Lucía
-¿Por eso me dejaste? ¿Para luego irte a buscar consuelo en brazos aquel imbecil? -Hugo grita y su voz grave hace en el salón de mi penthause.
Intento mantener la calma, pero siento un hormigueo y ganas tremendas de vomitar, ganas de correr hacia el baño y clavar las rodillas en el suelo y sacar toda mi pena.
-¿Me dejaste por él? Eres una enferma, Lucía.
No tengo fuerzas para decir nada. Mi cuerpo parece una bolsa de agua en el sofá, lo siento pesado y hasta dormido. Tengo la bata de dormir y hace demasiado frío.
-Que sepas que eres una cualquiera. Una sucia e infiel mujer que no tiene vergüenza, no te importó que la gente tomaran fotos, tu imagen y tu orgullo están por el suelo. Eres una asco.
-Hugo, tienes que saber que no pasó como tú piensas, Lizy me invitó a salir y nos encontramos con Erick y Gaten. Solo bailábamos.
-Me terminaste para tener un maldita conciencia tranquila. Eres una descarada, no me canso de decirlo.
-Ya habíamos terminado, Hugo.
Él abre las piernas se inclina y su rostro queda tan cerca del mío que siento que en cualquier momento va a darme un manotazo o me va a arrastrar por lo cabellos.
-¡Pero yo no me fui a revolcar con la primera ramera que me cruzó en el camino!
Comienzo a ver doble y las náuseas están en la punta de mi garganta, estoy viendo destellos que me cubren en el campo de vista y la cara se me voltea. Dios mío, ¿qué me está pasando?
El sonido del timbre se escuchan tan lejos, Hugo va en pisoteadas y abre la puerta.
-¡Pero miren nada más! Es el rey de Roma, el que faltaba.
-Hugo, desde afuera se escuchan tus gritos.
-No me importa. ¡Tengo todo el derecho de gritarle a quien sea que Lucía Bernard es una cualquiera!
-¡No hables así de ella! No vuelvas a hacerlo, Hugo.
-Eres un desgraciado, un traicionero...
-No vuelvas a hablarle así, porque te juro por mi vida que vas a salir perdiendo. ¡Fuera de aquí!
Oigo a Hugo replicar pero no tengo tiempo fe escucharlo, pues justo cuando me pongo de pie para correr al baño, una arcada se hace presente y aquel líquido biscoso sale de boca.
-¡Oh Lucía! -Siento las manos cálidas de Erick tomarme por los hombros y luego aparta mis cabellos de la cara.
Vuelvo vómitar sin parar y mis piernas flaquean y siento caer, pero sus brazos me sujetan antes de que mi cabeza se estalle contra el duro suelo de mármol. Erick llama mi nombre un montón de veces, pero su voz parece tan lejana y quedo inconsciente.
...♡♡♡...
Despierto y siento una fuerte punzada en la cabeza, la superficie en la que reposa mi cuerpo es esponjosa y la textura de la tela me hace saber que estoy en una clínica.
-Ya despertó, ya era hora -Oigo una voz grave, demasiado grave de tono jovial.
Hago el esfuerzo para recomponerme y me siento en la camilla; todo me da vueltas.
-Señorita Bernard, un gusto, soy el doctor Shepherd, me temo que es primera vez que nos vemos. Por si se pregunta, la ha traído el joven Erick Fürts, no se preocupe, soy mi amigo de la familia. ¿Cómo se siente?
-Mareada, muy mal.
-Es normal, pero ya pasará. Tendrá que tolerarlo al menos los próximos meses que faltan.
-No entiendo.
El viejo doctor toma un sobre que está encima de su escritorio, se acomoda las gafas y se acer en pasos lentos.
-Te hice algunas muestras de sangre. Tiene los niveles muy bajos, pero nada que no se pueda mejorar. Lo del hormigueo y la ansiedad puede deberse al estrés o sl pánico. Además, de que se encuentra usted embarazada, ocho semanas, aproximadamente. Puede enjuagarse la boca aquí, hay pequeño lavado del otro de esa pared.
Su noticia me hace reír y tengo que taparme la boca.
-Debe de haber un confusión, doctor. Verá, yo tomo la píldora, soy muy responsable en cuanto se trata de esto. No puedo estar embarazada.
-Comprendido, no es el momento, pero los análisis no mienten. Está embarazada, le recomiendo que visite a un ginecólogo para que revise como está el feto. Tome -me tiende el sobre y un folletos de embarazo y yo todavía suficiente en shock. Me habla y explica unas cosas pro no puedo oírlo.
