Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
No debería haber ido.
Lo supe desde que abrí los ojos.
Desde antes de levantarme.
Desde ese segundo exacto en el que sentí…
eso.
No dolor.
No miedo.
Presencia.
Constante.
Clara.
Como si algo en mí no se hubiera apagado en toda la noche.
—Perfecto…
Murmuré.
—Ahora también me sigue despierta.
Me cambié en silencio.
Rápido.
Mecánico.
Como si el simple hecho de moverme normal…
fuera suficiente para convencer a mi cuerpo de que lo era.
No funcionó.
Nada de eso estaba funcionando ya.
Cuando bajé, mi mamá ya estaba en la cocina.
De espaldas.
Pero no distraída.
Lo supe por cómo se detuvo…
justo cuando entré.
—No dormiste.
No preguntó.
Confirmó.
—Un poco.
Mentí.
Ella no se giró de inmediato.
Como si no quisiera hacerlo.
Como si ya supiera lo que iba a ver.
—Hoy no vayas.
La frase fue suave.
Pero firme.
Me detuve.
—Tengo que ir.
—No es buena idea.
—Nunca lo es.
Silencio.
Corto.
Pesado.
—Estrella—
—Si no voy, es peor.
La miré.
Directo.
—Si me escondo ahora…
Pausa.
—ellos ganan.
Sus ojos cambiaron.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
Porque entendió.
Porque ya no era una niña que podía apartar de todo esto.
—Entonces ten cuidado.
Eso fue todo.
No discusión.
No insistencia.
Solo… aceptación.
Y eso—
pesó más que cualquier advertencia.
—Siempre.
Respondí.
Aunque ambas sabíamos…
que ya no dependía solo de mí.
El camino al colegio se sintió distinto.
Más corto.
Más rápido.
Más… expuesto.
Como si cada paso me llevara directo a algo que ya estaba esperándome.
Respira.
Centro.
Límite.
Yo.
Repetí en mi mente.
Funcionó.
Un poco.
Lo suficiente.
Crucé la entrada.
Gente.
Voces.
Normalidad.
Falsa otra vez.
Pero más frágil.
Más… fácil de romper.
Y entonces—
lo sentí.
No fuerte.
No invasivo.
Presente.
Como una línea que no podía ver…
pero sí seguir.
No tuve que buscarlo.
Porque mi cuerpo ya lo estaba haciendo.
Error.
Pero inevitable.
Lo vi al final del pasillo.
Apoyado contra la pared.
Como si nada.
Como si todo.
Adriel.
Su mirada se levantó justo cuando la mía llegó.
Sin sorpresa.
Sin duda.
Como si ya supiera que iba a pasar.
El tirón en mi pecho respondió.
Más claro que nunca.
No doloroso.
Pero imposible de ignorar.
—No…
Susurré.
No aquí.
No ahora.
Di un paso.
Luego otro.
Intentando mantener el control.
Intentando actuar normal.
Pero mi energía—
no estaba de acuerdo.
Se movió.
Sutil.
Pero real.
El aire alrededor cambió apenas.
Nadie lo notó.
Aún.
Pero yo sí.
Y él también.
Lo vi en sus ojos.
En cómo se tensó apenas.
—No te acerques.
Su voz llegó.
Baja.
Directa.
Solo para mí.
Pero no estaba cerca.
No lo suficiente.
Entonces—
¿cómo…?
—Tú también lo sientes.
No fue pregunta.
Mi pulso se aceleró.
—Esto no está pasando.
—Sí está pasando.
Su respuesta llegó igual.
Directa.
Sin espacio para negarlo.
—Aquí no.
—No lo estoy haciendo.
—Entonces contrólalo.
El tirón aumentó.
Más fuerte.
Más… alineado.
Como si algo en ambos estuviera intentando ajustarse.
Eso no me gustó.
Para nada.
—Detente.
—No puedo.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—Yo tampoco.
Perfecto.
El aire vibró.
Leve.
Pero suficiente.
Un casillero se movió.
