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El Latido De Tus Silencios.

El Latido De Tus Silencios.

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Historia sobre el amor que trasciende las limitaciones , sobre el arte como puente entre dos mundos y sobre la certeza de que a veces las personas más luminosas son aquellas que aprendieron a brillar en la oscuridad.

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La noche más oscura.

Dos semanas después del incidente en el café, Martín volvió a atacar.

Esta vez no fue en persona. Fue a través de un mensaje de texto, breve y venenoso, que Alicia recibió mientras estaba en la floristería preparando un ramo de novia para una boda. El mensaje decía: «He estado investigando a tu pianista. Tiene un historial médico interesante. ¿Sabías que la retinosis pigmentaria puede estar asociada a otras complicaciones? Quizás deberías informarte antes de atarte de por vida a alguien que va a necesitar cuidados constantes».

Alicia sintió náuseas. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía ser tan cruel, tan calculador, tan absolutamente despreciable? Bloqueó el número de Martín y tiró el teléfono sobre el mostrador. Pero el daño ya estaba hecho. Las palabras resonaban en su cabeza como un eco maligno. «Complicaciones.» «Cuidados constantes.» «Atarte de por vida.»

No es que le importara. Si algún día Diego necesitaba cuidados, ella estaría allí. Pero el hecho de que Martín usara la salud de Diego como un arma arrojadiza le revolvía el estómago.

Decidió no contarle nada a Diego. Bastante tenía él con sus propias inseguridades como para cargar también con las amenazas veladas de un ex despechado. Pero esa noche, cuando se reunieron para cenar, él notó inmediatamente que algo andaba mal.

—Te ha vuelto a contactar, ¿verdad? —preguntó Diego, sin preámbulos.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque llevas media hora sin dibujar. Y tú siempre dibujas mientras hablamos. Si no dibujas, es que estás preocupada.

Alicia no pudo evitar sonreír. Diego la conocía mejor que nadie.

—Sí. Me ha mandado un mensaje estúpido. Lo he bloqueado. No quiero hablar de ello.

—Alicia...

—Que no quiero hablar de ello, Diego. Por favor.

Diego no insistió. Sabía que presionarla solo serviría para que se cerrara más. Pero la preocupación se le quedó grabada en el rostro, y durante el resto de la cena apenas probó bocado.

Los días siguientes transcurrieron con una calma tensa, como el silencio que precede a la tormenta. Alicia no recibió más mensajes de Martín, y empezó a relajarse, a pensar que quizás el bloqueo había sido suficiente, que el ex había decidido rendirse y seguir con su vida.

Se equivocaba.

Fue un jueves por la noche. Diego había terminado su concierto en el café y, como de costumbre, Alicia le acompañaba a la parada del autobús. La noche era oscura, sin luna, y las farolas proyectaban círculos de luz amarillenta sobre la acera desierta. Max caminaba junto a Diego, con el arnés de trabajo y su paso tranquilo de siempre.

No vieron a Martín hasta que fue demasiado tarde.

Apareció de entre las sombras de un portal, con el abrigo oscuro y el aliento apestando a alcohol. Se plantó delante de ellos, bloqueando el camino, y Alicia sintió que el corazón se le subía a la garganta.

—Qué bonita estampa —dijo Martín, con una sonrisa torcida—. La artista y su músico ciego. Deberíais iros a vivir al campo y criar cabras.

—Apártate, Martín. Estás borracho —dijo Alicia, tratando de mantener la calma.

—¿Borracho? Un poco. Lo suficiente para decirte a la cara lo que pienso. Eres una estúpida, Alicia. Una maldita estúpida. Podrías tenerme a mí, y mira con quién andas. Con un tío que ni siquiera puede verte. ¿Qué clase de vida es esa?

—No tienes derecho a hablarle así —intervino Diego, adelantándose un paso—. Vete a casa, Martín. No queremos problemas.

—¿Problemas? Yo soy el problema. Y no pienso irme a ninguna parte hasta que Alicia entre en razón.

Se produjo un forcejeo. Alicia nunca supo muy bien cómo ocurrió. Martín intentó agarrarla del brazo, ella le apartó de un empujón, y entonces Diego, guiado por el sonido de la pelea y el gruñido de advertencia de Max, se interpuso entre ellos.

—No la toques.

—¿O qué? ¿Vas a pegarme, ciego? A ver, inténtalo.

Martín empujó a Diego con fuerza. Diego trastabilló, perdió el equilibrio y cayó al suelo, golpeándose la espalda contra el bordillo de la acera. Max, viendo a su dueño en el suelo, ladró furiosamente y se lanzó hacia Martín, pero Alicia lo sujetó por el arnés.

—¡Max, quieto! ¡Quieto!

Martín, lejos de amedrentarse, miró al perro con desprecio y luego a Diego, que intentaba incorporarse con dificultad.

