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Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO
Popularitas:626
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Agustina Iglesias OG

Segunda parte

Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.

Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️

NovelToon tiene autorización de Pamela Agustina Iglesias OG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — El secreto de Alexander

Isabella no podía dejar de mirar la fotografía.

Alexander aparecía al fondo, caminando detrás de ellos.

Pero lo que realmente le había llamado la atención era el símbolo que llevaba en la muñeca.

La mitad del círculo.

El mismo símbolo que aparecía en los documentos de sus abuelos.

El mismo que estaba relacionado con los Blackwood.

—No puede ser —susurró.

Damián tomó el teléfono.

Amplió la imagen.

—Es el mismo símbolo.

Sebastián se acercó.

—Entonces él tiene una conexión con nuestra familia.

Isabella negó inmediatamente.

—Alexander ha estado conmigo durante años.

—Precisamente —respondió Damián.

Ella lo miró.

—¿Qué quieres decir?

—Si alguien necesitaba vigilarte sin levantar sospechas, alguien cercano a ti era la mejor opción.

Isabella sintió una punzada de duda.

—No.

—Isabella…

—No. Alexander me ha ayudado cuando nadie más lo hizo.

Damián bajó la mirada.

—No estoy diciendo que sea culpable.

—Pero lo estás sospechando.

—Sí.

---

El automóvil permaneció en silencio durante todo el trayecto.

Isabella no quería aceptar la posibilidad.

Alexander era parte de su vida desde hacía demasiado tiempo.

Había estado presente en momentos difíciles.

La había ayudado con la fundación.

Había protegido a su familia.

No podía imaginarlo como enemigo.

—Quiero hablar con él —dijo finalmente.

Damián asintió.

—Lo haremos.

—Pero no le diremos que sabemos lo del símbolo.

—¿Por qué?

—Quiero escuchar qué dice sin darle tiempo para preparar una explicación.

Sebastián sonrió ligeramente.

—Buena estrategia.

---

Llegaron a la Fundación Aurora.

Alexander estaba en su oficina.

Cuando vio entrar a Isabella, sonrió.

—¿Dónde estabas? Te estuve buscando.

Isabella cerró la puerta.

—Necesito preguntarte algo.

Alexander notó la seriedad en su rostro.

—Claro.

—¿Conoces a la familia Blackwood?

Alexander se quedó inmóvil durante apenas un segundo.

Pero Isabella lo notó.

—¿Por qué preguntas?

—Respóndeme.

Alexander se sentó.

—Sí.

Damián lo observó atentamente.

—¿Desde cuándo?

Alexander respiró profundamente.

—Desde hace muchos años.

Isabella sintió que el corazón le latía más rápido.

—¿Cuántos?

—Desde antes de conocerte.

Ella bajó la mirada.

—Entonces me mentiste.

—No.

—¿Cómo puedes decir que no?

—Porque nunca te dije que no los conocía.

—Pero tampoco me lo dijiste.

Alexander permaneció callado.

---

Isabella sacó su teléfono.

Mostró la fotografía.

—¿Qué significa esto?

Alexander miró su muñeca en la imagen.

Su expresión cambió.

—¿Dónde conseguiste esa fotografía?

—Eso no importa.

—Isabella…

—Quiero la verdad.

Alexander cerró los ojos.

Finalmente se quitó una pulsera que llevaba puesta.

Debajo apareció el símbolo.

—Esto pertenecía a mi padre.

Damián preguntó:

—¿Quién era tu padre?

Alexander levantó la mirada.

—Trabajaba para los Blackwood.

Isabella se quedó inmóvil.

—¿Trabajaba para ellos?

—Sí.

—¿Era miembro de la sociedad?

Alexander negó.

—No.

—Entonces, ¿qué hacía?

—Era encargado de proteger ciertos documentos.

Sebastián frunció el ceño.

—¿Qué documentos?

Alexander respondió:

—Los documentos que demostraban quién era realmente el tercer heredero.

---

Damián dio un paso hacia él.

—¿Y tú sabes quién es?

Alexander guardó silencio.

Isabella lo miró.

—Alexander.

—Sí.

—Dime quién es.

Él bajó la mirada.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque prometí protegerlo.

Damián apretó la mandíbula.

—¿Protegerlo de quién?

Alexander respondió:

—De ustedes.

Isabella quedó paralizada.

—¿De nosotros?

—De la familia Blackwood.

Sebastián intervino:

—Eso no tiene sentido.

Alexander lo miró.

—Para ustedes no.

—Entonces explícalo.

Alexander respiró profundamente.

—El tercer heredero no es quien ustedes creen.

---

Isabella sintió que todo volvía a complicarse.

—¿Es Daniel?

Alexander no respondió.

Damián lo observó.

—¿Cómo sabes ese nombre?

Alexander levantó la mirada.

—Porque yo lo conocí.

El silencio fue absoluto.

—¿Dónde? —preguntó Damián.

—Hace muchos años.

—¿Cuándo?

—Cuando era niño.

Damián se quedó inmóvil.

—¿Dónde está ahora?

Alexander negó.

—No puedo decirlo.

