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El Lado Oscuro De La Pasión

El Lado Oscuro De La Pasión

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amante arrepentido / Reencuentro
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Durante diez años, Rebecca le volvió la espalda al pasado, decidiendo aceptar la traición de Jay Lorence y abrirse paso sola en la vida. Pero ahora, nada podía apartarla del lecho de su madre; ni siquiera para enfrentarse a Jay de nuevo... Después de todo, él jamás se molestó en averiguar qué le sucedió a la adolescente que huyó de Thornley, jurando nunca regresar, ni cómo sobrevivió la chica cuyo amor y confianza rechazó con tanta crueldad...

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Capítulo 11

Al final, pálida y temblorosa, se apoyó en el borde del escritorio, enterrando las uñas en la madera pulida, apenas respirando por el asco que él y ella misma le inspiraban.

-Rebecca... -lo que descubrió al mirarla, temblando, con los ojos muy abiertos y contemplando -el vacío, lo estremeció y esa emoción se reflejó en la manera en que murmuró su nombre.

Ella tragó saliva, obligándose a salir de la nube negra en que la sumió ese beso. Una fina capa de sudor le perlaba la piel provocándole náusea. Jay no podía adivinarlo, pero su urgencia sexual desapareció por el mal trato que él le dio diez años atrás y esa era la primera vez que la besaba un hombre desde aquel entonces.

-Por el amor de Dios -musitó Jay al contemplar sus pupilas grises-, no me mires de ese modo -inclinó la cabeza, con el cuerpo tenso de ira-. ¿Qué creías que te haría? -La fulminó con los ojos-. ¿Violarte?

Esa ironía vulgar la forzó a recobrar el sentido común, se enderezó y con la palma de la mano, se tentó los labios hinchados.

-Debo irme -musitó, atontada-. No puedo quedarme aquí...

- ¡No! -Hizo un ademán, como si intentara atraparla de nuevo, y luego dejó caer la diestra, mientras ella, inmóvil como un pilar de piedra, lo despreciaba, con tanto asco, que sus pupilas grises se tornaron opacas-. No -repitió, tan pálido como la joven-. Mira... -se volvió, agachando los hombros-, si esto ayuda, te pido disculpas por esta falta de control. No sucederá de nuevo -aunque no le veía la cara, apostó que se burlaba de sí mismo-. La razón por la que entré en el estudio -continuó con más calma-, era para decirte que la señora Musgrove tiene la cena lista. Pensé que querrías refrescarte un poco antes de comer.

Al terminar de hablar salió de la habitación y Rebecca lo siguió, demasiado cansada para rebelarse. Ese beso actuó como una violación de su alma, abriendo viejas heridas y dejándolas al desnudo y sangrando. También su reacción los sacudió a ambos y ahora sólo agradecía que él ignorase cuánto la había estremecido porque desde lo profundo de su corazón, donde encerró todos los recuerdos de Jay, ahora surgía de nuevo, en catarata.

Jay tomó la maleta de su invitada y subió las escaleras. En fila, recorrieron el camino que ella pisó de niña, intimidada por la elegancia y la grandeza de la mansión. Con la ingenuidad de la infancia, la enorgullecía que se le permitiera a su madre cuidar ese lugar maravilloso y a su padre encargarse de los jardines. Pero, aun en su ciega admiración por esa casa, nunca se imagino ni por un momento, que un día fuera ama y señora de ese sitio. Creía que Jay le pertenecía; pero jamás la riqueza que lo rodeaba.

Rebecca conocía cada una de las habitaciones de la mansión. Esa era la de Cissy Lorence, la tía de Jay, la oveja negra de la familia que huyó para casarse con el hombre que amaba, sin importarle el hecho de que fuera un campesino. Se fueron a América y nadie volvió a oír de ellos, pero todavía se referían a ese cuarto como el de Cissy.

Quizá Jay se lo asignó con cierta razón, reflexionó Rebecca al entrar en el dormitorio, puesto que ella también era una oveja negra.

-Hay un baño tras aquella puerta -le recordó Jay-. Si estás lista en quince minutos, ayudarás mucho a la señora Musgrove. La cena ya se retrasó una hora y quizá se eche a perder.

Cerró la puerta y Rebecca se sentó en la cama, todavía temblando por la desagradable escena que acababa de pasar. Deseó tener el valor de pedir que le subieran un emparedado porque no soportaría a Olivia posando como una reina en el comedor. Pero, no tenía derecho a negarle ese triunfo.

-Jay nunca se casará contigo -la voz dé Olivia se burlaba de ella a través de los años-. Puedes provocarlo con ese cuerpecito sensual con tanta frecuencia como quieras, pero cuando llegue el -momento Jay se casará por dinero, clase y calidad.

-Ah... ¿igual que tu padre cruza al toro que obtuvo el campeonato con una vaca fértil? -se mofó, aparentando interés-. ¡Qué degradante para la pobre mujer que atrape a Jay!

Olivia no apreció la astucia de su réplica y ella, joven y tonta, no captó cuán ciega se mostró respecto a Jay.

Se obligó a ponerse de pie, abrió su maleta y seleccionó el vestido que encontró.

¿Apenas esa mañana leyó el anuncio del periódico?

Levantó la cabeza y observó la sobrecama de satén color lavanda que cubría el lecho. Parecía que había transcurrido una vida.

Diez años, por lo menos...

1
Alexandra Ortiz Posada
Me enfurece que ella se deje menospreciar de esa manera
Alexandra Ortiz Posada
Cada vez más odioso
Alexandra Ortiz Posada
Demasiado tonta
Alexandra Ortiz Posada
Odioso, y ni siquiera le pide perdón por la haberla golpeado
Alexandra Ortiz Posada
Malvado, egoísta, no se interesa en el sufrimiento de ella
Alexandra Ortiz Posada
Odio como la trata este estupido
Alexandra Ortiz Posada
Desgraciado, como se atreve a pegarle
Alexandra Ortiz Posada
Es odioso este tipo
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