Embarazada. Un bebé. Un hijo.
Para cuando salgo del consultorio no soy consciente de que alguien me sigue por detrás y no es más que nadie que Erick.
-¡Lucía, ey! ¿Cómo estás? ¿Qué te ha dicho el doctor?
Me giro a verlo pero no soy capaz de responder. Erick baja mirada a los papeles que tengo en manos y se percata de aquel folleto de embarazo que me ha dado el doctor. Su expresión cambia y se vuelve tan sombría como la mía, pero cuando regresa sus ojos en mí, veo nada más que tristeza.
En el regreso a casa, no decimos nada, en el ascensor menos. Cuando estamos adentro, el estómago se me revuelve al percibir un olor nauseabundo.
-Te llevaré a ti habitación para que puedas descansar. Vamos. ¿Puede subir escaleras?
Pero antes de que puede responder, siento mis pies elevarse. Erick me coje en sus brazos y sube las escaleras hasta llegar a mi habitación, me deja encima de las sábanas lilas de seda y me arropa hasta el dorso.
-¿Quieres que te traiga algo? Un vaso de agua te haría bien, tienes los labios muy resecos.
-Un vaso de agua está bien.
Sale de la habitación y regresa en cuestión de segundos con un vaso de vidrio lleno de agua y casi se acerca para dármelo en la boca.
-Gracias de veras.
Erick parpadea tomado asiento en la cama en frente de mí, veo su rostro con claridad y soy capaz de jurar que jamás he visto tanta misericordia en un ser humano.
-Tendría que ser un completo bastardo para dejarte sola. Yo jamás te dejaría morir, Lucía.
-Parece que tu hermano sí.
-Hugo esta ahora tan enojado que no entiende razón. No lo justifico, pero prefiero que se haya ido, su presencia sólo empeoran las cosas.
Estiro el brazo para deja el vaso en la mesita de noche después haberlo vaciado entero, pero Erick me lo arrebata rozando sus dedos con los mío.
-Voy a tener un hijo -respondo con la voz entrecortada.
-Eso parece -Erick le da una mirada fugaz a mi vientre.
-Pero no estoy feliz. Ni siquiera sé si realmente quiero tenerlo.
-¿Por qué dices eso?
-No me siento capaz de tener a un niño ahora, no quiero traer un hijo en estas condiciones.
-Te aseguro que cambiarás de opinión cuando oigas su corazón.
-Puede ser. Aunque, aún no he pensando que voy a hacer.
La palma de Erick abraza mis manos por encima de regazo.
-La decisión final está en tus manos. No te sientas presionada a nada que no quieras a hacer. Ni siquiera tienes que volver con Hugo por el bebé, no si tú no quieres.
-Si decido tenerlo, me veré obligada a casarme. No quiero que la gente tache a mi hijo como un bastardo, quiero darle un hogar con sus dos padres.
-La decisión está en tus manos.
-¿Crees que Hugo quiera volver?
Erick desvía la mirada.
-Puede ser que sí. Sería un imbécil si no, aunque, a decir verdad ya lo es. Para empezar, si yo fuera él jamás te dejaría allí tirada y menos te hubiera... -corta las palabras de manera abrupta.
-¿Jamás qué...?
-Jamás te hubiera tratado como lo hizo -su mano se acerca a mí rostro, borra aquel lágrima que se ha delicado por mi piel reseca-. No permitas nunca que nadie te trate así, nadie tiene derecho.
-Erick... -mi voz sale junto con sollozo.
-Shh, está bien.
-Estoy muy asustada -me irgo en la cama y mis brazos buscan los suyos, rogando que me abrace.
-Querida, siento tanto esto. De verdad lo siento.
Él me abraza fuerte, como nunca antes nadie me ha abrazado. Me permito recostar mi cabeza en su hombro y llorar, a mi adentros, en los ms profundo de mí, deseo con todo el alma que este hijo que espero fuese de él.
-Abrázame fuerte, Erick -le susurro cerca del oído.
En mi llanto, dejo escapar toda mi frustración y culpabilidad.
-Oh, Lucía, por favor, ya no llores más. Dime que hacer para hacerte sentir mejor, haré lo que sea.
Su aliento se topa con mi mejilla y siento un escalofrío que me eriza el cuerpo. Lo tengo tan cerca de mí, muy, pero muy cerca y me muero de ganas por besarle los labios. Quiero pedirle con que me bese, pero no tengo el atrevimiento para hacerlo.
-Lucía.
Dice mi nombre de una manera tan sutil, encantadora como una caricia. ¿Puedes leer mi mente? Sus labios rozan con los míos y siento temblar cada parte de mi ser.