Apenas.
Un golpe seco.
Casi imperceptible.
Pero no invisible.
Dos personas voltearon.
—¿Viste eso?
—Fue el viento.
—Aquí no hay viento.
Genial.
Respira.
Centro.
Límite.
Yo.
Pero ahora—
no era solo yo.
—Aléjate.
Dijo otra vez.
Más firme.
—O esto va a escalar.
—Ya está escalando.
Mi voz salió más tensa.
Más real.
El tirón se convirtió en presión.
El aire en peso.
Mi mano tembló.
Y por un segundo—
todo se volvió demasiado claro.
Demasiado nítido.
Demasiado… conectado.
—Estrella.
Su voz cambió.
Más alerta.
—Mírame.
Lo hice.
Error.
Porque en cuanto lo hice—
todo se alineó.
El mundo se silenció.
El pasillo desapareció.
Solo él.
Solo yo.
Y esa conexión…
perfectamente sincronizada.
El aire estalló.
No fuerte.
Pero suficiente.
Papeles volaron.
Una mochila cayó.
Un murmullo recorrió el pasillo.
—¿Qué fue eso?
—¿Lo sentiste?
—Eso no fue normal.
Mi respiración se rompió.
—No…
Demasiado tarde.
Porque ya no era solo sensación.
Ya era evidencia.
En público.
—Te dije que no te acercaras.
—No fui yo.
—Lo sé.
Pausa.
—Y eso es lo peor.
El mundo volvió de golpe.
Ruido.
Gente.
Miradas.
Demasiadas miradas.
—Estrella…
Alguien dijo mi nombre.
Cerca.
Real.
Peligroso.
Y entonces entendí.
Esto ya no era un secreto.
No completamente.
Y si alguien más estaba mirando…
no iba a necesitar mucho para darse cuenta.
Apreté los puños.
Fuerte.
Demasiado.
—Esto no puede volver a pasar.
Susurré.
Pero en el fondo—
sabía la verdad.
No solo iba a volver a pasar…
iba a empeorar.
El ruido no bajó.
Creció.
No como gritos.
Como susurros.
Peor.
Mucho peor.
—¿Viste eso?
—Te juro que algo explotó.
—No, fue como… aire.
—¿Aire cómo?
—No sé, raro.
Las palabras viajaban rápido.
Demasiado rápido.
Y yo…
estaba en el centro.
Perfecto.
—Camina.
La voz de Adriel llegó baja.
Firme.
—No te detengas.
No discutí.
No podía.
Mis piernas se movieron solas.
Un paso.
Luego otro.
Intentando parecer normal…
cuando nada lo era.
—Nos están viendo.
Murmuré.
—Déjalos.
—No es tan fácil.
—Lo es si no reaccionas.
Claro.
Fácil decirlo.
Imposible hacerlo.
Porque el problema no eran las miradas.
Era lo que había pasado.
Y lo que podía volver a pasar.
El tirón en mi pecho no se había ido.
Solo…
se había estabilizado.
Más suave.
Pero constante.
Como si ahora supiera cómo quedarse.
—Esto no se cortó.
—No.
—Entonces estamos peor.
Silencio.
—Sí.
Honesto.
Demasiado.
—Genial.
Seguimos caminando.
Pasillo.
Gente.
Normalidad fingida.
Hasta que—
lo sentí.
Otra vez.
Pero no como antes.
No como él.
No como la sombra.
Diferente.
Más rápido.
Más… vivo.
Mi cuerpo se tensó.
—No es él.
—Lo sé.
—Entonces—
No terminé.
Porque ya estaba ahí.
Apoyado contra los casilleros.
Manos en los bolsillos.
Mirada tranquila.
Demasiado tranquila.
Adrik.
Mi respiración cambió.
No miedo.
Reconocimiento.
Algo más.
Algo que no dolía.
—Llegas tarde.
Dijo sin moverse.
Como si nada hubiera pasado.
Como si todo estuviera bajo control.
—No es el mejor día.
Respondí.
Seco.
