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Amor Hasta El Último Aliento

Amor Hasta El Último Aliento

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Si me hubieran dicho que conocer y amar a ese hombre me llevaría hasta la muerte… aun así lo elegiría, una y mil veces, hasta mi último aliento.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo: 7

El tiempo parecía haber acelerado su marcha desde aquel viaje que selló su destino. Ya habían pasado unos meses desde que Alejandra y Francis se convirtieron en algo más que compañeros de trabajo. Eran amantes, eran confidentes, eran dos almas que parecían haber nacido para encontrarse y completarse.

Sin embargo, hasta ahora, todo se movía en una zona gris: se veían, se amaban, se buscaban, pero no había una etiqueta oficial, un "sí, soy tu novia" que calmara esa pequeña inseguridad que a veces rondaba el corazón de Alejandra.

Ella, aunque feliz, a veces sentía que flotaba en una nube demasiado perfecta para ser real. Extrañaba esas cosas de pareja: salir caminando de la mano sin miedo a que los vieran, presentarlo oficialmente, decir con orgullo "él es mi hombre". Pero Francis siempre le pedía paciencia, diciéndole que era mejor proteger lo suyo del ruido del mundo hasta que fuera el momento exacto.

Y ese momento, Francis lo había estado planeando en secreto durante semanas.

Era viernes por la tarde. El sol empezaba a ocultarse tiñendo el cielo de la ciudad de tonos naranjas y violetas, creando una atmósfera mágica. En la oficina, todo el mundo empezaba a recoger sus cosas ansiosos por el fin de semana. Alejandra estaba terminando de archivar unos documentos cuando recibió un mensaje en su teléfono. Era de él.

"No te vayas todavía. Quiero que te arregles bonito, muy bonito. Hoy tengo planes contigo. Te veo abajo en 30 minutos. Te amo."

Alejandra sintió ese cosquilleo familiar en el estómago. Sonrió como una tonta mirando la pantalla.

—¿Y esa cara de felicidad? —preguntó Lucía que pasaba por su lado, mirándola con curiosidad—. ¿Te llama tu príncipe azul?

—Sí... dice que tengo que arreglarme y que me espera abajo —respondió Alejandra, guardando el celular contra su pecho como si fuera un tesoro—. No sé qué va a pasar, Lu. Siento que hoy es un día especial.

—Pues póntete guapa, cariño, que ese hombre te adora —le guiñó un ojo Lucía—. Y acuérdate de todo lo que hablamos. Disfruta, pero con la cabeza fría... aunque sea difícil con ese bombón de hombre.

Alejandra se rió y se fue al baño a retocarse. Se puso un poco más de brillo en los labios, se soltó el cabello dejando que cayera en ondas suaves sobre sus hombros, y se ajustó la blusa y la falda que llevaba, resaltando sus curvas que tanto le gustaban a Francis.

Al bajar al lobby, allí estaba él. Esperándola recargado en su auto negro, impecable, con una camisa blanca que resaltaba su piel bronceada y unos pantalones oscuros que le quedaban perfectos. En cuanto la vio salir, una sonrisa enorme iluminó su rostro y se acercó rápido para abrirle la puerta del copiloto.

—Buenas noches, preciosa —dijo él, inclinándose para darle un beso rápido en la mejilla, pero que duró un poco más de lo debido, dejándola temblando—. Estás deslumbrante.

—Gracias, Francis. Tú también estás muy guapo —respondió ella, emocionada—. ¿A dónde vamos? Me tienes con la intriga.

—Es una sorpresa —le dijo él arrancando el vehículo con suavidad, pero sin soltar su mano libre, que buscó la de ella sobre la palanca de cambios y la entrelazó con fuerza—. Solo quiero que sepas que hoy... hoy quiero que todo sea perfecto para ti. Te lo mereces.

El camino fue corto pero lleno de esa complicidad silenciosa que tenían. Francis la llevó hasta una zona exclusiva de la ciudad, donde los restaurantes eran pequeños, íntimos y muy elegantes. Se detuvieron frente a un lugar con una fachada de madera antigua y luces tenues que invitaban a la paz. Se llamaba "El Rincón Secreto", y era precisamente eso, un lugar alejado de miradas curiosas.

Al entrar, el ambiente era de ensueño. Música suave de piano en vivo, mesas con manteles blancos impecables, velas encendidas que creaban juegos de luz y sombra en las paredes. El dueño del lugar parecía conocer a Francis y los llevó hasta el fondo, en una pequeña terraza privada rodeada de plantas y luces cálidas.

