Lucía
Después de varios días encerrada en casa; decidí íntegrarmente de nuevo al trabajo. No podía descuidar mi empresa, además, necesito tener mi mente ocupada. Tomo mi bolso de la cama y salgo del Penthouse. Saludo como de costumbre al vigilante y este me da una sonrisa amable, camino hasta el auto, me pongo el cinturón. Cuando estoy a punto de prender el motor el sonido de mi celular llama mi atención, lo busco entre mi bolso y en la pantalla principal, en icono de notificaciones, leo un mensaje de Hugo.
¿Estás ocupada?
¿Qué se supone que le responda? Mis manos quedaron inmóviles. No tenía ganas de hablar con él, es obvió que quiere tocarme el tema del bebé, pero yo; personalmente, me prohibí a mi misma seguir con ese tema, no quería hablarlo otra vez, acepté mi duelo y ahora solo quiero sacarlo y olvidarlo.
Lleno mis pulmones de aire y miro al frente y apago el móvil y lo puse devuelta en mi bolso. Hice rugir el motor para segundos después salir a rumbo de la empresa.
Camino por los grandes pasillos del edificio. Siento como mi bolso se me resbala entre las manos, estás sudan al igual que mi frente y todo mi cuerpo. Lógicamente, me preguntaron sobre la perdida del bebé y si Hugo y yo seguimos siendo pareja. Por suerte, los de seguridad estaban ahí para ayudarme y deshacerse de toda esa gente molesta. Acomodo mis lentes de oscuros, trato de evitar las miradas pero es imposible.
Me acerco a mi escritorio, dejo el bolso a un lado, observo con detenimiento el ramo de margaritas dentro de una cesta. Busco la tarjeta y cuando la encuentro, la abro con curiosidad.
Me emociono un poco la idea de que podía ser Erick, pero no fue así.
Lo siento. Hugo.
Al instante de leer la tarjeta; la dejé sobre el escritorio e hice una mueca. Me esperaba algo mejor.
Camino hacia el gran ventanal y esa gente de la televisión no había ido.
-Dios mío, eso es un caos allá a fuera. -entra Lizy por la puerta, agitada como si hubiera corrido un maratón. Luego se queda parada viendo las flores- ¿Erick te volvió a mandar flores? -pregunta emocionada.
-Ojalá fuera él. -espeto sin voltearla a ver.
Observa la tarjeta sobre la mesa y hace una expresión de asco.
-Por favor, dime que las vas a tirar.
-Las flores no tienen la culpa de nada.
-Si quieres me las llevo y las quemo. -sonríe grande.
Ignoro su comentario.
-Quiero que se vayan. No soporto tenerlos aquí. -dije entre dientes con rabia. No aparté la vista de abajo, me cruzo de brazos y aprieto mis labios.
-Ellos esperan que tú des noticias. Te desapareciste por mucho tiempo, Lucía.
-Eso no va a pasar. Que se los coma la intriga -los miro con asco-. Deberían de respetar la vida de los demás.
Me giro hacia ella en el escritorio.
-Eso pasa cuando eres reconocido y una gran influencia para la sociedad. Hasta el más mínimo detalle sobre ti les dan miles de dólares. -Lizy frunce el ceño al notar mi expresión molesta- ¿Estás bien? ¿Amaneciste molesta hoy?
-De hecho, sí.
-¿Por qué?
-¿Por qué crees? -le espeto con ironía- El Rey de Roma apareció después de casi dos semanas sin hablarme. ¿Puedes creerlo? Después que se desapareció por mucho tiempo. -camino por la oficina mirando el suelo.
-¿Piensas hablar con él?
-Honestamente, no quiero ni verle la cara. Pero por una parte siento que debería de hacerlo.
-Yo siendo tú, lo veo pero para darle una cachetada por cínico y descarado. -Lizy frunce el ceño. Molesta.
-Lo he pensado. Pero quiero hacer las cosas bien. -me siento en mi silla al frente de ella.
