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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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Capítulo 10: Tú y yo, sin mierdas de por medio

📖 Capítulo 10: Tú y yo, sin mierdas de por medio

💬 Verónica — Primera persona

Las puertas del elevador se deslizan suavemente y revelan el espacio más amplio que he visto en mi vida. Ventanales enormes recorren toda una pared, dejando entrar la luz tenue de la noche y mostrando la ciudad extendida allá abajo como un mar de luces. El lugar es impecable, moderno, de líneas rectas y colores neutros. Pero también… se siente solitario. Como si nadie realmente viviera aquí.

—Entra. Y no toques nada —me dice, cerrando la puerta detrás de nosotros.

Camino despacio hacia la ventana. La ciudad se ve tan tranquila desde aquí arriba.

—Esto es paz —murmuro, sin apartar la vista del horizonte—. De alguna forma se siente más tranquilo incluso que la playa. Tu casa es hermosa, Rafael. Un poco… vacía, como si faltara alma aquí. Pero es preciosa.

Se acerca a mi lado, sin mirar hacia afuera, solo de pie junto a mí.

—No necesito decoración para decirme que estoy en mi casa. Es solo un lugar donde duermo y me baño. Nada más.

—Bueno, yo cambiaría muchas cosas si viviera aquí —le digo con naturalidad—. Esa mesa de centro, por ejemplo, es demasiado fría. Y esa sala parece más de hotel que de hogar. ¿Puedo ver la cocina? Tengo curiosidad.

—Sí, está por allá —señala con un gesto vago hacia la derecha, sin moverse de la ventana—. No esperaba visitas femeninas. De hecho, no esperaba visitas de nadie. Nunca.

Camino hacia la cocina. Es enorme, impecable, organizada. Y completamente vacía de vida.

—Rafael… aquí no hay nada. Ni siquiera un plato extra. ¿Con qué te alimentas? ¿Solo pides comida a domicilio todos los días? Hay que ir de compras, de verdad, no puedes vivir así —regreso a su lado y me coloco frente a él—. Bueno, ya estamos solos. Dijiste que querías hablar. Estoy aquí. Háblame.

Se pasa la mano por el cabello, visiblemente incómodo.

—No me gusta hablar de mis sentimientos. Nunca lo he hecho con nadie. No sé cómo hacerlo sin sentirme estúpido.

Lo miro, y luego miro de nuevo hacia la ciudad que vemos a nuestros pies.

—Mira allá abajo. Millones de luces, millones de personas, cada una con su historia, sus miedos, sus alegrías. Nadie se atreve a mostrar lo que siente porque teme ser juzgado. Pero aquí conmigo no tienes que tener miedo. Puedes confiar en mí. Siempre.

Me mira de reojo, y noto que se le suaviza la expresión poco a poco.

—No necesito un discurso, Verónica. Solo… me gustas. ¿Contenta? ¿Eso es lo que querías escuchar?

—No te estoy dando un discurso, te estoy diciendo la verdad —le respondo con calma, sin apartar la vista de la ventana—. Y a mí también me gustas. Aunque seas terco, a veces grosero y te enojes por todo. Eres auténtico. Y eso vale más que mil palabras bonitas vacías.

Se queda en silencio unos segundos, y luego confiesa casi en un susurro:

—No te miro a los ojos cuando digo estas cosas porque me da vergüenza. No estoy acostumbrado a que alguien me escuche sin juzgarme. Soy un idiota, lo sé.

Me volteo hacia él y le sonrío con ternura.

—A veces sí eres un idiota. Pero también eres el idiota más valiente que conozco. Ahora, con calma… cuéntame qué es lo que te pesa en el pecho. ¿Por qué te asusta tanto esto que nos está pasando?

Se sienta en el borde del amplio alféizar de la ventana, visiblemente luchando por encontrar las palabras.

—Nunca había sentido esto por nadie. Y me aterra no saber cómo manejarlo. Me aterra equivocarme contigo y que te vayas. Y me aterra más la idea de que te lastimen por estar conmigo. No quiero que te pase nada malo por mi culpa.

—Hablar de lo que sientes no te hace débil, Rafael. Te hace humano. Y eso está bien. No tienes que ser fuerte todo el tiempo.

Me mira largo rato, como si estuviera memorizando mi rostro.

—Eres diferente a todas las personas que conozco. Y eso me descoloca.

—¿Diferente cómo? —le pregunto suavemente.

Se acerca un paso más hacia mí, buscando las palabras con dificultad.

—No te rindes conmigo. Cuando soy desagradable, cuando te digo que te vayas, cuando te insulto… tú sigues ahí. Me miras como si valiera la pena ser conocido. Y nadie jamás me había mirado así. Nadie.

—Porque vales la pena —le digo sin dudarlo ni un segundo.

Me abraza con fuerza, como si necesitara sentir que estoy aquí de verdad. Es un abrazo torpe pero desesperado. Le correspondo rodeándolo con mis brazos, sintiendo cómo se relaja contra mí.

