En medio de una guerra que destruyó mundos, un niño será preparado para proteger un Imperio y una heredera será enviada a la Tierra para sobrevivir.
Mientras que él creció para aceptar su destino, ella creció sin saber quién era realmente ni por qué el universo parecía perseguirla en silencio.
Pero la mayor batalla que librarían ambos no sería por un trono, sería por el amor.
A lo largo de sus vidas, amarán con una intensidad que los llevará a tocar el cielo y a enfrentarse a pérdidas que marcarán su historia para siempre.
Descubrirán que no todo amor basta, que no siempre es suficiente querer quedarse, y que hay destinos que se interponen incluso cuando nadie está dispuesto a rendirse.
Mientras fuerzas antiguas despiertan y el poder que duerme en ellos reclaman su lugar, tendrán que decidir qué significa realmente ser fuerte, porque gobernar un imperio es sencillo comparado con proteger aquello que amas, aun cuando amar también tenga un precio.
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13. El sacrificio de Anymza
El cielo de Meriselva había dejado de existir. Eso fue lo primero que pensó Anymza.
Las capas luminosas que normalmente atravesaban la atmósfera estaban cubiertas por humo, fuego y naves enemigas que descendían como sombras metálicas entre las estructuras naturales del planeta.
Las explosiones estremecían el suelo a intervalos constantes. Y lo que se escuchaba eran gritos, alarmas y disparos..Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.
- “¡Protejan a Su Majestad y a los príncipes!”, ordenó el capitán encargado de la guardia real.
Los custodios rodearon inmediatamente a la reina y a los niños formando un perímetro defensivo mientras avanzaban a través de los corredores externos.
Ymir seguía sujetando con fuerza la mano de Zaniah, tan fuerte que comenzaba a dolerle, pero ella no dijo nada, porque tenía miedo, mucho miedo.
Anymza giró apenas la mirada hacia sus hijos. Y sintió una punzada terrible en el pecho..Ellos seguían siendo niños, para el enemigo eran príncipes, herederos, quizás monedas de cambio para negociar rendiciones, para ella sus hijos amados.
La retirada se volvió caótica..Las fuerzas de Meriselva intentaban responder, pero aquel planeta nunca había sido construido para la guerra. Sus defensas eran limitadas. Sus habitantes tampoco eran soldados. Y el ejército de Solebato había llegado preparado para destruir.
Una explosión cercana lanzó fragmentos sobre el suelo mientras varios guardias levantaban escudos energéticos alrededor del grupo.
- “¡Majestad, debemos llegar a las plataformas de salida ahora!”, dijo el Capitán.
Anymza levantó la vista. Nuevas naves aparecían constantemente,eran demasiadas..Entonces comprendió algo, no saldrían todos, no así. No si seguían atacando desde el cielo.
Cerró lentamente los ojos y tomó una decisión. Las corrientes de energía comenzaron a extenderse alrededor de Anymza, primero fueron pequeñas ondas, después una presión invisible atravesó el aire.
Los soldados cercanos levantaron la mirada sorprendidos. Los ojos de la reina comenzaron a iluminarse suavemente. Y el mundo alrededor pareció detenerse.
En el cielo, varias armas apuntadas hacia la ciudad cambiaron de dirección. Los sistemas enemigos comenzaron a fallar. Naves enteras perdieron estabilidad. Miles de señales tácticas desaparecieron simultáneamente.
Anymza estaba entrando en las mentes de cientos de soldados al mismo tiempo, controlando sistemas, alterando órdenes, bloqueando armamento. Era una capacidad monstruosa. Y estaba consumiendo su vida. Los guardias la observaron horrorizados.
- “¡Majestad, deténgase!”, pidió el Capitán.
Ella abrió los ojos lentamente, pequeños hilos de sangre comenzaron a descender por su nariz.
- “Sigan avanzando”, ordenó la reina.
- “¡Pero usted...!”, insistió el Capitán.
- “¡Llévenlos!”, ordenó la reina con severidad.
Nadie discutió otra vez, porque entendieron lo que estaba haciendo. La reina estaba comprando tiempo con su propia vida.
La plataforma de salida apareció frente a ellos entre humo y estructuras parcialmente destruidas, sólo quedaban unos pocos guardias con vida.
La nave ya estaba preparada, uno de los custodios subió primero para activar la secuencia de partida.
Ymir sujetó inmediatamente el brazo de su madre.
- “Tú vienes también”, dijo Ymir.
Anymza bajó lentamente la mirada hacia él.
Y sonrió. Una sonrisa demasiado triste.
- “Sube primero”, expresó la reina.