Lizy pone los ojos en blanco y bufa.
-Deberías a veces de dejarte de formalidades. Anda a verlo y métele unas buenas cachetadas. Lucía, más vales que le metas esas flores por donde le entre porque si no lo haces tú, lo hago yo.
-¿Debería de ser comprensiva con él?
-¡Obvio no!
-Entonces, ¿qué hago? -me encogí de hombros.
-Anda a verlo, hablan, discuten y de una vez por todas deshazte de ese imbécil. No lo necesitas en tu vida Lucía, eres una mujer fuerte e independiente, hay un monto de hombres haciendo fila para que les pares y tú nada.
-Es que no sé, Lizy. Tú sabes que Hugo hizo muchísimas cosas por mí en el pasado. Él me ayudo a salir de ese hueco en el que tanto sufrí.
-Pero eso no justifica nada. Se comportó muy mal contigo, él no merece que lo perdones.
Ella tiene razón. Odio que siempre tenga la razón.
Debería de hablar con él. Tengo que hacerlo, necesitamos hablar del tema. Yo sé que para él tampoco fue fácil, se notaba lo ilusionado que estaba por ser padre y él me lo decía siempre. Pero no existe justificación alguna para que no se comunicara conmigo. Soy su novia e iba a ser la madre de su hijo.
¿Por qué ignórame? ¿Por qué no llamarme?
Muchas ideas cruzaron por mi mente. Pensé que estaba molesto conmigo, me diría yo tenía la culpa de nuestro hijo... pero no fue así, yo sé que no fue así.
No se quedó conmigo cuando yo lo necesitaba a mi lado, poder superarlo como pareja y adultos maduros que somos.
Lizy salió de la oficina. Escuche el sonido del celular, sabía que era él, lo busque entré mi bolso y como lo presentí.
Mi celular vibraba en mi mano, leí el nombre en la pantalla una y otra vez, pensé si en contestarle o no. Pero al final terminaría hablando con él. Hay que tratar esto como adultos.
Le di al botón de verde.
-Hola.
-Lucía... Hola, ¿cómo estás?
-Si te refieres a físicamente... si, si lo estoy.
-Espero que te hallan gustado las flores, lo hice pensando en ti.
-Sí, están lindas. -respondo, seca.
Escucho un suspiró del otro lado de la línea.
-Lucía, entiendo que deber de estar molesta conmigo pero... -pausó- Necesito hablar contigo por favor. Veamonos.
-No creo que sea el momento estoy ocupada.
Vale, dijiste que ibas a tratar esto como adultos maduros que son.
-Vamos... esto es importante.
Apreté mis labios y cerré los ojos, pase mi mano suelta por mi frente mientras la otra sujetaba el celular en mi oído.
-Está bien. ¿En dónde nos vemos?
-Hablemos en tu casa. Después del mediodía.
-Entonces..., ahí te espero.
No lo dejé despedirse y corté la llamada, lanzo el teléfono bruscamente sobre la mesa y paso mis manos por mi rostro bruscamente.
Pongo mis manos sobre mi sienés. La cabeza me está empezando a doler muy fuerte. Cierro los ojos y camino como una loca por toda la oficina pensando que hacer.
-¿Estás bien?
Su voz grave me sobresaltar, llevo mi mano inconscientemente a mi pecho y lo miro rápidamente y está junto a la puerta con un portafolios en la mano.
-Lo siento, no quise... asustarte. -se disculpa y camina lentamente hacia mi escritorio.
-¿Desde cuándo estás ahí?
-Acabó de entrar. Iba a tocar la puerta pero dude mucho que con el escándalo que hay allá a fuera, dudé que me escucharás -dijo en tono suave y se sentó al frente de la mesa-. ¿Estás bien?
-Sí, Erick, estoy bien... -me reincorporo en mi silla- ¿Cómo sabías que iba a venir hoy? No se lo comenté a nadie.
-George.
-¿George?, él te dijo...
