PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
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Capítulo 18 El peso de un apellido
"Hay heridas que no dejan cicatrices en la piel... pero cambian para siempre la forma en que una persona mira el mundo."
Al día siguiente, Akari llegó a la Academia Seiran incluso antes de que el sol terminara de iluminar el patio principal.
El aire de la mañana era fresco y el edificio aún permanecía casi en silencio.
Por primera vez desde que comenzó su investigación, no llevaba consigo una carpeta llena de documentos.
Solo sostenía una libreta para tomar apuntes.
Y un pensamiento que no dejaba de repetirse en su mente.
Hoy volveré a escuchar la voz de Ren.
Apenas sonó el timbre de la primera hora, caminó directamente hacia la biblioteca.
La señora Hoshino ya se encontraba acomodando varios libros sobre un carrito de madera.
Al verla entrar, levantó la vista y sonrió con la serenidad de siempre.
—Buenos días, Akari.
—Buenos días.
La joven se acercó al mostrador con cierto nerviosismo.
—¿Puedo... seguir leyendo el diario?
La bibliotecaria guardó silencio unos instantes.
Después asintió lentamente.
—Sí.
Pero creo que será mejor hacerlo en otro lugar.
Akari inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Otro lugar?
La señora Hoshino rodeó el mostrador y tomó el viejo diario con sumo cuidado.
—El papel está muy deteriorado.
Mientras menos personas lo manipulen y menos cambios de temperatura tenga, mejor se conservará.
Le hizo un gesto para que la siguiera.
Atravesaron nuevamente la puerta del depósito, pero esta vez continuaron hasta una pequeña habitación ubicada al final del pasillo.
Era una sala sencilla.
Solo había una mesa de madera, dos sillas y una ventana alta por donde entraba una cálida luz de la mañana.
El ambiente transmitía una tranquilidad casi sagrada.
La señora Hoshino colocó el diario sobre la mesa.
—Aquí podrás leer sin interrupciones.
Akari acarició con cuidado la desgastada cubierta de cuero.
—Gracias...
La bibliotecaria sonrió con dulzura.
—A veces, escuchar una historia también es una forma de cuidar a quien la escribió.
Después salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad.
El silencio volvió a llenar el lugar.
Akari respiró profundamente.
Abrió el diario exactamente donde había terminado el día anterior.
La siguiente entrada comenzaba con una nueva fecha.
3 de mayo de 1924
La letra de Ren seguía siendo ordenada, aunque parecía escrita con menos calma.
"Hoy comprendí que conseguir una beca no significa ser aceptado."
Akari sintió un leve estremecimiento.
Continuó leyendo.
"Durante el descanso escuché a varios compañeros hablar sobre mí.
No dijeron mi nombre.
Supongo que no hacía falta.
Uno comentó que la Academia estaba perdiendo prestigio al admitir estudiantes de familias sin dinero.
Otro respondió que las becas solo existían para que la escuela pudiera presumir de ser justa.
Después todos rieron.
Seguí caminando como si no hubiera escuchado nada.
Fue más fácil así."
Akari bajó lentamente la vista.
Cada palabra parecía escrita sin rencor.
Solo con una tristeza serena.
Pasó a la siguiente página.
"A veces me pregunto si realmente pertenezco a este lugar.
Después recuerdo el rostro de mi madre el día que recibí la carta de admisión.
Jamás la había visto llorar de felicidad.
Por ella seguiré adelante."
Akari sonrió con ternura.
Podía imaginar perfectamente aquella escena.
Una pequeña casa.
Una familia humilde.
Un hijo que se convertía en el orgullo de todos.
Continuó leyendo.
"No todo ha sido malo.
El profesor Fujimoto volvió a felicitarme por mis resultados en matemáticas.
Dijo que el esfuerzo siempre encuentra su recompensa.
Ojalá tuviera razón."
Más abajo, la escritura cambiaba ligeramente, como si Ren hubiera hecho una pausa antes de continuar.
