Las muñecas fueron creadas para obedecer, no para sentir.
En un mundo donde las mujeres biológicas no existen, los hombres conviven con muñecas creadas para obedecer… incapaces de sentir.
Ethan jamás imaginó que conocer a Cereza y Cidra cambiaría su vida para siempre. Mientras el vínculo entre ellos desafía todo lo que la ciencia creía posible, una guerra entre seis naciones se intensifica y un antiguo secreto, oculto durante siglos, convierte a las dos muñecas en el objetivo más codiciado del continente.
Ahora, Ethan deberá proteger un secreto capaz de cambiar el destino de la humanidad… antes de que caiga en las manos equivocadas.
Porque hay corazones que nunca debieron despertar… y otros que harían cualquier cosa por arrebatarlos.
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CAPÍTULO 10 – UNA CASA DEMASIADO RUIDOSA
Si alguien le hubiera dicho a Ethan, un mes atrás, que su apartamento terminaría convertido en un campo de batalla… se habría reído.
Ahora ya no le hacía ninguna gracia.
—¡Mi amo Ethan! ¡Prueba esto!
—Mi señor, le recomiendo empezar por este.
—¡No! ¡Primero el mío!
Ethan observó la mesa y frente a él había dos desayunos.
El de Cereza era... difícil de describir. El huevo parecía carbón, las tostadas podían servir de ladrillos y una extraña sopa verde burbujeaba en el plato.
Ella sonreía orgullosa.
—¡Lo hice con mucho cariño!
A su lado, Cidra acomodó un desayuno impecable: pan recién horneado, fruta perfectamente cortada, huevos en su punto y café recién hecho.
—Prepare una comida balanceada para usted, mi señor.
Ethan miró ambos platos.
"...Cualquier decisión puede iniciar una guerra."
Con resignación, tomó un pequeño trozo del huevo de Cereza y lo masticó lentamente, mientras ella lo observaba con ojos brillantes.
—¿Y…?
Ethan tragó con esfuerzo.
—Es... muy original.
—¡Sabía que te gustaría!
Antes de que pudiera agregar algo, Cidra retiró discretamente el plato.
—Es suficiente. Hay un noventa y ocho por ciento de probabilidades de que le provoque malestar estomacal.
—¡Eso te lo inventaste!
-No.
-¡Si!
El timbre interrumpió la discusión.
Un segundo después, la puerta se abrió.
—¡¡Buenos días, mi amadísimo Ethan!!
Mauricio apareció cargando una enorme canasta decorada con un lazo rojo.
—¡Traje he traído el desayuno!
Ethan observó la canasta, luego la mesa.
"...Tres desayunos."
Mauricio la abrió orgulloso, donde había pan dulce, frutas, quesos, carnes, pasteles... Un banquete.
—Mi amado Ethan merece lo mejor.
Las tres miradas chocaron.
—Que pruebe el mío.
—El mío tiene mejor valor nutricional.
—¡El mío tiene más cariño!
Ethan dejó caer la frente sobre la mesa.
"... Necesito vacaciones."
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Veinte minutos después, el desayuno por fin había terminado o, al menos, la discusión.
Ethan intentó lavar los platos, pero no pudo. Cada vez que tomaba uno, Cereza y Cidra lo sujetaban al mismo tiempo.
—¡Yo lo lavo!
—Permítame.
—¡Suéltalo!
—Suéltalo tú.
Ethan les arrebató el plato antes de que terminara en el suelo.
—¡Basta!
Las dos guardaron silencio.
—Las tareas pueden dividirse. No hace falta competir por todo.
Cereza infló los cachetes.
—Pero quiero cuidar a mi amo Ethan.
—Y yo servir a mi señor.
—¡Siempre dice "mi señor"!
—Porque lo es.
—¡Como si fuera solo tuyo!
Cidra la inspeccionada unos segundos.
—Eres demasiado impulsiva.
—¡Y tú demasiado aburrida!
—Prefiero llamarlo organizado.
—¡Yo lo llamo amargada!
Ethan no pudo evitar sonreír.
Era increíble lo parecidos y al mismo tiempo lo diferente que eran entre sí.
Cereza era un torbellino: curiosa, ruidosa y capaz de desordenar toda la casa en minutos.
Cidra era exactamente lo contrario: ordenada, meticulosa y silenciosa.
Lo curioso era que, apenas Cidra terminaba de organizar algo, Cereza encontraba la forma de volver a desordenarlo.
Y el ciclo empezaba otra vez.
Hacía apenas unas semanas, su vida era absurdamente sencilla.
· Despertar.
· Trabajar.
· Regresar.
· Dormir.
Ahora debía encargarse del mantenimiento de dos muñecas con personalidades completamente opuestas...
...y soportar a Mauricio.
El joven seguía sentado en el sofá, sonriendo como si ya viviera allí.
—Sabes, ¿amor? Creo que deberíamos mudarnos a un apartamento más grande.
Ethan giró lentamente.
—¿Perdón?
