Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas
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Aliansas estrategicas.
La mañana gris de Moscú se filtraba por los enormes ventanales de la cafetería de la Universidad Estatal cuando las gemelas Lorena y Laura entraron con sus amigas, aún desperezándose por el frío. El bullicio habitual se interrumpió de golpe al ver a Dimitri Volkov sentado en una mesa del fondo, impecablemente vestido con un traje oscuro, rodeado de varios catedráticos que asentían con reverencia. No tardaron en descubrir el motivo: Dimitri había llegado para ofrecer una conferencia magistral dirigida a las facultades de Administración de Empresas, Arquitectura y Medicina.
Lo que realmente acaparó la atención fue el anuncio de que, al finalizar su ponencia, lanzaría una convocatoria para veinte becas completas destinadas a estudiantes de bajos ingresos, cubriendo no solo la matrícula sino también manutención durante toda la carrera. Además, seleccionaría a otros veinte alumnos para realizar prácticas profesionales en sus empresas, una oportunidad que muchos calificaron como el sueño hecho realidad. Las amigas de las gemelas cuchicheaban emocionadas, pero Lorena mantenía la mirada fija en Dimitri, quien la descubrió entre la multitud y esbozó una sonrisa que prometía algo más que simples becas.
Al terminar la clase de Economía Aplicada, Lorena salió del aula con su cuaderno bajo el brazo y se topó con Dimitri apoyado contra la pared, como si la hubiera estado esperando toda la vida. Él se enderezó con esa seguridad que lo caracterizaba y, sin preámbulos, le confesó que sus aspiraciones iban más allá de los negocios: quería casarse, formar una familia, y penso que ella era la única mujer que lograba desordenar sus planes.
Lorena soltó una carcajada franca, guardó su libreta y le respondió con una calma gélida: "Buena suerte con eso". Luego, alzando la mano de Dimitri mostrarle su muñeca donde lucía un tatuaje del escudo de la Bratvá rusa, le recordó que primero debía terminar mostrar subpotencial en su mundo y quea ella ningún hombre, por más poderoso que fuera, se interpondría en su camino hacia la independencia. Máximo, que había presenciado la escena desde el pasillo, no pudo contener la risa y aplaudió lentamente, admirando la valentía de la joven. Dimitri, lejos de enfadarse, sintió una fascinación aún mayor por esa chica que no temía desafiarlo frente a todo Moscú.
Horas después, Dimitri cruzaba las puertas giratorias de su rascacielos en el corazón financiero de Moscú, donde el bullicio universitario se transformaba en el silencio eficaz de los negocios de alto nivel. Subió al piso ejecutivo y se dirigió directamente a la sala de monitoreo logístico, donde una pantalla gigante mostraba en tiempo real el recorrido de un cargamento multimillonario con destino a varios puertos de Asia.
Necesitaba coordinar cada eslabón de la cadena, así que pidió a su asistente que conectara simultáneamente con sus socios estratégicos: los italianos supervisarían el paso por el Mediterráneo, los alemanes garantizarían la documentación aduanera, los marroquíes facilitarían el tránsito por el estrecho de Gibraltar. Desde Colombia y México llegaban informes de rutas alternas por el Pacífico, mientras los Emiratos Árabes Unidos ofrecían sus puertos libres de impuestos para el reabastecimiento. Turquía, siempre oportunista, negociaba los derechos de paso por el Bósforo, y Estados Unidos, a pesar de las tensiones geopolíticas, mantenía su compromiso comercial porque el dinero no entiende de fronteras. Dimitri supervisaba cada llamada con la frialdad de un ajedrecista, moviendo sus piezas en un tablero global donde un solo error podía costarle millones.
Cuando el reloj marcó las diez de la noche, Dimitri citó en privado a Alexander, todos lo consideraban un joven prodigio de sistemas que habían ejecutado dias atrás la operacion de caseroa contra los sicarios que inrumpieron en la fiesta familiar de los Lombardi . Sin rodeos, le tendió un contrato sobre la mesa de roble y le propuso algo inesperado: dirigir el equipo de informática no como un jefe convencional, sino como un hacker. No se trataba de cometer delitos, le aclaró, sino de anticiparse a ellos.
Necesitaba a alguien capaz de infiltrarse en los sistemas de la competencia, detectar vulnerabilidades antes que los ciberdelincuentes, y blindar la red de sus empresas con métodos que ningún antivirus comercial podía ofrecer. Alexander, un joven de mirada intensa y dedos ágiles, estudió el documento en silencio. El sueldo era obsceno, las libertades absolutas, y el riesgo, evidente. Levantó la vista y preguntó si podría formar su propio equipo sin interferencias. Dimitri asintió, añadiendo que esperaba lealtad absoluta a cambio. Alexander firmó sin titubear, y al hacerlo, ambos sabían que acababan de cruzar una línea invisible donde los negocios legítimos se tocaban con las sombras del mundo digital.