—¿Te gusta? —preguntó Francis, tirándole la silla para que se sentara con ese gesto de caballero que la derretía.

—Es... es hermoso, Francis. Nunca había estado en un lugar así —susurró ella, mirando todo maravillada—. Es como un cuento.

—Tú eres el cuento, Alejandra —respondió él sentándose frente a ella, y sus ojos brillaban con una intensidad que ella conocía bien, pero hoy había algo más, algo más solemne y dulce a la vez.

El mesero se acercó y les tomó la orden. Francis pidió lo mejor de la casa, un vino tinto exquisito, y platos que sabía que a ella le gustaban. Mientras esperaban, se quedaron mirándose a los ojos, perdidos el uno en el otro.

—Sabes... —empezó a decir Francis, jugando suavemente con la copa de vino—. Desde que te vi por primera vez en ese supermercado, algo me dijo que tú ibas a cambiar mi vida. No sabía cómo ni cuándo, pero lo sentí aquí. —Se llevó la mano al pecho.

—Yo también pensé mucho en ti después de ese día —confesó ella sonrojándose—. Me preguntaba quién eras, si te volvería a ver. Y mira ahora... aquí estamos.

—Y mira lo que hemos construido —siguió él, tomándole ambas manos sobre la mesa, cubriéndolas con las suyas grandes y cálidas—. Alejandra, estos meses contigo han sido los más felices de toda mi existencia. Tú has traído luz a lugares de mi vida que estaban oscuros. Me has hecho reír, me has hecho sentir vivo, me has enseñado que el amor verdadero existe si uno sabe buscarlo... o si deja que te encuentre.

Alejandra sentía que las lágrimas se acumulaban en sus ojos. Sus palabras eran miel para su alma.

—Francis... yo también te amo. Más de lo que las palabras pueden decir —susurró ella con la voz quebrada.

—Pero quiero más, Ale —dijo él, mirándola fijamente, muy serio pero con ternura infinita—. No quiero solo ser el hombre con el que sales y te diviertes. No quiero ser solo tu jefe ni tu amigo. Yo quiero ser tu todo. Quiero que esto sea oficial, quiero que el mundo sepa que tú eres mi mujer.

Alejandra contuvo la respiración. Su corazón latía tan fuerte que estaba segura que él podía escucharlo.

Francis soltó sus manos un momento y metió la mano en su bolsillo. Sacó una pequeña cajita de terciopelo azul, no muy grande, pero elegante. La abrió lentamente frente a ella. No era un anillo de bodas, pero sí una alianza fina de plata y oro blanco, con un pequeño diamante que brillaba con la luz de las velas.

—Alejandra Santos... ¿quieres ser oficialmente mi novia? —preguntó él con voz profunda y emocionada—. Prometo amarte, cuidarte, respetarte y hacerte feliz cada día de mi vida. ¿Aceptas?

Las lágrimas ya rodaban por las mejillas de Alejandra. Era el momento más feliz de su vida. Todo lo que había soñado, todo lo que había esperado, estaba sucediendo.

—Sí... ¡Sí, quiero, Francis! —respondió ella entre sollozos de felicidad—. ¡Claro que sí! Quiero ser tu novia, tu compañera, tu todo.

Francis sonrió, una sonrisa de alivio y amor absoluto, y tomó el anillo para deslizarlo suavemente en el dedo anular de su mano izquierda. Luego, sin importarle nada ni nadie, se inclinó sobre la mesa y buscó sus labios.

El beso fue dulce al principio, cargado de toda la emoción del momento, de la promesa recién hecha. Pero pronto se volvió más profundo, más hambriento. Sus bocas se buscaban con desesperación, sus lenguas se entrelazaban en un baile perfecto. Francis acarició su rostro con la mano, sus pulgares secando las lágrimas, bajando luego a su cuello, a su espalda, atrayéndola hacia él como si quisiera fundirla en su cuerpo.

—Te amo, mi vida... te amo tanto —repetía él entre beso y beso.

—Yo también te amo, mi amor... —respondía ella, sintiéndose la mujer más completa del universo.

La cena transcurrió entre brindis, risas, miradas de amor y caricias constantes bajo la mesa. Comieron, bebieron, se contaron secretos, se miraron a los ojos como si fuera la primera vez. Francis le decía lo hermosa que estaba, cómo la luz de las velas resaltaba su belleza natural, lo mucho que le gustaba su risa, el sonido de su voz.