—Cuando nos casemos necesitamos espacio.
El apartamento quedó en silencio.
Cereza y Cidra dejaron de discutir.
— Además, nuestros hijos...
—¡Mi amo Ethan jamás se casará contigo! —Grito Cereza.
—Coincido. Esa posibilidad es estadísticamente insignificante… —añadió Cidra.
—¡Nuestro amor está destinado! —protestó Mauricio.
Los tres comenzaron a discutir otra vez.
Ethan levantó la vista hacia el techo. Y, por primera vez en mucho tiempo... Extrañó profundamente el silencio, respiró profundamente. Sentía que la cabeza estaba a punto de estallarle.
Justo cuando iba a intervenir...
Toc... Toc...
Los cuatro guardaron silencio.
—¿Ahora quién...?
Ethan caminó hasta la puerta con evidente cansancio. Ya ni siquiera esperaba una mañana tranquila.
Abrió lentamente.
Al otro lado había un hombre de unos cincuenta años, impecablemente vestido con un elegante traje oscuro. Su postura era recta, sus movimientos precisos y en el pecho llevaba el emblema dorado del Gobierno de Nova Áurea.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
— ¿El ciudadano Ethan Barralaga?
—Sí... soy yo.
El desconocido sacó un elegante sobre negro que estaba cerrado con un horrible sello de cera dorada. En el centro podía verse claramente el escudo presidencial.
El mensajero extiende ambas manos.
—Tengo un comunicado confidencial para usted.
Ethan sintió un pequeño escalofrío. Tomó el sobre con cuidado, solo el papel transmitía una sensación de enorme importancia.
Miró el sello.
—¿Del... Presidente?
—Así es.
—¿Ha ocurrido algo?
El hombre empresarial con serenidad.
—Desconozco el contenido de la carta. Mi única misión era entregársela personalmente.
Ethan rompió lentamente el sello.
Detrás de él... Los demás también observaban en silencio.
Desdobló el documento, leyó la primera línea y sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Qué sucede, mi señor?
Preguntó Cidra.
Antes de responder... Cereza apareció detrás de Ethan, abrazándolo por la cintura.
— ¿Quién vino, mi amo Ethan?
Cidra frunció ligeramente el ceño.
—Cereza... No invada el espacio personal de mi señor mientras intenta leer.
—¡Pero yo solo quiero ver!
—Puedes esperar.
—¡No quiero esperar!
Mauricio apareció inmediatamente.
—¡Aléjate de Ethan!
Sujetó a Cereza por los hombros y la apartó unos pasos.
—Debe ser estadounidense.
Cereza infló los cachetes.
—¡Yo también quiero leer!
—Después.
—¡Ahora!
-No.
Ethan masajeó su frente.
"... Cinco segundos..."
"...Solo necesito cinco segundos de paz."
Finalmente terminó de leer la carta y permaneció inmóvil unos instantes.
Mauricio fue el primero en preguntar.
—¿Qué dice?
Ethan levantó lentamente la mirada.
—El Presidente... Quiere verme esta misma tarde.
Los tres guardaron silencio.
—¿Solo a ti?
Preguntó Mauricio.
Ethan negó.
—También pidió que Cereza y Cidra me acompañaran.
Las dos muñecas parpadearon al mismo tiempo.
—¿Nosotras?
Preguntó Cereza.
-Si.
Mauricio cruzó los brazos.
—Ya lo imaginaba.
Ethan lo miró.
—¿Qué imaginabas?
—Seguramente quieren investigarlas.
Se acercó un poco más a Cereza.
—Desde el principio dije que esa muñeca estaba defectuosa.
Después indicó a Cidra.
—Y ahora apareció otra igual. Eso no puede ser casualidad.
Cereza infló nuevamente los cachetes.
—¡No estoy defectuosa!
—Claro que sí.
-¡No!
—Entonces ¿por qué actúas como una persona?
Ella se quedó pensando unos segundos y después respondió muy convencida.
—Porque soy Cereza.
Mauricio abrió la boca, pero no dijo nada y terminó rindiéndose.
—... No tiene sentido discutir contigo.
Cereza sonrió orgullosa.
-Perder…
Cidra obtuvo nuevamente la carta.
—Mi señor. Esto no parece una simple invitación.
Ethan.
—Si… lo sé.
—Cuando un Presidente convoca personalmente a alguien... Es porque el asunto es importante, muy importante.
Cereza, en cambio, muy emocionada.
—¡Entonces vamos a pasear!
Todos la miraron.
—¿Pasar?
-¡Si! Nunca he ido al palacio y debe ser enorme. ¿Habrá jardines? ¿Y fuentes? ¿Y comida? ¿Y...?
Cidra negó lentamente con la cabeza.
—Cereza... No creo que el Presidente nos haya citado para hacer turismo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque es el Presidente.
-... Mmm.
Cereza cayó un poco la cabeza.
—Entonces... ¿No habrá dulces?
Ethan no pudo evitar reír.
