Erick
Abro la cajetilla dorada de cigarrillos, extraigo uno y lo enciendo. Escupo humor por la boca y me acomodo mejor en el sillón de cuero del bar. Cierro los ojos por unos segundos y permito de disfrutar de ls canción Blue Moon de Dean Martin que vuela por el eminente cálido y sensual bar. La iluminación predominante es roja, los sillones son rojos, la mesas y los suelos son de madera lisa oscura, las paredes tiene tapices vinotinto, en la tarima hay vun piano con micrófonos, pero nadie canta. Los candelabros de cristal amarillentos están esparcidos por el techo y la luz es muy tenue. Agradezco inmensamente que no haya mucha gente y Gaten hace lo mismo, mi compañero está tan relajado como yo, fumando un cigarrillo con un vaso de whisky con hielo, lo contrario a mí, yo tengo una copa de vino entre los dedos. Levanto mi copa observando cómo la luz del local atraviesa el líquido oscuro, antes de tomar un sorbo. El sabor robusto se mezcla con el aroma del tabaco mientras inhalo profundamente de mi cigarrillo.
-Es genial poder relajarse así -continúo, dando una última calada a mi cigarrillo y apagándolo en el cenicero-. A veces, parece que la vida pasa corriendo y no nos detenemos a disfrutar de estos momentos.
Gaten sonríe, girando su vaso lentamente entre sus manos.
-Exactamente. Es en lugares como este donde podemos realmente desconectar. A veces lo olvido, ¿sabes? Lo bien que se siente simplemente estar, sin preocuparse por lo que viene después.
Otra copa de vino y más de ese jazz nos anclan al aquí y ahora. La conversación fluye sin esfuerzo, como el humo que nos envuelve. Nos quedamos así, hablando sobre cosas pequeñas y grandes, riendo suavemente y disfrutando de la compañía mutua, mientras el bar sigue respirando al ritmo cadencioso de la música.
El tiempo, por una vez, parece ser nuestro aliado. No hay otro lugar donde preferiría estar en este instante que aquí, con mi buen amigo, en sintonía con la melodía de la vida.
Ya es de noche, un poco tarde.
-Estoy pensando en invitar a salir a Lizy, es una mujer realmente agradable e inteligente. Ella me gusta y mucho -menea la cabeza y hace un movimiento de cejas.
-Es ella una gran mujer -digo y asiento.
-En mi vida, no pienso casarme con ninguna mujer que ni sea ella, pues es ls mujer de mi vida y a ls que quiero como madre de mis futuros hijos.
Gaten es un mujeriego de pies a cabeza, le fascinan las mujeres, pero sobretodo Lizy Coach, aquella de mujer de piel morena y cabellos oscuros, tiene una gran inteligencia y mucho carácter, siempre he pensando que es la mujer perfecta para volver loco a mi viejo amigo.
‐¿A veces me pregunto de que hablarán Lizy y Lucía de nosotros cuando están solas?
-Supongo que, hablan de que eres un mujeriego y que lo haces promesas a todas las mujeres que pasan por tu lecho.
Gaten pone los ojos en blanco.
-¿De ti que dirán?
-Que soy un hombre ejemplar, que soy multimillonario, guapo, un excelente bailarín y toco el piano tan perfecto como Chopin.
-¡Sí aja! Eso es lo que piensa Lucía, ¿que piensas tú de ella?
-Que es una preciosa mujer, la admiro muchísimo. Estábamos en una reunión cuando noté aquel brillo y fortaleza de una mujer, se veía tan poderosa y optimista, tan segura de sí misma que quise retratarla en aquel momento. Los demás socios estaban embelesados por su espectacular belleza y ni hablar de su voz. Es mi hermano un hombre afortunado; no entiendo como pudo engañarla.
-Hablas como un hombre enamorado. Si vieras como te brillan los ojos cuando solo pronuncias su nombre. ¿No te estarás enamorando de ella?
Doy una última calada al cigarrillo y lo apago en el cenicero.
-Me conoces, Gaten -le miro a los ojos-. Más que a yo a mi mismo me atrevería a decir. Desde esa noche, he de reconocer que no he podido dejar de pensar en ella, Lucía me atrae muchísimo, es como un sentimiento fuerte de querer verla todo el tiempo, de admirarla y hablar con ella. Es guapísima físicamente, aunque eso no es secreto, su belleza externa es única.
-Yo opino que te estas enamorando.
-Puede ser -desvío la mirada a mi copa -. Pero no puedo olvidar que soy un hombre comprometido y que ella es la novia de mi hermano, más sin embargo, ellos nos traicionaron, lo que pasó con Lucía aquella noche fue un impulso lleno de rabia.
-¿Las has vuelto a cortejar?
