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Luna De Instinto

Luna De Instinto

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

En un pueblo donde el tiempo parece haberse detenido y los secretos pesan más que las palabras, Melika Rivas siempre creyó conocer a las personas que la rodeaban. Hasta que empezó a notar cosas imposibles. Chicos demasiado fuertes. Miradas que esconden algo salvaje. Noches donde el bosque parece respirar. Y en medio de todo aparece Orión Lurks, el mejor amigo de su hermano, tan misterioso como peligroso. Alguien que parece saber más sobre ella de lo que debería. Mientras la luna llena se acerca, Melika descubrirá que en su pueblo existen secretos capaces de destruir familias, despertar monstruos… y cambiarla para siempre.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que no se entiende

La puerta se cerró más fuerte de lo necesario.

El golpe resonó en toda la casa.

Melika ni siquiera se detuvo a pensar.

Entró.

Respirando agitado.

Las manos aún tensas.

El pulso desordenado.

El aire del interior se sentía distinto.

Más cálido.

Más seguro.

Pero no lo suficiente.

—¿Dónde estabas?

La voz de Ícaro llegó desde el living.

Melika cerró los ojos un segundo.

No ahora.

Pero ya era tarde.

—Afuera —respondió, sin mirarlo.

—¿Dónde?

El tono cambió.

Más duro.

Melika siguió caminando.

—Por el pueblo.

Mentira.

—Melika.

Se detuvo.

Lento.

Ese tono.

Giró.

Ícaro estaba de pie, a mitad del living.

No relajado.

No tranquilo.

Tenso.

Sus ojos recorrieron cada detalle en ella.

Demasiado rápido.

Como si buscara algo.

Como si verificara.

—Fuiste al bosque —dijo.

No fue pregunta.

Melika sostuvo su mirada.

Silencio.

Y eso fue suficiente.

La mandíbula de Ícaro se tensó.

—Te dije que no vayas.

—No sos mi dueño —respondió ella al instante.

El aire se cortó.

Ícaro dio un paso hacia adelante.

—No se trata de eso.

—Siempre se trata de eso —lo interrumpió—. Decidir por mí. Callarse. Mirarme como si—

Se detuvo.

Porque el recuerdo volvió.

El bosque.

El movimiento.

La presencia.

Su respiración se aceleró otra vez.

Ícaro lo notó.

Claro que lo notó.

—¿Qué pasó? —preguntó, más bajo.

Melika negó.

—Nada.

—Mel—

—Nada —repitió, más fuerte.

Silencio.

Pero no duró.

—No estás bien —dijo Ícaro.

Error.

Melika soltó una risa seca.

—¿Ah, no?

Dio un paso hacia él.

—¿Y de quién es culpa?

Ícaro frunció el ceño.

—No—

—¡Tuya! —lo cortó—. Tuya y de todos ustedes.

El eco de su voz llenó la casa.

—Me ocultan cosas, me mienten, me hacen cosas mientras duermo—

Se detuvo.

El recuerdo de su frente.

El calor.

Sus dedos se alzaron sin pensar y rozaron ese punto.

—¿Qué me hiciste? —preguntó otra vez, pero esta vez no sonó enojada.

Sonó herida.

Ícaro bajó la mirada un segundo.

Y eso dolió más que cualquier respuesta.

—Te protegí.

Melika negó lentamente.

—No —susurró—. Me controlaste.

Silencio.

Ícaro levantó la vista.

—Si no lo hacía, ibas a salir.

—¿Y qué? —respondió ella—. ¿Qué pasaba si salía?

Ícaro no respondió.

Otra vez.

Siempre.

—Eso —dijo Melika, señalándolo—. Eso es lo que odio.

Dio otro paso.

—Sabés todo. Siempre supiste. Y yo… yo tengo que adivinar.

Su voz tembló apenas.

—Hoy no fue imaginación —agregó—. Había algo ahí.

Ícaro se tensó de inmediato.

—¿Qué viste?

—No sé —respondió—. Pero estaba.

Silencio.

Pesado.

Denso.

Ícaro pasó una mano por su rostro.

Frustrado.

—Por eso no tenías que ir —dijo finalmente.

Melika lo miró con incredulidad.

—¿Escuchás lo que decís?

Se acercó más.

—No me explicás nada, pero esperás que confíe.

Su voz bajó.

—No funciona así.

Ícaro la sostuvo con la mirada.

—No puedo decirte todo.

—Entonces no me digas nada —respondió ella.

El golpe fue seco.

Directo.

Silencio.

Melika dio un paso atrás.

El enojo seguía ahí.

Pero ahora había algo más.

Miedo.

—No soy una nena —murmuró.

Ícaro no respondió.

Porque sabía que tenía razón.

Melika lo miró una última vez.

—Y si hay algo allá afuera —agregó—, prefiero saberlo a seguir viviendo como si no existiera.

Ícaro tensó la mandíbula.

—No sabés lo que estás diciendo.

—No —respondió ella—. Porque nadie me lo dice.

Silencio.

Largo.

Insoportable.

Melika se giró.

Esta vez sí.

Se fue.

Sus pasos firmes por el pasillo.

La puerta de su habitación cerrándose.

Más suave que antes.

Pero igual de definitiva.

Ícaro se quedó solo.

Inmóvil.

Mirando el espacio donde ella había estado.

Y por primera vez…

no parecía seguro de nada.

Porque esto ya no era solo un secreto.

Era una cuenta regresiva.

Y Melika…

ya estaba dentro.

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Mary Salazar
????? por qué ocultan tanto todos 😔😔
Maia abril Romero
me gusto☺️
Maia abril Romero
me gusto/Smile/
Max x: Gracias por leer 🥰
total 1 replies
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