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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:992
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA VERDAD QUE HABÍA ESTADO FRENTE A ELLA

La mañana comenzó como cualquier otra.

Lia despertó lentamente.

Durante unos segundos permaneció acostada, mirando el techo de aquella habitación que durante meses había sido su refugio.

Entonces volvió a sentirlo.

Las náuseas.

Cerró los ojos.

—Otra vez…

Ya estaba acostumbrada.

Durante meses había pensado que todo se debía a su mala alimentación.

Había pasado demasiado tiempo comiendo poco.

Demasiado tiempo viviendo bajo estrés.

Demasiado tiempo sintiéndose agotada.

Por eso nunca imaginó que pudiera tratarse de algo completamente diferente.

Se incorporó con cuidado.

Ahora le costaba mucho más hacerlo.

Su cuerpo se sentía pesado y necesitaba tomarse unos segundos antes de ponerse de pie.

Lia caminó hacia el pequeño espejo.

Se quedó frente a él.

Había algo en su reflejo que todavía le resultaba extraño.

Durante meses había visto cómo su cuerpo cambiaba poco a poco.

Al principio había intentado ignorarlo.

Después había comenzado a preocuparse.

Pero ahora el cambio era imposible de ignorar.

Lia bajó la mirada.

Llevó ambas manos hacia su abdomen.

—¿Qué me está pasando?

La pregunta salió en un susurro.

Entonces sintió un movimiento.

Esta vez no fue una sensación que pudiera ignorar.

Lia se quedó completamente quieta.

Sus ojos se abrieron.

—¿Qué…?

Esperó.

Volvió a sentirlo.

Un pequeño movimiento desde el interior.

Lia retrocedió un paso.

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

—No…

Durante unos segundos no pudo pensar.

Aquello no tenía sentido.

Se llevó una mano al abdomen.

—No puede ser.

Recordó las náuseas.

El cansancio.

El cambio en su cuerpo.

La falta de apetito.

Aquellos momentos en los que había sentido movimientos que había atribuido al cansancio.

Todo comenzó a conectarse.

Lia sintió que las piernas le temblaban.

Se sentó.

—No puede ser…

Su mente empezó a recorrer los últimos meses.

meses atrás habían comenzado las náuseas.

Después el cansancio.

Luego los cambios que no podía explicar.

Y ahora…

Lia miró nuevamente su abdomen.

Por primera vez se permitió pensar en aquella posibilidad.

Una posibilidad que jamás había considerado seriamente.

—¿Estoy…?

No consiguió terminar la frase.

El miedo se mezcló con la incredulidad.

Lia necesitaba una respuesta.

Una respuesta real.

---

Esperó hasta que Brayan salió de la casa.

No quería decirle nada todavía.

No sabía qué podía hacer él.

Así que decidió salir por su cuenta.

Fue difícil.

Caminar durante mucho tiempo la agotaba.

Pero necesitaba saber la verdad.

Después de varias horas consiguió llegar hasta un pequeño centro de atención.

Lia entró nerviosa.

Una persona del lugar notó inmediatamente su estado y le preguntó si necesitaba ayuda.

Ella dudó.

—Creo que…

Se llevó una mano al abdomen.

—Creo que podría estar embarazada.

La expresión de Lia cambió al decirlo en voz alta.

Por primera vez aquella posibilidad dejó de ser una pregunta.

Se convirtió en una realidad que debía confirmar.

Después de realizarle una revisión, le pidieron esperar.

Lia permaneció sentada.

Sus manos temblaban.

Miraba constantemente hacia la puerta.

Cada minuto parecía durar una eternidad.

Hasta que finalmente una profesional regresó.

La miró con seriedad, pero con amabilidad.

—Lia.

Ella levantó la mirada.

—Sí.

—Los resultados confirman que estás embarazada.

Lia dejó de respirar durante un instante.

—¿Qué?

—Estás embarazada.

Las palabras resonaron en su cabeza.

Embarazada.

Lia bajó lentamente la mirada hacia su abdomen.

—Entonces…

Su voz se quebró.

—¿Todo este tiempo…?

La profesional asintió.

