María solo quería llegar a tiempo a la facultad. Pero después de un accidente, despierta en un mundo que debería existir únicamente dentro de las páginas de una novela.
Ahora es Livia, la hija del medio de una de las familias más poderosas de Nivaria.
Y hay un pequeño problema...
Conoce la historia.
Sabe que su vida está destinada a convertirse en un infierno, que un príncipe terminará destruyendo todo a su alrededor y que alguien que debería haber sido un gran rey acabará muriendo por una traición.
Pero Livia no piensa quedarse de brazos cruzados.
Si el destino ya escribió su final...
ella piensa reescribirlo. ❄️👑✨
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10
Mariana llegó a su residencia con una sonrisa completamente distinta a la que había mostrado en la casa de té.
Apenas entró en su habitación, cerró la puerta con fuerza.
—¡No puede ser!
Su doncella dio un pequeño salto.
—¿Señorita?
—¡Nada salió como debía!
Mariana comenzó a caminar de un lado al otro.
Había preparado aquella reunión para dejar a Livia en una posición comprometida.
Todo estaba pensado.
La invitación.
Las conversaciones.
La bebida.
Incluso el momento en que Elías aparecería.
Pero Livia no había caído en la trampa.
Y lo peor de todo era que había comenzado a hacer preguntas.
Mariana se detuvo frente al espejo.
La expresión dulce que mostraba frente a la nobleza había desaparecido.
—Esa chica...
Apretó los labios.
Livia no debía haber sospechado nada.
La Livia que Mariana conocía era demasiado correcta para cuestionar las intenciones de los demás.
Siempre hablaba con cuidado.
Siempre seguía las reglas.
Siempre parecía preocupada por mantener una imagen perfecta.
Pero aquella Livia era diferente.
Desde su accidente, algo había cambiado.
Y Mariana no sabía qué.
—¿Qué te ocurrió? —murmuró.
Se acercó al espejo.
Había algo en la nueva actitud de Livia que la incomodaba.
Ya no parecía una joven dispuesta a aceptar todo lo que los demás decidieran por ella.
Y eso era peligroso.
Porque mientras Livia siguiera siendo la prometida de Elías, Mariana no podía conseguir lo que quería.
Mariana cerró los ojos.
Pensó en él.
En las veces que habían hablado.
En las miradas que habían compartido.
En la forma en que Elías parecía buscarla entre las reuniones de la corte.
Ella sabía que el príncipe sentía algo por ella.
Quizás todavía no era suficiente para desafiar un compromiso real.
Pero podía conseguirlo.
Solo necesitaba tiempo.
Y paciencia.
El problema era que no tenía ninguna de las dos cosas.
Dentro de dos semanas, Livia se convertiría oficialmente en la prometida del príncipe heredero.
Y después...
Sería todavía más difícil apartarla.
Mariana volvió a mirar su reflejo.
—No voy a permitirlo.
Ella no había nacido con un apellido que pudiera compararse con el de los archiduques.
No había crecido con la misma influencia.
No tenía una fortuna que pudiera competir con la de ellos.
Pero podía conseguir algo que ninguna de esas cosas podía comprar.
El amor del príncipe.
O al menos, eso era lo que ella quería creer.
Porque no se trataba únicamente de Elías.
Se trataba del lugar que él ocupaba.
Ser su esposa significaba convertirse en princesa heredera.
Significaba entrar al palacio.
Tener vestidos, joyas, sirvientes y poder.
Significaba que todos aquellos que alguna vez la habían mirado por encima del hombro tendrían que inclinarse ante ella.
Mariana sonrió.
—Princesa heredera...
Pronunció aquellas palabras casi como si ya fueran suyas.
Pero entonces recordó la casa de té.
La mirada de Livia.
La forma en que había cuestionado la situación.
La tranquilidad con la que había respondido.
La sonrisa que había mostrado al final.
Mariana sintió un escalofrío.
—No.
Livia se había convertido en un problema.
Y los problemas debían desaparecer.
...----------------...
Más tarde, cuando la casa quedó en silencio, Mariana recibió a una persona en una habitación privada.
No era alguien de la nobleza.
Su identidad no debía quedar relacionada con ella bajo ninguna circunstancia.
Mariana permaneció sentada mientras aquella figura esperaba frente a ella.
—Tengo un encargo.
—¿Qué clase de encargo?
Mariana dejó una pequeña bolsa sobre la mesa.
—Quiero que se encarguen de alguien.
El hombre la miró.
—¿De quién?
Mariana sostuvo su mirada.
—Lady Livia.
El silencio fue inmediato.
—Es hija de los archiduques.
—Lo sé.
—Si algo le ocurre...
—Nadie debe saber que yo tuve algo que ver.
Mariana habló con una calma que contrastaba completamente con la rabia que había mostrado minutos antes.
—No quiero rumores. No quiero errores. Y, sobre todo, no quiero que mi nombre aparezca relacionado con esto.
El hombre permaneció callado.
Mariana se levantó.
—¿Entendido?
—Sí.
Cuando finalmente se marchó, Mariana volvió a quedarse sola.
Se acercó a la ventana.
A lo lejos podía verse el resplandor de las luces de la ciudad.
Pensó en Elías.
Después pensó en la corona.
Y finalmente en Livia.
—Dentro de poco, todo será mío.
Sonrió.
Pero no sabía que había cometido un error.
Había asumido que Livia seguía siendo la misma chica que conocía.
No sabía que aquella joven había leído su historia.
No sabía que conocía su futuro.
Y, sobre todo, no sabía que Livia ya había decidido cambiarlo.
Mariana acababa de mover su primera pieza.
Y la partida apenas comenzaba.
de ser así q cael sea el salvador...😅
lo estás haciendo increíble y tú historia me a enganchado....
no pares 👍🏽 lo haces genial y lo importante esq tú lo disfrutes siempre
ánimo y bendiciones
😊