Lucía
Arrastro los pies al salir del ascensor, busco con torpeza las llaves del Penthause y abro la puerta, casi me dejo caer en suelo de mármol. Los pies me duelen y solo quiero descansar. Cierro la puerta detrás de mí y enciendo las lámparas. Son casi más tres de la mañana y no es la mejor hora para darse un baño pero sin duda alguna en un momento donde la vida se siente diferente.
Me quito el vestido y lo echo a un lado, los tacones los dejo en la sala, me saco las joyas y las dejo encima del lavamanos, dejo que la tina se llene de agua caliente y pongo esencia de lavanda. Me quito el maquillaje y el peinado mientras iba pensando en lo rara que había sido la noche. Me sumerjo en la tina y cierro los ojos, recuesto la cabeza en la base de la tina. Veo los ojos de Erick en mis pensamientos, recuerdo el momento cuando bailamos y fuimos el centro de atención, él me miraba con una sonrisa brillantes, sus ojos verdes se veían hermosos, su cabello tan negro como la brea brillaba, ese traje de colo azul marino le quedaba como un guante. Erick es un hombre hermoso y guapo. Suspiro y sonrío. Desde que lo conozco siempre ha sido un persona simpática, noble y hasta humilde, siempre positivo, inteligente en muchos sentidos pero sobretodo es apasionado. No había manera de que yo describiera a Erick, yo estaba y sigo enamorada de él desde los trece y todo eso suena lindo hasta que caigo en cuenta de que él es un hombre con compromiso y soy la novia de su hermano. La sonrisa se me borra y pienso en Hugo quien no pide despedirme de él cuando me fui.
Sin embargo; yo había aprendido a vivir con mis secretos ocultos a pesar de cuanto malo era. Si mi padre estuviera vivo sentiría vergüenza hacia sí se enterase de lo que siento, mi disgusta madre también. Quería pensar que mi vida no era un desastre. Mi madre falleció cuando yo apenas nací, Francia -dónde nací y mi madre murió-, papá se quedó a cargo total de mí, decidió trasladarse a Alemania y trayendo consigo los restos de mamá. Papá mi temía una buena relación con mi abuelo, nunca supe el por qué. Mamá era hija adoptiva y tampoco conozco a mis abuelos. Hemos sido papá y yo hasta los diecisiete cuando falleció por cáncer terminal. He estado sola desde entonces hasta que apareció Hugo en mi vida.
No tuve una infancia normal, hubieron momento en los que sufrí mucho por la ausencia de una madre en mi vida lo que llevó a padecer de depresión crónica gasta después de la muerte de papá -algo con lo que, desgraciadamente sigo lidiando-. Pero he mejorado en muchos aspectos y eso es bueno, me siento orgulloso de ello.
Tomo el cepillo y me peino el cabello, aún con la toalla puesta. Saco de las gavetas un pijama de seda negro con bata y luego voy a la cocina por una vaso de leche tibia. Me siento en sofá bajo la poca luz del departamento y doy un respingon cuando oígo el timbre sonar.
Frunzo el ceño y me pregunto quien llamará a mi puerta a estas horas. Dudo en abrir. Espero que no sean algún ratero que intente robarme porque no lo va conseguir, primero muerta. Me acerco en puntillas hasta la puerta porque siento que si camino normal, cuya personas no se quien es puede escucharme y no quiero. Vuelve a sonar el timbre y miro por la mirilla de la puerta y... ¡es Erick quien de encuentra en frente de la puerta!
Sorprendida abro la puerta y lo veo recargado del marco. Lleva el mismo traje azul marino, su cabello está levemente despeinado pero sus ojos eran diferentes, no eran los mismos ojos que ví hace unos momentos atrás.
-Erick, ¿qué haces aquí a estas horas?
-Vine a verte. No te despistes de mí. -Dice y percibo el olor de alcohol en su aliento, sin embargo, el olor no está fuerte.
