Erick
La garbosa mesa de cuarzo blanco se extiende hasta el otro extremo de la mesa, es reluciente y pulida de perfección. Esta decorada con carpetas de cuero, tabletas digitales y botellas de agua. Los socios coreanos esperan serios, pensativos y orgullosos.
Miro mi reloj, la reunión no empieza y no puede darse inicio hasta que no venga y cuando lo hace, cruza el umbral de la sala como una reina, camina es pasos finos con sus tacones de aguja negros y lleva un vestido rojo carmín como sus labios, el cabello lo tiene suelto y cae detrás de sus hombros. Tan hermosa, tan elegante, tan bella.
Su belleza y presencia estimula las expresiones de los socios, le sonríen y hasta me atrevería a decir que se alegran un monton por verla. Ella le devuelve también la sonrisa y se desliza en su silla, su trono de reina en ls punta de la mesa; su mirada se cruza con la mía por breve segundos, me ha pillado y alza su ceja perfectamente depilada.
-Bienvenidos, señores Kim y Park. Agradecemos mucho su presencia y disposición para discutir esta alianza tan prometedora. Es un gusto
-El gusto es mutuo -ladea la cabeza y sus ojos con rasgos expresan su gratitud.
-Podemos dar inicio. Estamos proponiendo una sinergia que no solo optimiza recursos, sino que también abre nuevas oportunidades en mercados tanto emergentes como establecidos -continúa. Su pluma señala puntos clave en la pantalla digital detrás de mí-. Esto garantiza una mejora del 30% en las ganancias netas para ambas partes en el primer trimestre.
Kim interviene, su voz grave llenando la sala-: ¿Y cómo planea su empresa manejar los riesgos asociados con las fluctuaciones del mercado?
Lucía sonríe y y eleva un ceja; le gusta la pregunta.
-Excelente pregunta -respondr, con una sonrisa calculada-. Hemos incorporado mecanismos avanzados de análisis predictivo y equipos de respuesta rápida para adaptarnos a cualquier perturbación en el mercado. Además, nuestras alianzas locales y diversificación de productos minimizan significativamente esos riesgos.
Kim y Park intercambian una mirada aprobatoria. La tensión en la sala disminuye un poco.
Lucía sonríe, apenas perceptible, pero lo suficiente para que note su aprobación. Yo concluyo, ofrezco una serie de cláusulas de seguimiento que no solo aseguran nuestra colaboración, sino que también proponen encuentros trimestrales para evaluar y ajustar nuestras estrategias conjuntas.
-Estamos dispuestos a firmar -dice Park finalmente, su tono formal pero decidido.
Al final, las manos se estrechan, los acuerdos preliminares se firman y la satisfacción es palpable. Salgo de la sala, sabiendo que he cumplido con mi deber, tanto para Bernard Enterprises como para la mujer que significa más de lo que alguien pueda imaginar.
Después de que la sala es despejada, Lucía se despide y se retira satisfecha y con las mejilla sonrojadas, yo espero minutos para ir tras de ella y voy a su oficina, la puerta está abierta, tomo el atrevimiento de entrar y cierro los ojos un momento aspirando ese abrumador perfume de mujer que ha de romper los corazones de un montón de hombre. Lucía habla por teléfono, está de espaldas mirando hacia a fuera, lo habla en francés y yo me siento en la silla que está en frente de su escritorio. La oigo con el corazón, disfrutando de cada acento y de su voz femenina. Encima de su escritorio hay una carpeta y una alapto negra, al costado esta su cartera negra de Dior y puedo notar como hay un lápiz labios, polvo y un perfume. Tomo nota mental de aquel perfume.
-Parfait merci. À plus tard -se despido y retira el teléfono de su oreja. Sujeta un suspiro y se da vuelta y cuando nota mi presencia, sobresalta y sus bellos ojos azules se abren.
Se pone la mano en le pecho y ríe.
-¡Me has asustado!
-No era mi intención. Vine porque quería decirte que estuviste impecable en la reunión. Hace mucho tiempo que no te veía desenvolverte tan bien, te veías tan poderosa, tan profesional... no pude apartar tan siquiera la mirada de ti un instante.
Ella esconde un mechón de su cabello detrás de oreja y se sienta detrás de su escritorio.
-Bueno, soy la que lleva el timón en esta empresa. Mi deber es eso y si quiero que ellos confíen en mí, primero tengo que confiar en mi misma, ellos tienen que quedar convencidos de que nuestra propuesta en beneficiosa para ellos. No será la primera vez que me verás así.
-Y eso me alegra. Es realmente fascinante ver a una mujer exponer como una reina en frente de una sala llena de hombres. Tu padre estaría muy orgulloso.
Ella sonríe, pero es una sonrisa tristeza y por un segundo me arrepiento por haber dicho eso.
-Gracias, de veras.
-También es hermoso oírte hablar en francés, en la escuela casi nunca lo hacías.
-Nada más lo hacía en casa con papá, él no se acostumbró mucho al alemán a pesar de tener casi dos décadas aquí, en cambio, yo vivo aquí desde los dos años -no para de sonreír.
Siento una leve punzada el pecho que me corta ls respiración, mi corazón late con rapidez y desvío la mirada hacia sus manos. Sus manos son perfectas e impecables, lleva anillos de oro y las uñas escarlata. Que sensual.
-¿Te gustan mis uñas? -Alza las manos y mueve los dedos, emocionada y vaya que lo está.
-Están hermosas. Tu manicurista hizo un excelente trabajo.
