sinopsis de La CEO de Cristal:
La traición: Salma, una CEO exitosa y poderosa, ve su mundo perfecto colapsar cuando descubre un enredo amoroso entre su prometido, Mauricio, y su mejor amiga, Rebeca.
La transformación: Tras este duro golpe, Salma se convierte en una mujer fría, calculadora y distante, levantando una armadura de hielo para protegerse y enfocándose por completo en su imperio corporativo.
El nuevo camino: En su proceso de reinventarse, Salma se cruza con Malik, un hombre reservado y de noble corazón que desafiará su frialdad, mientras enfrenta las intrigas de la prepotente madre de este, Soraya.
El gran secreto: Más allá de las traiciones y el nuevo romance, el verdadero vuelco de la historia ocurrirá cuando salga a la luz el mayor misterio de su vida: Salma no sabe que es adoptada, un secreto que sus tíos Clara y Fernando han guardado por amor.
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Capítulo 18: Sombras de la mente y un reencuentro inesperado
La tensión de los últimos días había dejado el ambiente cargado de un silencio espeso, pero la necesidad de sanar y poner las cartas sobre la mesa pudo más. Carlos y Aurora Jiménez habían invitado a Salma a una cena íntima en un exclusivo restaurante de la ciudad, un espacio neutral y privado donde por fin podrían conversar con el corazón en la mano tras la fuerte revelación de su verdadera historia familiar.
Salma aceptó la invitación acompañada por Clara y Fernando, sus tíos y padres de crianza, quienes se mantuvieron firmes a su lado en todo momento. La cena transcurrió entre platos elegantes y miradas cargadas de un afecto que el tiempo y las mentiras no habían podido romper, pero todos sabían que había un elefante en la habitación: Rebeca.
Fue justo después del postre cuando Carlos, con el rostro ensombrecido por la preocupación, juntó las manos sobre la mesa y decidió hablar.
—Salma, sabemos que las cosas entre tú y Rebeca terminaron en el peor de los escenarios, pero hay algo muy grave que necesitas saber por tu propia seguridad —comenzó Carlos con voz pausada, mirando fijamente a la joven CEO—. Tras el colapso de la boda y el comportamiento errático que ha venido arrastrando, Rebeca fue llevada con especialistas de urgencia. Los médicos le diagnosticaron un trastorno de personalidad múltiple.
Salma se quedó inmovilizada, procesando la noticia con una mezcla de sorpresa y profundo rechazo.
Aurora, incapaz de contener el dolor que le desgarraba el alma, cubrió su rostro con las manos y rompió en un llanto amargo, dejando escapar los sollozos que llevaba semanas ahogando.
—¡Yo no sé en qué momento pasó esto, Salma! —balbuceó Aurora entre lágrimas, con la voz quebrada por la desesperación—. Mi Becky, mi niña, siempre fue una hija alegre, llena de luz, de amor y de sueños... Verla convertida en esta sombra fría y obsesiva nos está matando. Y por si fuera poco... ella está embarazada.
El impacto de la noticia dejó helados a los presentes en la mesa.
—Mauricio aún no le cree del todo, hay mucha incredulidad de por medio —continuó Carlos, tomando la mano temblorosa de su esposa para darle fuerza—, pero decidimos contarte esto, Salma, porque tememos que, en medio de uno de los brotes de su personalidad maligna, Rebeca intente hacerte daño. Queremos que estés alerta. Ella ya comenzó con sus terapias psiquiátricas, pero la enfermedad es impredecible y no queremos que salgas lastimada.
Salma los escuchó con atención, sintiendo una profunda lástima por el sufrimiento de sus tíos adoptivos —quienes a fin de cuentas eran los padres de su antigua mejor amiga—, aunque su mente fría y calculadora ya evaluaba los riesgos de mantener a Rebeca en su radar.
Lo curioso del caso es que, como si el cuerpo respondiera a la verdad que por fin había sido aceptada, las cosas comenzaron a cambiar de manera inexplicable en la vida de Rebeca. Días después de que ella misma lo anunciara y de que se lo confirmara a sus padres con el tierno body de bebé, su pancita comenzó a notarse de golpe, redondeandose con una suavidad hermosa que desafiaba el tiempo. Con el cambio físico, una luz distinta se instaló en sus ojos; Rebeca se veía más feliz, jovial y en paz, dominada por esa faceta luminosa y dulce que parecía querer borrar las tormentas de su mente.
Una tarde, mientras Rebeca caminaba tranquilamente por una animada plaza comercial disfrutando del aire fresco y comprando algunos detalles pequeños para el cuarto del bebé, el destino cruzó sus pasos con los de Mauricio Goncalves.
Mauricio iba saliendo de una tienda cuando levantó la vista y la vio de frente. Se quedó completamente paralizado. Sus ojos bajaron de inmediato hacia el vientre de Rebeca, el cual se perfilaba con claridad bajo su vestido holgado. El escepticismo que había sentido los días anterior en la cafetería se desvaneció de golpe, aplastado por la evidente realidad: el embarazo era real, y ella llevaba en su interior a un hijo suyo.
Rebeca levantó la mirada y lo reconoció al instante. Sus ojos se clavaron en los de él por una fracción de segundo, cargados de una profunda indiferencia. Su lado bueno, el que antes se habría derretido en lágrimas, corrido a sus brazos o intentado rogarle amor, esta vez no hizo absolutamente nada. No hubo carreras desesperadas, ni súplicas, ni reproches.
Con absoluta serenidad, Rebeca simplemente desvió la mirada, dio un paso al costado y continuó su camino con paso firme y una sonrisa ligera en los labios, dejándolo plantado en medio del pasillo, completamente atónito, mudo y con el corazón latiéndole desbocado ante la inesperada y fría indiferencia de la mujer a la que había subestimado.