Tras morir, María reencarna en Alba, una extra destinada a ser sacrificada por su propia familia. Decidida a cambiar su destino, huye para cruzar el bosque prohibido en busca de la única familia que podría salvarla.
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Capítulo 17
En la mansión Mallow, días atrás —o más bien, en lo que quedaba de ella— el ambiente era un completo desastre.
Gran parte de la mansión seguía ennegrecida por el incendio. Algunos sirvientes corrían llevando tablones y herramientas mientras otros limpiaban restos de ceniza y madera quemada.
Lenore iba de un lado a otro dando órdenes con el rostro crispado.
—¡Eso va al ala oeste! ¡Y tengan cuidado con esas cortinas, idiotas!
La mujer parecía estar a punto de colapsar.
Mientras tanto, Frederic permanecía encerrado entre montones de papeles. Informes de reparación. Declaraciones de los sirvientes. Documentos de investigación.
Y aun así seguían sin encontrar al culpable del atentado.
Ni siquiera sabían exactamente qué había pasado esa noche.
Aunque había algo que no dejaba de molestarle.
Muchos aseguraban que Alba había muerto en el incendio.
Y no entendía por qué esa idea le irritaba tanto.
Porque él mismo la había visto correr fuera de la mansión.
Además… ¿qué importaba si vivía o moría?
No era problema suyo.
¿Verdad?
La puerta se abrió de golpe.
Lenore entró alterada.
—¡Frederic! ¡Owen se desmayó!
Ambos fueron rápidamente hasta la habitación del heredero.
El médico ya estaba allí revisándolo mientras varios sirvientes observaban nerviosos desde las esquinas.
—¿Qué ocurre? —preguntó Frederic con el ceño fruncido.
El doctor negó lentamente.
—Podría ser agotamiento o estrés severo… pero no puedo asegurarlo todavía. Si no despierta en unas horas, recomiendo llamar a un sanador.
Lenore comenzó a llorar enseguida.
Todo estaba saliendo mal.
Primero el incendio.
Y ahora Owen.
Las horas pasaron lentamente… pero Owen no despertó.
Tal como recomendó el médico, llamaron a un sanador.
Sin embargo, incluso después de revisarlo cuidadosamente, el hombre parecía confundido.
—No encuentro ninguna herida ni enfermedad visible.
Y entonces Owen despertó.
Pero algo estaba mal.
Su rostro estaba pálido. Apenas podía mover el cuerpo y respiraba con dificultad, como si estuviera completamente agotado.
El sanador frunció el ceño.
—Deberían llamar a un sacerdote. Esto parece relacionado con energía vital… y no es mi especialidad.
Poco después Owen volvió a quedarse dormido.
Lenore estaba desesperada.
Pasaron algunos días antes de que finalmente llegara el sacerdote.
Para ese momento Owen ya había adelgazado visiblemente. Apenas comía y dormía casi todo el tiempo.
El anciano lo examinó en silencio durante largos minutos antes de finalmente hablar.
—El joven heredero sufre un agotamiento severo de energía vital.
El silencio cayó sobre la habitación.
—¿Tiene cura? —preguntó Lenore rápidamente.
El sacerdote asintió despacio.
—Sí… aunque no será sencillo.
Frederic levantó la mirada.
—Explíquese.
—Es una condición hereditaria muy rara. La única forma de estabilizarlo es transfiriendo energía vital de alguien con su misma línea sanguínea.
Lenore abrió los ojos.
—¿Qué…?
—Si la persona no comparte sangre con él, ambos podrían morir durante el proceso. En algunos casos solo fallece quien entrega la energía… porque el cuerpo rechaza la incompatibilidad y drena toda su fuerza vital.
El rostro de Lenore palideció.
—Entonces… ¿qué vamos a hacer?
Frederic se quedó en silencio unos segundos.
Y entonces pensó en ella.
En la chica pelirroja huyendo entre las llamas.
—Hay que encontrar a Alba.
Lenore volteó enseguida.
—¡¿Qué?! ¡Pero esa bastarda murió en el incendio!
—No murió —respondió él con firmeza—. Yo la vi escapar.
Después salió inmediatamente de la habitación.
Los soldados comenzaron a movilizarse bajo sus órdenes.
—¡Busquen en cada pueblo cercano! ¡Cada camino, cada posada!
Frederic apretó los dientes.
Ella tenía que aparecer.
Tenía que salvar a Owen.
Aunque fuera arrastrándola de regreso si era necesario.
Y así, poco después, varios pueblos comenzaron a llenarse de retratos de Alba acompañados de recompensas para quien la entregara viva.
Como si fuera una criminal peligrosa.
Mientras tanto, completamente ajena a todo eso, Alba intentaba no morir nuevamente dentro del bosque prohibido.
—¡¿Por qué todo aquí quiere matarnos?! —gritó mientras cortaba una rama con la daga.
Las plantas habían aparecido de la nada.
Enormes enredaderas con espinas y ramas alargadas comenzaron a atacar violentamente desde todas direcciones.