Se sonroja más.
-Oh no. No fui a la manicura. Me las hice yo misma. No suelo ir tanto a los salones, sabes. Algo que no tengo mucho en común con las mujeres de nuestra clase, la mayoría piensan que me la paso todo el tiempo metida en una salón de belleza por mi aspecto, pero lo cierto es que Lizy me ha enseñado mucho de cómo debo de cuidar mi imagen.
-Vaya. Eso es sensacional. Puedo imaginarme como ha de sentirse una mujer cuando se ve bella o se siente arreglada. Mi madre suele presumir a casa momento que se hizo las uñas o se retocó el pelo.
Ambos nos reímos y conversamos como amigos de toda la vida, aunque si lo somos, solo que no llegamos a tener tanta cercanía como ahora me hubiera gustado. Lucía es agradable, en gentil y sensible, tan curiosa y hermosa que no puedo evitar querer estar cada vez más cerca de ella.
...⸺⚋ׅ 🥀ׁ ⚋⸺ׅㅤ🥀ㅤׁ⸺⚋ׅㅤ🥀ㅤׁ⚋⸺...
Después del mediodía. Voy con mi camioneta para recoger a Mackenzie en casa de sus padres, pues hoy en la primera cita con el ginecólogo y he de admitir que estoy nervioso y emocionado, tanto que se me olvidan nuestros problemas.
Le abro la puerta del copiloto y ella sube con elegancia y se abrocha el cinturón.
-¿Estoy linda hoy, cariño? -Me pregunta y luego aletea sus pestañas.
Lleva un vestido azul celeste ceñudo al cuerpo, dejar al descubierto sus blancas y bellas piernas, se ha hecho unos bucles en el pelo rubio y los ojos le brillan. Esta despampanante.
-Sí, te ves muy bella hoy. Aunque te hubieras puesto algo más cómodo para la revisión.
-¡Mamá me dijo lo mismo! Pero de seguro no hace falta -se acaricia el cabello con arrogancia.
Salimos de su residencia y conduzco hasta al médico. He hecho cita con unas de más mejores ginecólogas de Berlín, es una prioridad que Mackenzie tenga lo mejores cuidados y atenciones posibles, aunque ese niño pueda que no sea mío, me rehuso a no estar al pendiente.
-Pase adelante. Puede cambiarse la vestimenta y ponerse una bata. Según su registro médico, tiene un poco más de cuatro semanas, el bebé está aún muy pequeño y aremos un ultrasonido vaginal.
Mackenzie sigue órdenes y se cambia detrás de la cortina, sale a los pocos minutos y se sienta encima de la camilla.
-A ver, aver, a ver. Busquemos a ese pequeñín -dice la doctora mirando la pantalla.
No pasan muchos segundos. Ella lo encuentra. Es un cosa diminuta lo que hay allí mostrándose, ese es el bebé. Por supuesto y como es recurrente, se me ablanda el corazón y cada parte de mí, podemos oír sus latidos, son rápidos ¡Pum, pum, pum! Yo sonrío y siento su mano apretar la mía, inconsistentemente también lo hago y se me olvida su traición. Es mi bella prometida Mackenzie que jamás me ha engañado, a quien quiero y la adoro más cada día.
-¡Es nuestro bebito! Míralo, es tan pequeño como un frijol.
-¿Está bien, doctora? -Le pregunto yo.
La doctora frunce el labio y se ajusta los lentes.
-No tiene el peso adecuado, lo cual es preocupante. Es importante alimentarse bien, los primeros meses son los más difíciles porque son cuando la madre tiene a mayor posibilidades de padecer un aborto. No use ropa ropa ajustada, evite ciertas bebidas y comidas. Le daré un recipe con algunas vitaminas que deberá de tomar en el embarazo.
Aquello me hizo soltarle la mano y volver ponerme sombrío. Para cuando ya salimos de la clínica, Mackenzie habla sin parar, pero en ningún momento menciona al bebé ni quiera sobre su alimentación.
-No te has alimentado bien.
-Sabes que no me gusta mucho comer, suelo hacer dietas estrictas por mi trabajo. La semana que viene tendré una sesión de fotos con temática de otoño. No puedo estar gorda.
-Estoy seguro de que tal vez se trate de ropa ancha y abrigada y no se darán cuenta. Mackenzie, quizá deberías de dejar de modelar hasta nazca el bebé.
-¿Y perderme las mejores temporadas y darle el gusto a esas tontas que me quieren fuera? Olvídalo, Erick.
-Es por el bien de tu hijo. Piensa en él. No lo hagas porque yo te lo pido.
Ella bufa y se mira en su espejo y de cosméticos. Se arregla el cabello y se inspecciona el maquillaje.
-¿Te llevo a tu casa? Deberías descansar.
-No quiero. Mejor llévame a cenar a un lugar lindo.
-¿Qué quieres comer? ¿Has tenido algún antojo?
-¡Ahora que lo recuerdo, sí! Está mañana me dieron muchas ganas de tomar o comer algo acido. Pero ahora siento asco y prefiero helado con pepinillos y crema de chocolate.
-Pues, dudo mucho que vendan esos helados. Podemos comprar uno en la tienda y ponerle pepinillo.
-No parece mala idea.
Bajo a una tienda y dejo a Mackenzie en el auto, me hizo proemterle que no tardaría mucho y regreso con dos botes de helados: fresa, chocolate y vainilla.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 92 Episodes
Comments
Maura Pericana
llegué al capítulo 14, está historia continúa?
2023-02-13
2