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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10

El viaje de negocios a la ciudad costera había sido planeado con una precisión milimétrica, o al menos eso era lo que Víctor Moreira creía antes de salir de la oficina. En la estructura de su vida perfecta, todo debía tener un orden inquebrantable. Sin embargo, desde que Cecilia Morales había cruzado la puerta de su despacho, el orden era lo único que parecía desvanecerse en el aire.

El trayecto en el auto de Víctor había estado cargado de un silencio espeso, magnético, interrumpido solo por las instrucciones de trabajo y las llamadas de Víctor para reportarse con su hija Angélica. Cecilia, sentada en el asiento del copiloto, miraba por la ventana vistiendo un conjunto de viaje impecable: un pantalón de vestir sastre de tiro alto y una blusa de seda blanca que revelaba sutilmente la curva de sus hombros. Mantenía su postura dócil, respondiendo con suavidad a cada palabra de su jefe, pero la tensión sexual acumulada en los pasillos de la empresa viajaba con ellos en el espacio cerrado del vehículo.

Al llegar al hotel de cinco estrellas donde se hospedarían para la convención corporativa, el primer golpe de realidad los recibió en el mostrador de mármol de la recepción.

—¿Cómo que una sola habitación? —preguntó Víctor, con su voz profunda y cortante, apoyando ambas manos sobre la barra. Su mandíbula se apretó de inmediato, adoptando esa postura imponente de hombre de treinta años acostumbrado a que sus órdenes se cumplan sin rechistar.

La recepcionista revisó la pantalla de la computadora con evidente nerviosismo ante el aura de autoridad que desprendía el hombre.

—Lo lamento mucho, señor Moreira. Hubo un error de sobreventa en el sistema de la agencia corporativa y el hotel está completamente lleno debido a la convención. La única reserva que quedó confirmada a su nombre es la suite ejecutiva con una cama King Size. No tenemos habitaciones individuales disponibles hasta que termine el viaje dentro de tres días.

Víctor soltó un suspiro pesado, una mezcla de frustración y un repentino calor que le recorrió la espalda. Giró la cabeza sutilmente para mirar a Cecilia, quien se había quedado un paso atrás, sosteniendo su bolso con timidez fingida. Sin embargo, al cruzar miradas, Víctor pudo notar un destello de fuego y atrevimiento salvaje en los ojos oscuros de su secretaria. Ella no estaba asustada; estaba extasiada por la jugada del destino.

—Está bien. Denos la llave —sentenció Víctor, tomando la tarjeta con brusquedad. El juego de las miradas discretas acababa de mudarse a un territorio sin escapatoria.

La suite ejecutiva era el escenario perfecto para una trampa. Tenía paredes de vidrio que daban al océano, una iluminación cálida y baja, y en el centro, una imponente cama que parecía dominar todo el espacio. Al cerrar la puerta trasera, el clic del pestillo resonó como una sentencia. Estaban completamente solos, lejos de la oficina, lejos del fantasma de su exesposa Ángela y de las sospechas de su hija.

Las primeras horas de la noche transcurrieron entre cenas de etiqueta y reuniones con inversionistas en el salón principal del hotel. En los eventos, Cecilia fue la asistente perfecta: caminaba un paso detrás de Víctor, le alcanzaba los documentos con manos seguras y mantenía una distancia profesional intachable ante los ojos del mundo. Pero en la intimidad de la suite, al regresar pasadas las once de la noche, las máscaras profesionales empezaron a caer junto con las prendas de vestir.

Víctor se quitó el saco del traje oscuro, tirándolo sobre uno de los sillones de cuero, y comenzó a desabrocharse los primeros botones de la camisa blanca con movimientos lentos, revelando la firmeza de su pecho. Estaba cansado, con el peso del divorcio reciente aún rondando su mente, pero la presencia de Cecilia a solo unos metros le anulaba cualquier capacidad de descanso.

Cecilia caminó hacia el ventanal que daba al mar. Se había quitado los tacones y se había deshecho de la blusa formal, quedando únicamente con una camisola de satén negro con encaje en el escote y unos hilos delgados que se cruzaban por su espalda completamente descubierta. El reflejo de la luna sobre el agua iluminaba su silueta, acentuando el vaivén de sus caderas mientras se soltaba el cabello rubio, permitiendo que cayera en ondas sobre sus hombros.