—Eres perfecta, Alejandra. De pies a cabeza. Eres lo que siempre busqué y no sabía que existía —le decía él, y ella sentía que flotaba.

Al terminar la cena, Francis pagó y salieron tomados de la mano. El aire de la noche era fresco y agradable. Al subir al auto, Francis no arrancó de inmediato. Se giró hacia ella y la volvió a besar, con más pasión ahora que estaban a solas. Sus manos recorrían su cuerpo con respeto pero con firmeza, bajando por su cintura, apretándola suavemente contra él.

—Vámonos a casa, mi amor —susurró él contra su labio—. Quiero celebrar esto como se merece. Solo tú y yo.

****************

Llegaron al apartamento que Francis le había ayudado a conseguir, su pequeño refugio. En cuanto cerraron la puerta, ya no hubo más control. Francis la empujó suavemente contra la puerta, encerrándola entre sus brazos y besándola con una furia contenida y hermosa.

—Eres mía ahora... oficialmente mía —gruñó él en su oído, y esa voz ronca le provocó escalofríos de placer por toda la columna vertebral.

—Tuya... solo tuya, Francis —respondió ella, abrazándolo fuerte, sintiendo la fuerza de sus músculos bajo la ropa, el calor de su cuerpo.

Él la tomó en brazos como si no pesara nada y caminó con ella hacia la habitación. El cuarto estaba en penumbras, solo iluminado por la luz de la luna que entraba por la ventana y por unas velas aromáticas que Francis había pedido que encendieran antes de que ellos llegaran (otra sorpresa más). El aire olía a vainilla y a pasión.

La depositó suavemente sobre la cama y se quedó de pie mirándola, y después él, empezando a desabotonarse su propia camisa, dejando ver su pecho fuerte y marcado.

Alejandra lo miraba embobada, con el corazón a mil por hora. Se sentía vulnerable pero segura, completamente entregada. Francis se acostó a su lado y empezó a desnudarla despacio, besando cada centímetro de piel que iba quedando al descubierto. Besó su cuello, bajó por su clavícula, sus hombros, sus brazos. Sus manos eran expertas, cálidas, haciendo que su cuerpo reaccionara a cada toque, erizándose la piel.

—Francis... por favor... —gemía ella suavemente, arqueando el cuerpo hacia él, necesitando más contacto.

—Shhh... déjame amarte, mi reina... déjame adorarte todo lo que te mereces —le decía él, su voz era un susurro áspero y sexy.

Le quitó la ropa interior con delicadeza, dejándola completamente desnuda bajo él. Luego se quitó lo demás, uniéndose a ella en la desnudez más absoluta y hermosa. Sus cuerpos se encontraron, piel con piel, calor con calor.

Empezaron a hacerse el amor despacio, al principio, sintiendo cada roce, cada movimiento. Francis era un amante paciente y generoso. Sabía exactamente dónde tocar, dónde besar, cómo moverse para hacerla sentir cosas que jamás había imaginado. Le susurraba palabras de amor al oído mientras entraba en ella, uniéndolos en un solo ser.

—Así... mi amor... así... —decía él, enterrando el rostro en su cuello, respirando con fuerza—. Eres tan perfecta... tan calientita... tan mía.

—¡Ah, Francis! ¡Te amo! —gritaba ella bajito, aferrándose a su espalda, sus uñas acariciando su piel, siguiendo el ritmo de él, subiendo y bajando con él hacia las nubes.

El ritmo fue aumentando, volviéndose más intenso, más profundo. Las sábanas se revolvieron, los cuerpos sudaban, los gemidos se mezclaban en el aire cargado de pasión. Se besaban con frenesí, mordiéndose los labios suavemente, buscando más y más. Francis la tomaba de diferentes formas, mostrándole nuevas facetas del placer, siempre cuidándola, siempre haciéndola sentir amada y deseada.

—Mirame, Alejandra... mírame a los ojos —le ordenó suavemente él, deteniéndose un momento para mirarla profundamente mientras seguían unidos—. Quiero que veas quién es el hombre que te ama. Quién es el dueño de tu corazón.

—Tú... solo tú, mi vida... —respondió ella con la respiración entrecortada, perdida en ese mar de sensaciones increíbles.

Llegaron al clímax juntos, casi al mismo tiempo, gritando el nombre del otro, abrazados con fuerza, sintiendo cómo el mundo se detenía y solo existía esa explosión de placer y amor compartido. Se quedaron quietos por un largo rato, uno encima del otro, recuperando el aliento, con los corazones latiendo al unísono contra el pecho.

