Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.
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La Infiltración del Heredero
La hora que Valeria le había ganado a Luciano Soler se sentía como un segundo en medio de un incendio. El silencio en la mansión era pesado, interrumpido solo por el tecleo frenético de Adrián en su terminal portátil y el sonido de Sebastián revisando los perímetros de seguridad. Valeria estaba de pie en el centro del antiguo despacho de su padre, con el diario de cuero negro abierto sobre la mesa.
Sion es el refugio. Sion es el origen. La Llave de Fénix abre la puerta que el mundo ha olvidado.
Esas palabras se repetían en su mente como un mantra. ¿Qué era la Llave de Fénix? Había buscado en cada cajón, en cada caja fuerte oculta, pero no había rastro de una llave física.
—Valeria, tengo noticias del frente financiero —dijo Adrián, sin levantar la vista de la pantalla—. Luciano no ha perdido el tiempo. Aunque el archivo Sion lo detuvo momentáneamente, ha iniciado una campaña de sabotaje interno. Tres de nuestros directores regionales acaban de presentar su renuncia, alegando "motivos personales". Y las acciones del Consorcio han caído un cuatro por ciento en la pre-apertura de Londres debido a rumores de una disputa sucesoria legal.
Valeria apretó los puños. Luciano estaba usando la táctica del "cáncer interno". No necesitaba atacar la torre desde fuera si podía hacer que se pudriera desde dentro.
—Es el estilo del Círculo —dijo Valeria—. Desestabilizar antes de absorber. ¿Quiénes son los directores que renunciaron?
—Los de las divisiones de Logística, Energía y Seguridad en Europa. Exactamente los pilares que necesitamos para proteger nuestras rutas de suministro de Van der Berg.
—Luciano quiere aislarnos —concluyó Valeria—. Quiere que cuando llegue el momento de la verdad, estemos solos en la cima de nuestra montaña de cristal.
En ese momento, una punzada de dolor agudo atravesó la sien de Valeria. Se tambaleó, sujetándose al borde de la mesa. De repente, el despacho desapareció. Ya no era la mujer de veintitantos años en medio de una guerra corporativa. Era una niña de cinco años, sentada en las rodillas de su padre en ese mismo despacho.
—*Recuerda esto, Valeria* —decía la voz de Alberto, suave pero cargada de una urgencia que ella no comprendía entonces—. *Tu madre siempre decía que la verdadera riqueza no está en lo que posees, sino en lo que llevas cerca del corazón.*
El padre de Valeria sacó una pequeña cadena de oro con un relicario en forma de lágrima, hecho de un cristal oscuro que parecía absorber la luz. Lo puso alrededor del cuello de la niña.
—*Nunca te lo quites. Si algún día te sientes perdida, busca la luz dentro de la sombra.*
El recuerdo se desvaneció tan rápido como había llegado. Valeria abrió los ojos, respirando entrecortadamente. Estaba de vuelta en el presente, con Adrián mirándola con preocupación.
—¿Valeria? ¿Te has desmayado?
—El relicario... —susurró ella—. El relicario de mi madre.
—¿De qué hablas?
—Cuando era niña, tenía un relicario que mi padre me dio el día que mi madre "murió". Lo llevé durante años, hasta que... —Valeria hizo memoria, su mente de renacida rastreando sus recuerdos de la vida anterior—. Hasta que Julián me dijo que era una joya vieja y pasada de moda. Me convenció de guardarlo en una caja de seguridad en el banco que él mismo gestionaba. Me dijo que me regalaría algo "digno de una Soler".
Adrián se levantó de un salto. —¿El Banco Continental?
—No. El Banco de la Ciudad. El que ahora ha sido absorbido por nuestra nueva red. Adrián, ese relicario es la Llave de Fénix. Julián no quería que lo guardara; quería quitármelo de encima para que nunca descubriera lo que era.
—Sebastián, prepara el coche —ordenó Adrián por su radio—. Vamos a la cámara acorazada central. Ahora.
Mientras se dirigían al banco, Valeria recibió una llamada de su secretaria. Su voz estaba al borde del llanto.
—Señorita Soler... lo siento mucho, pero han entrado hombres en la sede central. Dicen que tienen una orden judicial firmada por el juez Alcázar. Luciano Soler está con ellos. Han sellado su oficina y están confiscando todos los servidores de Aether Neural por "irregularidades en la propiedad intelectual".
Valeria cerró los ojos, sintiendo la presión aumentar. El juez Alcázar era uno de los nombres que figuraban en el diario de su padre como aliado del Círculo de los Doce.
—Diles que cooperen, Marta —dijo Valeria con una calma que sorprendió incluso a Adrián—. No opongan resistencia. Que se lleven lo que quieran. Pero asegúrate de que el protocolo 'Sombra' se active automáticamente.
Colgó. Adrián la miró, inquisitivo. —¿Protocolo Sombra?
—Es un sistema de autodestrucción de datos que mi padre diseñó —explicó Valeria—. Si alguien intenta acceder a los núcleos de Aether Neural sin mi huella biométrica y mi código vocal actualizados, los servidores se sobrecalentarán y se borrarán en segundos. Luciano se llevará cajas vacías.
Llegaron al banco en medio de una lluvia torrencial. La cámara acorazada era un laberinto de acero y concreto bajo tierra. Valeria caminó por los pasillos con una determinación absoluta. Al llegar a su caja de seguridad personal —la número 0514, la fecha de su nacimiento—, introdujo la llave manual y esperó.
La caja se abrió con un clic metálico. Dentro, envuelto en un paño de terciopelo que olía a polvo y a tiempo estancado, estaba el relicario. Era tal como lo recordaba: una lágrima de cristal negro montada en oro blanco.