-Sí, me pidió que no te dejara sola hoy. Todo es un caos allá abajo. La gente se quiere meter en el edificio.
-¿Cómo entraste?
-Por la salida de emergencia. Esa área está despejada, aunque, bueno, no tanto. Hay demasiadas personas allá a bajo, seguramente ya debieron de llamar a la policía. -hizo una mueca.
-Parecen zombies hambrientos que quieren comernos. -lloriqueo.
Lo escucho soltar una risa, su sonrisa se desvanece cuándo se dio cuenta de las flores, toma la tarjeta expuesta en la mesa y la lee. Desvíe la mirada incómoda.
-Así que... ¿Ya se... comunicó contigo? -me mira extrañado.
-Sí, hoy me llamó por teléfono y quiere que nos veamos para conversar.
Parpadea varias veces sin levantar la vista.
-Entonces, supongo que... bueno, no sé. Su relación....
-No se que vaya a pasar, me tomó por sorpresa su llamada. Pero si te soy sincera; no quiero habar con él ahora. -niego con la cabeza.
-Pero...
-Pero tengo que hacerlo. Han pasado dos semanas y de alguna u otra forma tenemos que hablar de lo que pasó.
-No tienes porque hacerlo. Si quieres yo hablo con él.
-Muchas gracias, Erick, pero... ya quedé en que nos veríamos y además... es un tema que yo quisiera resolver ya. Quisiera cerrar esa etapa de mi vida y concentrarme en lo que realmente mi importa que es en mi trabajo, porqué después de todo... nada me devolverá a mi hijo.
Erick baja la mirada, su rostro neutro mirando fijamente la tarjeta, parpadea lentamente sin decir nada.
-¿Qué le dirás?
Su pregunta me hizo voltear a mirarlo.
-No lo sé... supongo que... depende de lo que él me diga.
-No deberías de...
-¿De qué?
Aprieta los labios y cierra los ojos fuerte.
-No dejes que te manipule.
Fruncí el ceño.
-¿Por qué dices eso?
-Tómalo como un consejo.
En sus palabras, noto su frialdad. Su manera de expresarse deja mucho que pensar. Últimamente, Erick está extraño.
Su comportamiento y cambio tan repentino hace que mi cabeza se llene de preguntas. Empezando por el hecho de que ahora somos amigos. Es decir, no es que antes no lo fuéramos, pero ahora la cosa es más evidente, desde que trabaja a mi lado se ha convertido en algo especial.
Es difícil explicar mi relación con Erick ahora.
Para romper la tensión del momento; Empezamos a hablar sobre un viaje a Francia. Un viaje que teníamos planeado desde hace mucho tiempo, pero fue cancelado después que supiera que estaba embarazada.
-Bien, entonces, partimos en mañana.
-Sí, así es. Ya tenemos todo organizado.
-Perfecto, entonces así quedamos -asiente con la cabeza-, adiós, Lu.
Toma su portafolio, me dio una última mirada antes de salir por la puerta.
Lu.
Ese apodo nuevo, que por primera vez alguien me llama de esa forma, se siente genial que él sea el primero que lo haga. Sonreí inconscientemente. Hace dos semanas me empezó a llamar de esa manera. Y me encantaba.
Pasaron unas horas después, ya se estaba haciendo la hora de ver a Hugo en mi casa. Pero antes tenía arreglar algunos detalles de la empresa. Tenía demasiado trabajo acumulado, Lizy me ayuda mucho y Erick también, pero siempre se acumulan, eso me estresa.
Me mordí el labio y suspiré. Tomo mis cosas y salgo de la empresa a rumbo a mi casa.
...♡♡♡...
Y ahí estaba yo tomándome un té para los nervios.
Miro el reloj una y otra vez. Se estaba haciendo tarde. Troné los huesos de mis dedos y jugaba con mis uñas. En este momento siento que me va a dar un ataque de ansiedad, lo presiento.
¿Por qué demonios no llega?