—Por las mediciones, el embarazo está bastante avanzado.

Lia sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—¿Cuánto?

La respuesta la dejó completamente sorprendida.

—Aproximadamente ocho meses.

Ocho meses.

Lia abrió los ojos.

—¿Ocho…?

No podía creerlo.

Había pasado ocho meses sin saber que dentro de ella crecía un bebé.

Ocho meses de náuseas.

Ocho meses de cansancio.

Ocho meses preguntándose qué estaba ocurriendo.

Lia llevó ambas manos hacia su abdomen.

Esta vez el movimiento que sintió dentro de ella tuvo un significado completamente diferente.

Ya no era una sensación extraña.

Era su bebé.

Su hijo.

Su pequeña vida.

Una lágrima cayó sobre sus manos.

—Hola…

Su voz apenas fue audible.

—Soy tu mamá.

La emoción la sobrepasó.

Lia lloró.

Pero aquellas lágrimas no eran únicamente de tristeza.

Había miedo.

Había confusión.

Había una ternura que nunca había sentido antes.

Y había una pregunta que no podía dejar de hacerse.

¿Cómo había llegado hasta allí sin darse cuenta?

---

Cuando salió del lugar, Lia caminó lentamente.

Necesitaba aire.

Necesitaba pensar.

El mundo parecía diferente.

Las personas caminaban por las calles sin saber que su vida acababa de cambiar.

Los autos pasaban.

Las tiendas seguían abiertas.

Todo continuaba normalmente.

Pero para Lia nada era igual.

Se detuvo frente a una pequeña tienda.

Miró su reflejo en el cristal.

Después volvió a mirar su abdomen.

—Voy a tener un bebé…

Decirlo en voz alta hizo que la realidad se sintiera todavía más fuerte.

Lia sonrió entre lágrimas.

—No sé qué voy a hacer.

Guardó silencio.

Después acarició suavemente su abdomen.

—Pero voy a cuidarte.

Por primera vez en mucho tiempo, Lia sintió que tenía una razón para luchar.

No quería que su bebé conociera la vida que ella había conocido.

No quería que creciera rodeado de miedo.

No quería repetir la historia.

—Tú vas a estar bien.

Respiró profundamente.

—Te lo prometo.

---

Cuando regresó a la casa, Brayan todavía no había vuelto.

Lia entró en silencio.

Se sentó sobre el colchón.

Sacó los documentos que le habían entregado y los observó nuevamente.

Ocho meses.

La cifra seguía pareciendo imposible.

Entonces volvió a sentir un movimiento.

Esta vez sonrió.

—Ya sé que estás ahí.

Su voz era diferente.

Más suave.

Lia se quedó acariciando su abdomen.

—Perdóname por no saberlo antes.

Las lágrimas regresaron.

—No sabía que existías.

Miró la fotografía de sus padres.

Durante un momento imaginó qué habría dicho su madre al enterarse.

Quizá la habría abrazado.

Quizá habría llorado de felicidad.

Lia cerró los ojos.

—Ojalá pudieras conocerlo.

Entonces escuchó la puerta.

Se tensó.

Brayan había regresado.

Lia guardó rápidamente los documentos.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

No sabía cómo reaccionaría él.

No sabía si debía contarle.

Y, por primera vez, comprendió que necesitaba proteger aquella verdad.

No porque se avergonzara.

Sino porque no sabía qué haría Brayan al enterarse.

Así que guardó silencio.

---

Brayan entró.

La miró apenas unos segundos.

Como siempre, su expresión fue fría.

—¿Dónde estabas?

Lia bajó la mirada.

—Salí.

—¿A dónde?

—A caminar.

Brayan no pareció interesado.

—Bien.

Pasó de largo.

Lia lo observó.

Ya no sentía la misma necesidad de obtener su cariño.

Había algo más importante ahora.

Su bebé.

Lia llevó discretamente una mano hacia su abdomen.

Miró hacia la puerta.

Y tomó una decisión.

No sabía cómo.

No sabía cuándo.

Pero encontraría una manera de salir de aquella casa.

Por ella.

Y por su bebé

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