Valeria lo tomó en su mano. Al tacto, el cristal no estaba frío. Emitía un calor suave, casi como un latido.
—Es hermoso —dijo Adrián, observándolo de cerca—. Pero, ¿cómo funciona como una llave?
Valeria lo observó bajo la luz de la bóveda. Recordó las palabras de su padre: *"Busca la luz dentro de la sombra"*. Presionó un pequeño relieve en la base del relicario. De repente, el cristal negro se iluminó desde dentro con una luz azul pulsante. Un pequeño haz de luz se proyectó sobre la pared de la bóveda, revelando una serie de coordenadas geográficas y un código binario complejo.
—Coordenadas —dijo Adrián, sacando su tablet para mapearlas—. Están en los Alpes suizos. Cerca de la ciudad de Sion. Es un valle remoto llamado *Val d'Hérens*.
—Ese es el refugio —dijo Valeria—. El lugar donde mi madre se escondió. El origen de todo.
En ese momento, las luces de la bóveda parpadearon y se apagaron. El sistema de emergencia se activó, bañando el pasillo en una luz roja siniestra.
—¡Intrusos en el nivel -2! —gritó Sebastián por el auricular—. ¡Jefa, salgan de ahí! ¡Luciano ha enviado un equipo de limpieza!
Valeria y Adrián corrieron hacia la salida, pero las puertas de acero de la cámara principal empezaron a cerrarse.
—¡No llegaremos! —gritó Adrián.
Valeria miró a su alrededor. Vio una rejilla de ventilación industrial en la parte superior. —¡Por ahí! Adrián, confía en mí. Conozco los planos de este banco mejor que ellos; los estudié cuando compramos el Continental.
Subieron por la rejilla justo antes de que las puertas se sellaran por completo. Mientras gateaban por los conductos de ventilación, Valeria podía oír los disparos en el nivel inferior. Luciano no estaba jugando a las leyes; estaba jugando a la eliminación total.
Salieron a un callejón lateral, empapados por la lluvia y con el corazón a mil. El coche de Sebastián ya los esperaba, con las puertas abiertas y el motor rugiendo.
—¡Vámonos! —gritó Sebastián, mientras las balas impactaban en el blindaje del vehículo.
Mientras se alejaban a toda velocidad, Valeria miró hacia atrás. Vio a Luciano Soler de pie en la entrada del banco, bajo un paraguas negro, observándolos con una sonrisa gélida. Él no los persiguió. Simplemente levantó su teléfono y asintió.
—¿Por qué no nos han seguido? —preguntó Adrián, recuperando el aliento.
—Porque ya tienen lo que querían —dijo Valeria, mirando su tablet—. Han bloqueado todas nuestras cuentas internacionales. El Consorcio Soler-Thorne está oficialmente en quiebra técnica desde hace tres minutos.
Adrián miró su propia pantalla y maldijo. —Nos han quitado todo el capital operativo. Valeria, no podemos pagar a los empleados, no podemos mover la flota de Van der Berg... estamos paralizados.
Valeria apretó el relicario en su mano. —No nos han quitado nada, Adrián. Solo nos han quitado el dinero. Pero nos han dejado la Llave. Y con esta llave, vamos a abrir la puerta de Sion.
—¿Cómo llegaremos a Suiza sin fondos y con una orden de captura internacional que Luciano probablemente ya ha emitido? —preguntó Adrián.
Valeria miró hacia el horizonte, donde el primer rayo de sol intentaba atravesar la tormenta. —No iremos como magnates, Adrián. Iremos como sombras. Porque solo en la oscuridad se puede ver la verdadera luz de Fénix.
Valeria tomó su teléfono y envió un mensaje codificado a una dirección que figuraba en el diario de su padre bajo el nombre de *El Guardián*.
*"El 14 de mayo ha llegado. El fénix busca su nido."*
La respuesta llegó en segundos: *"El nido está listo. El viento del norte sopla a las seis de la mañana. Muelle 12."*
—Tenemos un transporte —dijo Valeria—. Sebastián, déjanos en el puerto. Tú tienes que quedarte aquí y mantener a salvo a Martha. Si Luciano cree que hemos huido del país, tal vez la deje en paz por un tiempo.
—No me gusta esto, jefa —dijo Sebastián—. Debería ir con ustedes.
—Necesito que seas mis ojos y oídos en la ciudad, Sebastián. Encuentra quién en el Consejo está trabajando para Luciano. Descubre dónde tienen a Julián. Él todavía tiene información que necesitamos.
Llegaron al muelle 12 justo cuando el sol empezaba a iluminar los mástiles de los barcos. Un viejo pesquero, que parecía haber visto mejores tiempos, los esperaba. Un hombre de piel curtida por la sal y ojos como dos brasas encendidas les hizo una señal.
—¿Usted es el Guardián? —preguntó Valeria.
—Soy el que debe llevarlos al otro lado —respondió el hombre con una voz que sonaba a grava—. Suban rápido. Los satélites del Círculo están barriendo la zona.
Valeria y Adrián subieron al barco. Mientras se alejaban de la ciudad, Valeria miró la Torre Soler por última vez. La gran construcción de cristal ahora parecía pequeña, una cáscara vacía. Su verdadero imperio, el que su padre y su madre habían construido en las sombras para protegerla, estaba esperándola en los Alpes.
Luciano Soler, en su despacho recién confiscado, miraba el informe de la desaparición de Valeria. No estaba preocupado. Sabía que ella iría a Sion. Y eso era exactamente lo que el Círculo de los Doce quería. Porque solo Valeria podía abrir la puerta definitiva, la que guardaba el secreto del Proyecto Fénix original.
La infiltración del heredero había sido un éxito. Pero el juego real, el que decidiría el destino de la humanidad, acababa de trasladarse a las montañas eternas.
Continuará...