Me pregunto y me muerdo las uñas con desesperación. No sé qué me dirá, no sé qué excusa me va a decir, pero espero que sea una buena. Escucho el sonido de la notificación del celular, corro hacia el móvil que estaba reposando encima en la encimera. Me esperaba que fuera un mensaje de Hugo pero no. Era de Erick.
Hola, ¿todo bien?
Fruncí el ceño al leer su mensaje. Seguramente debe de imaginarse que Hugo ya está aquí.
^^^Hola. Tu hermano no aparece aún.^^^
Le mando el mensaje y unos segundos después respondió.
¿Puedo llamarte?
Sentí los nervios por mis venas. Suelto un suspiro y volví a leer el mensaje, me quedé pensativa por unos segundos.
Hugo podía llegar el cualquier momento.
No importa, contéstale.
Es este el momento cuando te encuentras en ambas opciones y no sabes cuál tomar. Si la del diablito, o la del angelito.
Si le hablo seguramente se me va a ser imposible soltar el teléfono.
Cerré los ojos y conté hasta diez, antes de responderle que Sí.
Y como si fuera una maldición, justamente usando estaba a punto de enviar el mensaje, suena el timbre del Penthouse. Miro la puerta y trago saliva, me vi obligada a dejarlo así, puse el teléfono sobre la mesita de al frente del sofá y camino hacia la puerta y la abrí.
Y ahí está él.
-Hola.
-Hola.
-¿Puedo pasar?
-Adelante. -me hice a un lado para que el pasara.
Cierro la puerta detrás de mí. Camino hacia el salón, Hugo estaba sentado en el sofá sin siquiera mirarme.
Sus ojos estaban clavados en suelo. Se restrega las manos por sus vaqueros viejos y me lanza una mirada llena de remordimiento.
-No sé por donde comenzar. -dijo él.
-Comienza por decirme; por qué no me hablaste en todo este tiempo, en porque te desapareciste, en que hacías. -mi tono de voz era brusco y molesto.
-Lucía, para mí es muy difícil todo esto.
-Para mi también es difícil. Y por lo que veo eso a ti no te importó en lo más mínimo porque ni siquiera una llamada, una maldita llamada me diste para saber como estaba. -dije entre dientes.
-Estaba mal, Lucía. La muerte de nuestro hijo me dejó muy mal, sabes lo ilusionado que estaba por ser padre, tienes que entenderme.
-No, Hugo, no te entiendo y ni voy a entenderte. Con esto me demostraste que no te importo.
Se levanta rápidamente del sillón y se fue acercando lentamente a mí.
-¡No!, eso no es así, cariño. Sabes que te amo y haría lo que sea por ti.
Yo retrocedí.
-¿Por qué no me llamaste?
-Por qué... por qué pensé que tal vez necesitabas tu espacio.
Solté una risa irónica.
-Creíste que yo necesitaba mi espacio -espeto con ironía- se hubieras visto en el estado que que me encontraba no dirías lo mismo. ¡Estaba desolada!, no estuviste cuando más yo te necesité.
-¡Estaba preocupado!, todo los días pensaba en ti, quise llamarte pero estaba tan deprimido que... no sé... -se excusa.
-Hubiera sido lindo que te comportaras así hace dos semanas. -le dije en voz baja.
Resoplo ruidosamente y me alejo de él. Camino hacia el ventanal. Me dieron ganas de llorar, pero me contuve. Me limpio las lagrimas de mis ojos con más manga de mi blazer, y sin voltear le dije: -Hugo, yo creo, que lo mejor para nosotros es que... nos demos un tiempo.
-¿Qué...?
-Lo que escuchaste... yo creo que es mejor alejarnos un poco. Estoy muy molesta, ahora.
-Lucía, por favor, así no vamos a llegar a nada. Tenemos que estar unidos para...
-¡Ya hablé, Hugo!, no quiero seguir así. Démonos un tiempo para pensar las cosas. Ya vete.