Víctor se acercó a ella con pasos firmes, como un depredador que ya no tiene intenciones de contenerse. El aroma dulce de la vainilla y la madera de su perfume inundó sus sentidos. Se detuvo justo detrás de ella, tan cerca que Cecilia pudo sentir el calor de su pecho ancho rozando su espalda desnuda. Víctor levantó las manos y las posó firmemente en la cintura de ella, atrayéndola hacia atrás hasta pegar sus cuerpos. Cecilia soltó un suspiro ahogado, echando la cabeza sutilmente hacia atrás, disfrutando de la maravillosa sensación de posesividad dominante que él emanaba.

—Pasamos toda la noche fingiendo, Cecilia —le murmuró Víctor al oído, con una voz ronca que le erizó la piel—. Vi cómo me mirabas en la cena mientras hablabas con los ejecutivos. Me estás desquiciando.

Cecilia se giró lentamente entre sus brazos, quedando de frente a él. La diferencia de altura la obligaba a mirar hacia arriba, una posición de sumisión que encendía todos sus deseos ocultos. Deslizó sus manos con parsimonia por las solapas de la camisa entreabierta de Víctor, sintiendo los latidos acelerados de su corazón.

—Tenía miedo de este momento, Víctor... —confesó ella en un susurro, y por primera vez, la vulnerabilidad en su voz fue real, desprovista de cualquier juego—. En la oficina jugamos a que eres el jefe y yo la secretaria obediente, pero la verdad es que... mi mente va mucho más allá. Mi última relación se rompió porque mi ex me llamó enferma. Me juzgó por las cosas que me gustan en la intimidad.

Víctor la miró fijo, deteniendo sus manos en las caderas de ella. El tono serio de Cecilia lo hizo prestar atención absoluta.

—Tengo fetiches, Víctor. Fetiches que muchos consideran extraños —continuó ella, tragando saliva, con los ojos fijos en el pecho de él por miedo a ver el rechazo en su mirada—. Me gusta que me dominen de verdad. Me gusta el dolor sutil, las restricciones, sentir que no tengo el control de nada de lo que pasa con mi cuerpo cuando estoy debajo de un hombre. Quiero que me des órdenes que no pueda rechazar, quiero sentir tu autoridad absoluta sobre mí. Quiero que me uses a tu antojo sin pedir permiso.

Cecilia cerró los ojos, esperando el balde de agua fría, esperando que el correcto padre de familia de treinta años se apartara de ella con asco o desaprobación. Pero el silencio que siguió no fue de rechazo, sino de una tensión que se volvió tan densa que el aire quemaba.

Víctor la tomó del mentón con los dedos firmes, obligándola a abrir los ojos para mirarlo. En las pupilas oscuras de su jefe no había juicio; había una chispa de fuego salvaje, una devoción cruda y posesiva que ella nunca le había visto. La madurez y el porte implacable de Víctor se fusionaron con una faceta dominante que él mismo había mantenido sepultada por años bajo el peso del deber familiar.

—¿De verdad pensaste que te iba a juzgar por eso, Cecilia? —soltó Víctor, con una voz de mando tan profunda y oscura que hizo que las piernas de ella temblaran de anticipación—. Tu ex era un imbécil que no sabía lo que tenía enfrente. Si lo que quieres es un hombre que tome el control absoluto, estás con el hombre indicado.

Sin darle tiempo a responder, Víctor la levantó en vilo por las caderas, mandando a volar cualquier rastro de duda. Cecilia rodeó la cintura de él con sus piernas instintivamente mientras Víctor la arrastraba hacia la enorme cama King Size, depositándola en el centro del colchón con un golpe seco pero controlado. Se posicionó sobre ella, acorralándola con su imponente contextura física, mirándola desde arriba con una superioridad natural que a ella la volvía loca.

—A partir de esta noche, en esta habitación, tus reglas desaparecen y empiezan las mías —sentenció Víctor, atrapando las muñecas de Cecilia con una sola de sus manos grandes y firmes, asegurándolas por encima de su cabeza contra las sábanas blancas—. Vas a hacer exactamente lo que yo te ordene, vas a complacer cada uno de mis deseos y me vas a mostrar todo lo que escondes debajo de tus sábanas. ¿Quedó claro, Cecilia?

—Sí, señor... —rogó ella en un gemido ronco, completamente entregada a su fuerza, saboreando el triunfo de haber encontrado al fin al hombre maduro capaz de reclamarla por completo en la oscuridad de su romance secreto.

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Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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