Lucía
Siento el viento rozar sobre mi rostro, la falda del vestido se levanta gracias a la brisa. Las personas caminando en pasos lentos, las palomas en la plaza esperando que algún señor se sentará en las bancas y les dé semillas o trozos de pan, el olor a café con leche, a galletas y el rico aroma de los panes era una delicia. Mis dedos estaba envueltos en una taza de capuchino espumoso, el trozo de cruasán me seduce para que le pegue una mordida, pero dudo que mi estómago tenga espacio para más.
La gente sentada en las mesas que nos observaban con curiosidad, sus ojos llenos de intriga nos recorrían de pies a cabeza, algo que puede ser muy incómodo.
Erick despega la vista de la ventana para mirarme me da una sonrisa encantadora.
-Esto es delicioso.
-Te dije que te gustaría, hacen los mejores panes franceses y los cafés.
Erick suelta un suspiro, dobla la servilleta y la pone sobre la mesa y me mira con nostalgia.
-Aquí todo se siente tan tranquilo, tan relajado. Me alegra mucho haber venido. Si no fuera porque tengo más trabajo en Alemania no regresaría y me quedaría aquí más tiempo -suspira-, pero ni modo...
-Yo siento que todo lo dejé allá, siento que algo me falta.
-Naciste aquí, Lu, ¿no te sientes como en casa? -ladea la cabeza.
-No... Nací aquí, pero toda mi vida está en Alemania, allí viví toda mi niñez y mi adolescencia, es más, hasta me considero más alemana que francesa. -exclamé.
-Entiendo, allá están tus padres.
-Cambiando de tema, ¿cómo están las cosas con Mackenzie?, es decir, ya no hablas mucho de ella, su boda, su hijo...
-Vamos bien -mentí-. Pero como te dije ayer, estamos ambos frustrados por la situación.
-No te veo feliz que vayas a ser papá. -fruncí las cejas.
-Oh, no, no, no, no -niega muchas veces-. No es que no esté feliz, por supuesto que estoy feliz porque voy a cumplir unas de las cosas que más deseado en toda mi vida. Pero...
-¿Pero?
-Mejor ya dejemos de hablar de eso, pidamos las cuentas y vamos a otro lado, ¿te parece?, podemos ir a la plaza, podemos ir a la feria, la pasaremos bien hoy, no tenemos trabajo, disfrutemos de este viaje solos tú y yo.
...♡♡♡...
-¡Me arrepiento tanto de haberme puesto este vestido! -grité al aire mientras iba manejando una bicicleta.
-¡Vamos, Lu! ¡No te quejes! -Erick pasa por mi lado mientras se burlaba de mí.
-¡Claro dices eso porque no tienes vestido!
-¿Te parece si hacemos una pausa? -me pregunta a mi lado.
-Sí, por favor.
Ambos nos detuvimos en la plaza, bajo la sombra de un gran árbol gigante, todo eran zonas verdes, flores de varios colores por todos partes donde las personas sacaban a pasear sus mascotas o cuando las parejas viene a besuquearse y mostrar o a presumir su amor en público.
-Vale, no sabía que manejabas tan mal. -se ríe de mí.
-¡Oye!, hace mucho tiempo que no lo hago, ya lo extrañaba.
-Igual yo. Sabes que deberíamos hacer... -sonrió malévolo- patinar sobre hielo.
-¡No!
-¡Si!
-¡No!
-¡Si y si!
-No puedo, Erick, tengo vestido, mejor no...
-Qué cobarde, y yo que pensé que eras más atrevida.
-Si lo soy, solo que no quiero patinar porque sé que si lo hago te voy a ganar.
-Soñar es gratis. -dijo con ironía.
Ambos reímos y caminamos con las bicicletas al ligar donde las alquilamos. No dirigiremos a un puesto de helado, luego caminamos por la cera mientras hablábamos de cualquier cosa se nos cruza en camino, caminamos unos de lado del otro, nuestras manos rozaban por cada paso que dábamos una cosa que me puso nerviosa, sentí una pequeña corriente en mi mano, quería que Erick me la tomase y así seguir con nuestro camino por Los Campos Eliseos.
