Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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viaje
...A la mañana siguiente......
El sol aún no salía, Armando y Leonor estaban en su cama besandose.
— Sabes me preocupa que Zoe jamás me acepte, puedo notar que le molesta que estemos aquí.— dijo Leonor mientras acariciaba el pecho de armando.
—Dale tiempo, amor —respondió Armando, dejando un beso suave en los labios de Leonor y abrazándola por la cintura—. Zoe es orgullosa y siempre ha sido muy territorial, pero no es una mala muchacha. Todo este cambio ha sido repentino para ella, especialmente con el trabajo y la presencia de Antoni.
—Lo sé —suspiró Leonor, apoyando la barbilla en su pecho—. Pero no quiero que Antoni y ella vivan en una guerra constante. Ayer en la cocina la tensión se podía cortar con un hilo. No sé si es rechazo o simplemente que ambos tienen caracteres demasiado fuertes, jamás había visto a Antoni tan tenso.
Armando dejó escapar una risita baja, acariciando la espalda de Leonor mientras la luz ceniza del amanecer comenzaba a filtrarse por las cortinas de la habitación.
—Son exactamente iguales, ese es el problema —dijo él con tono sereno—.
Los dos quieren tener la razón, los dos son perfeccionistas y ninguno va a ceder terreno fácilmente. Pero confía en mí, trabajar juntos en el proyecto de la costa les va a hacer bien. Tendrán que aprender a entenderse por las buenas o por las malas tu solo piensa en la boda y en buscar algo realmente sexi para la noche de bodas.— dijo armando besándola.
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...En palabras de Zoe...
Me levanté y me di un baño ya mi ropa estaba lista salí del baño y me mire en el espejo y dejé caer la toalla para mirarme y juzgar mi cuerpo que no era demasiado delgado como el de las modelos o el de Valentina, en cambio, el mío era curvo mis senos eran grandes mis caderas pequeñas y glúteos redondos y grandes.
No pude evitar pregúntame si Mateo me habia traicionado por eso.
Enseguida me vesti y salí a mi auto no tenía hambre.
Agarré las llaves del auto, mi maleta y la laptop. Bajé las escaleras sin hacer ruido para no cruzarme con nadie, dispuesta a subirme a mi auto y salir disparada hacia la costa antes de que el ambiente de esa casa terminara por sofocarme.
Sin embargo, al llegar al estacionamiento del garage, Antoni ya estaba ahí.
Estaba recargado contra la puerta de su camioneta negra, revisando unas hojas con una mano mientras sostenía un vaso de café en la otra.
Llevaba una camisa blanca arremangada hasta los antebrazos, jeans oscuros y esas botas que lo hacían ver ridículamente alto. El sol apenas empezaba a despuntar, pero el tipo ya parecía salido de un catálogo, fresco y exasperantemente perfecto.
Al escuchar mis pasos, alzó la vista despacio. Su mirada azul e intensa bajó en un recorrido lento, casi deliberado, desde mis labios, pasando por el escote de mi blusa, ajustándose en mis caderas hasta llegar a mis botas. No dijo nada durante tres segundos eternos, pero la forma en que su garganta se movió al tragar saliva delató que me estaba juzgando y me miró como un bicho raro.
— Nos iremos juntos, tu padre así lo pidió.— dijo sin dejar de mirar sus papeles.
— Esto es una broma verdad.— dije molesta.
— ya están listos.— dijo mi padre interrumpiendo.
— me iré en mi auto papá, no entiendo cuál es el drama.—dije molesta mirándolo.
— Zoe, por favor ve con Antoni, no conoces los caminos y es muy peligroso, no me hagas meterte yo mismo.— dijo mi padre.
—Esta bien —dije entre dientes, lanzándole a mi padre una mirada cargada de pura frustración—. Pero si nos estrellamos en un barranco, será tu culpa.
Giré sobre mis talones para dirigirme a la camioneta negra. Antoni no dijo una sola palabra, pero pude sentir la vibración de su risa contenida detrás de mí. Caminó con paso tranquilo, rodeó el vehículo y me abrió la puerta del copiloto con una cortesía tan exagerada y falsa.
—Adelante, arquitecta. Prometo no tirarte por ningún acantilado... al menos no durante el trayecto —murmuró con esa voz grave, inclinándose apenas lo suficiente para que su aliento helado me rozara la mejilla.
Le arrebaté la maleta de la mano, la tiré en el asiento trasero y me subí de un salto sin mirarlo. Antoni cerró la puerta con suavidad, rodeó el cofre y se acomodó en el asiento del conductor. El espacio dentro de la camioneta se sintió ridículamente pequeño en cuanto encendió el motor; su presencia lo llenaba todo, saturando la cabina con ese maldito perfume a cítrico y el calor sofocante de su cuerpo.
por UE la tal amiguita esa ni me fio