Ni siquiera me giro a verlo, pero por el reflejo del cristal; logro ver como se dirigía hasta la salida.
Suelto unas lágrimas al escuchar el sonido de mi puerta.
¿Qué nos está pasando?
Honestamente, no lo entiendo. Mi relación con Hugo era perfecta hasta solo hace un mes, desde aquella noche con Erick todo parece ir mal con nosotros.
Solté un suspiro y me volteo. Veo al mi alrededor y todo están solitario e insípido. Soy yo sola viviendo en un Penthouse valorado en millones de dólares, esculturas traídas de Indonesia, muebles de miles de dólares, el suelo y las paredes de mármol blancas, las lámparas, las alfombras, una televisión de 80 pulgadas de pantalla completa, la cocina electrónica con tres hornos, mi habitación con una cama de princesa, las bellas estatuas que estaban hechas de porcelana y la terraza, esa era mi parte favorita de todo la casa, por su hermosa vista y la paz que se siente al salir.
Aún con todo ese valor... No me siento llena. Momentos como entos en los que me siento vacía, sin nada por dentro, cosa que ni lo material puede llenarme, no me siento amada.
Deberías de adoptar a un perrito.
Muchas veces pensé en adoptar una mascota para no sentirme tan sola en mi casa, me agrada tanto la idea que incluso, fui a la perrera para encontrar a un perrito, pero mi de cuenta que estos animalitos necesitan atención, necesitan jugar, un jardín en donde correr libremente algo que yo no puedo darles, así que; descarté esa idea.
Regresé a casa con las manos vacías.
Un espacio tan grande y amplio para mi sola. Un espacio que pensé que compartiría con mi pequeño. Con él ya no me sentiría sola, me sentiría la mujer más feliz y amada del mundo solo por él, solo por ese bebé tan pequeño que ya no existe.
¿Por qué no puedo pagar por la felicidad?
¿Por qué no puedo pagar para que mi pequeño regrese?
¿Por qué no puedo pagar para que mi padre regrese y me abracé otra vez?
¿Por qué no puedo pagar por que mi madre esté conmigo ahora?
La felicidad no se compra, se busca.
Todo están injusto.
Yo, con todo el dinero del mundo no tengo lo que más me hace falta. No importa cuánta plata tenga, siempre estaré sola. Ese es mi destino.
Me hice bolita en una esquina del sofá, escondí mi rostro entre mis rodillas y empecé a llorar. Llorar otra vez. Por más que no quiero, no puedo evitarlo. La soledad se siente cada vez más.
Necesito que alguien me abracé.
Necesito a mi papá...
Me acosté el mueble abrazando al cojín, encendí la televisión y me quede viendo cualquier cosa, necesitaba que mi mente se desviará, que deje de pensar, tengo dormir esos malos pensamientos que me invaden todos las noches, esos fantasmas que me siguen atormentando la mente, esos sentimientos que juegan con mi cabeza a su antojó.
Pase canal por canal, hasta que me quede en un de rectas de cocina. La anciana de unos cincuenta años había echo un platillo de Francia, Ratatouille. Sonreí al recordar aquella tarde de amigos, hace mucho tiempo que yo no me sentía así, la casa se sentía llena de vida y color con la presencia de Gaten, Erick y Lizy. Pensé en Erick, y en esa misma noche, en ese beso. Nos besamos y está vez fue los dos estando conscientes de todo.
Recuerdo todas las palabras de Erick. Decidí hacerle caso, él tiene razón, tengo que seguir con mi vida. Y así será.
Me pasobel resto de la tarde viendo recetas de cocina en la televisión que tal vez nunca haga por falta de tiempo.
Apago la televisión, nada me llama la atención. Trato de dormir. Tampoco. Me recompuse en el sofá. Miro la hora en mi celular y me doy cuenta de que son casi las nueve, ya el cielo estaba oscuro.
Debería de irme a dormir, pero, eso es lo que menos quiero en estos momentos. Después de pensarlo tanto y quedarme sin ideas, tomo la decisión de salir.
