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Desafiando Al Rayo

Desafiando Al Rayo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Completas
Popularitas:254.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Juna C

Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Baile

Ambos ingresaron al salón de baile como si el resto del mundo hubiera desaparecido.

Las conversaciones se apagaron poco a poco. Las miradas se posaron sobre ellos sin pudor alguno.

El Archiduque Blackthorn y la hija del duque Montclair, juntos en la pista.

Alaric colocó una mano firme en la cintura de Elyria, guiándola con seguridad absoluta. Ella apoyó la suya sobre su hombro, y cuando comenzaron a moverse, quedó claro que no era solo una danza: era un pulso silencioso, una provocación mutua.

Se movían en perfecta sincronía, como si conocieran el cuerpo del otro desde siempre.

—Pareces muy animada —murmuró Alaric, sin mirarla, con la voz baja—. Diría que disfrutaste bastante tu baile con el príncipe heredero.

El tono era cuidadosamente neutral.

Demasiado cuidadosamente.

Elyria sonrió.

—Oh, muchísimo —respondió con dulzura peligrosa—. Es encantador. Muy atento. Baila bastante bien, además.

Sintió cómo la mano en su cintura se tensaba apenas.

—Me alegra saberlo —replicó Alaric—. No sabía que ese tipo de cosas te impresionaran tanto.

—¿Ese tipo de cosas? —preguntó ella, inclinando un poco la cabeza, fingiendo inocencia—. ¿Te refieres a hombres educados, amables y con títulos impecables?

Alaric la miró por fin, directo a los ojos.

—Me refiero a hombres que no saben cuándo retirarse.

Elyria tuvo que morderse el labio para no reír.

—Curioso —dijo—. Yo pensaba que eras tú quien no sabía disimular cuando algo no le agrada.

—No estoy molesto —respondió de inmediato.

—Claro que no —aceptó ella, con una sonrisa lenta—. Solo estás apretando mi cintura como si temieras que alguien más me la robara.

Él se inclinó un poco más hacia ella, lo justo para que solo ella pudiera oírlo.

—Si alguien lo intentara… no sería prudente.

El corazón de Elyria dio un salto traicionero.

—Archiduque —susurró—, ¿eso fue una amenaza o una confesión?

—Un recordatorio —respondió él, guiándola en un giro impecable—. Para ti… y para cualquiera que esté mirando.

Y había muchos mirando.

Demasiados.

Cuando la música llegó a su fin, Alaric no soltó su cintura de inmediato. Sus ojos seguían fijos en ella, oscuros, intensos, cargados de algo que ya no parecía simple celos.

—Bailas demasiado bien con otros —dijo al fin.

Elyria sonrió, triunfante.

—Y tú —respondió— te delatas demasiado cuando no te gusta.

Cuando la música terminó, Alaric tardó unos segundos de más en soltarla.

Su mano permaneció en su cintura un instante adicional, como si le costara recordar que estaban rodeados de gente. Elyria lo notó… y lo disfrutó.

—Necesito algo de beber —murmuró ella—. O voy a derretirme aquí mismo.

Alaric asintió, aunque sus ojos no parecían muy convencidos de dejarla ir. Aun así, la soltó.

Elyria se dirigió hacia una de las mesas laterales y tomó una copa. El líquido frío le alivió un poco el calor que le recorría el cuerpo. Estaba a mitad de la bebida cuando una presencia indeseada se coló en su campo de visión.

Amelia Crowlell… del brazo de Richard.

Elyria rodó los ojos sin disimulo.

Amelia se acercó con esa sonrisa perfecta que jamás llegaba a sus ojos. Richard, en cambio, no se molestó en ocultar cómo la recorría de arriba abajo, con una mirada cargada de descaro y morbo.

—Lady Elyria —saludó Amelia, con fingida cordialidad—. Vaya noche la suya. Debo decir que es usted muy afortunada.

Elyria alzó una ceja, sin entusiasmo.

—¿Ah, sí?

—Bailar con el príncipe heredero… y luego con el Archiduque Blackthorn —continuó Amelia—. Parecían bastante cercanos.

Richard sonrió de lado.

—No sería extraño —añadió—. Siempre fuiste… ambiciosa. Supongo que ahora apuntas más alto.

Elyria bebió el último sorbo de su copa antes de responder, con una calma peligrosa.

—Y si así fuera… ¿qué? —dijo, mirándolo por fin—. Cualquiera de ellos es una opción infinitamente mejor que tú.

Su mirada fue puro desprecio.

La sonrisa de Richard se tensó.

—Qué descaro —intervino Amelia—. No hace mucho rompiste tu compromiso y ya andas detrás de otros hombres. No es muy decoroso.

Elyria soltó una risa breve. Fría.

—No me compares contigo —dijo, acercándose un poco, lo suficiente para que sus palabras dolieran—. Yo no me meto en la cama con hombres comprometidos.

Su expresión se endureció.

—Eso sí que da asco.

Amelia se quedó rígida.

Elyria giró sobre sus talones, claramente dispuesta a marcharse, cuando una voz conocida la llamó.

—Elyria.

