pose mis labios sobre su cuello, ella jadeaba mientras me acariciaba el pelo. Su rico aroma me impulso a seguir, a continuar con esto que estaba mal, pero me detuve rápidamente cuando siento que me va a sacar el abrigo.
Si no me detenía esto podía llegar muy lejos y no iba hacerlo con ella estas condiciones. Recuerdo las palabras de mi madre y me quedo pensativo. Lucía me mira con los ojos afligidos sus mejillas hierven y sus labios hinchados y rojos por la calentura. Me toco los labios y niego con la cabeza y me alejo de ella.
Nada de eso podía ser cierto. Nada de lo que dijo podía serlo.
Esto está mal.
El miedo invadió mi pecho.
¿Por qué me siento así?
Miro a Lucía.
-Erick... -me llamo en voz baja.
-Duerme Lucía -me acerco para sacarle los zapatos y luego taparla con la sabana-. Tienes que descansar, mañana viajamos. Duerme.
Me di vuelta para irme pero su mano me detiene.
-Erick... gracias.
Asentí con la cabeza y luego salí de su habitación. Camine en pasos rápidos hacia la salida. Mi corazón latía con intensidad y fuerza, mi pecho estaba agitado. Los vigilantes me dieron una seña de despedida, pero apenas lo logré notar. Llegué casi corriendo a mi auto y me quedo paralizado cuando me subo a él.
Dios mío, esto no puede suceder.
Nada de la que Lucía mencionó tiene un ser cierto. Está ebria y no sabe lo que dice. Solo fue la tensión del momento.
Me limpió los labios bruscamente con la manga de mi abrigo.
-Esto no está pasando. No puede ser.
Encendí el coche y arranque. Mis manos temblaba por encima del volante. Mire fijamente la carretera.
-No pienso enamorarme. Prometo no enamorarme, nunca más.
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Comments
Batichica🖤 TG
Eso quiere decir que las palabras de Lucía lo emocionaron?
2023-03-01
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