Hoy saldré a embriagadora sola, sin que nadie me moleste.
...♡♡♡...
Erick
-Erick, ya paremos, llevamos mucho rato haciendo este maldito plano. -Gaten se queja y lanza todos los lápices sobre la mesa.
-Relajate. Ya vamos a terminar, no falta mucho. -respondo con tranquilidad sin mirarlo.
-Estoy cansado, Erick.
-Gaten, no sé si ya se te olvidó pero... -lo miro serio- mañana a primera hora tengo un viaje a Francia a primera hora, necesito todo listo para presentrale esta ideas aquellas personas, ¿entiendes?
Gaten bufo.
-Es mucho trabajo hermano.
-Éso debiste pensarlo antes de aceptar ser mi asistente personal. -le respondí severamente. Gaten pone lo ojos en blanco y siguió con lo suyo.
-Me siento como aquello tiempos en la escuela; que nos mandaban hacer láminas y carteles.
-Lo recuerdo. Pintaban más el suelo que la lámina. -sonreí.
-¿Te acuerdas de aquel chico que nos arruino la lamina que era la más hermosa de nuestra clase, con pintura marrón en nuestra exposición porque sentía envidia que la profesora nos haya puesto un diez? -me miró con los ojos muy abiertos.
-Como no olvidarlo -puso los ojos en blanco-. Salimos de la escuela como dos pedazos de mierda.
Gaten se río a carcajadas.
-Fue la mejor época. -sonrió con nostalgia.
-¿También te acuerdas cuando me pedías dinero para según tu comprarte unos tacos cuando en realidad usabas ese dinero para comprar condones para tirarte a todas las de nuestra clase?
-¡Cállate!, ni me lo recuerdes. El conserje del baño nos agarro en pleno acto junto la profesora de química.
-Gaten... la despidieron y todo por tu culpa.
-No es mi culpa, yo la seducí y ella no pudo resistirse a mí. -menciona con orgullo.
Lo miré y le reproche.
-Lo que hiciste fue una cochinada. Eres un cerdo. Tuviste relaciones con la maestra de química, únicamente para que te pasara la materia. Que al final no sirvió de nada porque aún asi la reprobaste -puso los ojos en blanco- y además... ¡¿A quien se le ocurre la idea de tirarse a su profesora de química en un salón de clases por la tarde?!, eso es insólito.
-Valió la pena. Esta buena la porfe Mariza. -se encoge de hombros restandole importancia y yo niego con la cabeza.
Nos concentramos en los últimos retoques del plano. Miro la hora en el reloj de mi muñeca, ya son las ocho de la noche. Todo el escritorio de mi habitación estaba lleno de lápices y reglas.
-Supé que Lucía regresó a trabajar.
-Sí, lo hizo.
-Me imagino que... fuiste a verla.
-Sí, lo hice.
-¿Y?
-¿Y qué? -lo miro.
-¿Qué pasó?
-Nada del otro mundo. Estuvimos haciendo la planificación para nuestro primer viaje. Solo eso. -respondo en voz baja.
-Hummm. Me da la impresión que algo más pasó, no sé por qué pero sí.
-Bueno... si pasó algo, pero no tiene nada que ver conmigo -Gaten alza las cejas en señal de que le siquiera contando-. Resulta que hoy Lucía iba a hablar con Hugo después de dos semanas y honestamente dudo que terminen bien. Le mandé un mensaje hace ya unas horas; lo leyó, pero no me contestó. -hago una mueca.
-Sería lo más lógico. Hay que darle un tiempo, Lucía debe de estar sumamente enojada y no queremos que le pase algo malo.-Él asiente.
-También le mandó flores.
-Lo hizo como para echarle teipe a la situación. Conozco esos trucos.
-Estoy preocupado. No por él, sino por ella...
-Ya tendrán tiempo para hablar. Con ese viaje que darán seguramente se le pasa. Deberías de hacer eso, hacer que se olvide de sus malos momentos por unos días.
