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Oscuro Placer.

Oscuro Placer.

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maucris

Laura entró en Valdez Enterprises buscando una carrera, pero encontró una perdición.

​Bastó una mirada de Adrián Valdez, su jefe, para que la ingenua joven viera desmoronarse su mundo. Lo que comenzó como una admiración profesional se transformó rápidamente en una obsesión voraz: Laura ya no trabajaba para él, vivía para él. Cada gesto, cada orden fría y cada segundo en su presencia se convirtieron en el combustible de un deseo insaciable.

​Pero tras la fachada de poder de Adrián se esconden sombras que ella no está preparada para enfrentar. En esta oficina, el deseo no es un juego, es una trampa. Y Laura, cegada por su propia fijación, está a punto de descubrir que entregarse a su jefe es un placer tan intenso como peligroso.

​¿Estás listo para cruzar la línea donde la obsesión se vuelve irreversible?

NovelToon tiene autorización de maucris para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El Frío de la Realidad.

La mañana del lunes nació con un cielo gris plomo que amenazaba tormenta, un reflejo exacto del humor que se había instalado en mis huesos. No había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, el club "The wault" se materializaba de nuevo: el olor a ginebra, la música retumbando en mis sienes y, sobre todo, la imagen de la mano de Adrián Valdez sobre la cintura de aquella mujer de rojo.

​Llegué a la oficina treinta minutos antes de mi hora. Mis dedos estaban fríos mientras configuraba la agenda del día.

Me puse un traje de chaqueta gris oscuro, cerrado hasta el último botón, y oculté mis ojeras tras una capa extra de maquillaje y mis anteojos de siempre.

Quería ser invisible. Quería ser, de nuevo, solo la empleada eficiente que él no notaba, pero el silencio del piso cincuenta y cuatro era engañoso.

​A las nueve en punto, la puerta de roble se abrió. Adrián entró con paso firme, desprendiendo ese aura de energía eléctrica que siempre lo precedía. No parecía un hombre que hubiera pasado la noche en un hotel de lujo; parecía un depredador que acababa de afilar sus garras.

​Pasó por delante de mi escritorio sin detenerse, sin mirarme, como si yo fuera parte del mobiliario de cristal.

​—A mi despacho. Con los informes de la constructora y el café —dijo, su voz cortante como un cristal roto.

​Preparé la bebida con manos mecánicas. Al entrar, lo encontré revisando unos planos sobre la mesa auxiliar. El aroma de su perfume, ese sándalo metálico, chocó contra el recuerdo del perfume dulce de Rafaela, la mujer del club. Sentí una náusea repentina de celos y rabia.

​Dejé la taza sobre el mármol. Pero justo cuando me disponía a salir, él habló sin levantar la vista.

​—Te fuiste temprano del club, Laura.

​—No tenía motivos para quedarme, señor Valdez. Mi prima estaba bien acompañada y yo ya había... visto suficiente.

​Él dejó los planos y se enderezó lentamente. Se acercó a mí con esa elegancia felina que me hacía querer huir y arrodillarme al mismo tiempo. Se detuvo a centímetros de mi rostro. Pude ver una pequeña marca rojiza en su cuello, apenas visible bajo el cuello de la camisa. Mi estómago se encogió.

​—Viste lo que yo quise que vieras —sentenció él—. Viste que fuera de estas paredes, no eres más que una cara entre la multitud. Aquí, eres mi asistente. Allí, no eras nada.

​—¿Entonces para qué me provocó? —solté, la indignación venciendo por fin a mi prudencia—. Me acorraló contra el cristal, me hizo creer que... —me detuve, mordiéndome el labio.

​—¿Que te besaría? ¿Que te llevaría conmigo? —Adrián soltó una risa seca, desprovista de humor.

—Estás confundiendo la atención con el afecto, Laura. Te provoqué porque quería ver cuánto de esa altivez que muestras en la oficina sobrevive cuando te enfrentas a una mujer que de verdad sabe cómo pedir lo que quiere. Rafaela no hace preguntas y no se esconde tras unos anteojos.

​Cada palabra era un golpe. Me sentía pequeña, ridícula con mi traje gris y mi cuaderno de notas.

​—Entiendo —susurré, bajando la vista—. Si no me necesita para nada más, volveré a mi sitio.

