Ciento veintitrés años después de que la Inquisición del Primer Mandato silenciara un ritual prohibido, extraños acontecimientos comienzan a extenderse por todo el Imperio.
Enkyo, un joven de la ciudad de Newline, sueña con seguir los pasos de los soldados imperiales a pesar de la oposición de su padre. Sin embargo, cuando una expedición de caza termina en tragedia, presencia algo que no debería existir.
Bajo la superficie del mundo, antiguas fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo comienzan a despertar. Mientras verdades ocultas vuelven a emerger y las sombras de una era perdida regresan, Enkyo se verá atrapado entre el Imperio, el conocimiento prohibido y un legado más antiguo que la propia humanidad.
Algunos heredan reinos. Otros heredan pesadillas.
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Capítulo 14 — Cenizas de hoja silente
Cuando Enkyo y Thalion retomaron el entrenamiento, ambos volvieron a situarse frente a frente.
Thalion mantuvo la espada junto al costado mientras examinaba la postura de su hijo.
—Veo que has progresado con mayor rapidez de la que esperaba. Has mejorado.
Enkyo lo contempló con una expresión en la que se mezclaban la alegría y una confianza recién adquirida.
—No habría podido hacerlo por mi cuenta.
Mientras pronunciaba aquellas palabras, dirigió la mirada hacia Kyomuro. Su hermano menor se encontraba a cierta distancia, entretenido con otros niños.
Enkyo volvió entonces la atención hacia su padre y adoptó una nueva postura, dispuesto a continuar.
Thalion elevó la espada.
—Si deseas seguir avanzando, tendrás que agudizar tus reflejos y aprender a confiar más en tus instintos.
—Aún no consigo dominarlos por completo —respondió Enkyo—. Pero, si continuamos de este modo, terminaré por lograrlo.
Thalion lo observó como si cuestionara la facilidad con la que había pronunciado aquellas palabras.
—Con esfuerzo y disciplina, quizá lo consigas —dijo finalmente—. Pero no confundas las cosas.
Afirmó la mano alrededor de la empuñadura.
—En un combate verdadero, el instinto no basta. También se requieren estrategia y experiencia.
Su mirada adquirió mayor firmeza.
—Y tú todavía careces de ambas.
Enkyo bajó el rostro. Por un instante, pareció que sus palabras habían quebrado parte de aquella confianza.
Sin embargo, no tardó en asentir.
Cuando volvió a mirar a su padre, sus ojos mostraban una determinación distinta.
—Si continuamos aquí, sin movernos, no llegaremos a ninguna parte —dijo mientras afianzaba su postura—. ¿Qué esperas? Haz tu movimiento.
Thalion arqueó apenas una ceja.
Después ajustó el agarre sobre la espada de entrenamiento y se lanzó contra él.
El primer golpe llegó desde un costado.
Enkyo consiguió bloquearlo, pero Thalion enlazó el ataque con un corte descendente que lo obligó a retroceder.
Sin concederle tiempo para recuperar la distancia, bajó el cuerpo, apoyó una mano contra el suelo y extendió la pierna en un movimiento destinado a derribarlo.
Enkyo reaccionó a tiempo.
Elevó el cuerpo lo suficiente para evitar el barrido y, aprovechando el impulso, alzó la espada por encima de la cabeza para descargar un golpe descendente.
Thalion, todavía cerca del suelo, respondió con un ataque ascendente.
Ambas espadas de madera chocaron en el centro.
El impacto resonó con fuerza.
Durante un instante, ninguno de los dos cedió.
Entonces, la madera crujió.
Las dos armas se partieron al mismo tiempo.
Los fragmentos comenzaron a descender.
Pero antes de que tocaran el suelo, el crujido de la madera se transformó en un estrépito mucho más violento.
Astillas y pedazos de tablones salieron despedidos por el aire mientras varios soldados caían pesadamente sobre el suelo de otro salón de entrenamiento.
Cinco de ellos yacían cerca de Valerius. Algunos intentaban incorporarse; otros apenas eran capaces de moverse después de los golpes recibidos.
El general permanecía en medio del lugar sin mostrar el menor cansancio.