Thalior cortó una de un solo golpe.
Pero dos más aparecieron enseguida.
Y luego cinco.
Parecían infinitas.
Las ramas se movían como serpientes furiosas intentando atraparlos.
Thalior blandía la espada con rapidez impresionante, cortando de lado a lado mientras protegía a Alba.
Ella también atacaba como podía con la daga.
Aunque sinceramente sentía que apenas hacía algo.
—¡Esto no se acaba nunca!
Varias ramas se lanzaron directamente hacia Thalior, separándolo de Alba a la fuerza.
—¡Thalior!
El elfo siguió luchando sin detenerse.
Su espada brillaba entre las ramas mientras cortaba una tras otra con movimientos rápidos y precisos.
Alba estaba tentada a lanzar fuego.
Pero si incendiaba algo allí… probablemente terminaría quemando medio bosque.
Y seguramente a ellos también.
Entonces una enorme rama salió disparada desde un árbol y golpeó violentamente el abdomen de Alba.
—¡Ah—!
Su cuerpo salió despedido contra un tronco.
El aire abandonó sus pulmones de golpe.
—¡Alba! —gritó Thalior mientras seguía rodeado por las plantas.
Ella intentó levantarse.
Pero otra rama salió disparada directamente hacia ella.
Demasiado rápido.
Thalior no alcanzaría a llegar.
La punta afilada estaba a centímetros de atravesarla cuando, de repente—
Un destello naranja apareció de la nada.
Un zorro.
El animal saltó ferozmente y atrapó la rama entre los dientes, partiéndola de un mordisco.
Los ojos de Alba se abrieron completamente.
El zorro era hermoso.
Pelaje naranja brillante, casi dorado bajo la luz del bosque, y unos ojos intensos que parecían demasiado inteligentes para ser normales.
El animal cayó frente a ella y enseguida volvió a lanzarse contra las plantas.
Destrozándolas.
Literalmente.
—¿Estás bien? ¿Te hizo daño? —preguntó Thalior mientras seguía cortando ramas cerca de ella.
Pero Alba apenas podía responder.
Seguía mirando al zorro con sorpresa.
Porque no tenía idea de de dónde demonios había salido.
Mientras tanto, completamente ajena a todo eso, Alba intentaba no morir nuevamente dentro del bosque prohibido.
—¡¿Por qué todo aquí quiere matarnos?! —gritó mientras cortaba una rama con la daga.
Las plantas habían aparecido de la nada.
Enormes enredaderas con espinas y ramas alargadas comenzaron a atacar violentamente desde todas direcciones.
Thalior cortó una de un solo golpe.
Pero dos más aparecieron enseguida.
Y luego cinco.
Parecían infinitas.
Las ramas se movían como serpientes furiosas intentando atraparlos.
Thalior blandía la espada con rapidez impresionante, cortando de lado a lado mientras protegía a Alba.
Ella también atacaba como podía con la daga.
Aunque sinceramente sentía que apenas hacía algo.
—¡Esto no se acaba nunca!
Varias ramas se lanzaron directamente hacia Thalior, separándolo de Alba a la fuerza.
—¡Thalior!
El elfo siguió luchando sin detenerse.
Su espada brillaba entre las ramas mientras cortaba una tras otra con movimientos rápidos y precisos.
Alba estaba tentada a lanzar fuego.
Pero si incendiaba algo allí… probablemente terminaría quemando medio bosque.
Y seguramente a ellos también.
Entonces una enorme rama salió disparada desde un árbol y golpeó violentamente el abdomen de Alba.
—¡Ah—!
Su cuerpo salió despedido contra un tronco.
El aire abandonó sus pulmones de golpe.
—¡Alba! —gritó Thalior mientras seguía rodeado por las plantas.
Ella intentó levantarse.
Pero otra rama salió disparada directamente hacia ella.
Demasiado rápido.
Thalior no alcanzaría a llegar.
La punta afilada estaba a centímetros de atravesarla cuando, de repente—
Un destello naranja apareció de la nada.
Un zorro.
El animal saltó ferozmente y atrapó la rama entre los dientes, partiéndola de un mordisco.
Los ojos de Alba se abrieron completamente.
El zorro era hermoso.
Pelaje naranja brillante, casi dorado bajo la luz del bosque, y unos ojos intensos que parecían demasiado inteligentes para ser normales.
El animal cayó frente a ella y enseguida volvió a lanzarse contra las plantas.
Destrozándolas.
Literalmente.
—¿Estás bien? ¿Te hizo daño? —preguntó Thalior mientras seguía cortando ramas cerca de ella.
Pero Alba apenas podía responder.
Seguía mirando al zorro con sorpresa.
Porque no tenía idea de de dónde demonios había salido.
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me encanta nuestra bruja desastrosa
felicidades
falta que thailor ceda😂
👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍
esta hermosa
pensé que cambiaría pero solo busca a su hija para sacrificarla /Determined/
pensé en la biblia...
Adán y Eva desnudos por el paraíso... 😂😂😂😂