Anastasia apareció a su lado, impecable, con una sonrisa auténtica que contrastaba brutalmente con la falsedad anterior.

—Anastasia —respondió Elyria de inmediato, devolviéndole la sonrisa—. Feliz cumpleaños.

Amelia reaccionó al instante, enderezándose.

—Princesa Anastasia —dijo, inclinándose—. Soy Amelia Crowlell, es un honor…

Anastasia la miró apenas un segundo. Su expresión fue correcta. Distante. Vacía.

—Encantada —respondió, sin verdadero interés.

Richard intentó intervenir.

—Su Alteza, yo soy—

Pero Anastasia ya estaba tomando del brazo a Elyria.

—Ven —le dijo—. Quiero presentarte a alguien.

Y se la llevó sin mirar atrás.

Ni una palabra más.

Ni una mirada.

Amelia se quedó inmóvil, apretando los puños con fuerza, mientras la envidia le quemaba el pecho.

¿Cómo era posible?

Amiga del Archiduque.

Bailando con el príncipe.

Y ahora… cercana a la princesa.

En su cuello, justo bajo la oreja, una marca oscura apareció por un instante, como una sombra viva bajo la piel.

Negra.

Antinatural.

Y luego desapareció.

No tardaron en llegar hasta donde se encontraba la reina, sentada con porte impecable, observando el salón con una calma atenta. Anastasia se detuvo frente a ella y sonrió con un brillo especial.

—Madre —dijo—, quiero que conozcas a Elyria Montclair. Es… mi amiga.

Elyria hizo una reverencia perfecta.

—Es un honor, Su Majestad.

La reina la observó unos segundos, con una mirada suave pero perspicaz, antes de sonreír.

—Así que tú eres Elyria —dijo con amabilidad—. Me alegra mucho saber que Anastasia ha encontrado una amiga. No es algo que suceda con frecuencia.

—El honor es mío —respondió Elyria—. La princesa ha sido muy amable conmigo.

Anastasia rodó los ojos con una sonrisa divertida.

—Solo un poco.

Las tres conversaron durante un rato. La reina se mostró cercana, interesándose por el ducado Montclair y por Elyria como persona, no solo como noble. Fue una charla ligera, agradable… hasta que el calor del salón comenzó a hacerse notar.

—Si me disculpan —dijo Elyria con una sonrisa—, tomaré un poco de aire.

—Claro —respondió la reina—. Disfruta la noche.

Elyria se dirigió hacia uno de los balcones laterales. El aire nocturno la recibió como un alivio inmediato. Se apoyó en la baranda, contemplando la ciudad iluminada, la luna alta y las estrellas que parecían observarlo todo en silencio.

Entonces lo sintió.

Unas manos grandes rodearon su cintura con firmeza.

Elyria se sobresaltó, girándose de inmediato… para encontrarse con los ojos intensos de Alaric.

—¿Pensando en algo importante? —preguntó él en voz baja.

—En nada en particular —respondió ella, aún con el pulso acelerado.

Se quedaron mirándose. Alaric levantó una mano y apartó con cuidado un mechón suelto de su rostro, dejando sus dedos descansar en su mejilla. El contacto era lento. Íntimo.

—Deberías tener cuidado —murmuró—. Te alejas demasiado… y luego me culpan por seguirte.

Elyria sonrió apenas.

—No te obligué.

Él se inclinó un poco más. Ella no retrocedió.

El espacio entre ambos desapareció lentamente, hasta que sus labios se encontraron en un beso suave, contenido… que no tardó en volverse más profundo. Más cargado. Como si todo lo que habían evitado durante la noche se concentrara en ese instante.

El balcón quedó en silencio, testigo de un beso que prometía más de lo que debía.

Se volvió más profundo, más urgente, como si ambos hubieran estado esperando ese momento desde que entraron al salón. Elyria entreabrió los labios y Alaric aprovechó sin dudarlo, reclamando el beso con una intensidad que la hizo perder el aliento.

Sus manos, que al inicio habían sido prudentes, dejaron de estar quietas.

Alaric la atrajo con más fuerza contra su cuerpo, acortando cualquier espacio que aún quedara entre ellos. Elyria pudo sentir el calor de él, firme, dominante, envolviéndola por completo. Una de sus manos recorrió lentamente su espalda, marcando su presencia con una caricia deliberada, mientras la otra se mantenía segura en su cintura, como si no tuviera la menor intención de soltarla.

Elyria respondió instintivamente, aferrándose a su abrigo, deslizándose más cerca, como si el mundo exterior ya no existiera. El balcón, la música lejana, las luces del salón… todo quedó reducido a respiraciones agitadas y al roce constante de sus cuerpos.

—Alaric… —murmuró ella contra sus labios, más como una advertencia que como un pedido.

—Dime que me detenga —respondió él, con la voz baja, peligrosa, rozando su oído.

Ella no lo hizo.

En su lugar, apoyó la frente en la suya, respirando el mismo aire, mientras sus dedos se aferraban a él con una familiaridad que ya no intentaba negar.