—No lo sé. Pero si todo sale bien... Te compraré algún después.
Los ojos de Cereza comenzaron a brillar.
—¡¡¿De verdad?!!
-Si.
La muñeca dio un salto y volvió a abrazarlo.
—¡Mi amo Ethan es el mejor!
Cidra observó la escena unos segundos y después habló con absoluta tranquilidad.
—Coincido. Mi señor siempre toma buenas decisiones.
Cereza la miró de reojo.
—No me copias.
—No lo hago.
—Sí lo haces…
-No.
—Que sí.
-No.
Ethan decidió intervenir antes de que comenzaran otra discusión.
—Las dos. Vayan a preparar, saldremos en menos de una hora.
-¡Si!
Respondió Cereza.
—Entendido, mi señor.
Contestó Cidra.
Ambas comenzaron a caminar hacia sus habitaciones improvisadas, pero entonces... Mauricio levantó una mano.
—¡Perfecto! Yo también me prepararé.
Ethan lo miró.
—¿Para qué?
—Pues para acompañarlos.
-No.
-¿No?
-No.
—¿Por qué?
—Porque no estás invitado.
Mauricio suena con toda tranquilidad.
—Eso no importa.
Ethan parpadeado.
—¿Qué?
—Mi familia puede entrar al Palacio cuando quiera. Mi padre conoce al Presidente desde hace años, yo podría visitarlo incluso sin avisar.
Se acomodó orgullosamente la chaqueta.
—Y, además... Será una magnífica oportunidad.
—¿Una oportunidad para qué?
Ethan ya comenzaba a arrepentirse de haber preguntado.
Mauricio tomó aire dramáticamente.
—¡Para que el Presidente bendiga nuestro amor!
El silencio fue absoluto.
—Cuando nos veamos juntos... Comprenderá inmediatamente que estamos destinados. Y quizás... Hasta pueda bendecir nuestra futura boda.
Ethan cerró lentamente los ojos.
—Mauricio...
—¿Sí, amor?
—Deja... De inventarte historias.
—No son historias. Son nuestros futuros recuerdos.
—¡No tenemos ningún futuro juntos!
—Todavía no, pero lo tendremos.
Antes de que Ethan pudiera responder...
Cereza aparte de un pequeño empujón a Mauricio.
—¡Yo también quiero!
Todos la miraron.
—¿Qué?
Preguntó a Ethan y ella parecía inocentemente.
—Yo también puedo pedirle al Presidente que bendiga mi boda con mi amo Ethan?
Ethan casi dejó caer la carta.
—¿Qué...?
—Si el Presidente dice que sí... ¿Entonces podrás casarme contigo?
Mauricio abrió mucho los ojos.
—¡Eso jamás!!
Pero alguien habló antes que él.
—No será necesario.
La voz de Cidra hizo que todos giraran, la muñeca de cabello negro había regresado. Ya llevaba puesto un elegante vestido oscuro, caminó hasta quedar junto a Ethan y dijo con absoluta naturalidad.
—Si mi señor Ethan decide casarse algún día... Será conmigo.
Silencio.
Cinco segundos completos de silencio.
Después...
—¡¡NOOOO!!
Gritaron Mauricio y Cereza exactamente al mismo tiempo.
—¡Mi amo Ethan es mío!
—¡Mi amado Ethan es mío!
Los dos comenzaron a discutir entre ellos.
Mientras tanto... Cidra permanecía completamente tranquila, como si acabaría de decir la cosa más normal del mundo.
Ethan se llevó lentamente una mano al rostro.
"...Esto no puede seguir así."
Respiró profundamente, tomó su chaqueta, guardó la carta presidencial en el bolsillo y caminó hacia la puerta.
—Vámonos.
Los tres dejaron inmediatamente de discutir.
-¡Si!
Respondió Cereza.
—Como ordene, mi señor.
Dijo Cidra.
—¡Yo también voy!
Ex Mauricio.
Ethan ni siquiera volteó a verlo, salió del apartamento y Cereza corrió tras él.
—¡Espérame, mi amo Ethan!
Cidra caminó detrás de ambos con la misma elegancia de siempre.
Mauricio suspir dramáticamente.
—Algún día comprenderá cuánto lo amo...
Y también salió corriendo detrás del grupo.
Sin darse cuenta... Aquellos cuatro caminaban directamente hacia el lugar donde cambiaría el destino de Nova Áurea una vez más.
Y, por primera vez...
Ethan sintió que la invitación del Presidente no sería para discutir buenas noticias.
muy buen capitulo
excelente
cada vez mejor 👏👏
muy buen capitulo 👏👏
Cereza y Cifra rescatando a la gente fue perfecto
Ya quiero saber que más va a pasar en esta novela tan interesante! ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤
Todos los países están en alerta máxima por el ataque de Fausto!!! 😞😞😞😞😞😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱
Cereza y Cidra descubriendo el concepto de la muerte y relacionándolo con Ethan me conmovió mucho ❤❤❤❤❤❤