—Y tú eres mi persona favorita en el mundo —le susurro al oído—. Aunque seas un imbécil a veces.

Suelta una risa seca, genuina por primera vez.

—Pues este imbécil es tuyo. Para lo que necesites. Y no te vas a deshacer de mí tan fácilmente.

Me aprieta más contra él, y me doy cuenta de que no me importa quedarme aquí un ratito más. En sus brazos no hay ruido, solo paz.

—Tengo que volver a casa pronto —le digo suavemente—. Mi mamá se preocupará si no llego a cierta hora.

—Quédate —pide con voz baja—. Solo un ratito más. Por favor. No me pidas que suelte tu mano todavía.

—Está bien. Le mandaré un mensaje a mi mamá para avisarle que estoy bien contigo. Si llegan y no estoy, se asustarán.

Me mira con los ojos muy abiertos, sorprendido.

—¿Vas a decirle a tu madre que estás en mi casa? ¿No te da miedo que piense cosas de nosotros?

—No es miedo, es respeto —le digo mientras escribo el mensaje—. No estoy haciendo nada malo. Solo estoy con la persona que me gusta. ¿Por qué tendría que ocultarlo?

Guardo el teléfono y lo veo pasar una mano nerviosa por la nuca.

—No estaba acostumbrado a que alguien… me incluyera en su vida de esa forma. Siempre fui el secreto, el escondido, el que no mencionas en la mesa. Gracias por hacerme sentir que pertenezco a algún lugar.

Le tomo la mano y lo miro con alegría.

—Entonces, grandote… ¿qué somos? ¿Qué pasará con nosotros?

Me mira fijamente, con esa seriedad suya que me hace sentir segura.

—Seremos nosotros. Tú y yo. Sin mentiras, sin juegos, sin escondernos. Sin mierdas de por medio.

Le doy un pequeño jalón en suave protesta.

—Otra grosería. Te voy a lavar la boca con jabón, ¿lo escuchaste? ¡Nada de eso! —le digo entre risas.

—¡Ay, está bien, está bien! Solo contigo me salen esas palabras, no sé por qué te sacas lo mejor y lo peor de mí al mismo tiempo.

—Jajajaja ¡pórtate bien! —le digo divertida—. Ahora que ya somos… nosotros… cuéntame a qué te dedicas de verdad. Quiero conocerte de verdad, no solo lo que muestras afuera.

Se frota la nuca, incómodo otra vez.

—No soy de los que hablan de su trabajo en las primeras… salidas. No es lo más interesante del mundo.

—Esto no es una cita, ¿recuerdas? —le digo con una sonrisa traviesa—. Una cita es con flores, velas, cena romántica. Yo soy bien romántica, ¿sabes? Me encantan esos detalles.

—¿Te gusta eso? —se sienta en el borde del sofá, observándome con atención—. No soy de ese tipo de cosas. No sé cómo hacerlas.

—Pues si quieres que sea tu novia, vas a tener que aprender —le digo en tono de broma, aunque en el fondo siempre he soñado con alguien que me invite a cenar con velas y me pida que sea su novia mirándome a los ojos—. Una cena, flores, velas, y me dices: ¿Quieres ser mi novia? Así de bonito y claro.

Se levanta de golpe, como si hubiera dicho algo importante sin darse cuenta.

—¿Novia? —repite, con los ojos brillándole—. ¿Eso quieres? ¿Ser mi novia?

—Bueno… quizás no lo dije en serio —me hago la despistada un poco nerviosa—. Olvídalo.

Se acerca lentamente, paso a paso, hasta que está frente a mí.

—¿No? —pregunta con voz suave pero firme—. ¿Entonces qué eres para mí? ¿Qué soy para ti?

—Nada, si todo te asusta tanto —le digo intentando sonreír, aunque mi corazón late a mil por hora.

Me toma suavemente de los hombros, sin lastimarme, pero sin dejarme ir.

—Me gustas tú, idiota. Y sí… sí quiero que seas eso. Mi novia. Aunque no sepa cómo hacerlo bien, aunque me equivoque. Quiero intentarlo contigo.

—Pues ahora ya no quiero —le digo fingiendo indignación pero sonriendo—. Me costará que seas mi novio si sigues insultándome y siendo gruñón. Primero cuéntame a qué te dedicas. Confianza primero, ¿recuerdas?

Suspira, y por primera vez veo en él algo parecido a miedo.

—Trabajo en seguridad. Protección de personas y activos importantes. Es… complicado.

—Seguridad —repito, observando su casa, su ropa, todo lo que me rodea—. Rafael, una casa como esta no se paga solo por ser guardaespaldas. No me mientas.

Se pasa la mano por el cabello, visiblemente frustrado.

—No miento del todo. Tengo… contactos. Gente que me debe favores. Negocios que van más allá de lo que parece en la superficie. No soy estafador, Verónica. Solo opero en mundos que preferiría que no conocieras.

Lo miro a los ojos, buscando la verdad.

—¿Entonces eres alguien peligroso? ¿Eso es lo que no me has querido decir desde el principio?

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Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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