¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
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Capítulo 10: El pacto
El ruido de los pasos se hacía cada vez más fuerte.
Valeria permanecía junto a la pared del túnel, sosteniendo la fotografía de Adrián entre sus manos.
La pregunta no dejaba de repetirse en su cabeza.
¿Su encuentro con Adrián había sido realmente una casualidad?
Esteban apagó la última lámpara.
—No hagan ruido —susurró.
Camila se acercó a Valeria.
—Tenemos que movernos.
—No hasta que me diga la verdad —respondió Valeria.
Esteban la miró.
—Si nos quedamos aquí, no habrá tiempo para explicaciones.
—Entonces explíqueme mientras caminamos.
Esteban suspiró.
—Está bien.
Comenzaron a avanzar por el túnel.
—Hace quince años, tu padre descubrió que Montenegro utilizaba varias empresas para ocultar dinero y manipular contratos. Cuando intentó denunciarlo, recibió amenazas.
Valeria escuchaba atentamente.
—Mi padre decidió desaparecer para protegernos.
—Sí.
—¿Y el padre de Adrián?
Esteban guardó silencio unos segundos.
—Era uno de los pocos hombres en los que tu padre confiaba.
Valeria recordó la fotografía de los tres hombres.
—¿Ellos trabajaban juntos?
—Al principio, sí. Después comprendieron que no podían enfrentarse a Montenegro por separado.
Camila intervino:
—Nuestros padres hicieron un pacto.
Valeria la miró.
—¿Qué pacto?
Esteban respondió:
—Si alguno de ellos desaparecía, el otro protegería a sus hijos.
Valeria se detuvo.
—¿Eso significa que Adrián sabía quién era yo?
—No —respondió Esteban—. Al menos no al principio.
—Entonces ¿por qué dijiste que nuestro encuentro no fue casualidad?
Esteban la miró seriamente.
—Porque alguien hizo que Adrián comenzara a investigar a tu familia.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Esteban no respondió.
En ese instante, un ruido proveniente del túnel los obligó a continuar.
Llegaron a una puerta metálica.
Esteban sacó una llave.
—Después de esta puerta estaremos a salvo.
La abrió.
Pero antes de que pudieran salir, una voz resonó detrás de ellos.
—No estoy tan seguro de eso.
Los tres se quedaron inmóviles.
Sergio apareció al final del túnel.
—Se acabó, Esteban.
Camila se puso delante de Valeria.
—No te acerques.
Sergio negó con la cabeza.
—No quiero hacerles daño. Solo quiero el sobre.
Valeria lo sostuvo con fuerza.
—¿Por qué todos quieren esto?
Sergio la miró.
—Porque contiene la prueba de lo que ocurrió hace quince años.
—¿La prueba de qué?
—De quién ordenó la muerte de tu padre.
Valeria sintió que el mundo se detenía.
—Mi padre está vivo.
Sergio sonrió.
—Eso es lo que te hicieron creer.
Valeria miró a Esteban.
—Dime que está mintiendo.
Esteban no respondió.
Aquello fue suficiente.
⸻
Al mismo tiempo, Adrián seguía encerrado.
Había escuchado parte de la conversación de los hombres desde el pasillo.
Sabía que Valeria estaba en peligro.
Pero había algo que no comprendía.
¿Por qué Sergio había dicho que el padre de Valeria podía estar muerto?
Entonces recordó las palabras de Daniel.
“La persona que buscamos está más cerca de Valeria de lo que imaginas.”
Una idea comenzó a formarse en su mente.
Quizá no se refería a un enemigo.
Quizá se refería a alguien que ella creía conocer.
Adrián miró hacia la pared.
—Daniel.
No hubo respuesta.
—Daniel, necesito que me escuches.
Tres golpes respondieron desde el otro lado.
Adrián respiró aliviado.
—¿Sabes dónde está Valeria?
—Sí.
—¿Está con Camila?
—Sí.
Adrián cerró los ojos.
—¿Están en peligro?
Hubo una pausa.
Luego Daniel respondió:
—Mucho.
Adrián golpeó la pared.
—¿Cómo salimos de aquí?
Daniel guardó silencio.
Después dijo:
—Hay una salida debajo de la habitación.
Adrián miró el suelo.
—¿Cómo lo sabes?
La respuesta de Daniel fue inesperada.
—Porque yo construí este lugar.
Adrián quedó sorprendido.
—¿Qué?
—Antes de desaparecer, descubrí quién estaba detrás de todo.
—¿Quién?
Daniel tardó unos segundos en responder.
—Nuestro propio padre.
Adrián sintió que el corazón se le detenía.
—Eso no tiene sentido.
Daniel continuó:
—El hombre que todos creen muerto no está protegiéndonos.
—Entonces, ¿qué está haciendo?
La voz de Daniel se volvió apenas un susurro.
—Nos está escondiendo la verdad.
⸻
En el túnel, Sergio dio un paso hacia Valeria.
—Entrégame el sobre.
Valeria retrocedió.
—Primero dime dónde está Daniel.
Sergio sonrió.
—Tu hermano sabe demasiado.
—¿Está vivo?
—Sí.
Valeria cerró los ojos aliviada.
Pero Sergio añadió:
—Por ahora.
Camila tomó discretamente algo de su bolsillo.
Esteban lo notó.
—Camila, no.
Ella lo miró.
—Ya no podemos seguir huyendo.
Sergio levantó la mirada.
—Siempre fuiste igual que tu padre.
Camila respondió:
—Y tú siempre fuiste igual que Montenegro.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, las luces del túnel se apagaron.
Se escuchó un golpe.
Luego otro.
Y después…
silencio.
Cuando las luces volvieron a encenderse, Sergio había desaparecido.
También había desaparecido el sobre.
Valeria miró a Camila.
—¿Dónde está?
Camila negó con la cabeza.
—Yo no lo tengo.
Esteban observó el suelo.
Había una pequeña nota.
La recogió.
Solo tenía una frase:
“El pacto terminó. Ahora comienza la verdadera historia.”
Valeria sintió que un miedo profundo recorría su cuerpo.
Porque comprendió algo terrible.
La persona que había tomado el sobre…
había estado allí con ellos todo el tiempo.
Continuará…