Corto.
Sus ojos se fijaron en los míos.
Un segundo.
Dos.
Suficiente.
—Lo noté.
Pausa.
—Todo el colegio lo notó.
Perfecto.
—No necesito que lo repitas.
—No lo repito.
Se separó de la pared.
Un paso.
Tranquilo.
Pero medido.
—Te aviso.
Eso me hizo fruncir el ceño.
—¿De qué?
Su mirada se desvió apenas.
No a mí.
Al entorno.
Evaluando.
Siempre evaluando.
—Que no fue un accidente.
El aire se volvió más pesado.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque no eres la única que llamó la atención.
Mi pulso se aceleró.
—Explícate.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—Te están mirando desde antes de hoy.
Eso ya lo sabía.
Pero no así.
No tan claro.
—Eso no es nuevo.
—No.
Negó apenas.
—Lo nuevo…
Pausa.
Sus ojos volvieron a mí.
Más serios.
—es que ya no se están escondiendo.
El tirón en mi pecho reaccionó.
Más leve.
Pero presente.
Como si también escuchara.
—No me gusta cómo suena eso.
—No debería.
El ambiente cambió.
Otra vez.
Pero esta vez—
no fue energía.
Fue silencio.
Uno diferente.
Más… dirigido.
—¿Lo sientes?
Susurré.
—Sí.
Adriel respondió.
Tenso.
Listo.
Adrik no habló.
Pero su postura cambió.
Ligero.
Suficiente.
Los tres lo sentíamos.
Eso ya no era coincidencia.
—Está aquí.
Dije.
Más bajo.
—Sí.
—¿Cuál de todos?
Silencio.
Mala señal.
—Otro.
Eso me heló.
—No puede ser.
—Puede.
Adrik habló esta vez.
Calmo.
Pero firme.
—Y es más cercano de lo que crees.
El pasillo seguía lleno.
Gente caminando.
Hablando.
Riendo.
Pero ahora—
todo se sentía… falso.
Como si algo más se moviera entre ellos.
Como si alguien…
ya estuviera dentro.
—No me gusta esto.
—No tienes que gustarte.
Dijo Adriel.
—Tienes que controlarlo.
—No puedo controlar a todo el mundo.
—No.
Pausa.
—Pero puedes dejar de reaccionar como si lo intentaras.
Eso me hizo apretar la mandíbula.
—Muy útil.
—Muy necesario.
El aire vibró.
Apenas.
Pero suficiente.
Un foco parpadeó.
Una puerta se cerró sola.
Un sonido seco.
Demasiado fuerte.
Varias miradas se giraron.
Otra vez.
—Esto se está saliendo de control.
Murmuré.
—No.
Adrik negó.
Directo.
—Se está organizando.
Eso…
fue peor.
Mucho peor.
—¿Qué significa eso?
—Que no es caos.
Pausa.
—Es intención.
El silencio cayó.
Pesado.
Real.
—Entonces alguien está detrás.
—Siempre lo hay.
Respondió Adriel.
—La diferencia es…
Pausa.
—que ahora quiere que lo notes.
Mi respiración se volvió más lenta.
Más consciente.
Más… peligrosa.
Porque entendí.
No era que hubiera perdido el control.
Era que alguien estaba empujando los límites…
para ver hasta dónde llegaba.
—Nos están midiendo.
Susurré.
—Sí.
Adrik confirmó.
Sin dudar.
—Y tú eres la prueba principal.
Genial.
Apreté los puños.
Sintiendo aún esa conexión en el pecho.
Ese hilo invisible que no desaparecía.
—Entonces que miren.
Dije.
Más firme.
Más segura.
—Pero no van a ver lo que esperan.
Ambos me miraron.
Diferente.
Evaluando.
Y por primera vez—
no me sentí la más débil en la habitación.
Porque algo dentro de mí…
ya había dejado de temblar.
El problema—
es que cuando el miedo desaparece…
lo que queda no siempre es mejor.
Y esta vez—
no estaba segura de qué era.