​—No he terminado.

​Adrián rodeó mi cuerpo, caminando en círculos, como un lobo evaluando a su presa.

​—Esta tarde tenemos una inspección en la obra del nuevo complejo. Habrá barro, habrá ruido y habrá hombres que no han visto a una mujer en meses. Quiero que vayas exactamente así. Con ese traje aburrido y esa mirada de mártir. Quiero que sientas la diferencia entre ser deseada en un club y ser observada en un lugar donde el poder es la única ley.

​El viaje hacia la zona norte fue un ejercicio de silencio tenso. Adrián iba sentado en la parte trasera del coche, sumergido en sus documentos, ignorándome por completo. Era como si el episodio del club y el encuentro en su despacho nunca hubieran ocurrido.

Esa era su mejor arma: la indiferencia selectiva.

​Al llegar a la construcción, el escenario era dantesco. Grúas gigantescas se recortaban contra el cielo tormentoso y el ruido de los taladros era ensordecedor.

 Al bajar del coche, mis tacones se hundieron de inmediato en el lodo.

​Adrián caminaba con paso seguro, saludando a los ingenieros jefe mientras yo lo seguía a duras penas, intentando proteger los informes de la lluvia que empezaba a caer. Tal como él predijo, las miradas de los obreros se clavaron en mí. Eran miradas pesadas, hambrientas, desprovistas de la elegancia de los inversores alemanes. Me sentí expuesta de una manera nueva y sucia.

​En un momento dado, mientras atravesábamos una pasarela metálica estrecha, un grupo de trabajadores se detuvo para dejarnos pasar. Uno de ellos, un hombre de hombros anchos cubierto de polvo de cemento, soltó un silbido bajo y comentó algo en voz baja que hizo reír a sus compañeros.

​Me tensé, sintiendo un nudo de miedo en el estómago. Adrián se detuvo en seco y se giró hacia el hombre con una lentitud que helaba la sangre.

​—¿Tiene algo que compartir con el resto de la empresa, operario? —preguntó Adrián. Su voz no era alta, pero cortó el ruido de la maquinaria como un rayo.

​El hombre palideció, dándose cuenta de quién era el que acompañaba a la "secretaria".

​—No, señor Valdez. Solo... una broma.

​—Mi asistente no es un motivo de risa. Es la persona que decide si sus horas extra se pagan o si este proyecto necesita un recorte de personal —mintió Adrián con una frialdad absoluta—. Discúlpese. Ahora.

​El hombre murmuró una disculpa mirando al suelo. Adrián me miró a mí, pero no había protección en sus ojos, solo una lección más.

​—¿Lo ves, Laura? —dijo cuando seguimos caminando—. En el club, eras una presa fácil. Aquí, bajo mi sombra, eres intocable. Pero solo porque yo lo permito. Nunca olvides de dónde proviene tu seguridad.

......................

​De vuelta en el coche, la lluvia arreciaba. Yo estaba empapada, con el traje gris arruinado por el barro y el cabello pegado a la cara. Adrián, en cambio, seguía impecable, ni una mancha en sus zapatos de cuero.

​Me sentía agotada físicamente, pero mentalmente estaba en llamas. El contraste entre cómo me había ignorado en el club por Rafaela y cómo me había "defendido" en la obra me estaba volviendo loca. No era defensa; era propiedad. Él no protegía a Laura; protegía su activo.

​Llegamos al edificio Valdez Corp cuando ya había anochecido. El personal de limpieza empezaba su turno.

​—Sube a la oficina —dijo él mientras bajábamos del coche—. Tienes que redactar el acta de la inspección antes de irte.

​—Señor, son las nueve de la noche. Estoy mojada y...

​—Mañana a las siete esa acta debe estar en el correo de los inversores de Stuttgart. Si no puedes con el ritmo, Laura, siempre puedes volver a buscar trabajo en una biblioteca. Allí nadie te mirará, ni en los clubes ni en las obras.

​Subí en el ascensor, sola, sintiendo el frío de la ropa mojada contra mi piel. Me senté en mi escritorio de cristal y empecé a escribir. Mis dedos temblaban, no sé si de frío o de una rabia contenida que amenazaba con desbordarse.