Observó a los hombres caídos y dejó escapar una exhalación de desagrado.
—Esto ni siquiera ha servido como calentamiento.
Sin ofrecerles ayuda, se volvió hacia la salida.
Los demás soldados, que habían presenciado el entrenamiento desde cierta distancia, permanecieron inmóviles. Ninguno quería atraer su atención ni convertirse en el siguiente contra quien decidiera descargar su fuerza.
Valerius se detuvo.
Giró apenas el rostro y les dirigió una mirada intimidante.
La tensión recorrió de inmediato al grupo. Algunos bajaron la vista; otros enderezaron la postura, aunque ninguno consiguió ocultar por completo el temor.
Valerius no dijo nada más.
Abandonó el salón y atravesó la entrada exterior.
A pocos pasos de allí, encontró a un hombre que parecía haber estado aguardándolo.
Valerius alzó la vista hacia la figura.
El hombre observó por un momento el interior del salón antes de hablar.
—Vaya. Si continúas de ese modo, pronto no quedará ningún soldado dispuesto a entrenar contigo.
Una expresión arrogante se dibujó en el rostro de Valerius.
—Esos gusanos apenas consiguen rozarme. Si me permitieran adiestrarlos como a los hombres de mi división, quizá servirían para algo más que obligarme a contenerme.
Desvió brevemente la mirada hacia los soldados caídos.
—Tal vez incluso lograrían proporcionarme un verdadero calentamiento.
El hombre dejó escapar una breve exhalación.
—Con hombres como tú resulta difícil razonar.
Valerius volvió a mirarlo.
—Si eso fuera cierto, no sería general. ¿No lo crees, Delius?
La expresión de Delius se endureció apenas.
—Lord Delius. No olvides cómo debes dirigirte a mí.
Valerius sostuvo su mirada.
—A veces olvido que eres un Lord.
Hizo una breve pausa.
—Quizá sea porque no siempre te veo como uno.
Delius alzó las cejas.
—¿De veras? Es algo que puede advertirse a simple vista. Incluso durante las reuniones del Consejo eres incapaz de mostrarme una mínima consideración.
La expresión de Valerius se tornó algo más serena.
—Eso no es cierto. Siempre te respetaré.
—Simplemente no te considero como a los demás Lords.
Delius suspiró.
—Supongo que lo tomaré como un cumplido.
Valerius tomó una tela y la pasó por su frente antes de secarse parte del cuello.
—Tengo un mensaje para ti —continuó Delius.
Valerius bajó la tela.
—¿Proviene del Consejo?
Delius extrajo un pergamino doblado de entre sus vestiduras.
—El Consejo será informado, aunque cada Lord atienda ciertos asuntos por separado. Ya sabes cómo funciona.
Le tendió el documento.
Valerius reconoció de inmediato el sello de Lord Henry FitzRoy.
Desplegó el pergamino y recorrió su contenido en silencio.
El mensaje era breve.
Lord Henry tenía un encargo personal para él y exigía que fuese atendido de inmediato. Debía dirigirse a una de sus sedes y recoger un documento que le indicaría dónde encontrarlo.
Cuando terminó de leer, Valerius arrugó el pergamino y se lo devolvió.
Delius observó el papel deformado entre sus dedos.
—A veces desearía poseer la misma confianza que tú —dijo—. Aunque preferiría prescindir de la arrogancia que la acompaña.
Una expresión segura apareció en el rostro de Valerius.
—Tal vez. Pero ya forma parte de mí.
Se colocó la tela sobre uno de los hombros.
—Y así continuará siendo.
Delius guardó el pergamino.
—Debes encargarte de ello de inmediato.
Valerius inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Es una orden?
—Puedes tomarlo como prefieras.
Delius comenzó a alejarse.
—Debo inspeccionar la Quinta División. Los últimos informes muestran un rendimiento muy por debajo de lo esperado y demasiadas bajas durante la preparación física.
Valerius apartó la mirada.
—Entonces ve y cumple con tus deberes de Lord. Eso no es asunto mío.
Delius se marchó sin añadir nada más.