Era extraño, estar sin gente que nos estuviese espiando, ni cámaras por todas partes, me sentía como una persona normal desfogue de muchísimos años, extrañaba esa sensación de paz y tranquilidad.
Este día parecía único, solo, Erick y yo caminando por las calles de París. Me sentía como en una cita.
Una cita con la que siempre he soñado.
No detuvimos al frente detuvimos de un pequeño restaurante de tartas todo parecía estilo vintage y sencillo, a dentro había una pequeña tarima donde un grupo de personas tocaba una melodía relajada y suave francesa, una guitarra, el piano y un violín, un hombre con prendas veraniegas, con bigote un sombrero que lo hace ver un poco gracioso, su voz era tan armonioso, rústica pero a la vez suave.
Tomamos asientos y luego pedimos la orden. Pedimos unos Macarons y dos tartas de óperas.
-Me encantan estos lugares, los que dan esta energía positiva. -sonreí.
-Es tranquilo. -cierra los ojos.
-No te duermas.
-No me duermo -dijo sin abrir los ojos-, la música es relajante. Dios, el acento francés en tan... exquisito, tan fino y elegante... podría escuchar audio en francés todo el día -empieza a tambalearse de un lado a otro con los ojos cerrados, tenía una sonrisa leve. Lo miro y parpadeando.
-Y no me has escuchado cantar.
Abrió los ojos rápidamente.
-¿Qué?
-Olvida lo que dije.
-Dijiste algo como... ¿Cantar? -ladeo la cabeza.
-Bueno, solo un poco. -hice un gesto con los dedos.
-Quisiera ver eso, nunca te he visto cantar en francés.
-Y tampoco lo harás jamás. Desde que murió papá no lo hago.
La camarera se acercó a nosotros con nuestros pedidos.
-Aquí están sus pedidos -dijo para dejar los postres sobre la mesa de madera para después retirarse dejando un leve aroma de pan y a galletas.
El hombre que le dio fin a su canto, el ligar se llenó de aplausos por la gente, él hizo reverencia y luego se retiró de la tarima. Otra melodía sin canto invadió el lugar, ahora solo era el piano, la guitarra y el violín juntos.
-Tenemos que esperar la llamada de Loui. Espero que sus demás trabajadores acepten, Gaten y yo nos desvelamos y tardamos horas en la elaboración de esos planos, sería una lástima que lo rechazaran. Si lo rechazan, juro que me retiro de la arquitectura y no vuelvo a tocar una calculadora y una regla en toda mi vida.
-Que curioso, lo mismo se lo comenté a Lizy. Esto de ser arquitecta y empresaria a la vez me va a dañar el cerebro, soy muy joven para eso. -fruncí el labio.
-Esto ya me está dando como miedo, parece que tú yo estuviéramos conectados.
-Puede ser -me encogí de hombros-, nuestros mejores amigos están enamorados y se odian a la vez, eso es romántico. Trabajamos en la misma compañía y compartimos casi los mismos gustos.
-Me pregunto que estarán haciendo esos dos... -puso un dedo en su mentón pensativo.
...♡♡♡...
Lizy
¿Alguna vez han escuchado el dicho que dice que hasta tus mejores amigos te traicionan?
Pues ahora lo entiendo. Mi dizque mejor amiga, Lucía, la odio, nunca le perdonaré que haya permitido que el imbécil que tengo al frente mirándome como si tuviera cara de vaca y cuerpo de caballo y se retorcía a carcajadas sobre la silla del escritorio, trabajar con nosotros. Le saqué el dedo del medio. Nada de esto me causa gracia.
Bueno.
Solo un poco.
-¿Podrías parar de reírte?, no estoy jugando -seguía sin detenerse, así que tome su portátil que estaba sobre la mesa y la puse encima de mi cabeza, si no se callaba se la iba a lanzar encima- vamos a ver si a sí te vas a callar.