​A través de la puerta entreabierta de su despacho, lo vi quitarse la chaqueta y servirse un whisky. Estaba solo, rodeado de su imperio de sombras y recordé a la mujer del club, recordé a Claudia sobre el escritorio, y luego me miré a mí misma: despeinada, llena de barro y trabajando bajo su yugo en plena noche.

​Entendí entonces que Adrián Valdez era un maestro de la privación. Me daba migajas de atención, me protegía para recordarme que era suya, y luego me ignoraba para que yo misma mendigara su mirada. Él estaba escribiendo en mi hoja en blanco, sí, pero lo estaba haciendo con una tinta que solo se veía bajo el fuego del dolor.

​Terminé el acta a las once. Cuando me levanté para marcharme, vi que la luz de su oficina seguía encendida. No entré a despedirme. No quería verle los ojos. No quería darle la satisfacción de ver que todavía estaba allí, a su merced.

​Pero mientras caminaba hacia el ascensor, escuché su voz a través del pasillo vacío, una voz que no necesitaba gritar para ser escuchada.

​—Buen trabajo, Laura. No olvides limpiar tus zapatos antes de venir mañana. No quiero barro en mi oficina.

​Cerré los puños y entré en el ascensor. El juego seguía, y aunque él creía que tenía todas las cartas, yo estaba empezando a entender las reglas. Y la primera regla era que, en el mundo de Adrián Valdez, para ganar, primero había que aprender a perderlo todo. Incluida la dignidad. Incluida la esperanza. Incluida a mí misma.

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💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕

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victor hernandez
Que paso con la poca seguridad que habías conocido
victor hernandez
Pensé que no te iba a quebrar y que pondrías tus condiciones
Nancy RoMo
pobre laura llego a la cueva del lobo otra vez 😬😬😬
Marshaan Sanchez
Dios mi que quiere ese Adrián o mejor que busca de ella será que en algún momento se entregará al amor dejar las armadura ,dejara que ella se su centro su motor está es un rompe cabeza de de millares de Fichas me tiene como si tú viera leyendo algo similar que Drácula jajaja pero moderno 😘❤️
Milcaris
Ir hasta allá no va a impedir que Adrian siga jugando con Mariana solo por torturarla
Milcaris
Adrian está haciendo todo para que vuelvas a él si o si.
victor hernandez
Maravillosa me tiene ignotizada
victor hernandez
Maravillosa me tiene ignotizada
victor hernandez
Esta arrecha la trama no contaba con esa jugada de Adrián pero Laura desafíalo hasle saber con su mismo juego de seducción qué no te domina hazlo desearte que haga tu voluntad
victor hernandez
Cual es la razón real que el quiera a laura bajo su dominio autora lo que el no contaba era que ella lo iba a desestabilizar
Nancy RoMo
de verdad es imposible no odiar a adrian 😮‍💨
Kim Nava
que hombre tan miserable
solo la quiere de espectadora y a ser la sufrir más
y más loca ella sintiendo celos de su prima 🙄🙄🙄 patética Adrian solo las utiliza como trapos y las desecha y ella cree que con ella cambiará
Milcaris
Cómo elegir a un hombre que juega tan sucio.
Marshaan Sanchez: mi madre será el que movió sus hilos será que la enamorara a ella para vengarse no estos está de Yeyo y medio 😍
total 1 replies
Milcaris
👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻 Sigue así los golpes bajos para Adrián. Que sufra, que le duela, que le cueste.
Marshaan Sanchez: castigarlo mami que tú puedes el se cree el dueño del mundo y que los que vivimos al rededor le pagan renta ❤️😅
total 1 replies
Milcaris
No lo hagas porque Adrián te da un beso y luego te desecha y te dice que sigues siendo igual.
Milcaris
Adrian está como esos que no come ni deja comer.
Milcaris: Pero para destruir y no construir
total 2 replies
Milcaris
Pensabas que te iba a decir algo romántico y las mariposas revoloteando más fuerte.
Milcaris: si 🤣🤣🤣🤣
total 2 replies
Yura Ran
Maucris y entonces no habrá paz....?
Kim Nava
este Mensaje está loco 🙄
Nancy RoMo
adrian no conoce los limites 😬😬😬
Yura Ran: mente perversas
total 1 replies
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