-No hemos vuelto a hacer el amor si es lo que preguntas, aunque casi lo hacemos en el despacho de mi padre. Hugo llegó justo cuando la cosa se estaba poniendo más candentes. Además, noto esa cierta tensión que hay entre nosotros, puedo percatarme de cómo me mira y mueve las pestañas, su sonrisa al verme y cuando rozo mi mano con la suya. Definitivamente, hay tensión en ambos.
-Se llama atracción sexual. Es más que obvio que te mueres de ganas por volver a estar con ella -dice como si nada y bebe de su vaso de rocas-. ¡Vaya, vaya! Hablando de nuestros tormentos, aquí vienen ellas.
Me giro hacia atrás, desde en la entrada viene las dos mujeres protagonistas de nuestra conversación. Ambas están muy guapas, pero yo solo tengo ojos para Lucía, quien lleva un hermoso vestido blanco forrado al cuepo, sin mangas y de sus hombros cuelga un abrigo blanco, su cabello está suelto como de costumbre y sus labios son rojos como el carmín.
-Le diremos que de sienten con nosotros y, cierra la boca que se te está cayendo la baba.
Cierro la boca como el dice y me giro al frente. Gaten alza la mano y la agita.
-Allí vienen -me susurra y yo comienzo a ponerme nerviosa de uns manera absurda que las manos me comienzan a sudar -. ¡Buenas noches, bellas damas! ¿Cómo se encuentran?
-Nosotras estamos estupendas -responde Lizy-. Que coincidencia encontralos por aquí.
-Vinimos aquí después de la oficina. Pero ustedes parecen que van a la alfombra roja, ¿Acaso se escaparon de un revista Vogue?
Lizy ríe pero Lucía no, ella solo esboza una pequeña sonrisa y cuando su mirada se encontraba con la mía, la aparta y noto aquel sonrojo en sus mejillas.
-¡Siéntense con nosotros!
Gaten y yo nos ponemos de pie para darle paso a las chicas, Lizy pasa por el lado de Gaten y Lucía por mi lado, de modo que ahora ella son el centro y los hombres del lugar las ven a ellas con admiración y fascinación y a nosotros, nos ven con envidia y desdén.
-Pidan lo que quiera, la casa siempre invita para ustedes, bellas damas. ¡Para ti no, Erick! Tú sí pagas lo que tomes.
Nos sometemos a una agradable con conversación de viejos amigos, es divertido; Gaten comentarios graciosos y Lizy se ríe soltandole palmadas en el hombro con coquetería, invita a Lucía a la conversación, ella parece ida, distraída y triste. Quisiera saber por qué.
Cuando Gaten invita a Lizy a bailar, aprovecho que nos quedamos solos en la mesa y le pregunto:
-¿Todo está bien, Lucía? Te noto un poco afligida.
Ella suspira como un cordero degollado. Parece una dama de los cincuenta en apuros.
-Me siento un poco decaída, pero estaré bien dentro de unos días.
-¿Qué te ocurrió?
-No sé si sea prudente que te lo diga.
Alzo una ceja, mi interés en saber comienza a incrementarse.
-Dímelo por favor. -Atrapo su mano encima de de su regazo, ella alza su mirada y me topo con sus ojos, en ellos percibo algo, una extraña mezcla que comienza a aturdime.
Sus pupilas se delitan, sus mejillas se sonrojan como una flor y desvía la mirada, pestañea y comienza s hablar lentamente.
-Esta mañana he terminado con Hugo.
Frunzo el enrejo con estupor. De todas las cosas que me esperaba que me dijera, esta sin duda era la última.
-¿Por qué?
-Por ti.
Su respuesta me deja más boquiabierto, pero más pasmado me deja cuando no aparta la mirada de mis ojos, no huye y lo expresa ante mí con libertad.
-¿Por mí? -Titubeo y me enderezó en el asiento-. ¿Por qué yo?
-Porque desde aquella noche -comienza a decir en voz baja-, muchas cosas han cambiado en mi vida, ya no me siento de la misma forma, de repente mi relación con Hugo me pareció insípida, no existe esa conexión, no le quiero como a él le gustaría y además... me siento culpable.
-Sé a lo que te refieres, pues desde entonces yo también me siento diferente. Pienso mucho en ti, más de lo que debería.
-Esto no está bien. El que haya terminado con Hugo no significa nada.
Para mí sí, y demasiado.
-Hiciste lo correcto. ¿Quieres bailar? -Tiro de su mano para que de levante, no pone objeciones y se deja hacer.
Nos unimos a las demás parejas, subo sus manos a mi hombro y cruza los dedos debajo de mi nuca y mi brazos se enrosca en su pequeña cintura y y siento sus cabellos rozar con en el dorso de mis manos.