Al darse cuenta se recompuso y lo las manos en forma de rendición.
-Vale, vale, vale, baja eso, no hace falta que haya violencia, la violencia es mala.
-Entonces, cállate si no quieres que lance tu computadora por tu cabeza, seria bueno que lo hiciera para que se acomode el cerebro heber si así dejaras de hacer y decir tantas estupideces.
-Vale, ya me comporto pero baja eso.
Alzo una ceja y luego bajo la portátil hasta la mesa, puse mis brazos en forma de jarra y lo miro seriamente.
-¿Se puede saber que es tan gracioso?
-Te ves tan hermosa cuando te enojas... no sabes como me pone escucharte gritar y que me mires así... -sonrió pícaramente.
Abro la boca con indignación y lo señalé.
-¡Eres un puerco!
-Ya no te hagas, te encanta que te diga esas cosas, sino, no te hubieras puesto como estás ahora.
Hice lo posible para que el calor de mi mejilla no se notarán, trate de mírarlo a la cara pero era imposible, en la forma que observaba me ponía nerviosa.
-Juro que si te acercas te lanzo el escritorio entero. -dije al ver que se acercaba.
-No destruirías el escritorio de tu mejor amiga, en vez de usarlo para trabajar... podemos usarlo para otra cosas más interesantes. -movió sus cejas de arriba abajo.
-¿Qué dices? - pregunto histéricamente.
-Vamos, ¿acaso no te da morbo hacerlo aquí en la oficina? -se cruza de brazos muy cerca de mí.
-Aléjate de mí o empiezo a gritar.
-Gritar... gritar es lo que te voy a llevar a hacer, nena.
-Te acercas un paso más y te juro que te vas a arrepentir. -le apunto con el dedo en su pecho.
Sonríe maliciosamente y luego toma mi mano y tira de ella y su cuerpo choca con el mío, podía sentir su respiración chocar con mi mejilla, lo tomo por los hombros tratando de separarme.
-¡Suéltame! ¡Aléjate de mí!
-Mhm... eso no lo decías anoche. -me susurró en el oído.
Mi pie se erizó entera. Oprimo mis labios y trago saliva.
-Suéltame, Gaten, o te quedas sin hijos.
-¿Por qué mejor no te los hago?
-Idiota.
-¿Quién sabe?, pueden salir gemelos, trillizos o quizás... quintillizos.
-Cagaste. -azote la palma de mi mano con su mejilla. Su rostro se volteó y toco su mejilla con la mano, me suelta y retrocedo unos pasos.
Gaten regresa su mirada a mí, pero para mi sorpresa, sonreía con maliciosa y perversión.
-Así me gustan... que me dominen. Ven aquí nena, ven a comerte a tu conejito.
-Me voy. -Tomo mi bolso y camino hasta la puerta.
-¿Seguro que quieres irte? ¿No te gustaría repetir lo de anoche?, mira que bien lo disfrutaste, lo hiciste tanto que te saque más de dos orgasmos en una noche.
Resople y lo miro con rabia, le paso seguro a la perilla de la puerta. Me acerco a él y quedo solo centímetros de su rostro.
-Ni una palabra de esto a nadie.
Gaten saca la lengua con perversión y morbo. Lo tomo por la nuca y lo beso profundamente. Él me tomó de la cintura, acarició mis piernas y luego las enrolle sobre su cintura y me sentó sobre el escritorio de mi mejor amiga.
Perdón, amiga.
Le saqué su saco, solté su corbata y desabroché los botones de su camisa con rapidez. Gaten me acariciaba las piernas mientras se rozaba sobre mi intimidad. Me mordí el labio y solté un quejido cuando me mordió el cuello y lo aspiro.
-Eres un idiota.
-Amas a este idiota. -me responde.
Baje mis manos hasta su cinturón y baje la el cierre de su pantalón, pero lo separe de mí sorpresivamente y él me miró con el ceño fruncido.