—Patético —escupió—. No puedes ni mantenerte en pie. Hazle un favor a Alicia y desaparece de su vida antes de que la arrastres a tu miseria.

Y luego, antes de marcharse, hizo algo que dejó a Alicia helada: lanzó una patada a Max, que seguía ladrando y forcejeando por liberarse. La patada alcanzó al perro en el costado, haciéndole soltar un aullido de dolor y retroceder con la cola entre las piernas.

—¡Max! —gritó Diego, que no podía ver lo ocurrido pero sí oír el aullido de su perro—. ¡Max, ¿qué te ha hecho?!

—Le ha dado una patada —dijo Alicia, con lágrimas de rabia corriéndole por las mejillas—. Se la ha dado a Max. Voy a llamar a la policía. Voy a...

Martín ya se había ido, perdiéndose en la noche con su risa ebria rebotando contra las fachadas. Alicia se arrodilló junto a Diego, que gateaba hacia Max con el rostro desencajado por la angustia.

—Max, ven aquí, chico. Ven.

El perro se acercó gimiendo, renqueando ligeramente de la pata trasera. Diego le palpó con desesperación, buscando heridas, evaluando daños con sus manos expertas que tan bien conocían el cuerpo de su compañero.

—Tiene la pata hinchada —dijo, con la voz rota—. Y respira raro. Hay que llevarlo al veterinario. Ahora.

—Voy a llamar a urgencias. Y a la policía. A la policía también.

—Ahora Max. Lo primero es Max.

Alicia hizo las llamadas con manos temblorosas. La clínica veterinaria de urgencias estaba a quince minutos en taxi, y mientras esperaban, Diego no soltó a Max ni un solo instante. Le acariciaba el lomo, le susurraba palabras de consuelo, le prometía que todo iba a estar bien.

Pero por dentro, estaba destrozado. Max no era solo su perro guía. Era sus ojos, su compañero, su amigo. Era el ser que le había devuelto la movilidad y la independencia cuando la ceguera amenazó con encerrarlo en casa para siempre. Y ahora, por culpa de un despechado, estaba herido.

—Es mi culpa —dijo Diego en el taxi—. Si yo pudiera haber visto...

—No digas eso. No es culpa tuya. Es culpa de ese desgraciado. Y te juro que va a pagar por esto.

En la clínica, el diagnóstico fue un alivio relativo. Max tenía una contusión en la pata trasera y una costilla fisurada, pero nada roto. Necesitaría reposo y antiinflamatorios, y estaría fuera de servicio como perro guía durante al menos tres semanas.

—¿Tres semanas sin Max? —Diego parecía abrumado—. ¿Cómo voy a moverme?

—Te ayudaré yo —dijo Alicia, cogiéndole la mano—. Y Elena. Y Laura. No estás solo, Diego.

—Lo sé. Pero... es que Max es más que un perro. Es... no sé cómo explicarlo.

—No hace falta. Lo entiendo.

Esa noche, Alicia se quedó a dormir en casa de Diego. No quería dejarle solo, y Elena, que estaba de viaje de trabajo, le pidió que por favor no se moviera de allí hasta que ella volviera. Durmieron —o más bien, intentaron dormir— en el sofá, con Max tumbado en su cojín y una manta sobre el lomo.

—Mañana voy a denunciar a Martín —dijo Alicia en la oscuridad.

—Sí. Yo también.

—No quiero que vuelva a acercarse a nosotros. Ni a ti, ni a Max, ni a nadie.

—¿Crees que servirá de algo? —preguntó Diego, y su voz sonaba cansada, desgastada.

—Tiene que servir. Si no, no sé qué voy a hacer.

—Lo superaremos —dijo Diego, aunque su tono no era muy convincente—. Siempre lo superamos.

Pero mientras se dormían, abrazados en el sofá y con el perro herido a sus pies, una sombra se cernía sobre ellos. Martín había demostrado hasta dónde era capaz de llegar. Y aunque ahora se enfrentara a una denuncia, nadie podía garantizar que no volviera a intentarlo.

1
Yunior Rodríguez García
Megusto mucho esta novela👏
Maria luisa
Excelente trabajo.
Sara
Preciosa . Me gustó
Salma
preciosa🥰
Salma
Muy bonita novela
Salma
Muy linda novela👏
Loba
👏👏👏👏👏👏hermosa
Loba
muy bonita historia de amor.
Loba
Muy bonita historia 👏🥰
Sonia
Excelente 👌
Melody
Qué belleza de novela🥰
Jaly
Espectacular👏
Jaly
Excelente novela 👍👌
Betty
muy bien🥰
Betty
muy bonita la novela promete ser una buena
Liane
me gustó mucho la novela
Liane
super excelente ❤️
Virgo
Me gusta mucho la novela 🤩🤩🤩
Virgo
👏👏👏👏👏
Ceni
Me gustó mucho
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