-No me sentía muy bien -miento-, además, estaba muy cansada.
-¿No me vas a invitar a pasar?
Quedo al perpleja y me echo a un lado para dejarlo entrar. Erick se adentra y mira las cosas a si alrededor, las veces que ha estado en mi departamento las puedo contar con las manos, no eran muchas y la última vez que vino fue hace mucho.
-Que linda es tu casa, cuñada, necesito el contacto del diseñador.
-En realidad, yo me he encargado al cien por ciento de la decoración.
Me mira con una sonrisa de lado.
-Vaya. Que buenos gustos tienes. Todo están perfecto y los colores pasteles quedan tan bien con los fríos.
-Dudo mucho que hayas venido a mi departamento a las tres de la madrugada solamente para hablar sobre la decoración de mi casa.
Él toma asiento en el sofá donde anteriormente yo estaba sentado, cruza las piernas como sintiéndose el dueño de todo. Lo miro incrédula desde el centro y veo como su sonrisa se convierte en una línea recta.
-Lucía, ¿qué tal va tu relación con mi hermano? ¿Eres feliz? ¿Lo amas?
-Estamos muy bien, aunque esta mañana estuvo al intensos pero estamos bien.
-¿Lo amas?
-Quiero mucho a Hugo.
-Eso no responde mi pregunta, Lucía. Te pregunté si lo amas.
-Claro que sí.
-¿Segura? -Entrecierra los ojos.
-Claro... ¿estuviste bebiendo, Erick? A ti no te gusta el alcohol, lo odias.
-Háblame más. ¿Es celoso?
-Sí.
-¿Qué tanto?
-Vale, lo está controlado.
Erick me mira con expresión aviesa. Le estaba diciendo verdades pero verdades con palabras claves porque en verdad, Hugo si era un novio celoso y hasta posesivo, una cosas que ha sido motivo de discusiones entre nosotros. Hugo es alguien inseguro. Eso lo supe ahora. Se preocupa mucho por lo que yo piense de él.
-¿Es bueno en la cama?
Parpadeo ante su pregunta. ¿Por qué demonios me preguntaba eso?
-No considero prudente que me hagas ese tipo de preguntas.
El suspirar, mirándome, palmea su lado del sofá, llamándote. Me acerco y en eso noto como su mirada se centra en mi piernas desnudas. Se lame los labios y veo un brillo de excitación en sus ojos.
-¿A qué has venido, Erick? -Le sigo en voz baja.
Erick se acerca mucho más a mí, de modo que sus muslos rozan con los míos y siento un cosquilleo.
-Estuviste preciosa esta noche. Nadie apartar los ojos de ti. ¿Cómo es que no me di cuenta de que eres tan hermosa? -Toca mi cabello y lo acaricia en toda su extension-. Mackenzie se puso muy celosa porque te estaba mirando mucho, me sentí culpable y sucio por mirarme de esa manera. Pero sabes..., ahora puedo entrar a Hugo y a todos esos hombres que van detrás de ti llamándo tu atención. Eres bella, Lucía...
-Erick...
-Shh. No digas nada. Déjame decirte lo que pienso de ti en este momento. Hace mucho tiempo que no toco a una mujer que no sea Kenzie. No he sentido la necesidad de hacerlo desde que la conocí. Admito que si he estado con otras pero eran momentos en los que ella y yo terminábamos y yo siempre volvió corriendo tras ella. ¿Haz sido infiel alguna vez, Lucía?
-No..., nunca.
-Todos somos infieles de alguna manera. Es curioso. ¿Alguna vez se te ha pasado por la cabeza serle infiel a mi hermano con otro hombre?
-No, no, Erick, ¿por qué me preguntas eso?
-Porque lo serás ahora.
Erick me toma por la nuca y junta nuestros labios. Enseguida sentí como todo en mi se revolvió, mi estómago se hizo un nido y comienzo temblar. Erick me besa profundamente, muerde mis labios y mete su lengua haciéndome sentir chispas.