-¿Tienes un condón?
Sonrió y metió la mano en su bolsillo trasero del pantalón.
-Siempre llevo uno conmigo.
Entonces seguimos en los que estábamos antes. Gaten me saca mis bragas por debajo de la falda y luego rasga el sobre del condón y se lo coloca.
Entonces cuando ya estábamos por empezar la acción unos toques en la puerta nos detienen.
Gaten maldice en voz baja y yo suspiro con molestia.
¿Quién se atrevió a interrumpir este momento?
Ahora me tenía que quedar con las ganas.
-Vístete rápido. -le dije y rueda los ojos buscando su ropa entre el suelo, busco mis bragas y me las puse. Camino hacia la puerta mientras me peinaba con los dedos.
Abrí la puerta y lo primero que quise hacer fue tirársela en la cara.
-Eres tú... ¿Qué quieres, Hugo?, si vienes por Lucía debes de saber que no está y en caso de que lo estuviera no te dejaría que la vieras por hijo se ramera -le espeto.
-Vengo en son de paz. Sé que está de viaje... y con el imbécil de mi hermano. No me responde mis llamadas ni mis mensajes.
-Pues eso debes de saberlo tú. Es obvió, te comportaste como un idiota con ella. -responde Gaten detrás de mí.
-Ella no quiere nada contigo.
-¿Te dijo eso? -pregunta con expresión dolida.
-Sí, esta molesta. Déjala en paz. Olvídate de ella porque ella ya no quieren nada contigo y hará lo imposible para olvidarte... y tu hermanito se está encargando de eso. -Gaten lo observa de pies a cabeza, sonríe maliciosamente y luego le cierra la puerta en la cara de Hugo dejándolo confuso. Le pasa seguro a la puerta y luego me mira- Y bueno... ¿En qué estábamos?
...♡♡♡...
Erick
La observaba mientras se reía frenéticamente en la silla, mis rostro era neutro. Su espalda se retorcía hacia atrás y soltaba carcajadas gracias a que hace un rato una señora anciana entró por la puerta con bastón y parecía cansada así que me acerque a ella y lo que le dije no parecía gustarle.
-Ya no te rías que no es gracioso. -murmure mientras jugaba con la servilleta sobre mis piernas.
-Le preguntaste si le gustaba la vainilla. No puedo creerlo, ¿no que muy francés tú? -vuelve a reírse y yo suelto un bufido-, no sabía te gustaban las mayores, Erick.
-Ya para, la señora me quería lanzar el bastón por la cabeza, malinterpretó todo. ¿Eso te parece gracioso? -frunce el ceño.
-Vale, ya, no me río -se endereza en su asiento y se calma-. Puedes quedarte tranquilo, no le diré tu secreto a nadie, juro no decirle nada a Mackenzie.
-Pensé que me defenderías pero por lo visto... no. Te echaste a reír. -dije indignado y me cruzo de brazos.
-No te molestes, sabes que lo hago en broma. Espero que te sirva de lección no preguntarle a la gente si le gusta la vainilla. ¿En qué pensabas cuando le hablaste?
En ti.
-En nada, me desconcentré tal vez. Por favor... no le cuentes nada de esto a Gaten, me molestará por el resto de mis días y si algún día me llega hacer una broma sobre eso será porque tú se lo hayas dicho.
-¿Enserió me crees tan traicionera?
-No lo sé, mi sexto sentido me lo dice.
-¿Tu sexto sentido? ¿Desde cuándo los hombres tiene sexto sentido? -frunce el ceño.
-Desde siempre, de hecho. Ustedes las mujeres no son las únicas.
-Mhm...
-¿Dudas? -entrecierro los ojos-, confío en mi intuición masculina.
-Yo también y de eso no tengo dudas, pero...
-Sí, dudas. Mejor dejemos de hablar sobre este tema y hablemos de otra cosa. ¿Por qué mejor vas y subes al escenario y me cantas una canción? -apoyo mi codo en la mesa y con mi otra mano apoyo mi barbilla.