Fruncí levemente el ceño. Tal vez tome muy en cuenta la idea de Gaten. Sería genial que, además de trabajar la pasemos un tiempo juntos para que ella se olvide sus malos y feos momentos. Además, es maravilloso porque es su país de origen.
Giro mi cabeza hacia la puerta cuando escucho los leves golpes. Mi madre asoma la cabeza.
-Hola, chicos, ¿puedo pasar?
-Mamá, ¿qué pasa?
Mi madre se adentra a mi habitación y cierra la puerta delante de ella. Se acerca a hasta nuestra mesa y observa todo el desastre.
-Parecen que han estado trabajando desde muy temprano.
-Si, tía, lo que me pone a sufrir su hijo.
Pongo los en blanco y miro a mi madre.
-¿Pasó algo, mamá?
-Necesito hablar contigo, Erick, pero si están ocupados puede ser después. -posa una mano sobre mi hombro.
-No, tía, no se preocupe, de hecho ya terminamos y yo ya me iba. Adiós, tía. -Gaten toma sus cosas rápidamente y sale de la habitación como alma que se lleva el diablo.
Dizque amigo mío. Traidor.
Lo fulmino con la mirada y él solo me sonríe y me hizo señas de disculpas. Parpadeo varias veces sin quitar la vista de la puerta por donde acaba de salir la persona que decía ser mi MEJOR AMIGO, estoy empezando a odiarlo.
Niego y luego miro a mi madre.
-Querías hablar conmigo... -ella asiente- ¿Sobre qué?
Noto como mi madre respira y aprieta los labios. ¿Por qué siento que esta conversación no va a ser agradable?
Se sienta en la silla al frente de mí, donde antes estaba mi "mejor amigo".
-Creo que se te olvido que tú y yo teníamos una conversión pendiente. Sabes de qué se trata, ¿no es así, Alexander?
Asentí con la cabeza, silenciosamente.
-No quería hablar de esto antes, con todo lo que ha pasado se me hizo muy difícil y además... no era el momento tampoco.
-Madre, ¿puedes ir al grano, por favor?
-Déjame hablar -me regaña-. Mackenzie habló conmigo hace unos días, por lo visto es un tema preocupante.
-Mamá, yo no sé lo que ta dicho Mackenzie, pero lo que sea es menti... -me interrumpió.
-Se trata de Lucía.
Fruncí el ceño.
-¿Lucía? ¿Qué tiene que ver Lucía en ESO que te contó Mackenzie?
-Mucho. -suspira y se remueve en la silla.
-Madre, Lucía y yo somos colegas, amigos, cuñados, nada fuera de lo normal. -me encogo de hombros.
-Pues eso se lo vas a tener que demostrar a la prensa y a los reporteros. Hace tan solo unas semanas estaban en la primera página del periódico. La gente piensa que entre tú y Lucía hay algo. Quiero que tú me respondas con toda la sinceridad.
-Entré Lucía y yo no pasa nada mamá - recalco-, ¿contenta?
Mi madre me observa en silencio, estudiaba mi rostro y luego aprieta la mandíbula.
-Erick, ¿con quién tú estás hablando? -me pregunta en voz baja, casi en susurro mientras no despegaba la vista de mis ojos, su expresión neutra me causa escalofríos- Mira, Erick, tú podrás mentirle a todas las personas que quieras, a la prensa, a los reporteros, a Mackenzie, a Hugo, incluso hasta tu padre... pero no a mí. Tú puedes mentirle a quien sea menos a mí, yo soy la mujer que te dio la vida y el ser, eres mi hijo y te conozco mejor que nadie. Y a mí no me cabe la duda que entré tú y Lucía están sucediendo cosas. Lo que sea que esté pasando entre ustedes dos ponle un alto y ya.
-Mackenzie te mandó a decirme todo esto.