Valerius lo siguió con la vista hasta que desapareció entre los corredores exteriores. Después regresó al salón para recoger su armadura.
Un sirviente aguardaba junto a su corcel. El animal llevaba parte de la protección sobre el lomo, aunque las piezas más pesadas habían sido retiradas mientras el general entrenaba.
Dos hombres se ocuparon de fijarlas nuevamente mientras Valerius terminaba de colocarse la armadura.
Poco después, abandonó la zona de adiestramiento y cabalgó hacia la sede indicada en el mensaje de Henry.
El recorrido lo condujo por calles cada vez menos transitadas hasta un edificio situado lejos del centro de la capital. Varios sirvientes ya lo esperaban frente a la entrada.
Valerius desmontó y entregó las riendas.
Un hombre de avanzada edad se aproximó para recibirlo.
—Lord Henry lo está esperando, general.
El anciano le tendió una carta sellada.
Valerius la contempló con evidente hastío.
Tomó el documento sin formular ninguna pregunta y regresó hasta su caballo. Rompió el sello en cuanto volvió a ponerse en marcha.
La carta contenía una única instrucción:
Preséntate en El Ciervo Gris. Ven solo.
Valerius apretó el pergamino entre los dedos y continuó cabalgando.
Al llegar al lugar indicado, encontró la entrada principal cerrada. Dos comandantes aguardaban junto a una puerta lateral.
Al reconocerlo, ambos inclinaron la cabeza.
—General.
Valerius se retiró el casco mientras uno de ellos recibía las riendas. El otro abrió la entrada.
—Lord Henry lo espera dentro.
Valerius atravesó un corredor estrecho hasta llegar a una habitación apartada.
Henry FitzRoy se encontraba de pie junto a una mesa cubierta de documentos.
El cansancio era evidente en su rostro. Llevaba el cabello desordenado y profundas marcas oscurecían la piel bajo sus ojos.
Al verlo entrar, señaló una de las sillas.
—Toma asiento.
Valerius dejó el casco sobre la mesa y se sentó frente a él.
Lo examinó durante unos instantes.
—Cada vez que te encuentro, pareces estar más cerca de convertirte en uno de los cadáveres que custodian tus archivos.
Henry dejó escapar una leve sonrisa.
—Es agradable comprobar que tu delicadeza continúa intacta.
Valerius apoyó un brazo sobre el respaldo de la silla.
—Me hiciste cruzar media capital para recoger una carta que únicamente me condujo hasta aquí.
Su expresión se endureció.
—¿Por qué no enviaste a uno de tus sacerdotes o a cualquier otro mensajero?
La sonrisa de Henry desapareció.
—Porque debo revelarte algo.
Tomó uno de los documentos extendidos sobre la mesa.
—Y solo tú debes escucharlo.
Valerius abandonó su postura relajada.
Henry le dio la espalda y se dirigió hacia un pequeño escritorio situado al otro extremo de la habitación.
—Antes de continuar, recuerda el juramento que hiciste.
Valerius cerró los ojos durante un instante y dejó escapar una lenta exhalación.
—Jamás lo he olvidado.
Henry regresó hasta la mesa y colocó frente a él un pergamino.
—Entonces lee esto.
Valerius lo tomó.
Era una copia del informe redactado por Julius acerca de Celok, los cuerpos encontrados en el puesto fronterizo y el residuo oscuro presente en ambos lugares.
Leyó el documento sin alterar su expresión.
Cuando terminó, lo dejó sobre la mesa.
—¿Y?
Henry tomó asiento frente a él.
—Anoche encontré algo que llamó mi atención.
Apartó el informe de Julius y extendió otro pergamino.
—Se trata del Bosque de Yovalis.
Valerius bajó la mirada hacia el documento.
Henry señaló la fecha escrita en el extremo inferior.
—Este decreto fue redactado hace cincuenta y tres años. En él se registra una extensa plantación y la posterior delimitación de las tierras que hoy conocemos como Yovalis.
Valerius recorrió las líneas sin comprender todavía la importancia de aquello.
—¿Y qué tiene de extraño?
Henry colocó a su lado un segundo documento.