Isabella se acercó.

—¿Está vivo?

Alexander la miró directamente.

—Sí.

---

Damián cerró los ojos.

—Entonces tenemos que encontrarlo.

—No.

—¿Por qué?

—Porque si lo encuentran, lo pondrán en peligro.

—¿Quién?

Alexander respondió:

—La misma persona que ha estado enviándoles los mensajes.

Isabella preguntó:

—¿Sabes quién es?

—No.

—Pero sabes dónde está Daniel.

Alexander permaneció callado.

Isabella comprendió.

—Tú lo estás protegiendo.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde que tenía diez años.

---

Alexander sacó una fotografía de su bolsillo.

Se la entregó a Isabella.

Era un niño pequeño.

Tenía el cabello oscuro y los mismos ojos que Damián.

En la parte posterior había una fecha.

2015.

Isabella miró a Damián.

—Es él.

Damián tomó la fotografía.

Por primera vez, vio el rostro de su hermano.

—¿Dónde está?

Alexander respondió:

—En un lugar seguro.

—Necesito verlo.

—Todavía no.

—Es mi hermano.

—Precisamente por eso.

Damián guardó silencio.

---

De repente, el teléfono de Alexander comenzó a sonar.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—No…

—¿Qué ocurre? —preguntó Isabella.

Alexander respondió:

—Encontraron el lugar.

Damián se levantó.

—¿Qué lugar?

—Donde está Daniel.

Isabella sintió un escalofrío.

—¿Quiénes?

Alexander guardó el teléfono.

—La gente de la sociedad.

---

Salieron inmediatamente.

El automóvil avanzó por las calles mientras Alexander indicaba el camino.

—Tenemos que llegar antes que ellos.

—¿Cuánto falta? —preguntó Damián.

—Quince minutos.

Isabella miró por la ventana.

—¿Quiénes son esas personas?

Alexander respondió:

—No lo sé con certeza.

—¿Cómo que no?

—La organización cambió de miembros muchas veces.

—Pero alguien debe dirigirla.

Alexander guardó silencio.

—Alexander.

—Sí.

—¿Quién está detrás de todo?

Él respiró profundamente.

—Creo que es alguien que ustedes conocen.

---

Llegaron a una pequeña casa.

La puerta estaba abierta.

Alexander entró primero.

—¡Daniel!

No hubo respuesta.

Revisaron las habitaciones.

Estaban vacías.

Sobre la mesa había una taza.

Una mochila.

Y una fotografía.

Alexander la tomó.

Su rostro palideció.

—Llegamos tarde.

Damián encontró una nota.

La abrió.

Solo decía:

“El tercer heredero ya no necesita protección.”

Isabella sintió un escalofrío.

—¿Qué significa?

Damián miró hacia la ventana.

—Que se lo llevaron.

---

En ese momento, el teléfono de Isabella vibró.

Número desconocido.

Una fotografía.

Daniel aparecía sentado en una habitación.

Parecía estar bien.

Pero había alguien detrás de él.

La imagen estaba borrosa.

Debajo decía:

“No intenten encontrarlo.”

Isabella escribió:

“¿Qué quieren?”

La respuesta llegó inmediatamente.

“La verdad.”

Otro mensaje:

“Y para obtenerla, Isabella tendrá que elegir.”

Ella preguntó:

“¿Elegir qué?”

La respuesta tardó unos segundos.

“Entre salvar a tu familia…”

Apareció otro mensaje.

“…o descubrir quién traicionó a los Blackwood.”

---

Damián leyó los mensajes.

—No vas a elegir sola.

Isabella lo miró.

—¿Qué quieres decir?

—Que esto también es mi responsabilidad.

Sebastián asintió.

—Y mía.

Alexander permaneció en silencio.

Isabella lo miró.

—¿Qué pasa?

Alexander observaba la fotografía.

—Hay algo que no les he contado.

—¿Qué?

—Daniel no fue secuestrado.

Todos quedaron inmóviles.

Damián preguntó:

—¿Qué dijiste?

Alexander señaló la fotografía.

—Miren su mano.

Isabella amplió la imagen.

Daniel llevaba una pulsera.

Tenía el mismo símbolo.

Pero esta vez…

El círculo estaba completo.

Alexander habló en voz baja:

—Él no es solamente el tercer heredero.

Damián lo miró.

—Entonces ¿qué es?

Alexander respondió:

—Es la persona que tiene el control del archivo original.

Isabella sintió que todo encajaba.

El tercer heredero no era simplemente una pieza del pasado.

Era la llave de todo.

Y entonces llegó un último mensaje.

“Mañana, a medianoche, conocerán al verdadero heredero.”

Debajo apareció una dirección.

Y una última frase:

“No vengan todos.”

Isabella miró a Damián.

—¿Qué hacemos?

Damián respondió:

—Vamos.

—¿Quiénes?

Él la miró.

—Tú y yo.

Porque el contrato los había unido.

Pero ahora tendrían que descubrir si aquel vínculo era realmente una coincidencia…

o si había sido planeado desde mucho antes de que ambos se conocieran.

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