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Destellos De Traición

Destellos De Traición

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Venganza
Popularitas:8.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
​En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña

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Capitulo 18

​El restaurante L’Observatoire colgaba literalmente sobre la ciudad, una caja de cristal y acero donde la élite cenaba entre las nubes.

Abigail eligió la mesa: una ubicación central, expuesta, donde no hubiera rincón para esconderse. Llevaba un vestido de seda color esmeralda que resaltaba la palidez de su piel y la dureza de su mirada. A su derecha, Julián intentaba mantener su fachada de éxito, aunque el sudor en sus sienes delataba que el peso de los diamantes suizos empezaba a agobiarlo.

​Frente a ellos, la pareja de la discordia. Mónica, vestida con una ostentación que gritaba "nueva rica", y Sebastián, cuya presencia en esa mesa era como colocar un lobo en un corral de ovejas.

​—Es un placer que finalmente nos reunamos todos —dijo Julián, levantando su copa de champán—. Sebastián, tu propuesta de los diamantes en bruto es... audaz. Justo lo que Sterling & Co. necesita para su nueva etapa.

​Sebastián no miró a Julián. Sus ojos estaban fijos en Abigail mientras tomaba un sorbo de vino tinto.

—La audacia es necesaria cuando se trabaja con piezas de valor incalculable, Julián. Pero solo funciona si el que las maneja sabe apreciar su verdadera estructura.

​Abigail sostuvo la mirada de Sebastián. No fue un intercambio fugaz; fue un puente de electricidad que atravesó la mesa. Julián, que estaba a punto de beber, se detuvo con la copa a medio camino. La forma en que Sebastián miraba a su esposa no era la de un socio comercial; era la de un hombre que reconoce a su igual.

​Julián no sintió celos por amor, sino por territorialidad. Ver a Abigail recuperar su brillo bajo la atención de Sebastián le provocó una inseguridad visceral. Él la quería rota, gris y predecible. Verla ahora, compartiendo sonrisas imperceptibles y silencios cargados con un hombre diez veces más poderoso que él, le quemaba el orgullo.

​—Parece que ustedes dos han estado hablando mucho de "estructuras" últimamente —soltó Julián, su tono cargado de una ironía ácida.

​—Sebastián ha sido un asesor muy perspicaz, Julián —respondió Abigail con una calma que lo enfureció más—. Tiene un ojo clínico para detectar lo que es auténtico y lo que es simplemente... bisutería.

​Mónica, sintiéndose excluida y molesta por la alusión indirecta, intervino apretando el collar de zafiros bajo su blusa.

—A veces la bisutería brilla más que el diamante real, Abigail. Todo es cuestión de quién sabe lucirla.

​A mitad de la cena, Abigail sintió el roce de la rodilla de Sebastián contra la suya. No se apartó. Al contrario, dejó que ese contacto clandestino fuera su ancla mientras escuchaba a Julián mentir sobre los plazos de entrega a los franceses.

​Sebastián se inclinó hacia adelante, cortando su filete con una precisión casi quirúrgica.

—Me han dicho, Julián, que estás planeando un gran desfile para cerrar el trato con L'Eclat. Debes estar muy seguro de tu colección principal.

​Julián se infló como un pavo real, buscando reafirmar su autoridad frente a Mónica.

—Tengo a la mejor diseñadora de la industria trabajando en ello. Aunque —miró a Abigail con desprecio— últimamente parece que prefiere los talleres de barrio a su propia oficina de diseño.

​Abigail sonrió. Fue una sonrisa gélida, la de alguien que sabe que la trampa ya se ha cerrado.

—Los mejores cimientos se construyen donde nadie mira, Julián. Deberías saberlo, tú que eres tan bueno ocultando cosas.

​La tensión alcanzó su punto crítico cuando el sommelier trajo una botella de vino que Sebastián había pedido previamente.

—Un brindis por la mujer que realmente hace que este imperio funcione —dijo Sebastián, levantando su copa directamente hacia Abigail, ignorando por completo a los otros dos.

​Julián golpeó la mesa con la mano, haciendo que los cubiertos tintinearan.

—¡Ya basta de este numerito, Sebastián! —exclamó, bajando la voz al notar que las mesas vecinas se giraban—. Sé que estás tratando de seducir a mi esposa para quedarte con una parte de la empresa. Pero te advierto: Abigail me pertenece, legal y profesionalmente.

​Abigail dejó su copa sobre la mesa. El sonido del cristal contra la madera fue como un disparo.

—Nadie le pertenece a nadie, Julián. Ese es tu error. Confundes la propiedad con el respeto.

​Mónica observaba la escena con una mezcla de horror y envidia. Se dio cuenta de que, a pesar de tener el collar, el amante y el despacho, nunca tendría la atención de un hombre como Sebastián. Ella era solo el accesorio de Julián, mientras que Abigail, incluso en medio de su supuesta ruina, era el centro de gravedad de la noche.

​—Julián, vámonos —susurró Mónica, tirando de la manga de él—. Esto es ridículo.

​—Todavía no hemos terminado, querida —dijo Julián, tratando de recuperar la compostura, aunque sus ojos inyectados en sangre no dejaban de saltar entre Abigail y Sebastián—. Mañana firmaremos el contrato de los diamantes, Sebastián. Y quiero que quede claro que Abigail no tendrá ninguna participación en esa transacción.

​Sebastián se recostó en su silla, cruzando los brazos con una suficiencia letal.

—Oh, te aseguro que Abigail tendrá exactamente la participación que se merece. Ni más, ni menos.

​Al salir del restaurante, el aire frío de la noche golpeó los rostros de los cuatro. Julián tomó a Abigail del brazo con una fuerza excesiva, tratando de marcar territorio ante la mirada de Sebastián.

​—No vuelvas a mirarlo así —le siseó Julián al oído mientras esperaban el coche—. No olvides quién firma tus cheques de gastos, Abby.

​Abigail se soltó de su agarre con un movimiento seco. Se acercó a Sebastián, que esperaba junto a su chófer.

—Gracias por la cena, Sebastián. Ha sido... reveladora.

​—El placer ha sido mío, Abigail —respondió él, tomándole la mano y dándole un beso en los nudillos, un gesto anticuado y posesivo que hizo que Julián apretara los puños hasta que las venas de su cuello resaltaron—. Nos vemos mañana para el inicio del fin.

​Mientras el coche de Julián se alejaba, Abigail miró por el retrovisor. Vio a Sebastián parado bajo la luz de la calle, inamovible. Sintió una oleada de triunfo. Los celos de Julián no eran por amor, sino por miedo a perder el control. Y esa noche, frente a los ojos de su amante y de su rival, Julián había empezado a perder lo único que realmente valoraba: su seguridad de que Abigail era su posesión más dócil.

​—¿Por qué sonríes? —le espetó Julián, furioso, mientras conducía a toda velocidad.

​—Porque el vino era excelente, Julián —respondió ella, mirando hacia la oscuridad de la ciudad—. Y porque mañana, finalmente, vamos a ponerle precio a todo lo que hemos construido.

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Marjorie Pogo
Esta super entretenida.... Es lindo ver como uno no se deja vencer por malas personas en las que uno confío eso a uno lo vuelve más fuerte☺️..... Quiero seguir leyendo hasta el final... Actualicenla pronto 🤭🥰
Ana Leidi Reinosolappot
👏☺️
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