—He consultado registros de casi ochenta años de antigüedad en los que Yovalis ya era descrito como un bosque existente.
Valerius levantó la mirada.
Henry mantuvo un dedo sobre ambas fechas.
—Una de estas versiones no puede ser cierta.
Valerius permaneció observando los documentos.
Comparó las fechas antes de volver la atención hacia Henry.
—Entonces, ¿qué significa esto?
Henry retiró la mano de los pergaminos.
—Que alguien alteró uno de los registros. Y debo descubrir quién fue.
Observó nuevamente el documento más reciente.
—No encuentro razón alguna para que un texto conservado durante tantos años haya sido modificado de este modo. Ni siquiera mi antecesor pareció advertirlo.
Valerius entrecerró los ojos.
—¿Esa es la razón por la que me hiciste venir?
—No. Hay algo más.
La impaciencia regresó al rostro del general.
—Entonces dilo de una vez.
Henry guardó silencio por un momento.
—Comienzo a creer que el origen de Yovalis no fue tan simple como indican estos documentos.
Valerius volvió la mirada hacia los pergaminos.
—¿Qué quieres decir?
—Que su creación pudo responder a una razón distinta de la que quedó registrada.
Valerius se levantó de la silla.
—Entonces debemos convocar al Consejo de inmediato.
Henry negó con la cabeza.
—En este momento no será posible reunirlo. Cada Lord se encuentra atendiendo distintos asuntos dentro del Imperio, especialmente después de lo sucedido en Celok y en la frontera.
Valerius dejó escapar una exhalación de desagrado.
—Siempre encuentran una razón para no reunirse cuando verdaderamente importa.
Volvió a mirarlo.
—¿Eso es todo?
—No.
Henry reunió los documentos y los colocó uno sobre otro.
—El primer incidente ocurrió durante la noche del siete de julio. El joven Greygar permaneció inconsciente durante los dos días siguientes y, poco después de despertar, fue enviado a Celok.
Deslizó el informe de Julius junto al decreto de Yovalis.
—Después aparecieron los cuerpos en la frontera… y ahora tenemos esto.
Se llevó una mano a la frente.
—He pasado tanto tiempo encerrado entre esos archivos que esta mañana tuve que preguntar qué día era.
Bajó la mano.
—Veinticuatro de julio. Apenas han transcurrido tres semanas y ya se han acumulado demasiados indicios inusuales como para seguir considerándolos simples coincidencias.
Valerius permaneció en silencio.
—La alteración de este documento es una más —continuó Henry—. Y debemos averiguar quién fue responsable.
—¿Qué esperas que haga?
—Quiero que observes a los miembros del Consejo.
El rostro de Valerius se endureció.
—¿Pretendes que actúe como un espía?
—Puedes llamarlo como desees.
Henry se inclinó ligeramente hacia él.
—No ignores ninguna conducta extraña, ningún cambio repentino, ninguna orden fuera de lugar ni ningún interés injustificado por Yovalis, Celok o los archivos.
Valerius lo contempló con evidente disgusto.
—¿Estás seguro de que deseas ponerme en esa posición?
—No te habría hecho venir si tuviera dudas.
Henry guardó silencio antes de añadir:
—Además, si no recuerdo mal, ya tienes experiencia en esta clase de asuntos.
Valerius no respondió.
Henry mantuvo la mirada fija en él.
—No debes olvidar tu juramento a la casa FitzRoy.
también me gusta que cada uno tenga una persona la diferente a pesar de que todavía no hay un desarrollo completo de personajes, también puedo notar que en este tipo de trabajo mejor dicho obra, veo una forma expresiva y un léxico muy notable, la manera en Cómo surge una batalla y cómo se logra entender es algo que pocos autores logran describir
estoy muy ansioso de seguir con este tipo de obra la verdad, no muchas veces se ve algo con bastante potencial y de verdad me enamoro de las relaciones que tiene los personajes y el conflicto que hay🩷🩷
I'm truly surprised; the story is increasingly drawing me in and captivating me. And I really don't know how to explain the feeling of how all of this is unfolding at a spectacular pace../Drool//Drool/