"Hoy también vi cómo un alumno de primer año era humillado por cometer un error durante la clase de educación física.
Nadie intervino.
Ni siquiera los profesores.
Me di cuenta de que aquí algunos apellidos pesan más que la justicia."
Akari cerró los ojos durante un instante.
Aquella frase resumía perfectamente el ambiente que Ren había encontrado en la Academia.
No era solo un lugar de excelencia.
También era un lugar donde las diferencias sociales marcaban el valor que muchos daban a las personas.
La siguiente línea hizo que Akari respirara hondo.
"No puedo elegir el apellido con el que nací.
Pero sí puedo elegir la persona en la que quiero convertirme."
Las palabras quedaron suspendidas en el silencio de la habitación.
Akari sintió que un nudo se formaba en su garganta.
Ren podía haberse llenado de resentimiento.
Podía haber respondido al desprecio con odio.
Sin embargo...
Había elegido otro camino.
Pasó una hoja más.
La siguiente entrada era mucho más breve.
"Hoy fue un día difícil.
Sin embargo, antes de dormir recordé la promesa que hice a mamá.
No regresaré a casa derrotado.
Mientras me quede una sola oportunidad... seguiré luchando."
Akari apoyó lentamente una mano sobre el diario.
Comprendía por qué Ren nunca había abandonado la Academia.
No era orgullo.
Era amor.
El amor de un hijo que se negaba a romper la esperanza de su familia.
Permaneció varios segundos contemplando aquellas páginas amarillentas.
Cada línea hacía que Ren dejara de ser un nombre perdido en documentos antiguos.
Ahora era un muchacho real.
Con sueños.
Con miedos.
Con heridas que nadie había querido ver.
Y Akari sintió que, cuanto más conocía su historia...
Más difícil le resultaba aceptar el destino que ya sabía que lo esperaba.
La luz de la tarde se filtraba suavemente por la pequeña ventana de la sala de lectura.
Akari permanecía inmóvil frente al diario.
Había dejado pasar varios minutos desde la última página.
Necesitaba respirar.
Cada palabra de Ren parecía acercarlo un poco más a ella.
Ya no imaginaba a un fantasma.
Imaginaba a un joven que sonreía para no preocupar a su familia.
Que escondía sus heridas detrás de un cuaderno lleno de sueños.
Con cuidado pasó la siguiente hoja.
La nueva entrada estaba fechada.
18 de mayo de 1924
"Hoy comprendí que algunas personas nunca dejarán de verme como el muchacho de la beca."
Akari continuó leyendo.
"Durante el almuerzo alguien escondió mis libros.
No fue una gran tragedia.
Los encontré una hora después detrás del gimnasio.
Lo que realmente dolió fue escuchar las risas mientras fingían no saber dónde estaban."
Las siguientes líneas estaban escritas con una serenidad que conmovía.
"Estuve a punto de enfadarme.
Durante unos segundos pensé en enfrentarme a ellos.
Pero entonces recordé las palabras de mamá.
'Nunca permitas que el odio decida por ti.'
Creo que todavía sigo aprendiendo a obedecer ese consejo."
Akari sonrió con tristeza.
Cada página demostraba que Ren elegía una y otra vez el camino más difícil.
No porque fuera débil.
Sino porque era fuerte de una manera diferente.
Pasó otra página.
25 de mayo de 1924
"He descubierto mi lugar favorito de toda la Academia.
La biblioteca."
Akari levantó ligeramente las cejas.
No pudo evitar sonreír.
Continuó leyendo.
"Aquí nadie pregunta cuánto dinero tiene mi familia.
Los libros no distinguen entre ricos y pobres.
Solo esperan ser abiertos."
Por primera vez desde que comenzó el diario, Ren parecía escribir con verdadera tranquilidad.
"La señora Hoshino siempre me recomienda algún libro nuevo.
Dice que las personas cambian cuando encuentran la historia adecuada.
Quizá tenga razón."
Akari sintió un profundo cariño por la anciana bibliotecaria.