-No. Yo misma he venido por mi cuenta. Porque me he dado cuenta de lo que está pasando. No lo arruines, Erick, no arruines todo lo que trabajó tu familia y que tanto le costó construir. Lucía representa un gran peligro para tu matrimonio y eso lo sabes muy bien, eso nos los va a llevar a nada, eso no tiene futuro, hijo, prométeme que lo que sea que exista entre ustedes dos se va a terminar.
Asentí con la cabeza silenciosamente mientras la miraba.
-Cariño, sabes que lo que te digo es por tu bien, y también para el bien de Lucía, porque ella siendo mujer, no le convienen este tipo de alborotos, lo sabes, ¿no? -asentí con la cabeza, mi madre me toma por las mejillas y me dio un beso en la frente- Buenas noches, hijo, descansa.
Mi madre me acaricia la mejilla con delicadeza y luego se fue de la habitación dejándome un sabor amargo por nuestra conversación.
Ella sabía.
Ella lo sabe.
En este momento siento una mezcla de confusión por todo lo que me acaba de decir. Miró el boceto de nuestro plano, lápices y reglas por encima del fino papel. El silencio es aterrador, casi que podía escuchar a las hormigas hablando dentro de las paredes, el mal sabor de boca que está conversación me provocó me dejó en las nubes. Miro la puerta de mi habitación, por una extraña razón, por un poco aterrador y gracioso a la vez, siento que mi madre puede escuchar lo que pienso a través de las puertas.
Ella es sin duda la mujer que no podía mentir, por más mínima que sea la cosa, yo no podía, después sentía un gran remordimiento de haberle mentido a mi madre. Trato de poner mi postura recta y terminar todo lo que había empezado, tomo el lápiz y cuando lo puse sobre encima del papel; mi mano no respondía, mi cabeza no estaba clara, empezaba a sudar frío, por una extraña razón, siento que nada va a terminar bien.
Dejo el lápiz a un lado. Me levanto de la silla y camino hacia mi cama, tomo mi portátil, todos hablan del regreso de Lucía. Después de dos semanas sin ir a trabajar; la gente la están volviendo loca.
Suspiro y cierro la portátil bruscamente, me acuesto en mi cama y me quedo viendo fijamente el techo.
Mi celular suena.
Me levanto de la cama y camino hasta mi móvil que se encontraba encima de la mesa acompañado de todos los lápices y reglas. Leo el nombre Lucía en la pantalla, fruncí el ceño y contestó.
-¿Hola?
-¡Erick! ¡Mi cuñado lindo!, ¿cómo estás?
-Bien...
-¡Me alegro! ¡Solo llamaba para decirte que te quieroOoOo!
Escucho música y gritos de personas del otro lado de la línea.
-Lucía, no te escucho, ¿estás bien?
-¡Te quieroooo!
-Lucía, ¿estás tomando?
-¡No! ¡¿Cómo crees, cuñis?!, yo no tomo y eso ya lo sabes. -escucho como se ríe a carcajadas.
-¿En dónde estás?
-¿Qué te importa?
-Dime en donde estás ahora.
-Sabes... ya me tengo que ir, otro trago me espera, ¡adiós!
-Lucía...
Trato de hablar, pero ya había colgado la llamada. Miro mi celular y solté un suspiro.
Ni entendí la gran parte de la llamada, pero logré darme cuenta de que estaba tomando. Miro la hora en mi celular, son casi las dos de la mañana, tomo mi abrigo y las llaves de mi auto. Salgo de la habitación sin que nadie me escuche, me fijo por los pasillos que nadie este, todo estaba tan oscuro, caminé en pasos lentos hacia afuera de la casa. Encendí el auto, pero antes; miré las ventanas para asegurarme de que nadie me estaba observando.
Arranque a las dos de la mañana en busca de Lucía.
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Updated 92 Episodes
Comments
Yandisita Perea Maturana
esta loca de lucia que que se decida erick o hugo
2023-03-01
1
Batichica🖤 TG
me encanta 💖
2023-03-01
0