- “No”, dijo el niño.
- “Ymir”, insistió la reina.
- “No”, replicó Ymir. Zaniah abrazó a su madre con fuerza.
- “Tengo miedo…”, dijo la princesa.
Aquellas palabras casi la destruyeron. Anymza cerró los ojos un instante y acarició suavemente el cabello de ambos.
- “Escúchenme… (Respiró con dificultad) Necesito que sean valientes”, manifestó Anymza.
Entonces una explosión estremeció violentamente el suelo. Y varios cuerpos salieron despedidos cerca de las escaleras.
Un pequeño contingente enemigo acababa de atravesar las defensas. Al frente estaba un joven coronel llamando Zobens, que sonreía. Y esa sonrisa hizo que algo frío atravesara a Anymza.
Dos custodios y el Capitán de la guardia real reaccionaron inmediatamente. Murieron antes de terminar de levantar sus armas.
Las sogas de luz atravesaron el aire. Y antes de que alguien pudiera reaccionar, una de ellas rodeó violentamente el cuerpo de Ymir.
- “¡Ymir!”, exclamó Anymza.
El niño gritó cuando fue arrastrado bruscamente hacia adelante. Zobens clavó los aguijones de sus uñas sobre su cuello.
Ymir se congeló..La sangre comenzó a descender lentamente por su piel.
- “Reina Anymza”, dijo Zobens con absoluta calma. “Sus niveles energéticos son demasiado bajos”. Anymza sintió que todo su cuerpo se tensaba.
- “Suéltalo”, pidió la reina.
- “¿Por qué arriesgar su vida por un planeta insignificante? Estoy seguro de que el rey Firniah pagaría muy bien por usted y sus hijos”, manifestó Zobens y sus ojos brillaron peligrosamente.
- “Suéltalo”, insistió Anymza. Zobens sonrió.
- “Tenga cuidado. Si siento aunque sea una mínima alteración energética, el príncipe heredero muere”, expresó Zobens.
Anymza observó a su hijo. Observó a Zaniah. Y entendió inmediatamente algo. Si se rendía, morirían igual. Así que tomó una última decisión.
Todo ocurrió en segundos. La energía mental explotó violentamente alrededor de Anymza.
La mano de Zobens fue arrancada del cuello de Ymir y el coronel salió despedido varios metros hacia atrás destruyendo parte de una estructura cercana. Ymir cayó al suelo.
- “¡Mamá!”, gritó Ymir.
Pero Anymza casi no podía mantenerse de pie. Sus piernas temblaban. La visión comenzaba a desaparecer.
- “Suban… (Su voz salió quebrada) Por favor…”, dijo la reina. Ymir corrió hacia ella.
- “¡No!”, dijo Ymir. Zaniah también lloraba.
- “¡Mamá!”, exclamó Zaniah.
Pero una nueva descarga atravesó el aire. Y el mundo se rompió. La explosión separó a los hermanos violentamente.
Ymir cayó cerca de la nave. Zaniah salió despedida hacia el otro lado golpeándose la cabeza contra el suelo.
- “¡ZANIAH!”, gritó Ymir.
La niña ya no se movía. Ymir intentó correr hacia ella, pero el último custodio sobreviviente descendió de la nave y lo sujetó con fuerza.
- “¡No! ¡No! ¡Suéltame!”, gritaba Ymir
- “¡Príncipe!”, insistió el custodio sin soltarlo.
- “¡Zaniah!”, exclamó Ymir.
El hombre recibió un disparo en el hombro pero aun así arrastró a Ymir hacia la nave.
- “¡MAMÁ!”, gritó Ymir.
Anymza ya no podía ver, sólo sentía. Sentía a Ymir alejándose. Sentía miedo y dolor. Entonces sintió a Zobens. La princesa estaba inconsciente en sus brazos.
- “Tal vez hoy perdimos”, escuchó decir a Zobens. “Pero jamás volverán a estar tranquilos”.
La voz parecía llegar desde muy lejos.
- “Porque nunca sabrán dónde terminará su hija. (El cuerpo de Anymza tembló) Probará el mal y se convertirá en su enemiga”, manifestó Zobens.
No, quiso decir la reina, pero sus labios apenas se movieron. La oscuridad comenzaba a envolverlo todo.
Pensó en Firniah. Pensó en Ymir. Pensó en Zaniah.
Y pensó en Kaleask, su pequeña niña escondida en la Tierra. La hija que había dejado atrás para salvarla. La hija a la que jamás volvió a abrazar.
Una lágrima descendió lentamente por su mejilla. Y la reina Anymza murió en Meriselva, sin poder salvar a su última hija.