Entonces comprendió algo.
La señora Hoshino no había protegido únicamente libros durante todos aquellos años.
Había protegido los recuerdos de Ren.
Siguió leyendo.
"Hoy volvió a aparecer la muchacha del cerezo.
Esta vez estaba sentada junto a una de las ventanas de la biblioteca.
Leía completamente concentrada.
De vez en cuando sonreía sin darse cuenta.
Me pregunté qué clase de historia podía provocar una sonrisa tan sincera."
Akari sintió que el corazón comenzaba a latir con más fuerza.
Cada palabra parecía escrita con enorme delicadeza.
No había obsesión.
Ni idealización.
Solo una admiración silenciosa.
"No me atreví a acercarme.
Creo que habría olvidado cómo hablar."
Akari dejó escapar una pequeña risa.
—Así que también eras tímido...
Continuó leyendo.
"Es curioso.
Cuando ella está cerca, las burlas parecen pesar un poco menos.
No porque desaparezcan.
Sino porque durante unos minutos recuerdo que el mundo también puede ser hermoso."
En ese instante...
Algo ocurrió.
Las letras del diario comenzaron a perder nitidez.
Akari sintió un ligero mareo.
Cerró los ojos por instinto.
Y entonces...
Lo vio.
Un jardín iluminado por la luz de la primavera.
El enorme cerezo cubierto de flores.
El sonido del viento moviendo los pétalos.
Una joven sentada sobre un banco de piedra.
Un libro descansaba entre sus manos.
La escena era tan real que Akari podía escuchar el suave pasar de las páginas.
Entonces la muchacha levantó lentamente la vista.
Sonrió.
Era una sonrisa cálida.
Llena de tranquilidad.
Akari sintió una emoción tan intensa que las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
Quiso acercarse.
Quiso pronunciar su nombre.
Pero antes de lograrlo...
La imagen desapareció.
La sala volvió a aparecer frente a sus ojos.
Respiraba con dificultad.
Tenía las manos apoyadas sobre la mesa.
El diario seguía abierto exactamente donde lo había dejado.
La puerta se abrió lentamente.
La señora Hoshino asomó la cabeza.
—¿Todo está bien?
Akari tardó unos segundos en responder.
Se secó rápidamente las lágrimas.
—Sí...
Solo...
Creo que por un instante recordé algo.
La bibliotecaria la observó con atención.
—¿Un recuerdo tuyo?
Akari permaneció en silencio.
Después negó lentamente.
—No lo sé.
Eso es justamente lo que me asusta.
La señora Hoshino no insistió.
Solo le dedicó una mirada serena antes de volver a cerrar la puerta.
Akari respiró profundamente.
Volvió al diario.
Solo quedaban unas pocas líneas en aquella página.
Las leyó despacio.
"Todavía no conoce mi nombre.
Tal vez nunca llegue a conocerlo.
Pero cada vez que sonríe... siento que el peso de este mundo es un poco más ligero."
Akari cerró el diario con infinito cuidado.
Lo sostuvo entre sus manos durante unos segundos.
Ahora entendía que Ren no solo había encontrado un refugio en la biblioteca.
También había encontrado una razón para seguir adelante.
Y, sin darse cuenta, ella comenzaba a sentir exactamente lo mismo.
🌸 Cada página del diario nos muestra que Ren no solo luchaba contra las injusticias de su época... también aprendía a seguir adelante sin perder la bondad de su corazón. Y quizá, sin saberlo, acababa de encontrar la razón para sonreír.
Si este capítulo te emocionó, regálame un ❤️, sígueme para continuar descubriendo los secretos del diario perdido y cuéntame en los comentarios: ¿qué fue lo que más te conmovió de Ren hasta ahora? ¿Crees que algún día se atreverá a hablar con esa misteriosa joven? 📖✨
Nos vemos en el próximo capítulo... porque algunas historias de amor comienzan con una sola mirada... y pueden cambiar el destino de dos vidas. 🌸🕰️