-No, no, no, no, eso no.
-Vamos, quiero escucharte cantar.
-Me da pena.
-¿Pena por qué?, eres preciosa a todos lo encantaría verte cantar.
Ella queda en silencio y baja la mirada rápidamente, sus mejillas se tornaron rosas y me di cuenta de lo que cada de decir.
Le había dicho que era preciosa.
Parpadee un par de veces y la miro, me encuentro con su mirada tímida y llena de ternura, en sus ojos se despertó un brillo y sus ojos eran los más hermosos que había visto, frunció sus labios de color rojo como la fresa y dijo: -Está bien, lo haré.
Me sonrió y luego se levantó de la silla y camino hasta las escaleras de la tarima, habló por unos segundos con un chico y luego la mujer que cantaba anteriormente le entregó el micrófono.
Un chico con sombrero se acercó a la tarima y dijo unas palabras por el micrófono.
-Ahora, damas y caballeros hoy tenemos a una invitada muy especial esta noche: ¡Lucía Bernard! -todas las personas empezaron a aplaudir y a silvar.
El chico se retiró de la tarima y le cedió el micrófono a Lu.
-Aquí tiene señorita.
Lucía sonrió hacia mi dirección, estaba nerviosa, le mostré mis pulgares. Sostiene el micrófono con fuerza y empieza la melodía de la canción Tous les garçons et les filles.
...♡♡♡...
Narrador omnisciente
Sus ojos brillaban, sus oídos estaban alerta y su corazón chocaba contra su pecho al escuchar su exquisito canto en francés. Erick quedó hipnotizado por la voz de su ex cuñada. Era como si se trataba de una sirena que atraía al marinero, lo enamoraba con su encantó y jugaba con su mente a tal punto de quedar fuera de sí.
Él la observaba desde unas mesas atrás, no parpadeaba, era como un sueño para él, Lucía sostenía el micrófono con fuerza, lo miraba solo a él, pensaba en él, solo a él y a nadie más y Erick podía sentirlo, una corriente eléctrica recorrió su cuerpo hasta su estómago y sintió cosquillas en el mismo que lo hizo removerse sobre su silla, deseó que ese momento nuca acabará, deseaba poder escucharla hasta la eternidad. Sus ojos brillaban como dos luceros.
¿Así se ven los ángeles? Pensó él.
Mackenzie y Hugo ya no existían para él, ninguno de los dos se acordaban de ellos, y eso lo disfrutaban, estar lejos de la presión por el trabajo y de la prensa que los ahuyentaban buscando información personal para sacar miles y miles de dólares. Sus corazones y sus mentes estaban serenas y relajadas, Lucía, después de mucho tiempo se sentía con vida, sintió la vibra de su corazón, sintió como le devolvían la vida, con solo que Erick la mirara sé esa forma para ella era como si estuviera tocando el cielo y las estrellas. Eso era lo que ella quería, que el hombre que ella amaba con toda su alma la mirara de esa manera.
No cabía duda de nada, estaba más que claro.
Ambos estaban empezando a enamorarse uno del otro. Lucía lo hacía cada vez más y Erick ya lo estaba sintiendo, lo presentía, lo sentía en su corazón cada vez que la miraba o ella hablaba, pero, sin embargo, eso lo aterraba, lo asustaba. Eso no era parte del plan, ¿por qué no podía evitar sentirse atraído por ella?, le causa miedo porque sabía que eso solo empeoraría más las cosas, lo hundía más en la situación en la que estaba y lo confundía.
¿De verdad hizo bien trabajar con ella? Él se preguntaba.
Todos los besos que se han dado, él los recordaba con ternura pero a la vez con temor.
Una vez que la tenía no podía dejarla ir. No podía. Estar con ella se estaba volviendo una necesidad. Una adicción que los podría llevar a ambos al sufrimiento y a la desgracia.
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