Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Capítulo 9: No moriré...
AYLA (SCARLETT)
No me esperaba para nada tener que cumplir con una misión en la que no busqué estar involucrada, pero el simple hecho de haberlo pensado simplemente me llevó a reencarnar en la historia de Nikolay.
Me miré en el espejo otra vez. Mi apariencia era completamente distinta. Mi cabello que antes era negro y largo por debajo de mis senos, ahora era castaño claro, rizado hasta los hombros y mis ojos que antes eran azules, ahora eran avellana, mi piel era más pálida, mis brazos eran más delgados, los huesos de mis muñecas eran más pronunciadas, mi rostro era más puntiagudo, me veía muy demacrada. Las cuencas de mis ojos hundidas.
Realmente este cuerpo había sufrido y mucho. La dueña de este cuerpo sufrió y vivió un infierno hasta que finalmente su alma dejó este cuerpo. Y ahora yo me convertí en la portadora de este cuerpo.
—No voy a morir en manos de ese maldito...—Negué con cabeza mirándome en el espejo. Mis manos temblaban, todo mi cuerpo temblaba al ver cómo Scarlett permitió que un hombre sin escrúpulos y cobarde le hiciera tales atrocidades.
Sin esperarlo el primer golpe llegó. No me sorprendió. Lo sentí venir. Posiblemente, porque ahora ya sabía lo que se venía encima. Tal vez porque ya no era la Scarlett ingenua que el libro describía... sino alguien que conocía perfectamente cómo iba a terminar la historia.
Aun así dolió. El impacto me lanzó contra la pared, arrancando el aire de mis pulmones. Mi visión se nubló por un instante, pero no grité. No lloré. No está vez.
—¿Crees que puedes fingir que no existo?—la voz de Vítor era grave, áspera, cargada de una violencia que no tenía justificación.—¿Crees que puedes mirarme de ese modo?
Levanté la vista lentamente. Y lo vi. Vítor...
Alto, complexión musculosa, hombros anchos que parecían hechos para imponer más que para proteger. Su rostro era anguloso, duro, con una mandíbula marcada, labios finos que rara vez mostraban algo que no fuera más que desprecio. Tenía la piel curtida, ligeramente bronceada, y una cicatriz que le cruzaba la ceja derecha, dándole un aire más intimidante.
Mi cuerpo temblaba, no por miedo. Ya no. No le tenía miedo. Temblaba porque por una vez estaba haciendo lo que Scarlett no pudo hacer.
Salvar su vida. Miré hacia la ventana. Solo hice eso y solamente corrí hacia ella, salté. El cristal estalló en miles de pedazos cayendo sobre mí, en el suelo. Los cristales cortaban el aire, mi piel. Sentí los pequeños cortes en brazos y piernas, el ardor fue inmediato, pero nada profundo.
Nada que me detuviera. Caí al suelo con un golpe seco, rodé por la inercia y me levanté casi de inmediato. Me dolía. No me importó, estaba viva. Corrí. El aire frío de la noche golpeó mi rostro, despejando cualquier rastro de duda.
Detrás de mí, el sonido del vidrio rompiéndose.
Vítor...
—¡No escaparás, perra!—
Oh, claro que lo iba a conseguir. Debía hacerlo.
"""—Nivel de amenaza: ALTO. Sujeto Vítor presenta intenciones homicidas hacia el agente."
—Ya lo creo...—murmuré, sin dejar de correr.
Mis pies apenas tocaban el suelo. La adrenalina me impulsó hacia adelante, hacia lo único que recordaba con claridad en el libro. El bosque, oscuro, profundo, peligroso. Pero menos que él.
Me adentré sin pensarlo un segundo. Lo hice.
Las ramas rasgaron mi ropa, el suelo irregular amenazaba con hacerme caer con cada paso, pero no reduje la velocidad. No debía. No podía morir así. No de nuevo.
«—Estrategia de evasión en curso.»
Algo en el tono del sistema cambió. Era más... decisivo.
—¿Qué estás haciendo?—No hubo respuesta inmediata. Solo... un sonido bajo, gutural. Un gruñido.
Entonces los escuché. Aullidos. Mi sangre se heló. Tragué saliva en seco.
—¿Qué demonios...?
«—Intervención activada.»
Giré apenas la cabeza. Y los vi.
Sombras moviéndose entre los árboles. Rápidas, silenciosas... Lobos. Una manada. Mi corazón dio un vuelco.
—No...
Pero no venían en mi dirección. Pasaron a mi lado como un susurro de muerte, ignorando mi existencia. Y fue que oí los gritos. Eran de Vítor. Eran gritos desgarradores cargados de una ira que pronto se convirtieron en algo más. Miedo. Terror.
Me quedé paralizada por un segundo. Seguí escuchando los aullidos. La pelea. El sonido de cuerpos chocando, carne desgarrándose como un papel, de algo que inevitablemente estaba ocurriendo en la oscuridad.
Tragué saliva.
—¿Fuiste tú...?—susurré.
«—Amenaza neutralizada.»
Cerré los ojos por un instante. No sentí alivio. No por completo. Y no sentía culpa. Porque si algo tenía claro... Era que él no se habría detenido. Volví a moverme, más lento ahora. El cansancio empezaba a pasar factura. Cada músculo dolía, cada herida ardía, y la adrenalina comenzaba a desvanecerse.
Más adentro. Más lejos. Hasta qué... La vi. Entre los árboles, imponente, silenciosa... era casi irreal. Una mansión oscura, elegante, aterradora. Mi respiración se volvió irregular.
—No puede ser...
Pero lo era. Lo supe de inmediato. Ese lugar... esa presencia...
—La mansión de Nikolay...—murmuré. Un escalofrío me recorrió. No era solo el miedo. Era reconocimiento. Destino. Di un paso, luego otro.
Pero mi cuerpo ya no respondió igual. El cansancio me golpeó de lleno. Mis piernas cedieron. El mundo comenzó a oscurecerse en los bordes.
—No... todavía no...
Intenté avanzar. No pude hacerlo. Lo último que vi fue la silueta de la mansión elevándose sobre mí como un guardián silencioso...
Y luego...
Oscuridad.