La música es un jazz lento y muy sensual, nos balanceamos como olas de mar. Comienzo a sentirme terriblemente mareado, su perfume, sus ojos, su nariz, su rostro, todo de ella me abruma. Sus ojos que no se apartan de los míos me dicen tantas cosas y yo me muero de ganas por besarla hasta dejarla sin aliento.
-Puede que sea uns locura completa lo que estoy a punto de decir, pero no me arrepiento. No me arrepiento de cada segundo que estuvimos juntos, no me arrepiento tan siquiera haber ido a tu casa.
-Estamos jugando con fuego. No sigas.
Un instante más, y mis labios rozan los suyos, pero algo dentro de ella logra detener el beso. Se aparta, aunque solo un poco, como juntando la fuerza para alejarse.
-No..., yo dejé a Hugo y...
-Eres libre. Dejemos que esto fluya. Deja de lado todo pensamiento de culpabilidad y entrégate.
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Nuestros labios chocan con una intensidad que casi me deja sin aliento. Siento sus manos en mi espalda, explorando, apretando, como si quisiera asegurarse de que estoy realmente aquí, en estos momentos caóticos cargados de pasión. Su piel es suave bajo mis dedos, y no puedo evitar perderme en el sabor de sus labios, una dulzura apenas tintada del vino que compartimos
-Esto es una locura -susurra entre nuestros besos cuando mis labios viajan a su cuello. Ella echa su cabeza hacia atrás y la recuesta en aquella pared del callejón en medio de la oscuridad-. Por esta misma razón terminé con Hugo, porque lo único que yo hago es pensar en ti, Erick.
Nos volvemos a besar, esta vez con más urgencia. Sus manos se enredan en mi cabello mientras las mías recorren la curva de su cintura, siguiendo cada contorno, memorizando cada detalle. El callejón se convierte en nuestro pequeño universo, y el sonido distante de la ciudad desvanece.
Mis manos serpentean por sus piernas debajo de la falda y siento un deseo exasperado e impaciente de introducirme dentro de ella.
-Erick, no. Aquí no.
-Entonces, vamonos a otro lugar. Hay un hotel cerca de aquí, podemos...
-No. Tenemos que detenernos. Lo que sucedió no puede volver a pasar. Tengo que irme, alguien puede vernos.
Lucía me hace a un lado, recoge su abrigo del suelo y se va, la veo alejarse en pasos apresurados sobre sus tacones blancos de aguja, hasta que desaparece.
Estampo mi puño contra aquella pared de ladrillos y mi frente descansa en él, cerrando los ojos. Esto va a desesperarme y ha consumirse. Pienso. Si bien antes no tenía deseos de estar con Lucia de manera de íntima, ahora es en ello en lo único que pienso, y sin pudor, pues mi deseo de volver a estar con ella sobrepasa mi moral. Olvido quien fue ella para mi hermano y de mis compromisos.
Suelto un suspiro frustrado y salgo de aquel callejón, cruzo el bar e ignoro los llamados de Gaten.
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Para la mañana siguiente, aun sigo acostado y con la cabeza hundida y pesada como un cañón sobre las almohadas de plumas, huelen a detergente al igual que toda la cama. Suelto un quejido, dormitando. Una punzada de dolor me aprieta la cien y entorno los ojos. Oigo voces, como gritos a fuera y no son precisamente los de Evelyn y Mamá, está vez son los de Mackenzie.
-¡Esto es abominable! -Oigo su voz al fondo, parece un sueño.
La puerta de abre con fuerte estruendo, la manija se estrella con fuerza en la pared su chillido me hace despertar y ponerme con flecha en la cama. Mackenzie muy enojada tira en mi cara una revista, cae entre mis pies y me agacho para cogerlo.
Me quedo boquiabierto, anonadado, se me corta el aliento cuando leo en la portada: El empresario, magnate de negocios y heredero de la fortuna Fürst y su cuñada Lucía Bernard empresaria y multimillonaria, fueron vistos juntos en un bar de Berlín.
En la foto, claramente somo nosotros bailando, ella con su vestido blanco y yo con mi traje azul marino. Se nos ve muy juntos, parecemos una pareja de verdad. Pasó las demás páginas para encontrar más información y doy gracias al cielo de que no halla información y fotos de nuestro momento en el callejón detrás de ese bar.
-Hugo está furioso, salió de casa echando humos por las orejas.
Mi madre se une a la discusión en mi habitación, nos mira con incertidumbre.
-Ya he visto las fotos. ¿Es qué no te importa la reputación de esta familia? Hugo está hecho una bestia.
En ese momento, me pregunto si sabe de la ruptura de Lucía y Hugo. No digo nada y me dejo caer en la cama con ma cabeza entre las manos. Esto va a ponerse cada vez mucho peor.
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