El beso continuó, lento esta vez, intenso de otra manera, cargado de promesas silenciosas y de una tensión que sabía a problemas… y a deseo.

En cualquier momento alguien podría salir al balcón.

Y ambos lo sabían.

Elyria se separó apenas de él, respirando con dificultad. Sus mejillas estaban encendidas, los labios ligeramente hinchados.

—Si seguimos aquí… —murmuró, bajando la voz— no voy a poder fingir compostura cuando regrese al salón.

Alaric sonrió de lado, esa sonrisa peligrosa que solo mostraba cuando ya había tomado una decisión.

—Entonces no regreses.

Ella lo miró, divertida.

—¿Y qué se supone que diga?

—Que estás cansada —respondió con absoluta naturalidad—. Nadie lo cuestionará. Has bailado, has sonreído, has cumplido.

Elyria ladeó la cabeza, evaluándolo.

—¿Y tú?

—Yo me iré poco después. Lo suficiente para no levantar sospechas.

Sus dedos se deslizaron por la cintura de ella, apenas un roce, pero suficiente para que Elyria contuviera el aliento.

—Archiduque Blackthorn… —susurró—, eso suena peligrosamente premeditado.

—Lo es —admitió—. Y aun así, no pienso arrepentirme.

Elyria soltó una risa baja y negó con la cabeza.

—Entonces supongo que tendré que actuar como una dama agotada.

—Hazlo bien —añadió él, inclinándose para murmurarle al oído—. Porque cuando crucemos esa puerta… no pienso seguir siendo paciente.

Ella se apartó primero, recomponiéndose con elegancia impecable, como si no tuviera el pulso acelerado.

—No tardes —dijo antes de irse.

Alaric la observó alejarse entre la multitud, el vestido rojo y blanco desapareciendo poco a poco entre luces y música.

1
mar
mmm ya lo habia pensado ,estar juntos trae un pilon jajaja
mar
jajaja me encanto
mar
increible ,me imagino las imágenes
Norma Perez
creo que ya quedo atrás la vida de Alaric y de Elyria y ahora es de Damián y Cassian, como dije antes no es algo que me guste pero respeto a quienes si les guste...yo hasta aqui la dejo ....
Norma Perez
iba tan bien la historia, pero en este tiempo creo que todas las autoras piensa que es obligatorio incluir escenas entre hombres (la gran mayoría lo hace) con eso de que en estos tiempos con eso de que hay inclusionismo siento que ya lo toman como obligatorio hablar de.ello, pero hacemos personas que aunque no pensamos igual respetamos pero así como damos respeto también lo exigimos, creo que en la reseña de la novela deberían de aclarar que la novela tiene partes bl (algunas autoras respetando esto si lo hacen) así ya uno como lector decide si leerla o no y así se evitarían malos entendidos porque por ejemplo aqui se siente que metieron esta escena bl a.fuerzas porque ni Damián ni Cassian habían dudado de su sexualidad y hay que evitar ver normal que solo emborrachandote te va a salir tu lado gay, eso desde antes ellos se.dan cuenta así que SI, uno como lector siente cuando meten este tipo de escenas más.de.fuerzas que de ganas....
Norma Perez: *habemos
total 1 replies
Norma Perez
ohhhhhhh un bello acto de amor y de pasión por dos personas que se aman aunque lo nieguen jajajjajajajaj ahhhhhhh es el amorshhhhh jajajjajajajana
Norma Perez
oh oh oh !!! omg la mentada señorita POR SUPUESTO que es la mosquita muerta de Amelia !!!! pero nuestra querida pareja la.van a hacer morder el.polvo 🤣🤣🤣🤣🤣 ahhh el amorshhhh jajjajaja
Norma Perez
uyuyuyuyuyuyuyyyyyyy. ahhhhhh el amorshhhh esta en el aire jajajajhahahahj🤣🤣🤣🤣
mar
es lo emocionante,me gusta la trama
Jipsianay Garcia
me encanto. gracias autora
Celia
Excelente novela felicitaciones 😊
Patty Molina
jajaja ya se volvió chismoso y parece que le gusta 😂😂. el que anda entre la miel algo se le pega🤣
Candy Cira 🥂💃🌹❤️🙃
Otra vez! Ese camión es parte del trama jejeje 🤣🤣🤣🤣como que es él guía al mundo paralelo 💃🍷
Beatriz Correa
Opino lo mismo!! 🤣🤣🤣
Patty Molina
me encanta Cassian trae risas y frescura a la casa
Elisa Patico
🤣🤣🤣
Irene Nievecita
Preciosa la historia, te Felicito, me parece increíble que sea tu primer trabajo, muy bien escrito, una historia apasionante que uno no puede soltar, hasta saber que sigue a continuación. Espero qué los dioses te sigan iluminando con sus dones, para deleite de tus lectoras. Gracias por el tiempo que nos regalas, al publicar tus historias
Adriana Molina
Malo
Adriana Molina
Muy malo
Irene Nievecita
En las historias los hombres llegan a ser obsesivos de lo protectores qué se ponen, en la vida real son contados con una mano los que son delicados, solo lo consideran algo normal que ella esté embarazada, nada más
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