Francis se giró de lado llevándola con él, sin separarse, abrazándola fuertemente contra su pecho. Le acariciaba el cabello mojado, le besaba la frente, los párpados, la nariz, los labios otra vez.

—Eres mi vida, Alejandra —le dijo con voz cansada pero llena de emoción—. Mi novia, mi amor, mi todo.

—Y tú eres mi mundo, Francis —respondió ella, acomodándose en su pecho, escuchando los latidos fuertes y seguros de su corazón—. Nunca me dejes, por favor.

—Nunca... te lo prometo. Hasta que la muerte nos separe.

Y en ese momento, bajo la luz de la luna, con el anillo brillando en su dedo y el amor llenando cada rincón del cuarto, Alejandra creyó que esa promesa era eterna, indestructible. No sabía que esas palabras tenían un peso que ella aún no podía comprender del todo, y que el destino guardaba giros crueles para su historia de amor. Pero esa noche, esa noche fue solo de ellos, y fue perfecta.

Continuará ✨

No olviden comentar que les parece la historia y darle like 🥰

1
mere sanchez
buenisima, me tiene atrapada
Michica Omegavers: Gracias por su comentario significa mucho para mí 🥰
total 1 replies
Myriam ValRoc
Después de sufrir, enfadarme pasar por un sube y baja de emociones, quedé conmovida con tu novela.
Felicidades escritora. Una novela con matices que hacen cada capítulo interesante.
Michica Omegavers: Muchas gracias Myriam por tus palabras 💖 Me alegra mucho saber que la historia logró emocionarte 🥰
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Myriam ValRoc
Y con todo lo que puede hacer, cómo no pone detectives que también tengan vigilada a esa mujer o bien contratar un hacker para pincharle el telefóno para saber los movimientos de ella y así atraparla o hacer una conferencia a los medios y así dejarla en evidencia???? Tantas cosas que se pueden hacer...en fin. Es una novela ☺️
Michica Omegavers: Tu idea es muy buena 🤭
total 1 replies
Myriam ValRoc
Qué miserable tipo, le daba aún un voto de confianza en que lucharía por su amor...pero ya eligió. Ni modo se merece lo que le suceda. Lo triste es que arrastrará a la otra pobre.
Myriam ValRoc
El Francis decepciona, sólo es un títere e inútil. No pone a vigilar a la tipa también, si tanto quiere regresar con Alejandra y que lo perdone, primero hay que buscar cualquier prueba que le pueda ayudar a separarse de Isabel.
Michica Omegavers: Claro que si pero más adelante 🥰
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Myriam ValRoc
Así es, afrontar su estupidez, por lo menos para despedirse le hubiera dicho lo que le dijo la esposa sobre la amenaza y decirle que cómo la ama, la dejará para que no le hagan daño o bien buscar alternativas para poder separarse de Isabel. Claro si es que realmente está dispuesto a vivir sin lujos y enfrentar todo lo que se le quitaría si se divorcia. Ahí se comprobará su amor o su ambición.
Myriam ValRoc
Mmm qué fácil se deja manipular.
Debería de ponerse al tú por tú con Isabel y no dejarse amedrentar.
Al final será un cobarde que vivirá con amargura por no saber defender sus ideales y su amor.
Myriam ValRoc
No, fuiste tú con tus mentiras. Hazte responsable del gran daño que causaste.
Myriam ValRoc
Vaya amigo, puedo entender que no quiera involucrarse en ese problema, aunque también debería de ser honesto y contar qué aunque Francis actuó de manera cobarde, realmente ama a Alejandra. Abogar un poco para que hablen.
Myriam ValRoc
El dolor de la traición es muy fuerte.
Debería dejar pasar unos días y reflexionar sobre sus sentimientos. Y si el amor por ella misma le da el valor de escucharlo, que sobre eso decida qué elige.
Michica Omegavers
Gracias me alegra mucho que te haya gustado.Tu comentario significa mucho
Jenny Jimenez
Pobre Alejandra que no valla a perder su bebé que se valla lejos de esa mujer mala
Michica Omegavers: Más adelante vas a saber que pasará 🥰
total 1 replies
María Ramona Escobar
Hermosa novela, 😭
Jenny Jimenez
Que bueno que ella fue firme en su decisión eso me gustó aunque esta sufriendo mucho
Jenny Jimenez
Por favor suba más capitulo esta maravillosa su novela
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
😆💕
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
quisiera ser tan guapa como tus personajes 😭
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