Mis manos sube hasta nuca y lo separo tomándolo de los pelos, Erick me mira jadeante y siento una ola de calentura verlo de esa manera. Su mano se escabulle por mis muslos y los acaricia.
-Esto está mal. -Le digo.
-Para ellos está mal, pero para nosotros no. -Se acerca y roza sus labios con los míos pero no consigue besarme del todo.
-Esto no puede ser, Erick.
No me doy cuenta en el momento que se deshace de mi bata de seda y me mira soltando chispas de lujuria.
-Disfrútalo, Lucía, sientelo, tocalo y siente lo rígido que estoy.
-No sabes lo que dices.
-Si sé, y estoy consiente de todo esto, no bebí demasiado como piensas. Reconozco en donde estoy y con quien, sé lo que hago y nada de lo que está a punto de pasar va a ser impedido. Lo quieres, lo veo en tus ojos y sé que te mueres de las ganas por tenerme dentro de ti. Mi hermano no te complace lo suficiente y no le quieres del todo, me necesitas, tómame, Lucía. Yo también te deseos ahora más que a nada y te necesito como no tienes una idea.
Siento su cuerpo temblar. Erick a dedicado a besarme el cuello, moviendo su lengua por mi piel.
-Hueles tan bien. Tu piel están suave. -Dice acariciando mis muslos hasta llegar a mi abdomen.
-Erick... -Jadeo.
-Besar tus labios es mucho más delicioso como alguna vez lo imaginé. -Su pulgar me acaricia los labios y el planta un besito en ellos, me toma por la cintura y hace que me suba en su regazo.
-Erick, joder, esto está mal pero...
-Se siente bien.
Erick sigue besándome y siento su dureza bajo de mí. Me besa el dorso, los pechos y los hombros. Mis dedos se enredan en su cabello negro y busco con desespero su olor de hombre en su cuello.
-Vamos a la habitación.
...♡♡♡...
Erick
Dios mío, si hubiera una competencia en quien sería más idiota sin duda sería yo. ¿Cómo es que se podía sentir el infierno y a la vez el paraíso en casi un mismo día? Yo estaba ardiendo como el infierno entre las piernas Lucía. Me movía sin cesar, hundiendo mis manos en colchón para inclinarme más sobre ella.
Verla de esa forma me hacía sentir tan, pero tan poderoso. Toda la rabia que sentía, la estaba desquitando con ella. Era excitante, deliciosos. La manera en la se movía encima de mí, chillando de placer. Yo estaba más que consiente, tenía los ojos bien abiertos mientras la miraba.
Que me lleve el Diablo si quiere, pero esta era la mejor sensación del mundo. El sexo es fascinante, sobre todo para los hombres, las mujeres, el cuerpo de las mujeres y sus detalles que volvían loco a los hombres. Ni en mil años había yo sentido algo así. Yo era como un volcán hirviendo en erupción a punto de estallar y Lucía estaba igual, moviéndose encima de mí como una experta.
Pensé en mi hermano, en Mackenzie. Esto era solo el comienzo de una venganza, ambos tenían que pagar por el daño que me causaron. Vi otra vez aquella escena, ambos teniendo relaciones, solamente aumento mi rabia y me llené de ira. Tome a Lucía y la puse boca arriba me puse rodillas y le tome por sus muslos suaves y me moví con más velocidad. Choque de nuestras pieles eran música lata mis oídos y los chillidos de Lucía me hicieron sonreír inconsciente.
Lucía estaba desorbitada, apenas consiente. Sentí un cosquilleo en la parte baja de mi vientre, mis piernas y brazos empezaron a temblar hasta que explote dentro de llamar como un volcán.
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Comments
esterlaveglia
qué poco hombre 🤦♀️
2024-04-24
1
Claudia Reveca Diaz Rodriguez
no me parece bien que se desquite con ella
2023-08-07
3