-Esto no es correcto -digo entre sus labios.
-No me arrepiento de nada, absolutamente de nada. Yo puedo ser tu consuelo, todas las veces que quieras, estaré aquí para abrazarte...
-Debes de irte.
-No, no puedo irme porque me necesitas aquí contigo.
-Detesto admitirlo, pero yo tampoco me arrepiento de nada y no quiero que te vayas -mi manos acarician sus patillas-. Besame, Erick, besame como...
No lo piensa y atrapa mis labios. Confiando plenamente que nadie no está mirando, que estamos lejos de los ojos ajenos y que nadie puede juzgarnos; nos dejamos llevar, nos besamos anhelanción. Su boca como un jugosa fresa, un chocolate que se derrite en nuestras bocas. Su lengua se desliza por mi mandíbula y me besa el cuello. Suelto un suspiro fuerte al sentirme inmensamente deseada, adorada y querida por él, por Erick.
-Erick.
-Dime que lo que quieres, Lucía.
-Quiero estar contigo. Quiero que me hagas el amor ya, aunque después me sienta culpable, quiero arriesgarme una vez más.
Erick vuelve a besarme y deja caer su abrigo y después el saco, aflojo s corbata con las manos temblorosas y mis dedos se delizan hacia sus botones. Su mano se plata en mi pecho y recuesta la espalda del colchón, se quita la camisa y regresa para besarme.
-¿Tienes idea de lo hermosa que eres? Déjame quererte, Lucía. Déjame entrar en lo más profundo de tu ser aunque me luego me ahogue en mi sufrimiento.
Nos despojados de toda la ropa y se pociona entre mis piernas y a los poco segundos, ahogo un quejido entre sus labios cuando se desliza adentro de mí y me posee con su viveza y vigor. Me hace chillar entre sus labios, entre su belfos. Me está haciendo el amor por segunda vez con ternura, me acaricia y besa cada parte de mi piel, su toque es como un veneno que se adhiere y penetra cada célula de mi cuerpo.
Mi gemidos se mezclan con sus quejidos y junto con ellos, también lo hace el sonido de su celular en el suelo. Erick parece no oírlo, no le hace caso.
-Tu celular...
-Déjalo. Responderé después -dice y su manos serpentea por mi muslo y pasa su brazo por debajo de la articulación de mi rodilla.
Su fricción me está volviendo loca. A medida que pasan los minutos, he alcanzado el clímax dos veces, para mi tercero, lo alcanzo estando encima de él y Erick también. Me hago a un lado y me dejo caer suavemente en el colchón, Erick tiene los ojos cerrados y respira lentamente. Poco a poco a me voy quedando profundamente dormida en mi habitación forradas en la penumbras y la tenue luz a través de las pesadas y espesas cortinas.
...♡♡♡...
Para cuando despierto, el otro lado de mi cama está vacío. Parpadeo lentamente y me acurruco entre las sábanas y recuerdo lo que pasó hace, quizá, unas horas. Inevitablemente sonrío.
Un hora después de estar echada en la cama, voy camino a darme un baño en la tina mármol negro y me lavo el pelo. Cuando bajo las escaleras a la velocidad de una tortuga, me percato que aquel charco de vomito nauseabundo ya no está y huele a limpio, en la encimera de la cocina hay un plato con fruta, jalea con pan integral. Claramente, esto lo hizo Erick.
...♡♡♡...
Ya por la noche. Recostada en mi cama, me pongo a pensar en los sucesos de las últimas semanas. Si bien, había sido infiel a Hugo con su hermano en aquella noche, algo que admito con la vergüenza por el suelo, pero Hugo nunca lo sabrá. Mi acercamiento con Erick tiene que tener fin, mientras el siga soltero y yo sola, mi imagen corre peligro.
Reflexiono a cerca del bebé, cuyo destino tenía yo que decidir cuanto antes. Comienzo a hacerme la idea de vivir un mentira si me caso con Hugo, un matrimonio que no va a haber amor, o por lo menos, no de mi parte pero haría lo posible para que este bebé crezca rodeado de amor. Quizá, es mi manera de abrir un nuevo capitulo en mi vida.
El teléfono comienza vibrar a mi costado, es Lizy.
-Hola, Lizy.
-¿Dónde estás? -Pregunta y su voz suena cansada, agitada, tal vez.
-En casa. ¿Qué ha pasado?
-Estamos en la clínica, Erick a sufrido un atentado y esta herido. Ha perdido mucha sangre y..., ¡Oh Lucía, tienes que venir cuanto antes!
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